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martes, 14 de junio de 2016

VENERABLE HERMANDAD DE LOS SANTOS MÁRTIRES COSME Y DAMIÁN (hermandad de los médicos, sangradores y Barberos de Granada)





Sobre la Hermandad granadina de los Santos Cosme y Damián. Convento de los Mártires

Antonio Padial Bailón


Antecedentes

La hermandad se funda en el convento de los Carmelitas Descalzos de los Mártires o de los Santos Cosme y Damián. El convento ya recibía el nombre de estos mártires, llamados Santos Médicos, cuando los frailes ocuparon una ermita con dicho nombre en el paraje de una de las colinas cercana, y hacia el sur, del conjunto de fortalezas de la Alhambra. En aquella colina estaban situadas las mazmorras que labraron los musulmanes granadinos para prisión de cristianos, que de día los llevaban a trabajar a las obras reales en la Alhambra, según Bermúdez de Pedraza. Por ello, al lugar lo llamaban primitivamente el Arrabal o Corral de los Cautivos.

Dicha ermita, había sido una fundación de los Reyes Católicos, que la erigieron apenas conquistarse la ciudad de Granada y en el lugar donde les entregaron los musulmanes las llaves de los palacios de la Alhambra. La fundación de la ermita se hizo con motivo de que fuese un recuerdo a los cautivos y mártires cristianos, que en el lugar estuvieron cautivos en las mazmorras, como los franciscanos Pedro de Dueñas y Juan de Cetina o los obispos de Jaén, Pedro N. Pascual y Gonzalo de Estúñiga. Desde aquellas mazmorras se sacaron  para ser martirizados los dos primeros, en 1393, en las puertas de la mezquita real de la Alhambra (lugar de la iglesia de Santa María de la Alhambra) y los arrastraron desnudos hasta la Calderería, en el lugar donde después se alzaría la ermita de San Gregorio Bético, donde cuenta la tradición que fueron enterrados. El último sufrió el martirio de 1457 y San Pedro Pascual en 1300.  

En la ermita de los Santos Mártires Cosme y Damián, hacia 1540, antes de llegar a ella los carmelitas, predicó San Juan de Ávila, el día 26 de septiembre de dicho año, festividad de dichos Santos. Y tal día se convirtió, oyendo la predicación del santo, la hermosa Dª. María de Paz, que se deshizo de joyas y vestidos de lujo, trocándolos  por un saco de penitencia amarrado con cuerda (1). Bermúdez de Pedraza dice que por esta circunstancia tomó la ermita el nombre de dichos santos, habiéndose llamado antes de San Pedro Ad Vincula ; pero hay otra versión más histórica que expondremos adelante.


Mazmorras de cautivos del Campo de los Mártires. Al fondo la ermita de San Cosme y Damián

En dicha ermita, los Reyes Católicos mandaron hacer un retablo con pinturas de los mártires más antiguos de la Iglesia: Cristo Crucificado en el centro; San Pedro encadenado; San Juan Bautista degollado; San Sebastián, San Marcelo, San Esteban y San Hermenegildo; además de los dos frailes franciscanos y San Pedro Pascual de Valencia, concediendo y extendiendo a esta ermita los jubileos papales que consiguieron los Reyes para su capilla Real  (2).

Este retablo se quitó con los cuadros de los Mártires, cuando los carmelitas reformaron la capilla para ampliarla y después no volvieron colocar, ni el retablo ni los cuadros, al realizar otro nuevo. Pero sí respetaron e, incluso, su convento tomó el título de los Santos Cosme y Damián (título por entonces de la ermita) un cuadro que había mandado pintar uno de los capellanes de la ermita, que representaba a los Santos Médicos, a los que profesaba gran devoción y que colocó en un retablo de una capilla lateral del presbiterio, así como, fomentó tal capellán la devoción a los Santos entre los cirujanos de Granada. 
 

Dicho cuadro de los Santos Cosme y Damián los representaba curando a un enfermo de una pierna y pienso que se perdiera para ser sustituido por el que Bermúdez de Pedraza refiere, que será el que ilustra el inicio de este artículo y que fue realizado en 1592 por Pedro de Raxis, sobrino de Pablo de Rojas.

Es un interesante cuadro con los Santos Médicos, Cosme y Damián, que se encuentra hoy en el Museo de Bellas Artes de la Alhambra. Representa, como decimos, a los Santos Cirujanos, sustituyendo una pierna a un enfermo por otra de una persona de color, presenciando la escena un fraile carmelita descalzo.

Por tanto, esta pintura se haría estando allí establecidos los carmelitas descalzos, pues éstos ocuparon aquel lugar en 1574, favorecidos por el Conde de Tendilla y Marqués de Mondéjar, alcaide de la Alhambra y serían, seguramente, los que encargarían el cuadro (en él aparece un carmelita). Pero esta pintura de la que trata Bermúdez de Pedraza, no sería la inicial colocada por el capellán, pues como se ha dicho, ésta última se hizo en 1592 por Pedro de Raxis y la pintura primitiva era de tiempo anterior a la llegada a la ermita de los carmelitas, cuando ésta tenía capellanes reales para su custodia y culto.


Entre los beneficios que obtuvo este convento, fue la declaración de Patronato Real, concedido por Felipe II en 1598 (en 1595 dice La Chica Benavides), quizás a instancias del Marqués de Mondéjar, Luis Hurtado de Mendoza, librándose los frailes del oneroso acuerdo con los capellanes reales, que les cedieron la ermita a cambio de que no hubiera en el convento más de diez religiosos y lo que labrasen en la gran huerta y aumentos o mejoras que se hicieren serían para la Capilla Real.

En 1575, año segundo de estar en la ermita los carmelitas, un lego, cavando la tierra para hacer los cimientos de un aposento del nuevo convento, encontró una caja con un cadáver en su interior con los brazos cruzados, una cruz de estaño sobre el pecho y la imagen de una Virgen de alabastro a su lado, más un crucificado de barro roto. El cadáver resultó ser el del obispo de Jaén  martirizado por los moros, San Pedro Pascual, al que antes nos hemos referido, y la Virgen de alabastro se la denominó desde entonces como Ntra. Sra. del Sepulcro, que alcanzó gran devoción en el convento, creándose una hermandad con su título. La cabeza del obispo la conservó en su sala el arzobispo de Granada de entonces, D. Pedro Guerrero (3).

