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domingo, 22 de junio de 2014

HERMANDAD DE LA LIMPIA Y PURA CONCEPCIÓN DE SANTA ANA







         MUY ANTIGUA, REAL Y PONTIFICIA                HERMANDAD DE LA PURÍSIMA             CONCEPCIÓN DE SANTA ANA

Antonio Padial Bailón

   
    La ciudad de Granada y concretamente sus cofradías fueron adalides en la defensa del misterio de Pura y Límpia Concepción de María, ya debatido durante el Concilio de Trento (1545-1563), aunque su proclamación como dogma fuera mucho más tardía, en 1854.


   Pronto caló dicho Misterio y devoción en el pueblo granadino, sus instituciones y en sus hermandades. Exponente de ello fue la erección a extramuros de la ciudad, en el lugar de la antigua maqbara o cementerio musulmán  de Shal al Malic, de uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad: en el lugar que después se llamó Triunfo de la Inmaculada Concepción o Triunfo, simplemente. El cabildo municipal acordaría el 20 de noviembre de 1621 levantar un monumento a Misterio de la Inmaculada Concepción de María que años después sería encargado al escultor Alonso de Mena y que fue colocado en lugar cercano adonde hoy está en 1638.  Desde entonces y hasta nuestros días el monumento a la Inmaculada y el lugar han sido un referente especial para la ciudad.

   Granada y sus cofradías han estado, y lo siguen estando, ligadas a la devoción inmaculista y a la defensa de este Misterio. De forma muy temprana surgen hermandades dedicadas a la devoción de María Inmaculada y nos atreveríamos a afirmar que no falta su imagen en las distintas iglesias, tanto parroquiales, como conventuales. 


IGLESIA DE SANTA ANA

   Una de ellas resalta por su enorme valor artístico sobre las innumerables imágenes de bulto que existen en la ciudad: la Inmaculada de la sacristía de la Catedral, referente del arte barroco, no sólo para la ciudad, sino también para el arte escultórico español y que nos legó el insigne escultor Alonso Cano. 

   La manifestación de esta devoción en la erección de hermandades y cofradías dedicadas a su culto va a ser prolija en la ciudad; hasta siete u ocho hermandades se dedicarán a su culto en ella. Una de ellas, de notable antigüedad y preponderancia, es la Hermandad de la Inmaculada Concepción de la iglesia de Santa Ana.



Fundación y Capilla 


  Ciertamente no se sabe el año de fundación de esta hermandad, aunque con toda seguridad sabemos que sus inicios fueron en el sigo XVI. En un artículo del periódico Ideal de Granada de 26 de diciembre de 1936, en el que se daba nota de los cultos de la hermandad, se afirmaba que su fundación fue en el año 1555, en tiempos del arzobispo D. Pedro Guerrero, y el día 6 de enero, celebración de los Reyes Magos, día en el que la hermandad celebraba la función de aniversario. Pudiera ser dicha fecha la de su fundación, dada al periódico citado por la propia hermandad y basada, seguramente, en la documentación en su poder.

   El documento más antiguo que he podido consultar sobre esta Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Santa Ana es de 1617, sobre la escritura de donación de su capilla en dicha iglesia y del que se deduce, que llevaba fundada bastantes años antes, por lo que no es inverosímil que se fundase en 1555. 

    Dicho documento de donación de la capilla a la hermandad se formalizó el día 6 de diciembre de 1617. Por el mismo, Dª Bernardina de Bobadilla, propietaria de la capilla y viuda, sin descendientes, de D. Melchor Pérez de Losada, otorgó escritura de donación irrevocable de la capilla a la hermandad con su retablo y dos sepulturas que existían en la misma. Acepta la donación el mayordomo de ese año, Antonio López, ante el escribano público Gonzalo Fernández, siendo testigos Alonso Pérez, Juan de la Questa y el presbítero Juan Morales. 

   En años anteriores, el esposo de doña Bernardina, don Melchor, ya había cedido de hecho la capilla a la hermandad: 


"[...e siendo bibo eredero mi marido dio la dicha capilla a algunas personas honradas que con buen zelo quisieron fundar una cofradía con la advocación de la Limpia Concession de Nuestra Señora y assi la instituyeron con hermano mayor, mayordomo y cofrades, donde se celebran los oficios de dicha advocación]"

    Si esta declaración se hace en la escritura de 1617, por ello decimos que la hermandad se fundaría años antes, en vida de su marido, D. Melchor Pérez de Losada.


Iglesia de Santa Ana. A la izquierda Capilla de la Inmaculada Concepción, al menos, desde el siglo XVIII

   Al documento que mencionamos se le une una Bula en latín del Papa Gregorio XIII, que murió en 1585, de concesión de gracias apóstólicas. Por lo tanto, antes de esta última fecha estaba fundada la hermandad y hace más cierto el dato de su fundación en 1555. Por ese tiempo, el arzobispo de Granada D. Pedro Guerrero participaba muy activamente en el Concilio de Trento, en cuya sesión V (1547) se trató sobre el pecado original, estableciéndose que nadie está exento de pecar o perder la gracia, ni evitar todos los pecados, aun los veniales, salvo especial privilegio de Dios, como la Bienaventurada Virgen María. Por ello, pudiera haber ocurrido que adquirido viveza en dicho concilio el debate sobre la Concepción Inmaculada de la Virgen fuera, en dichas circunstancias, alentada la fundación de la hermandad unos años después, en 1555.