Después, los carmelitas irían ampliado y construyendo su convento en los terrenos laterales y traseros de la ermita, desapareciendo ésta, sobre la que se construyó la Sala de Profundis, en la que se conservaba una pintura de los Reyes Católicos recibiendo las llaves de las fortalezas. Esta entrega de llaves de los Palacios Nazaritas, fue el día 2 de enero de 1492, pues la entrega de la ciudad en la Ribera del Genil se hizo, en realidad, el día 30 de diciembre de 1491, día entonces de los Reyes Magos. Los Carmelitas  construyeron nueva iglesia a la que se accedía por unas gradas, lo que indica que se construiría en los actuales jardines altos.

Iglesia y convento de los Mártires
  

Fundación

Por lo que hemos expuesto, la devoción al primitivo cuadro de los Santos Médicos, era anterior a 1573-74, en que tomaron posesión de la ermita los Carmelitas Descalzos, que ya tenía el título de los Santos Cosme y Damián cuando ellos fundaron allí su convento, título que conservaron para el mismo, quizás como una condición que impusiera el arzobispo para la cesión de la ermita.

Perece, por tanto, que la devoción a estos santos, también mártires de la dominación del emperador Diocleciano, que había impulsado el capellán de referencia entre los cirujanos granadinos, y también, muy probablemente ,su hermandad fuera anterior a la llegada de los frailes descalzos del Carmelo. 

" (...) ayudando a ello la devoción de un Capellán Real, que fomentó la de algunos proffesores de Cirujía, para que hiciessen cada año una Fiesta a los Santos Cosme y Damián, con lo que se vino a atribuir por el vulgo el título de la hermita de estos Santos Mártyres. Aunque los RR. Carmelitas enterados de la verdad, luego que se eximieron de la Jurisdicción del Cabildo de la Capilla Real, para eterna memoria de lo cierto y para acreditar la verdad pusieron una Lápida, que lo atestigua en la Capilla Mayor de su Iglesia".

Como resumen diremos, que aquel Campo de los Mártires los Reyes Católicos erigieron una ermita en honor a los mártires inmolados por los musulmanes granadinos, que tomó después el título de los mártires Cosme y Damián; y esto fue por devoción de uno de los capellanes reales a dichos Santos Cirujanos, título que conservaron los carmelitas descalzos, también para su convento.


Siendo muy probable, que ya en aquellas fechas, entre estos médicos, sangradores y los barberos, que entonces realizaban ciertas prácticas de auxiliares de la medicina, se creara una hermandad, que parece anterior a la llegada a la ermita de los carmelitas descalzos.


Los Santos Médicos Cosme y Damián. Patrones de la localidad granadina de Cortes de Baza

No sabemos el año de fundación de la misma, siendo muy probable que se erigiera en una fecha cercana a la mitad del siglo XVI ,y pudiera ser, que impulsada por el capellán real devoto de estos santos. Después, sabemos que la hermandad hizo una reforma sus constituciones en 1769, de la que trataremos.

Esta hermandad de los cirujanos y barberos parece que tuvo una vida floreciente hasta finales del siglo XVII, como lo atestigua Juan Velázquez de Echevarría: lo floreciente de esta Hermandad estaba en los fines del siglo passado, y lo grande de sus funciones, que en obsequio de los Santos hacía (...)". 

Los días de las vísperas y fiesta de los Santos Cosme y Damián, acudían al Campo de los Mártires un gran concurso de gentes, que se recreaban de lo hermoso y ameno del sitio. Sería una verdadera romería, porque allí acudían las familias para pasar el día y se instalaban puestos de frutas de la temporada (era septiembre), romería que aún perduraba en el último tercio del siglo XVIII y, seguramente, algún tiempo después.

La hermandad mandaría realizar unas imágenes de bulto de los santos para procesionarlas (no creemos que lo que se procesionara fuera el cuadro) todos los años el día de su fiesta, 26 de septiembre, y que para dicha procesión la hermandad venía pidiendo licencia a la parroquia de San Cecilio, a cuya demarcación pertenecía el Convento de los Mártires.

Las procesiones que se realizaban fuera de los límites de los recintos de los conventos, provocaban la exigencia de asistencia de la cruz parroquia y la exacción de derechos parroquiales por ello. Pero el Convento de los Mártires había conseguido del cabildo de la ciudad por una petición de su prior, Fray Juan de Santa María, de 25 de septiembre de 1699 (día anterior a los Santos Cosme y Damián), que las procesiones de las hermandades del convento pudieran salir fuera de él sin asistencia parroquial.

 "que el dicho su Conbento celebre fiesta todos los años el día de Santa Teresa y asimismo a otros santos, sacándolos en procesión y a Nuestro Señor Sacramentado fuera de la dicha Yglesia, baxando por la Alameda que es propia de dicho convento (Campo de los Màrtires) y dando la vuelta por el sitio de las mazmorras, por la cuncurrencia de mucha gente (...), y no ser lícito el que puedan entrar mujeres en los claustros conforme a sus reglas (...), pidiendo licencia para que se le señalase sitio por donde puedan andar dichas procesiones, hasta la 5ª cruz, como se baja de dicha iglesia del dicho convento, unas piedras o marmolillos para señalar dicho sitio".

La excusa para solicitar la licencia sin asistencia de la parroquia era que se sacarían las procesiones fuera del convento, pero por el recinto de la alameda (Campo de los Mártires), propia del convento, por la mucha gente que asistía a dichas procesiones, de modo que no cabían por los claustros y que, además, las mujeres no podían entrar el ellos por ser clausura.

Para ello, se demarcaba como límite la 5ª cruz de la vía sacra de los Mártires, donde daban la vuelta para regresar al convento carmelita; además, se exigió que los carmelitas no cobraran a la gente por la entrada a las mazmorras de dicho Campo. 


Vía Sacra de los Mártires. Grabado de Chapuy, siglo XIX


Es decir, estas procesiones no bajaban a la ciudad. Por ello, la Hermandad de Jesús Nazareno, Cruz de Jerusalén y Santa Elena, que era de los Caballeros de esta ciudad, dejó en 1699 de realizar su estación de penitencia a la catedral, para quedarse a desarrollarla por el Campo de los Mártires a lo largo de aquella vía sacra hasta la 5ª cruz, donde se pusieron 4 marmolillos para demarcarlo.
  
No obstante, esta concesión para salir la hermandad de Santos Cosme y Damián fuera del convento, por el Campo de los Mártires, se vulneró en 1766. Ese año, los beneficiados de la parroquia de San Cecilio exigieron sus derechos parroquiales, aún en el caso de que las procesiones non traspasaran los límites de las cruces de la Vía Sacra.


El día 27 de septiembre de 1766, fecha del cabildo de elecciones, que se celebró en la Sala Capitular del convento, se eligen mayordomos a Francisco de Corpas, Cristóbal Garnica y Nicolás Ruiz, que siguieron un pleito de sus anteriores con los beneficiados de San Cecilio. Éstos se habían negado a dar licencia a la procesión de 1766, si no se cobraba la asistencia de la parroquia con su cruz parroquial. La hermandad optó ese año por no salir del claustro del convento, pero entabló un pleito por ello con la parroquia (5).

No obstante, la autorización del cabildo de la ciudad para poder sacar las procesiones del convento hasta la 5ª cruz de la vía sacra, sin pagar derechos a la parroquia de San Cecilio, la Venerable Hermandad de los Santos Cosme y Damián, en los años anteriores los venía abonando (también se había negado en 1764 y 1765, pero al final los pagó y la parroquia les dio permiso).

Uno de los mayordomo, Cristóbal Garnica, alegaba, que aunque se habían pagado los derechos de la procesión desde que él recordaba (hacía más de veinte años), sin embargo, la parroquia los había cobrado y no había asistido. Ponían como testimonio a la Hermandad de Jesús Nazareno, de los caballeros de la ciudad, que realizaba su procesión en esta época el Domingo de Ramos, que había salido todos los años ( también, el día de Santa Teresa y el de la Candelaria) sin pagar los derechos parroquiales, al no traspasar el límite de la referida 5ª cruz y no se le habían puesto reparos.


Los beneficiados de San Cecilio alegaron que lo que pretendía la hermandad de los Santos Cosme y Damián era traspasar los límites de la 5ª cruz de la vía sacra y parece ser que se autorizaron las procesiones sin pasar de dicha cruz.


Dibujo de los Santos Cosme y Damián del Convento de los Mártires


Nuevas Constituciones de 1769

Dos años después de estos sucesos, en 1769, la Venerable Hermandad decide redactar nuevos estatutos de acuerdo con la comunidad de carmelitas descalzos, que son aprobados el 19 de diciembre de ese año por el Provisor de la diócesis, D. Antonio de Vera, en tiempo del arzobispo D. Pedro Antonio Barroeta y Ángel. Curiosamente, los mayordomos declaran que no se habían aportado los antiguas constituciones "por no aberlas encontrado ni saber si las a avido". No era inusual que las hermandades funcionaran sin constituciones durante bastante tiempo. Cada vez esta actuación por parte de las hermandades se hacía más difícil por las normas de la Ilustración, que obligaban, incluso, a ser revisadas por el Real Consejo de Castilla, bajo pena de disolución de la hermandad.

Estas nuevas constituciones de la Hermandad de San Cosme y San Damián
 comienzan con una invocación a la Virgen del Carmen y con unas curiosas décimas:

Ya cesó la tempestad,
oh Mártires soberanos,

que traía a tus hermanos

en tanta penalidad.

De todo vuestra hermandad,

Os conoce protectores,

Y unidos los sangradores ,

Barberos y Cirujanos,

Gracias os dan mui ufanos

Porque sois sus directores

Otra décima la dedican a los tres hermanos, que consiguieron hacer las constituciones, que, probablemente, eran comisarios encargados de poner paz en la hermandad entre los tres grupos de hermanos: cirujanos, sangradores y barberos. No sólo feuron los encargados de redactar las nuevas reglas, sino también, de hacerse cargo del culto a los Santos. Estos comisarios eran: Nicolás Ruiz, Sebastián de Bustos y Pedro Sánchez, todos maestros de la facultad de barberos.



De tres héroes tan constantes

En zelo , amor y fatiga

Que cosa abrá que se  diga

A su alabanza bastante


Cada qual robusto atlante 

Sobre sí el culto a cargado

La hermandad han ensalzado 
Logrado dejar concordes
Tres facultades discordes

A esmeros de sus cuidados

Otra décima ensalzando a los cuatro mayordomos elegidos, dos por los sangradores y otros dos por los barberos; curiosamente no se eligen por el grupo de los cirujanos; de la que se deduce, que habían estado enfrentados en temas de preferencias y en lo que parece discusiones por cuestiones de antigüedad:

Jamás heroica elección

Que podría de searse

Hallegado oi a lograrse

Enquien maiordomos son

Deunirse es Yluzión,

Todos son Tranquilidad,

Yassí  feliz hermandad

Que has conseguido ( y lo apruebo)

Un estado todo nuebo


Sin pedir tu antiguëdad 

También otra décima, que no transcribo, dando gracias al prior de los carmelitas Fray Francisco de San Antonio y a la comunidad, por su intervención en pacificarla.

Los cuatro mayordomos elegidos en 1769 y que figuran en el preámbulo de las constituciones eran: Sebastián Joseph Puzol y Nicolás Garnica, sangradores, y Sebastián de Bustos y Bernabé Romero, que eran maestros de barberos. Sin embargo en el capítulo, se dice que los mayordomos serán tres: uno por los sangradores o cirujanos y otros dos por los barberos, lo que por consecuencia da que éstos tenían en este tiempo más preponderancia de número en la hermandad. Sin embargo se obligaban a dar lugar de preferencia al mayordomo cirujano o sangrador en los principales actos de la hermandad, como la procesión, elecciones y juntas.  

Había también un fiscal, que había de ser sangrador, que cuide de que tengan título los barberos; y también, un maestro de ceremonias del grupo de los sangradores, para que la hermandad se forme en los cabildos, funciones, aprisco y procesión y cada cual ocupe su sitio según su antigüedad, como se venía practicando en la hermandad desde tiempo antiguo.

Como secretario se nombraría un escribano público o eclesiástico, pagándole sus derechos, como persona independiente de los tres grupos profesionales que formaban la hermandad.




Los mayordomos presiden los cabildos, que se celebraban en presencia del prior carmelita, y los cabildos de elecciones se harían en los días siguientes al de la fiesta de los Santos Médicos, sin que pase de su Octava. El elegido como mayordomo por los sangradores o cirujanos tenía que presentar un memorial con su título y demostrar que tenía tienda abierta; ser limpio de raza de moro o judío o penitenciado o converso, ni que haya tenido otro oficio degradante. 

La hermandad, que por lo visto estaba en este tiempo escasa de cirujanos en sus filas, le daba preferencia al hermano sangrador o barbero que sacara el título de cirujano, o, incluso, tenía lugar de preferencia en los actos de la hermandad, y también, si algún cirujano de la ciudad o forastero pidiese ser hermano, que se le reciba y será preferido.

Cada hermano debería de hacer una demanda de limosnas en los meses del verano y, en su defecto, habían de dar doce reales de vellón, salvo excusa de enfermedad o pobreza.