   Entre las obligaciones que asumía en la citada escritura la hermandad estaban: el tener a la donante, doña Bernardina, como inquilina de la capilla, ya que en las sepulturas estaba enterrada su familia y, seguramente, también en ella se enterraría su cadáver; otra obligación era hacer una fiesta y vísperas cada año a la Asunción de Nuestra Señora, el día 15 de agosto, y misas cantadas por las almas de la donante y las de sus padres, Pedro Díaz de Espinosa y Antonia Díaz de Bobadilla y por el alma de su marido.
" [... para que en dicha capilla y altar se manifieste y enseñe su Santísima y Limpísima Consseción, como lo an hecho y espero la harán los cofrades a quienes encargo y espero pongan allí una tabla que se diga quien les hizo gracia de la capilla e la fiesta que por su ánima e defuntos an de hacer en ella cada año. Granada en seis días de diciembre de 1617" (1).

  La capilla, cedida a perpetuidad a la hermandad, era la segunda a mano derecha, según se entra en la iglesia, lo que quiere decir, que no es la actual en la que se encuentra la imagen, pues ésta es la tercera a mano izquierda (contando la bautismal), a no ser que hubiera error en la escritura o la hermandad cambiara de capilla cuando se hizo el retablo actual en el siglo XVIII, para sustituir al que aparece en la donación.

   De ser correcta la descripción de la escritura de donación, la capilla primitiva sería la que actualmente ocupa Ntra. Sra. de la Esperanza, trasladándose la Hermandad de la Concepción a la que hoy se venera la imagen, seguramente, a mediados del siglo XVIII. 

En esa antigua capilla, al ser desalojada por la Hermandad de la Concepción se colocó a Ntra. Sra. de la Candelaría de dicha iglesia, donde ha estado hasta hace pocas décadas, en que la ocupó la Hermandad de penitencia de Ntra. Sra. de la Esperanza, dónde hoy la veneramos. 


Posible primera capilla de la Hermandad de la Concepción, después fue de la Candelaria

   El Padre de la Chica Benavides nos dice en sus "Gazetillas", parece que refiriéndose al año 1640, cuando apareció en la puerta del cabildo de la ciudad (Palacio de la Madraza) el libelo difamatorio contra la virginidad de María y las cofradías se lanzaron a la calle en múltiples procesiones de desagravio, que la imagen de esta hermandad de la Inmaculada de Santa Ana fue la elegida para presidir la solemne fiesta de desagravios "[...y con mucha razón - dice el padre trinitario- , si en Casa de Sra. Santa Ana fue Concebida María Santísima, sin mancha del Pecado Original...] " (2). No era, desde luego, la actual imagen, porque como diremos más adelante, ésta se realizó o transformó en la segunda década del siglo XVIII.  

Imágenes 


   La hermandad tuvo que tener una primitiva imagen de la Concepción, seguramente realizada a finales del siglo XVI o principios del XVII, con la que se fundó la cofradía y a la que le dio culto hasta principios XVIII, en que encargaría nueva imagen, la que hoy conocemos, atribuida, según algunos, al nieto de Pedro Roldán, Pedro Duque Cornejo, durante su estancia en Granada (1714-1719), para realizar el soberbio Apostolado de la iglesia de Ntra. Sra. de las Angustias. También labró las manos actuales de nuestra Patrona y el retablo de Ntra. Sra. de la Antigua de la Catedral, entre otras obras importantes que dejó en Granada 3.

   Por tanto, entre 1714 y 1719, pudo realizar la imagen de la Pura y Limpia Concepción de Santa Ana y poco después,  entre 1719 y 1730, se pudo efectuar el magnífico retablo de estilo barroco churrigaresco, que podemos contemplar para dar cobijo a la Virgen y, a sus lados, sus padres San Joaquín y Santa Ana, probablemente del mismo escultor Pedro Duque Cornejo o, de forma más segura  es que sean obras de taller. 

   Últimamente se me ha proporcionado una publicación de Ana María Gómez Román "Torcuato Ruiz del Peral y el devenir de la escultura de Granada hasta mediados del siglo XIX" se alude a un documento encontrado en el interior de la talla, al que el erudito Gómez-Moreno González hacía referencia, que expresaba lo siguiente sobre esta imagen:

“a esta birgen se echo cabeza nueva y le conpuso el cuerpo dn. Antonio Camacho abeintidos de otubre de 1755 reinando nuestro señor fernando el sesto que Dios ge. Y lo firmo el escribiente siendo discipuos de Dn. Torcuato Ruiz. Nicolás Pérez”. Esta nota a la que se refería Gómez Moreno, su hijo Gómez-Moreno Martínez se encarga de aclarar que se refería a la Concepción de de la iglesia de Santa Ana 4.

   De la nota se deduce que lo que se hizo fue ponerle una cabeza nueva y componer el cuerpo, es decir, se realizó una retalla de la imagen, que no podría ser otra que la primitiva que tuviera la hermandad, desde que se fundó la misma en la segunda mitad del siglo XVI.

  El escultor Antonio Camacho era discípulo de Torcuato Ruiz del Peral, que ayudaba al maestro, especialmente, en las labores de restauración a partir de mediados del siglo XVIII. Una noticia más en esta constante revisión para componer, a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, el puzzle  del origen e historia de nuestras imágenes.


  Seguramente, por estos años de mitad del XVIII sería cuando la hermandad se convierte en rosariana, pues en el inventario de 1753 aparece como Hermandad del Rosario de la Purísima Concepción. 


   La hermandad parece que pudo querer representar en este retablo la simbología simplificada del Árbol de Jesé o la de los Tallos o, tal vez, de la Puerta Dorada, una de las de la muralla de Jerusalén, por donde entraría el Mesías a la ciudad y en la que esperan dos personajes a ambos lados, que se identifican por la tradición apócrifa como San Joaquín y Santa Ana, ésta, por otra parte, titular de la iglesia parroquial sede de la hermandad.