También, como en la mayor parte de las hermandades, ésta era, asimismo, de entierros y sufragios, teniendo derecho las esposas de los hermanos a un entierro igual que el de sus maridos, con la asistencia del estandarte de la hermandad y doce hermanos con cirios. Se les decía doce misas en la capilla de los Santos Cosme y Damián por los religiosos carmelitas, aunque las celebradas por el alma de las esposas habían de pagar dos reales por cada misa celebrada.


Tampoco la hermandad podía abandonar el convento de los Santos Mártires, sus patronos, ni fusionarse con otra cofradía y los frailes carmelitas descalzos debían de guardar y respetar las mercedes y privilegios con los que fue fundada la primitiva hermandad de los gloriosos titulares. La capilla e imágenes seguían siendo propiedad de la comunidad carmelita y nada se podía mudar o variar sin su licencia.

La hermandad poseía un cajón o arca, que estaba frente a la puerta de la sacristía, en el que se guardaban los cirios, las alhajas, con tres llaves que guardaban los mayordomos; los libros y papeles de la hermandad se situaban en un cajón secreto, cuya llave guardaba el secretario.

Los hermanos que se admitían debían de guardar las reglas y jurar defender el Misterio de la Pura y Limpia Concepción de María y todo se sentaba en en libro nuevo de hermanos, en el que se anotaban estas circunstancias y se guardaba la rigurosa antigüedad de cada uno y se señalaba si procedían del libro antiguo o no. También se guardaba en secreto las razones de darse de baja o expulsión de los hermanos.


Convento de los Mártires visto desde la Cuesta de Escoriaza, aprox.


La Función y Procesión

Era misión primordial celebrar la función a los Santos Cosme y Damián con toda solemnidad, con una misa cantada con diácono y subdiácono, con el más abundante empleo de cera y con música, si era posible. Por la tarde, se haría la procesión con las efigies de los Santos Médicos, a la que asistiría la comunidad de Carmelitas Descalzos. Se tocarían las campanas y se iluminarían por los novicios el templo, pagando estos servicios.

En la función de la mañana del 26 de septiembre, día de los Santos titulares, se formaba el aprisco en la iglesia y los mayordomos y sus invitados se sentaban en el lugar indicado por el Maestro de Ceremonias, así como el resto de los hermanos, cuidando que ninguno se siente si no fuere con golilla o de militar, presidiendo el prior del convento.

En la procesión de la tarde, irá el estandarte de la cofradía, portado por el mayordomo más moderno, junto con dos religiosos del convento que nombrase el prior. También se llevaban las andas con el Santísimo Sacramento, junto a las que irán el prior en su lado derecho y el Superior en el izquierdo, y delante, los otros dos mayordomos; y si no se llevara el Santísimo, irán junto a las últimas andas que cierren la procesión. Por ello se deduce, que puede que se procesionaran varias imágenes o que cada uno de los Santos Cosme y Damián procesionarían en sus andas independientes.

Delante del Santísimo o de las andas del último Santo iban los frailes, que asistían interpolados con los hermanos y otros prelados asistentes. Todo ello se determinaba en una escritura otorgada entre el Real Convento y la hermandad, ante el escribano público, Nicolás Camacho, en el año de 1761.

Los hermanos iban con golilla o de militar, colocados por el Maestro de Ceremonias según su grado y antigüedad, y si iban con capa no podían se interpolados con los frailes.

Unos años después, en 1778, la hermandad decide hacer una modificación de sus constituciones en el aspecto económico, en lo tocante a los entierros y sufragios. El cabildo de 24 de noviembre de ese año acordó modificar las constituciones para allegar más recursos a la hermandad, que debía de estar atravesando una difícil situación económica por el escaso montante dinerario que proporcionaban las cuotas; seguramente, por los escasos hermanos y el aumento en los gastos de los entierros y sufragios. Tal vez, la hermandad estaba en esta época envejecida en cuanto a sus componentes, porque entraban en ella pocos hermanos nuevos.

Suben las aportaciones de los hermanos a medio real (después se rebajaría a un cuarto), a pagar cada semana el sábado en la llamada sabatina, pero no en el caso de hermanos de extrema pobreza, que no estaban obligados a ello. También, la viuda de un hermano que se casare otra vez con persona que no sea del gremio, perdería los derechos.



Santos Cosme y Damián de Torredonjimeno (Jaén)

La hermandad proporcionaría una caja de pino propia para el entierro, forrada con color del hábito de San Francisco y se le amortajará con dicho hábito, conduciéndose el cadáver con el estandarte, ministros, 12 hachas y se le dirán 30 misas, tres de ellas, curiosamente, en el monasterio de San Jerónimo, por ser ésta de luz y contar con altar de privilegio de ánimas. Asimismo, se llevarían a los Niños de la Doctrina y se le pondría cera y colgaduras en la habitación donde estuviere el cadáver.


Este proyecto de adición a las constituciones fue muy debatida y rechazada por algunos de los hermanos, causando desestabilidad en la hermandad. Por dicha causa, pasó más de año y medio sin poderse consensuar, ni aprobar esta reforma. Finalmente, el 21 de agosto de 1780, se redactan nuevas constituciones, más cortas que las anteriores de 1769, con sólo 15 capítulos y con la mediación, en caso de conflicto o interpretación de la norma, del prior del convento, Fray Josef Antonio de los Dolores y de los que le sucediesen. Era una condición impuesta por el Provisor de la diócesis.

Entre las novedades de esta nueva regla estaban: la supresión de diferencias entre los hermanos por su pertenencia a uno de los tres grupos profesionales que componían la hermandad; los tres mayordomos que se habían de elegir, lo serían los tres que mayor número de votos reunieran, sin tener en cuenta su profesión, y los tres, junto con el prior, presidirían los cabildos sin preferencia alguna. Se formó una junta directiva con ellos: el contador, tesorero y doce vocales, con cargos de carácter anual. Ordena de forma parecida la función y procesión del día de los Santos Titulares por los lugares de costumbre.

Desaparece el Maestro de Ceremonias y se imponía la cortesía en los debates de los cabildos, esperando los hermanos a que se le concediera la palabra, en cuyo uso no se podía ofender a ningún hermano, bajo pena de expulsión de la hermandad.

La decisión del prior de la comunidad carmelita sería cumplida en caso de dudas en la interpretación de las normas, confiriéndole a éste unas facultades de intervención en las decisiones considerable, de forma que la hermandad quedaba bastante sometida a su arbitraje.



La necesidad de aumentar el número de hermanos hace que estas constituciones acepten hermanas y otros grupos afines a los tres anteriores, como el de los boticarios y médicos, que se unirán a los tres anteriores de cirujanos, sangradores y barberos, "por ser todo una misma cosa". Se crea el cargo de partidario o persona encargada de recorrer los lugares o partidos para recoger limosnas y aportaciones de los hermanos.

También el hábito de mortaja se varía para adoptar el de los Carmelitas Descalzos, y si no lo hubiere, sería el de San Francisco, muestra más de la influencia de la Orden en estas constituciones; y de las 30 misas al difunto, tres de ellas serán en altar de privilegio, sin indicar que fuesen dichas en el de la iglesia de San Jerónimo, como anteriormente.

Otra muestra más de la intervención de la comunidad carmelita en la hermandad lo determina el último capítulo, por el que no se podrá variar ningún aspecto de las constituciones sin acuerdo de dicha comunidad. Finalmente, las nuevas constituciones de agosto de 1780 serán aprobadas por el Provisor, D. Antonio de la Plaza, en tiempo del arzobispo, D. Antonio Jorge y Galván (6).

La última noticia que tenemos de la hermandad de los Santos Cosme y Damián data de los años de 1805 y 1809. En el primero de ellos, la hermandad había reelegido como uno de sus comisarios de ese año a Martín Antonio Terrones, cirujano y sangrador, que habitaba en la parroquia de Santiago, pero éste rechazó la reelección, alegando tener que atender a sus muchas ocupaciones profesionales y que desde 1802, había sido comisario, fiscal, Padre de Almas, tesorero..etc., habiendo desempeñado estos cargos de forma eficiente. 

Ante esta negativa, la hermandad decide expulsarlo de ella, después de pertenecer más de 20 años a la misma, pero el expulsado recurre ante el Provisor, presentando diversos compañeros testigos, dando como resultado que el Provisor dicta auto exonerándole de la obligación de ser comisario.


Icono bizantino de los Santos Médicos. Nacieron en Arabia y ejercieron la medicina en  Siria y Egea (Turquía)

En 1809, se vuelven a repetir los hechos, volviendo la hermandad a elegir comisario de ese año a Antonio Terrones y aunque acepta sin desearlo, lo hace para evitar la descomposición de la hermandad. Sin embargo, a los cinco meses desiste de ocupar el cargo y se le acusa por los otros comisarios de comportamiento discriminatorio, en contra de la fe cristiana, por no admitir ni querer concurrir con el hermano tesorero, Manuel de Flores, por no tener el título de cirujano o sangrador. 

En esta ocasión el auto del Provisor de 27 de abril de 1809 obliga a M. Antonio Terrones a mantenerse en el cargo de comisario, pues la escasez de hermanos con el título requerido obligaba a no cumplir estrictamente las constituciones en este aspecto y a que mantuviera en el cargo de tesorero a Flores, por el mismo motivo, bajo pena de ser expulsado de la hermandad (7).  

La hermandad, que por escasez de hermanos preparados para las funciones directivas, se veía obligada a admitir a personas fuera de los gremios tradicionales de la misma, consideraba un favor que Flores hubiera aceptado ser tesorero y detestaba que Terrones no aceptara tal necesidad. 

El hecho de que el tal Terrones fuese reiteradamente comisario de la hermandad, además de ocupar otros cargos, unido a tener que admitir a personas, como Manuel Flores, que no pertenecía a las profesiones del gremio, puede darnos la impresión de que aquélla atravesaba tiempos de fuerte decadencia a principios del siglo XIX. La cofradías de carácter gremial estaban desapareciendo en los tiempos ilustrados y desaparecerían más tarde prohibidas por la normativa estatal. 

La exclaustración y supresión de los conventos masculinos, desamortizados en 1835, sería el fin de la hermandad, si es que no desapareció entre la Guerra de la Independencia y dicha desamortización. Eran tiempos difíciles para las hermandades en unos años de feroz anticlericalismo y de un racionalismo exacerbado. 


¿Pasaron las imágenes de San Cosme y San Damián al Convento de Belén?


                                        San Cosme                         San Damián

Parece que la hermandad pudo trasladarse, o al menos sus imágenes, a los Mercedarios Descalzos de Ntra. Sra. de Belén, convento cercano al de los Mártires en la misma jurisdicción de la parroquia de San Cecilio. Un inventario de la exclaustración de 9 de septiembre de 1837 así lo confirma, al describir en dicho convento de Belén un altar de los Santos Cosme y Damián, con un Niño Jesús cuya diadema se inventarió. 


Deben de ser las imágenes de los Santos Cosme y Damián del convento de los Mártires las que aparecen en el de Belén. Es extraño que pudieran existir paralelamente estas imágenes en ambos conventos, pues en el de Ntra. Sra. de Belén no existen noticias históricas de la existencia de tal devoción. Pero también, cabe la posibilidad que el párroco de San Cecilio, en cuya iglesia se depositaron, hacia 1835, muchas imágenes del convento suprimido de los Mártires,  repartiera algunas de ellas entre otros templos de la parroquia y se depositaran en el de Belén.

Después del cierre de conventos, muchas imágenes fueron llevadas al museo que se constituyó en la iglesia de los dominicos y, más tarde, se donaron a parroquias de la provincia y a particulares. El caso es que no se sabe el paradero actual de estas dos imágenes de los Santos Médicos, titulares de esta histórica hermandad de los cirujanos, sangradores y barberos de Granada.


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1. BERMÚDEZ DE PEDRAZA, Francisco: "Historia Eclesiástica de Granada", págs.223-224. Edición facsímil. Universidad de Granada 1989.

2. Ibídem, opus cit, pág. 262.

3. GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio y VELÁZQUEZ DE ECHEVARRÍA, Juan , Paseos por Granada y sus contornos, págs. 117-118. Edición facsímil, 1764. Lo toma de Justino Antolínez de Burgos en Historia de la Santa Iglesia de Granada, cap. 17.

4. VELÁZQUEZ DE ECHEVARRÍA, Juan, opus cit. págs. 394, vol. I.

5. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 37 f, pieza 16.

6. Ibídem, legajo 37 f, pieza 15.

7. Ibídem, legajo 37 f, pieza 14.

8. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 9 de septiembre de 1837.

lunes, 18 de enero de 2016

REAL, ILUSTRE Y PRÍNCIPAL HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DEL MONASTERIO



Antonio Padial Bailón

La devoción a la Concepción Inmaculada de María, llega a Granada con los Católicos, fundándose como primer monasterio bajo esta advocación el de San Jerónimo en 1517. Otra fundación de dichos monarcas fue la hermandad de la Pura y Límpia Concepción en el convento franciscano "Casa Grande", con gran capilla en dicho convento, de lo que se a tratado ya en este blog.