   En el inventario de la iglesia, que se realiza en 1764, se dice: "dos diademas que sirben al Sr. Sn Joachín y Sra. Stª. Ana en dicho altar. Bastón del Santo". Ambas diademas las mantienen las imágenes, aunque no el bastón que era de plata y el arzobispo en 1842 autorizó su venta y se le colocó uno de madera (hoy no tiene ningún bastón). Estas mantienen su policromía original.

   La Virgen, sobre una alta peana en pan de oro, posa sus pies sobre una nube poblada de querubines y los símbolos de su advocación: la media luna de plata y gran  corona, también de plata con la ráfaga de doce estrellas. En el inventario de 12 de octubre de 1764 se refleja con corona de imperios y cruz por remate, que pesa 55 onzas de buena plata y media luna, que pesa 28 onzas de plata ordinaria. Sin embargo, la antigua corona no es la actual, que es de 1919, donada por Dª. Encarnación Vizcaíno, según inscripción en la misma. Sí es original la media luna, realizada por el platero de Jaén Luis de Guzmán (5)

  El escultor tal vez se inspirara en el Eclesiastés para realizar la imagen, según criterio de D. Joaquín y D. Antonio Villegas Delgado "...el manto ondulado al viento, es como la cimbreante palma de Cadés". 

 La imagen sufrió una desgraciada restauración en su policromía en los años veinte del pasado siglo. Comentan los Sres. Villena en su libro, que el restaurador Giménez Mesa, dijo que siendo aprendiz asistió al atentado artístico que se cometió en la imagen, a la que cubrieron con serrín húmedo para que se hinchase la madera y la pintura original se desprendiese con mayor facilidad. Por lo visto, el azul del manto no se respetó y se le suprimieron los escalfados que llevaba la túnica. 


   El cambio de imagen y la realización de las de San Joaquín y Santa Ana, así como, el magnífico retablo y demás alhajas, denotan un gran vigor de la hermandad tanto en el aspecto económico como en el cultual durante la primera mitad del siglo XVIII.

  La hermandad contaba con determinadas casas en propiedad o a censo legadas por devotos y hermanos; una de ellas hipotecada por Alonso de Osegosa y Mendoza, rector de la Alcaicería, para que se diera a censo o alquilara y con su producto costear el aceite de la lámpara que alumbraba a la imagen de la Concepción (hoy tampoco existe la lámpara). La casa se situaba en la, también, llamada calle de la Concepción, así denominada por existir en dicha calle y en la casa un lienzo o cuadro con dicha imagen por lo que se pagaba un censo al Convento de Santa Cruz la Real (esta calle es la que baja desde la plaza de la Mariana, en cuya esquina está el popular Café Futbol).  

    En 1701, el hermano mayor Juan Ximénez Ríos y el mayordomo Gerónimo de Cassanoba, la dieron a censo a Cristóbal Díaz con autorización del Prelado Martín de Ascargorta (6)

  En 1741 era hermano mayor Juan de Hermo, mayordomo Bartolomé Bastida y secretario Francisco de Villar Bahamonde y reunieron a la hermandad en cabildo nada más tomar posesión para que diera licencia para alquilar o vender a censo por el precio de 100 ducados otra casa propiedad de la hermandad situada a la salida del segundo puente de Darro.

  El Provisor y Vicario General, Alonso de Guzmán y Bolaños, autorizando la venta, ordena que su importe no se gaste en quitar deudas, sino para pagar las misas de unas memorias, pero ante la necesidad de realizar importantes obras en la casa, en la que se habrían de gastar más de 150 ducados por estar inhabitable, la hermandad consiguió venderla en 1742, después de más de un año, a un tal Gaspar de Morales, que pagó por ella 400 ducados (7).         


San Joaquín, atribuido a Duque Cornejo hacia 1718

   Ocupada Granada por las tropas francesas en enero de 1809, la ciudad se apresta a celebrar una serie de rogativas a las imágenes de más devoción para implorar por el fin de la contienda. Al mes siguiente de la ocupación napoleónica, a mediados de febrero de ese año, las hermandades de la Purísima Concepción de Santa Ana y la del Señor de los Dolores, sitas en la misma iglesia, organizan una procesión de rogativa con sus imágenes hasta la iglesia del Convento de San Agustín, sede de la Hermandad del Sagrado Protector de Granada, no cabe duda que para postrarse a los pies del Stmo. Cristo de San Agustín e implorar su protección (8)


Inmaculada de Santa Ana
  El día 5 de marzo se vuelve a repetir la procesión de rogativas con ambas imágenes, pero esta vez a la iglesia del   convento de las Madres Agustinas (actual iglesia Magdalena). 

Cristo de San Agustín








Señor de los Dolores (Hoy Resucitado)













   A lo largo del resto del siglo XIX la hermandad se mantendrá activa con sus cultos de reglas, aunque sufriría las vicisitudes negativas para la hermandades en una época tan conflictiva en los aspectos sociales y políticos. 

   Vuelve la hermandad a tener una actividad floreciente a finales de dicho siglo o principios del  XX. Así, en 1909, la hermandad forma parte con su estandarte azul de la procesión del Santo Entierro Antológico, según nos dice el diario El Defensor de Granada. También lo hará en los siguientes años, al menos, hasta 1939 acompañando a la Hermandad del Santo Entierro, sita en la misma iglesia.

   En 1912, la hermandad anuncia sus cultos y función principal del día 6 de enero, festividad de los Reyes Magos. Siempre que lo hace en estos años se la nombra con el título de "Muy Antigua, Real e Ilustre Hermandad de la Purísima Concepción, canónicamente establecida en la iglesia de Santa Ana"; incluso, en algunas ocasiones aparece con el de Pontificia.

  No sabemos en las fechas en las que adquiriría dichos títulos, pero la importancia de la hermandad, que se ha mantenido hasta tiempos muy recientes, denota que fue especialmente atendida por la Santa Sede y la Monarquía.

   A los largo de los años veinte del pasado siglo, eran muy solemnes sus funciones a las que asistía capilla de música con barítono, como la del Maestro Vidal y grandes predicadores de la ciudad, siendo hermano mayor en 1918 y 1921, D. Francisco Maldonado. De este último año se conocen los componentes de su junta de gobierno. Tenía como mayordomos a Miguel González, Dativo Garrido, José Álvarez, Manuel Ocaña, Luis Jardo y José Gallego; tesorero, Alejandro Álvarez Pareja y secretario, Francisco Fajardo (9). En 1936, aparece con un hermano mayor perpetuo en la persona de D. José González Medina. Otros hermanos mayores fueron: D. Antonio Fajardo en 1929 y en 1942, D. José Medina Rosales.


Santa Ana de la Capilla de la Concepción ( Atrib. Duque Cornejo) 

   Por estas funciones anunciadas en la prensa sabemos que los cultos y función principal las celebraba la hermandad el día de los Reyes Magos, aunque la novena a la Virgen Inmaculada se hacía los días antes de su festividad, 8 de diciembre, probablemente con otra función dicho día.

   Por los años treinta del siglo XX aparece unida la hermandad la Congregación de Coros de la Purísima, que le dedicaba cultos mensuales los días 8 de cada mes y al Real Cuerpo de Mayordomos de Honor. No sabemos si estas congregaciones se crearon por estos años o eran instituciones de la hermandad desde épocas antiguas (10).

   El día de los Reyes Magos de 1949, el diario Ideal da la noticia de la función aniversario de la fundación de la hermandad y la titula como Pontificia y Muy Antigua Real Hermandad del Santísimo Sacramento y de la Purísima e Inmaculada Concepción de Santa Ana. Igual noticia da el diario Patria y con el mismo título el 6 de enero de 1957. Ello nos lleva a pensar que ambas antiguas hermandades, la del Santísimo y la de la Concepción, se habrían fusionado en una sola, sin que sepamos la época de tal fusión y si la fecha que se da de 1555, como de fundación, se correspondiera con la fundación de la Hermandad del Santísimo.

   A partir de 1958, no tengo recogidas más noticias de la hermandad. Probablemente, siguió con cultos durante los años sesenta del pasado siglo y, paulatinamente, quedó sin actividad, tras más de cuatro siglos de existencia. Esta histórica hermandad sigue viva canónicamente y es de desear que su restablecimiento se produzca antes de su extinción.



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1.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 13 F (c), pieza 59.

2. DE LA CHICA BENAVIDES, Antonio, Gazetilla Curiosa o Semanero Granadino, papel XVI de 23 de julio de 1764.

3. VILLENA DELGADO, Joaquín y Antonio, Arte y Tradición en la iglesia de San Gil y Santa Ana, págs. 80 a 86, Vol.II.Granada 2000.   

4. GÓMEZ ROMÁN, Ana María, Torcuato Ruiz del Peral y el devenir de la escultura en Granada hasta mediados del siglo XIX. Bol. Cen. Pedro Suárez, 21, pág. 362. 2008.  

5. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 14 F (a), pieza 3. 

6.  El citado archivo, legajo 14 F (a), pieza 2. 

7.  Diario de Granada de febrero de 1809.

8.  El Defensor de Granada de 21 de diciembre de 1921.

9 y 10. Diversos Periódicos de la época. 


domingo, 20 de abril de 2014

VENERABLE HERMANDAD DE SAN SEBASTIÁN Y SAN FABIÁN ( Ganaderos y comerciantes)







Antigua y Venerable Hermandad de los Santos Mártires San Sebastián y San Fabián

Antonio Padial Bailón

    La Hermandad de San Sebastián y San Fabián, conocida por el pueblo con el título del primer santo, se puede calificar como de muy antigua, puesto que su fundación  se remontaba a unas décadas después de la conquista de la ciudad (1531).

    La hermandad se funda en un morabito construido en 1212 en la ribera del Genil, que había sido sacralizado desde el mismo momento en que los Reyes Católicos entran en la ciudad y allí se celebra la entrega de la misma y una misa de acción de gracias, dedicándose al santo mártir. La Reina Católica donó la imagen de Ntra. Sra. de la Antigua, como patrona de la ciudad y mandó colocarla, en principio, en este morabito, donde estuvo venerándose antes de llevarse al convento de San Francisco de la Alhambra y a la primitiva catedral. Es el único morabito que se conserva en la actualidad prácticamente intacto (1).

Ermita de San Sebastián en el Violón ( antiguo morabito musulmán)
    
   Lugar extramuros de la ciudad y en un paraje idílico en aquellos años, cuyo acceso fue adornado con una alameda que se plantó en 1612, en lo que hoy es el Paseo del Violón, hasta concluir en la ermita. Era ese año corregidor de Granada D. Gómez Zapata (2).

  Fundación de la hermandad

   La hermandad de San Sebastián pudo fundarse de hecho a principios del siglo XVI por mercaderes de ganado, si bien, su autorización eclesiástica y aprobación de reglas se produce el 20 de mayo de 1531 por el provisor y vicario general D. Diego de Raya, en tiempo del arzobispo D. Gaspar de Ávalos  (3), siendo su impulsor D. Diego de Arroyo. Contó, en principio, con gran auge que fue decayendo en la segunda mitad de dicho siglo al contar a finales del siglo con pocos hermanos. Eran las vicisitudes de las antiguas cofradías que a momentos de gran esplendor le siguen otros de decadencia.