Poco después la Purísima Concepción será el eje devocional que inspirará la fundación del monasterio de las Terciarias Regulares Franciscanas en Granada, que se fundará en 1523 por Dª. Leonor Ramírez, que fue puesto bajo el patrocinio de San Juan de Letrán de Roma y que será esta hermandad el objeto que trataremos en este artículo.

El monasterio se funda en la zona de la Alcazaba Cadima en el Albaicín granadino, frente al Maristán u hospital de locos y musulmanes pobres, formando una plazuela delante del templo, mirador de excelencia, frente a los palacios Nazaríes de la Alhambra.


Monasterio de la Concepción de Granada

No se sabe exactamente el año de fundación de la hermandad de la Concepción, aunque tuvo que ser en época cercana al Concilio de Trento, cuyas declaraciones sobre la pureza original de María son decisivas para la extensión de la devoción al Misterio Inmaculista. Quizás por ello, pudiera ser esta hermandad la primera en establecerse en la ciudad de todas las numerosas que después se fueron fundando en Granada.

Hay una tesis de que la hermandad se pudo fundar en el convento de San Francisco de la Alhambra, nada más conquistada la ciudad y que en 1524 se trasladó al Albaicín, al fundarse el monasterio de la Concepción en dicho barrio. 

Más creíble es que la hermandad se fundara en el último cuarto del siglo XVI, en fecha cercana a la ejecución de la imagen titular, que la crítica artística atribuye al taller del escultor Pablo de Rojas, activo en Granada desde 1579.




Esta tesis que planteo, podría apoyarse, sobre todo, en un documento de enero 1617 en el que comparecen el abogado, Íñigo Ortiz Calderón, hermano mayor, y Damián Quijada, que se dice mayordomo, y fundadores de la Esclavitud y Hermandad de la Limpia y Pura Concepción de Nuestra Señora. Por lo tanto, si estos fueron fundadores de la hermandad, denominada entonces Esclavitud, tuvo que fundarse, como mucho, en el último cuarto del siglo XVI; porque si hubiese sido antes de esa época, en 1617 no hubieran existido en este último año por razones de edad (1)

Planteaban en dicho documento la solicitud de aprobación de cambio de sede canónica desde el Monasterio de la Concepción al de San Basilio (hoy Escolapios), en la ribera del Genil. El motivo alegado era que en el convento de la Concepción, no se podía sustentar la hermandad por falta de limosnas para costear las muchas fiestas, confesores y predicadores que acostumbraban a celebrar.

Habían llegado a un acuerdo con los religiosos de la Orden de San Basilio, a través de su abad, Fray Antonio de San Basilio y con la Esclavitud de Ntra. Sra. del Destierro, allí asentada, para trasladarse, por los que eran muy bien recibidos. 

Para ello había realizado nuevas constituciones, conjuntas con la Esclavitud de Ntra. Sra. del Destierro, que se materializaban en 12 artículos, y que pedían que fueran aprobadas por el arzobispado. 

Probablemente, estas reglas serían un trasunto de las primitivas de la hermandad, por lo que podemos conocer aquellas a través de estas. Establecían celebrar las nueve festividades de la Virgen y su fiesta principal era el día 2 de febrero, de la Purificación de Nuestra Señora y otra el día de la Concepción, como fiestas más solemnes y principales, en la que los hermanos tenían la obligación de confesar y comulgar. También el día de Todos los Santos se celebraban misas por los hermanos difuntos.

El día de las elecciones se señalaba para el de la Purificación o Candeleria o al domingo siguiente, si no caía en festivo. Los hermanos había de dar una limosna de 2/4 de real y 1/4 cada lunes.

Era una hermandad de sufragios y entierros de hermanos, como ocurría en casi todas las de la época, concurriendo con doce hachas blancas (si muriere un hijo serían seis) a los sepelios y obligándose a decir 12 misas y 4 de ánimas.




Dª. Catalina de Bedia, abadesa de la Concepción en nombre de las religiosas se opuso a dicho traslada de la hermandad alegando que por estar en el convento la corporación disfrutaba de las bulas apostólicas y jubileos concedidos eran para el convento y que el convento siempre había ayudado a la Esclavitud con numerosas sumas, como la que dio la antigua abadesa Dª Aldonza de Armengual, que dio 500 reales para los tafetanes de las fiestas y que la mayor parte de hermanos eran contrarios al traslado porque en el convento era donde se ganaban los jubileos y gracias espirituales.

Por los apellidos de las monjas que firmaron el poder (Zayas, Cepeda, Castilla, Enríquez...etc.) pertenecientes a las familias más aristocráticas de la ciudad, se puede deducir la gran influencia que el convento tenía en los estamentos de la misma.

También en el momento del conflicto se declaraba que en esa fecha se había trasladado a San Basilio la hermandad, porque habían conseguido un auto en primera instancia de la autoridad (cita al licenciado Molina como quien lo aprobó) aprobando la nueva regla.    

El resultado fue que el 4 de febrero de 1617, el Provisor y Vicario General dictó un auto, como medida provisional, en el que se prohibía, bajo pena de excomunión, el traslado y que no salieran del monasterio de la Concepción ni la hermandad ni imagen ni cosa alguna de la Esclavitud como se había hecho desde que se fundó.

Acto seguido, las monjas, como esclavas que también era de la Esclavitud de la Concepción, piden en nombre de ellas y de otros hermanos que no estaban de acuerdo con el traslado, que Damián Quijada entregara los libros, bulas y jubileos de la hermandad que tenía en su poder.

Vemos en este intento de traslado y, quizás también de fusión con la de Ntra. Sra. del Destierro, que también era Concepción. Fusión probablemente consumada en parte  con estos hermanos disidentes, pues la hermandad de los Basilios se la conocerá como Hermandad de Ntra. Sra. de la Concepción y Destierro.


Los primitivos libros de la hermandad se perdieron en el famoso terremoto del día de San Agustín de 1629, en el que resultaron destruidas por las aguas numerosas casas del barrio del Albaicín. Quizás por esta catástrofe y por ser estos años de efervescencia de las tesis inmaculistas se instituyó por la hermandad en ese mismo año de 1629 su tradicional novena, que dura hasta nuestros días. 


Ntra. Sra. de la Concepción, titular de la Principal Hermandad
A mediados del siglo XVIII la hermandad se encontraba en gran decadencia y casi desaparecida, con la decadencia, asimismo, del monasterio en esta época. La hermandad casi la administraban las monjas de la Concepción, tratando de recabar medios económicos para su funcionamiento y pidiendo licencia para repartir impresos de indulgencias concedidas y asentar hermanos en la ciudad y fuera de ella. Así lo ponía de relieve una petición de licencia para imprimirlas de Manuel del Barrio, seguramente directivo de la hermandad, de 4 de septiembre de 1754 y pedir limosnas para el culto de la imagen; licencia que se le concede (2). 