       Hacia 1538, se erige un humilladero a la salida del puente del Genil, que constaba de un templete con cuatro pilares de piedra y cuatro rejas que guardaba la imagen de un Crucificado de alabastro, según nos dice Henríquez de Jorquera. Era una estación para los viajeros que entraban por esa parte de la ciudad y se postraban ante el crucifijo y un lugar de rezo para los que paseaban por las alamedas. La hermandad de San Sebastián, cuando ya residía en su iglesia hospital en Bibrambla, llegaba en su procesión hasta dicho humilladero, por no alargar la misma hasta la ermita del Violón, su primera sede. Por ello, el pueblo conoció a dicho humilladero como el de San Sebastián y, aun hoy, seguimos conociendo el lugar como el Humilladero.   


Plaza del Humilladero de San Sebastián y la entrada de la Carrera

     Dichos mercaderes de ganado, hacia 1556, fundan un hospital con iglesia para la cura de sus empleados, criados y pastores, situado entre la Plaza de Bibrambla y la calle Virgen de los Plateros, junto al Zacatín y la calle Príncipe, adonde se trasladó la hermandad desde la ermita del Genil, aunque siguió manteniendo ésta con un ermitaño. La nueva sede de la hermandad y su hospital se construyen hacia 1550, demoliéndose  en 1837 y propiciando una reforma de la plaza de Bibrambla, a mediados del siglo, para comunicarla, al cubrirse el Darro, con la nueva calle de Reyes Católicos.  

     La nueva ubicación de la hermandad, de su iglesia y hospital en la Plaza de Bibrambla parece que fue propiciada por un benefactor o fundador, D. Pedro de Arganda, según se deduce de la documentación de un pleito del que trataremos más adelante. 


El lugar marcado en rojo señala dónde se alzaba el hospital e iglesia de la Hermandad de San Sebastián

    La hermandad celebraba cada año una procesión con la imagen del Santo el día de su dedicación (20 de enero), aparte de las procesiones de rogativas por las epidemias en las que se consideraba intercesor. En la decadencia de la hermandad de finales del XVI, ésta dejó de realizar su procesión a la que asistía el cabildo de la Santa Iglesia Catedral y su deán, tal vez por no poder pagar los 100 ducados al citado cabildo para que asistiera a la procesión.    

      A principios del siglo XVII, vuelve a tener un auge apreciable impulsada por el arzobispo D. Pedro González de Mendoza, que restauró, en 1614, la procesión, ordenando que tuviera el carácter de procesión general con acompañamiento de todas las cofradías y hermandades con sus estandartes, así como, los miembros de las distintas órdenes religiosas establecidas en la ciudad y del cabildo de la catedral y el de la ciudad, sin que cobrasen por sus asistencia. Cumpliendo esta orden salió la procesión el día 20 de enero de 1614 rodeada la imagen del santo por el clero de Granada (4).  



      En la procesión era llevado todos los años San Sebastián a la catedral, algunos años, hasta el Humilladero, regresando después a la iglesia del hospital, con jubileo del día del santo y dedicación de cuantiosas misas, que se repetían en los altares de la iglesia todos los días de fiesta. 

     En 1637, con motivo de haber cesado una epidemia en Málaga se organizó otra procesión general de acción de gracias el día 15 de octubre con la imagen del santo y asistencia de los dos cabildos con salida desde la Catedral hasta la ermita de de San Sebastián, cerrándose la Alcaicería como si se tratara de día festivo.

     Otra procesión general tengo documentada en 1691 en la que se llevó a San Sebastián a su ermita del Genil el día de San Juan y a la que asistió la hermandad de penitencia de la Santa Vera Cruz con más de cien luces y veinticuatro hachas; si otro tanto aportaron el resto de hermandades, la procesión hubo de tener un evidente esplendor.    

    También daba culto, como era común en estas hermandades de San Sebastián, a San Fabián, Papa mártir, cuya festividad se celebra el mismo día, 20 de enero.
  
San Fabián y San Sebastián en la Catedral de Cuenca

Conflictos a finales del XVII

     A lo largo del siglo XVII la hermandad de carácter cerrado o gremial se abre a la participación de otros fieles. Así, en 1698 el hermano mayor, Francisco de Carrión, era platero. También en su hospital se empiezan a atender enfermos no ganaderos carentes de recursos económicos, a los que se les hacían funerales y sepultaba, sin contar con la anuencia del arcipreste, ni pagar los derechos parroquiales al Sagrario, a cuya circunscripción parroquial pertenecía la iglesia y el hospital de San Sebastián.

   Ello motivó una serie de conflictos con la parroquia; del primero que tenemos constancia fue el incoado en 1691. La hermandad tenía sus propios capellanes de los que se servía para todas las cuestiones religiosas, mostrando cierta independencia de los ministros del Sagrario, que éstos no toleraban.

    La hermandad tenía licencia para celebrar sólo dos misas y, en 1691, a petición de los fieles, aquéllas se aumentaron a varias al día y el capellán y otros sacerdotes administraban la comunión a los enfermos, cosa a lo que no estaba autorizada la hermandad. Ante esta situación, el provisor del arzobispado prohibió dichas misas y consagración bajo pena de excomunión y 20 ducados de multa. 

     Parece que la hermandad y el capellán, no obstante las penas en que podían incurrir, siguen consagrando y dando la comunión a los fieles; no olvidemos que de ello dependían parte importante de los ingresos de la hermandad y del hospital, que se traducían en mandas y memorias de los devotos. 



     En mayo de 1693, el hermano mayor, Fernando Pérez Pavón, pide al provisor  del arzobispado licencia para tener sagrario en la iglesia del hospital, porque había que traer el Santísimo de la parroquia del Sagrario y con ello se producía una tardanza en administrarlo a los enfermos moribundos, que a veces fallecían sin recibir la Comunión, con grave peligro para sus almas. Todo esto da la impresión de ser en el fondo una excusa para conseguir la permanencia del Santísimo Sacramento en su iglesia. A esta alegación se le responde por el juez eclesiástico con otra excusa: la de que en ese momento estaba vacante la sede del arzobispado y faltaba poco tiempo para que tomara posesión de la misma el nuevo arzobispo, D. Martín de Ascargorta y entonces se resolvería.  

        Parece que no se dio licencia para lo que pedía la hermandad, pues tres años después, en 1696 el capellán y mayordomo de la misma, D. Juan Moreno Parra, vuelve a pedir licencia para el mismo asunto y para que se administrasen los Santos Oleos a los enfermos moribundos y que en la iglesia del santo se puedan cantar los oficios del Domingo de Ramos, del Jueves y Viernes Santos. Tampoco en esta ocasión consiguieron la licencia solicitada, prohibiendo tales oficios y que no se diera la comunión;  asimismo se ordenaba que en las festividades se diera cuenta al arcipreste del Sagrario de las misas solemnes a celebrar, para las que se les remitían las tarifas que debía de percibir por ellas la parroquia. También, en los entierros de hermanos y enfermos en la bóveda de la iglesia, los funerales los había de oficiar el sacerdote que enviará el Arcipreste del Sagrario y no se había de cobrar más que la cera, pagando a la parroquia por los pobres que en el hospital se enterraran lo mismo que si en aquélla lo hicieran.  



   El capellán alegaba que en el oratorio se celebraban misas y se daba la comunión desde hacía más de cien años y que en la primera misa que se decía cada día se consagraba y se daba la comunión, quedando el copón con las Formas que sobraban cubierto con velo y seis velas para alumbrar al Santísimo y se consumían aquéllas totalmente en la última misa. La petición fue denegada, pero se siguió, pese a la prohibición, administrando el Santísimo a fieles y enfermos.

     En 1698, viendo la rebeldía del capellán y hermandad en obedecer los mandatos y prohibiciones, el arcipreste de la parroquial del Sagrario, D. Jerónimo de la Serna se querelló dicho año contra el dicho capellán, D. Juan Moreno Parra, contra el hermano mayor, D. Joseph de Molina y contra el mayordomo, Fernando Pérez.

   El provisor, D. Andrés Rafael de Ascargorta, falla en contra de las peticiones del capellán y de la hermandad, lo que hace recurrir a éstos en 1698 ante la Real Chancillería para defender sus posiciones. La Audiencia Real manda quitar las excomuniones y censuras mientras el proceso no concluyera.

    De todas formas, la Real Chancillería no fallaría a favor de la hermandad, porque en 1702, seguramente una vez finalizado el pleito en la alta instancia, el provisor Torico de Pedrajas dicta auto prohibiendo se administre la Comunión por los sacerdotes y predicadores en la iglesia de San Sebastián y que sólo se celebre la misa. 
    
    Según la descripción de la iglesia que se realiza por el fiscal del arzobispado, en la misma había un retablo dorado en el altar mayor presidido por la imagen de San Sebastián en su nicho central. Sobre el altar mayor una imagen de Jesús Nazareno, e inmediato al altar mayor, otro con la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad. Estas imágenes de Pasión, seguramente las tendría la hermandad para celebrar las funciones de Cuaresma y Semana Santa, sin que se sepa si con ellas celebraba algún acto público penitencial o procesión, aunque es posible(5).


San Sebastián y frontal bordado, fuera de su hornacina de la capilla de los Reyes Magos

      En la procesión del día 20 de enero de 1700, que por esos años, seguramente dada la gran afluencia de asistentes, entre ellos las órdenes religiosas con sede en la ciudad, la procesión salía de la Catedral y no de su capilla del hospital. Ese  año hubo conflicto en dicha procesión entre las comunidades de los agustinos descalzos y los carmelitas calzados por el lugar que habían de ocupar en la procesión dichas comunidades, Asimismo, dichos agustinos también entraron en conflicto con los franciscanos observantes de la " Casa Grande" de San Francisco, porque decían aquéllos que tenían que ir junto a estos y  no se habían de intercalar ninguna orden descalza. Después del alboroto acusado abandonaron la procesión de San Sebastián ambas comunidades (6).   

La hermandad en el siglo XVIII

      Casi treinta años transcurrieron hasta que la hermandad consigue que el Santísimo Sacramento se colocara en su iglesia-oratorio. Fue por acuerdo formalizado en escritura de 7 de abril de 1727, en la que se determinaban las condiciones del acuerdo entre el arcipreste del sagrario, la hermandad y su capellán. En ella se fijaba la condición de la iglesia-oratorio como capilla externa del Sagrario de la Catedral, con sujeción a la autoridad del arcipreste al que "...le competen en la hermandad e iglesia las facultades que tiene en  el sagrario para remediar cualquier abuso y escándalos".

      De hecho, los capellanes de la hermandad ejercían, como rectores del hospital, la máxima autoridad desde la erección del mismo, sobreponiéndose a la del hermano mayor y mayordomo. Tal vez, el apoyo que había recibido de ellos la hermandad en su deseo de autonomía con respecto a la parroquia del Sagrario, hacía que los oficiales de la misma condescendieran en este ejercicio de autoridad de los capellanes sobre la hermandad y su hospital. 


Estandarte de San Sebastián con su tarjeta de orfebrería del S. XVIII

    Pero en 1759 se declara un conflicto entre la directiva de la hermandad y su capellán, Antonio Henríquez y Santamaría que ostentaba el cargo de rector del hospital (de hecho lo venían ejerciendo los capellanes desde hacía tiempo). Dicho capellán, se quejaban el hermano mayor, Joseph de Acosta y el mayordomo Félix de Carvajal, que decía las misas, traía y despedía a los sacerdotes que oficiaban en el oratorio sin consultarlo a la hermandad, cosa que no era de su competencia.