La hermandad intenta en estos años dar un impulso a  esta devoción del convento de la Concepción, consiguiendo una bula del Papa Benedicto XIV, "Considerate nostre", dada en la basílica de Santa María Magiore en agosto de 1757, concediendo indulgencias plenarias a los que se inscribiesen como hermanos de esta Hermandad de la Concepción.

Todo fue impulsado por el gobernador de la Salas del Crimen de la Real Chancillería, don Vicente de Burgos, con aprobación del arzobispo en 1757 y con confirmación de la Santa Sede.

La propia monarquía, en 1761, se implica en la petición de declarar por la Santa Sede el patronazgo de la Inmaculada Concepción, como Patrona de los Reinos de España y sus dominios. El convento conserva el documento real acreditativo.

Las monjas eran las camareras de la Virgen en esos años, hasta que tuvieron que trasladarse con la imagen, en 1810, al Monasterio de Santa Isabel la Real, con motivo de la invasión francesa de la ciudad. Terminada la Guerra con Napoleón, vuelven en 1813 a su monasterio y la abadesa María Antonia Velázquez y la camarera Sor María Cecilia Sánchez se encargan de revitalizar la hermandad, con su mayordomo, D. Francisco de Paula Martín y Sola (4). Los cultos se reanudan convocándose a ellos  en la festividad de la Inmaculada los Alcaldes del Crimen, la Real Maestranza de Caballería, que la toma como patrona y el Marqués de Villalegre, gran devoto de la imagen y cuyo palacio en la Plaza de los Tiros, lo ocupan las Mercedarias. 


Cuadro de la Purísima del monasterio

Fusión con la Real Hermandad de la Pura y Limpia Concepción del Convento de San Francisco

Con la exclaustración del convento de San Francisco "Casa Grande" en 1835, la Hermandad de la Limpia y Pura Concepción de dicho convento, la más antigua y principal, fundada por los Reyes Católicos, y cuya imagen también perdió, porque fue entregada por orden del Gobernador Eclesiástico a D. Mariano Cano (5), esta antiquísima hermandad tuvo que trasladarse sin su imagen al convento de la Concepción del Albaicín, donde se unió a la hermandad, que estamos considerando. Quizás, desde entonces, y con motivo de esta fusión, adoptaría el título de Principal Hermandad ésta del convento de la Concepción.

Fueron los principales adalides de esta fusión: sor Isabel Martín Serrano y los mayordomos de la hermandad de 1833 a 1836, D. Francisco Rubio y D. Juan de Dios Velázquez, sacerdotes. 

Sor Isabel Martín en su devoción a la imagen costeó el rico terno azul celeste para la Virgen que luciría en la función de la Inmaculada.

Otra vez, la hermandad se encontraba en decaimiento a mediados del siglo XIX, sólo la Real Maestranza de Caballería, ofrecía cultos el día de la Inmaculada. Serán las monjas las que mantendrán y fijarán dichos cultos a la imagen, consiguiendo el apoyo de otras corporaciones de la ciudad, como la del Ayuntamiento, al que se le señala un día de la novena, el domingo infraoctava y otras corporaciones, como los relatores de la Audiencia, los escribanos de cámara y de número, los procuradores, el Colegio de Abogados...etc., en cuyos días está en la iglesia el Jubileo de las Cuarenta Horas. 

También la Asociación de señoras de la Corte de María fijará todos los días 8 de los meses del año para visitar y dar culto a la Virgen a partir de mediados del XIX. También, a partir de 1858 se establecen por la hermandad cultos semanales los sábados con oraciones, salve y letanías con la exposición del Santísimo.

Entre 1856 y 1857 se realizan obras en el camarín de la Virgen, que serán costeadas por D. Manuel Tello, por un importe de mil duros, para darle la apariencia que hoy tiene; también costea otras en el interior del convento (6).

Allí, en el monasterio de la Concepción, se celebrarían las fiestas de la definición del Dogma Concepcionistas, con solemnes cultos que duraron más de una semana en 1855 y se realizó una procesión con la sagrada imagen hasta la Catedral. 


Ello, no obstante, y fuera de estas instituciones que celebraban los cultos a la Inmaculada en el convento, la hermandad  seguía decaída, cuando a finales de 1857 se nombra camarera de la Virgen a Sor Juana de Dios Cruz, que pide el apoyo de personas de la alta sociedad granadina, consiguiendo que se inscribieran en la hermandad ciento once nuevos hermanos. 

A principios de 1858 dirigen los mayordomos una visita a la Casa Real para que la reina Isabel II y el Príncipe de Asturias aceptaran el título de hermanos mayores honorarios perpetuos. Sería en el mes de agosto cuando la reina aceptaría el título para ella y sus sucesores. 


Isabel II. Hermana Mayor de la Hermandad

La consecución del título de Real Hermandad motivó que se promovieran en la ciudad solemnes y fastuosas manifestaciones, realizando un cortejo simbólico desde el Ayuntamiento al monasterio de la Concepción. Dicho cortejo se componía de una carroza tirada por cuatro caballos con el retrato de la reina, seguida de otros 25 carruajes en los que iban las más altas autoridades de la ciudad y provincia. 

Las calles se engalanaron y las casas del itinerario, cubriendo la carrera tropas de la guarnición de Granada. Al llegar a Plaza Nueva una compañía rindió honores a la reina, siguiendo la comitiva para el monasterio de la Concepción, donde se cantó la salve y una banda militar de música ofreció un concierto en el atrio del monasterio, que lucía iluminado, mientras desde la Alhambra se encendió un castillo de fuegos artificiales.

Al día siguiente, dos de agosto, se celebró una solemne función religiosa con Te Deum y la asistencia del Ayuntamiento, la Real Maestranza de Caballería, nobleza y autoridades militares, corriendo la homilía a cargo de deán de la Catedral, Sr. Sánchez Arce y Peñuela;  no asitió el arzobispo por encontrarse enfermo. Tanto la iglesia como el camarín de la Virgen se presentaron ricamente adornados e iluminados.

El retrato de la Reina, que aparecía colocado en un solio y después estaría en la camarín de la Virgen de la Concepción. Unos años después, una Real Orden de 12 de junio de 1863 aprueba unas constituciones para la hermandad, que son ratificadas por la autoridad eclesiástica el 12 de octubre de 1864 por al arzobispo Mons. Reyes y García de Lara.

A final de la década de los años sesenta las circunstancias políticas hacen que la comunidad se recluya en 1868 en el monasterio de clarisas de Santa Isabel la Real, que están allí hasta que cae el gobierno de la Primera República, regresando las monjas a su monasterio el 11 de junio de 1869 (8).


La Real Maestranza de Caballería de Granada y la Concepción

Como hemos anticipado, otra institución granadina, la Real Maestranza de Caballería, fundada el 12 de enero de 1686, toma a la Inmaculada Concepción como patrona de su institución, pero inicialmente no lo hace con esta hermandad, sino con la de Ntra. Sra. del Triunfo, con sede en el convento de Mercedarios Calzados del Triunfo. Su primer hermano mayor fue el marqués  de Valenzuela, D. Antonio Domingo Fernández de Córdoba y Castilla; con maestro fiscal a D. Agustín de Rojas; diputado primero, al conde de Torrepalma; por diputado segundo, a  D. Blas Manuel de Paz y Guzmán y por secretario a D. Nicolás Carnero y Guzmán (7).

Placa de maestrante con la Inmaculada

Probablemente, cuando la Hermandad de Ntra. Sra. del Triunfo desaparece, bien en la Guerra de la Independencia o con la desamortización del convento de la Merced, entonces pasaría la Real Maestranza a establecer sus cultos inmaculistas al convento de la Concepción, donde hoy aún los celebra.

Miembros de la hermandad la Real Maestranza de Caballería, con motivo de la finalización de las celebraciones de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, celebraría una función en la Catedral en 26 de abril de 1857 con una procesión con la imagen para presidir dicho solemnes cultos.

Hoy la Real Maestranza sigue unida a los actos de culto a la Inmaculada del monasterio de la Concepción y a su sostén, teniéndola como principal devoción y Patrona.

La Real Hermandad en el siglo XX

Novenas o duodenarios y funciones se dedicarán a la Virgen a los largo del resto del siglo XIX, a las que asistirá el Ayuntamiento de la ciudad, la Real Maestranza  y otras otras corporaciones.

También participó en la procesión del Viernes Santo de 1909 ( Santo Entierro Antológico) con su estandarte y mayordomos (9).   

A mediados de julio de 1924 la hermandad recibe un oficio de la Casa Real por el que aceptan ratificar el nombramiento de hermano mayor horario el rey Alfonso XIII y su hijo, el Príncipe de Asturias, siendo ese año hermano mayor de la hermandad D. Mariano Zayas (10).

En estos años veinte la hermandad presenta cierta prosperidad y solemnidad en sus funciones con la asistencia de capillas de música, como la del Maestro Vidal, pero con la llegada de la II República la hermandad sufre decadencia, aunque reanuda sus cultos de diciembre de 1936 a los que asisten su congregación de coros, la Audiencia, los procuradores, la Real Maestranza y directivos de la Azucarera "Ntra. Sra. del Rosario".

A partir de 1940, la hermandad sigue en constante recuperación en la que participan personas de prestigio social y cultural en la ciudad, como Pedro Amor Maldonado, Mauricio Álvarez de Bohorques, Duque de Gor y Marqués de los Trujillos, Marino Antequera, Manuel Morales Borbón Dos Sicilias, Carlos de Zárate y Fernández de Liencres, que será hermano mayor en 1940.

Al morir en 1941 el Rey Alfonso XIII, se crea el cargo de teniente de hermano mayor, al no existir ya la monarquía en la Dictadura del General Franco, cargo que recayó en D. Ramón Contreras Pérez de Herrasti y tras de él, D. Manuel Morales Souvirón.

El 9 de marzo de 1945, celebra ante la Virgen el recién elegido obispo de Coria, D, Francisco Cavero, capellán de honor de la hermandad, su primer pontifical  y, en 1954, se celebran solemnes cultos del Año Mariano de conmemoración del dogma de la Inmaculada, bajándose la imagen a un espléndido altar de cultos para la función del 8 de diciembre de ese año.

Asimismo,  la hermandad asiste, invitada por el Ayuntamiento, a los actos de inauguración de la plaza del Triunfo en 1961, a la que se había trasladado el monumento de la Inmaculada (columna e imagen del Triunfo), que realizara en 1640 el escultor Alonso de Mena. 

Esta Real, Ilustre y Principal Hermandad aún sigue celebrando cultos en el monasterio de la Concepción, ofrecidos por distintas corporaciones, entre ellas la Real Maestranza de Caballería, tan ligada a la misma, aunque no conserva en nuestros tiempos la vitalidad que en otras épocas. 


Ntro. Padre Jesús de Amor y de la Entrega y la Virgen de la Concepción
A partir de 1978 el culto a la Inmaculada Concepción se incrementa en el monasterio, cuando en él toma su sede una nueva hermandad, esta vez de penitencia, con el título de Concepción para la Virgen Dolorosa: la Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Amor y de la Entrega y María Stma. de la Concepción, que cada Jueves Santo salé del monasterio terciario franciscano, con la Alhambra de fondo, incorporando a la Semana Santa granadina uno de los paisajes más bellos de la ciudad.


Dolorosa de la Concepción
  
Más de 450 años de vida de una hermandad y, por otro lado, más de 500, si consideramos que en el siglo XIX se fusionó con la Principal del Convento de San Francisco "Casa Grande", fundada por los Reyes Católicos, son el recorrido histórico de esta ilustre congregación, a la que se le han concedido innumerables indulgencias plenarias y particulares y que aún sigue entre nosotros, tanto ella como su sagrada imagen. 






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1. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, leg. 42 f, pieza 27.

2. Ibídem, leg. 42 f, pieza 5.

3. GÓMEZ TORRES, Juan Jesús, Real Ilustre y Principal Hermandad de la Purísima Concepción, Revista Gólgota, Semana Santa 2004, págs. 195-201.

4. GÓMEZ TORRES, Juan Jesús, opus cit, pág. 196.

5. PADIAL BAILÓN, Antonio, REAL HERMANDAD DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN DE NTRA. SRA. DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO (Casa Grande) y RODRIGO HERRERA, José Carlos,"El convento de San Francisco Casa Grande y su Patrimonio Inmueble".

6. Diario LA ALHAMBRA de 12 de diciembre de 1857. 

7. REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE GRANADA, página web, rmcg.es/institucion/historia/.

8. GÓMEZ TORRES, Juan Jesús, opus cit, pág. 199-201.

9. El Defensor de Granada de 9 de abril de 1909.

10. La Gaceta del Sur de 16 de julio de 1924.