   El arcipreste del Sagrario, Francisco Cordero y Chinchilla, pide que se convoque el cabildo general de la hermandad para el día 15 de mayo de 1759  a toque de campana, como era costumbre, asistiendo el mismo dicho arcipreste, en cuyo cabildo pretendió tener él la competencia de nombrar dichos capellanes, a lo que la hermandad parece que se negó. Esto no hizo más que agravar el conflicto, pues el arcipreste se retiró desairado, alegando que en la concordia de 1727, en la que se autorizó a la hermandad a poner el Santísimo en la iglesia del hospital como capilla externa del Sagrario, le confería la competía el nombramiento de capellanes. 

    El arcipreste que había presenciado en varios cabildos las disidencias entre el capellán-rector y la hermandad, pretendiendo pacificarlos, aprovechó para interponer su autoridad sobre la iglesia del hospital y su hermandad y pide al provisor:   


"...se haga saber a la hermandad y a su capellán, se abstengan de admitir y despedir sin mi intervención y noticia a capellanes y a algunos sacerdotes, así regulares como seculares en la expresada iglesia de San Sebastián, capilla de mi Sagrario y que se sujeten unos y otros a las disposiciones que yo diere"..
     Asimismo, pedía que se borraran y tildaran las palabras contra el honor y respeto de su dignidad. Por lo visto, en el citado cabildo hubo gran trifulca, porque lo que pretendía la hermandad era tener libertad en el nombramiento de los sacerdotes que oficiaban en la iglesia del hospital, facultad que el arcipreste se pretendía arrogar.


Iglesia del Sagrario de Santa María de la O. Actual sede

    Ante esto, la hermandad que veía que la solución que se daba era más nociva a sus intereses que la situación anterior, declina sus pretensiones frente al capellán-rector y pide que le devuelvan las competencias de las que fue despojado el día 5 de julio de 1759, afirmando que las ostentaban los capellanes desde la fundación del hospital. Alegaban, por el contrario, que en la escritura de concordia con la parroquia de 10 de abril de 1727 no había pacto alguno de que el arcipreste hubiera de intervenir en el nombramiento o despido de capellanes y rectores del hospital, porque en las otras capillas del Sagrario, como la de Ánimas u otras, no los nombraba. 

   Al final, la hermandad tuvo que ceder y mandó comisarios a ver al arcipreste Cordero para pedirle perdón acatándolo como "cabeza del Sagrario y de su capilla de la Plaza de Bibrambla" (iglesia-hospital de San Sebastián), formalizándolo todo ello ante el notario el 16 de diciembre de 1760.

     No estuvieron los hermanos nuevos , ni el capellán, conformes con este acuerdo de acatamiento, pues dos años más tarde, en 1762, hay una denuncia del arcipreste Cordero, erigido también en rector del hospital, acusándolos de que hicieron una junta con el capellán, Antonio Henríquez, y animados por éste, sin haber citado al arcipreste, so pretexto de no cansarle con juntas, la celebraron sin él. Por lo visto, dicho capellán, "deseoso de cavilar y mandar...y maneja el hospital y hermandad a su voluntad", se hizo con la voluntad de los nuevos hermanos y en contra de la opinión de los antiguos, mantenían la rebeldía frente al arcipreste del Sagrario. El pleito estaba elevado en apelación ante el Nuncio de Su Santidad, del que desistió la hermandad por falta de recursos.

      Del desarrollo del conflicto y de los libros de actas aportados se infiere que la hermandad no estaba sobrada de recursos  en esa época de mediados del XVIII; tenía ciertas deudas y casas de su propiedad embargadas, a pesar de estar formada en esos años por personas de cierta consideración social. No hay más que reparar en que los secretarios solían ser escribanos públicos del rey, según se deduce de dichas actas.   

     A pesar de la escasez de recursos, los mayordomos no desistían de realizar ciertos proyectos costosos en ese tiempo en los que ponían su peculio, pero en forma de préstamo que había que devolverle. Así, los mayordomos Luis y Félix de Carvajal realizaron unos retablos en la iglesia, para cuyo pago se dieron en dotación dos casas de la hermandad.

     También se manifiesta que la hermandad a mediados del XVIII reedificó la iglesia, siendo mayordomo Bernabé López "...estaba en un sitio indigno y oscuro, para tratar de mudarla porque se estaba hundiendo, también con la enfermería, escogió el principiar y acabar la iglesia nueva que hoy existe... y después continuaron los retablos Luis y Félix de Carvajal (mayordomos), dejándolos como se manifiesta a la mayor perfección" (7). Los retablos se realizaron entre 1760 y 1761.  




     Para el pago de deudas hubo de empeñar el cabildo de la hermandad, en 1762, los cañones de plata (varas o varales) y la cruz del estandarte del mismo metal, aunque ordenaba su desempeño antes de la fiesta y procesión de San Sebastián de 1763. Asimismo, se procedió a disminuir el número de sacerdotes que atendían las misas de la iglesia, de dieciocho a doce más el capellán.

    Finalmente, el provisor del arzobispado D. Antonio de Vera dictó auto en este segundo pleito contra el capellán y el grupo de hermanos afectos a él, en el que se reconocía la autoridad del arcipreste del Sagrario y su derecho a asistir a las juntas de la hermandad, anulando los cabildos que se habían celebrado sin su asistencia. No por ello dejaron de desistir en su empeño, capellán y hermanos nuevos, apelando esta vez ante la justicia real.

   Con respecto al grupo de hermanos antiguos presididos por el hermano mayor Juan Cano y por el nuevo rector, el presbítero D. Antonio Rodríguez, acatando lo dispuesto por el juez eclesiástico, reúnen el cabildo de la hermandad el 4 de marzo de 1763 para reconocer la autoridad del arcipreste en el gobierno espiritual y económico de la hermandad y hospital, refrendando el acuerdo de 1727 y declarando al antiguo capellán y rector del hospital la dolosa usurpación de sus facultades y el engaño al que había conducido a los nuevos hermanos.

  Dicho grupo, presidido por el capellán antiguo D. Antonio Henríquez, no permaneció sin reaccionar y apeló a la justicia real. Eran tiempos del reinado de Carlos III y de la Ilustración en los que los órganos del Estado y las leyes marcaban su prelación sobre los tribunales eclesiásticos. Por ello, la Real Chancillería dictó una resolución en 23 de abril de 1763 por la que ordenaba al juez eclesiástico inhibirse en el procedimiento y alzar las censuras impuestas, hasta conocer y resolver sobre el asunto (8)

   No sabemos, por ahora, la solución que emitida por la sentencia de la Real Audiencia, pues en este estado quedó el pleito en la instancia eclesiástica.

     Aunque siempre se ha sabido que la ermita de San Sebastián en el Violón, inicio de la devoción al Santo, pertenecía a la hermandad, en los documentos que consideramos se reafirma tal pertenencia al encargar en ese tiempo a cuatro hermanos comisarios redactar un inventario, no sólo de la iglesia del hospital, sino también, "de la ermita de San Sebastián que está en la Alameda del Genil por ser tocante y perteneciente a este Santo Ospital".


Capilla de los Reyes Magos, en el Sagrario, dónde hoy se encuantra la imagen de San Sebastián 


   La hermandad entró en el siglo XIX celebrando sus cultos y procesión. Hay anunciado un jubileo en la iglesia de la hermandad en marzo de 1813, meses después de que las tropas francesas abandonan la ciudad. Parece ser, que durante la ocupación napoleónica el conjunto de la iglesia y hospital no sufren sensibles daños y se anuncia en las fiestas del Corpus de 1835, la colocación de dos tribunas en la plaza de Bibrambla, delante del hospital, acudiendo el pueblo a festejar en romería la fiesta del santo junto a su ermita del Violón, calificándolas el Boletín Oficial de la Provincia de fiestas supersticiosas (9). Eran tiempos de liberalismo exacerbado, que chocaban con las costumbres religiosas ancestrales y que en ese año y el siguiente llevó a efecto la  más radical de las desamortizaciones, cuyo primordial fin fue llenar las arcas del Estado, sin que lo consiguieran, al malvender los bienes desamortizados, para pasar de unas "manos muertas" a otras demasiado vivas e insolidarias.

   La iglesia y hospital de San Sebastián desaparecieron en esos años y la hermandad y su imagen pasaron a la parroquial del Sagrario. Probablemente, las imágenes de San Fabián, del Nazareno y de la Dolorosa se distribuyeron por algún pueblo de la provincia, al no encontrar acomodo en la iglesia citada parroquial. En el diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) se da la iglesia y hospital de San Sebastián como demolidos y en su lugar se levantarían los edificios que actualmente se elevan en la Plaza de Bibrambla.

    Al trasladarse a la iglesia del Sagrario, la imagen de San Sebastián se coloca en el atrio que hay para la comunicación de la iglesia con la Catedral, posiblemente en el retablo que hoy ocupa la Dolorosa de Ruiz del Peral. En la parroquial encontramos a la hermandad celebrando una procesión de rogativa en la que acompañó a la Virgen de las Angustias, junto con San Miguel, San Roque y San Cecilio y otras imágenes de devoción por la epidemia de cólera de 1855 y la novena en 1857, revitalizando la corporación la Federación del Comercio granadino, que pondrá en andas al Santo en 1860 con motivo de la guerra con Marruecos y hasta conseguir la victoria. En agosto de ese año se le dedica una función de rogativa.

   Todos los años se repetirá la novena en enero, antes de la función del día de su dedicación y, en 1881 y siguientes años, se celebraba una función cívico-religiosa en la ermita del Violón y con procesión de rogativa, seguramente por la epidemia de cólera, que fue hasta la Catedral el día 20 de enero y que se repetirá en 1882. 
A la derecha del río el Violón, en aquellos tiempos lucía una alameda que conducía a  la ermita de San Sebastián

    En 1885, cuándo la epidemia de cólera llegó a su máxima virulencia con miles de fallecidos, se estableció en los alrededores de la ermita del Genil un campamento de refugiados de los barrios cercanos. La ermita en esos años se encontraba en un estado lamentable, según comentaba el diario El Defensor de Granada, con la ornamentación de las paredes arrasada y la campana sirvió para el teatro principal de la ciudad. 

    No obstante, parece que se repara la ermita hacia 1888, porque vuelven a celebrarse funciones en la misma en los años siguientes y, en 1890, se construye un paseo que iba desde la ermita hasta el Puente Verde, donde se celebraba desde entonces la feria de ganado en las fiestas del Corpus Christi.  

     Los comerciantes a finales del siglo habían logrado recuperar el esplendor de la hermandad, conociéndose sus mayordomos del año 1891: D. Juan Fernández Méndez y los Sres. Hernández Rubio y Gómez Blanco. Ese año se hace un gran altar para el Corpus en la Pescadería con la imagen de San Sebastián y otras.

   Posteriormente, en 1895, se celebra la primera procesión el Domingo de Resurrección con la imagen del Resucitado bajo palio, que partió de la ermita de San Sebastián en el Violón, donde estuvo reservado los días de Semana Santa, hasta la Catedral con asistencia del arzobispo y cabildo y de muchas hermandades. 




    En 1919, conocemos por la Gaceta del Sur un programa de los cultos al santo en el Sagrario, siendo mayordomos Francisco Ferrer y Francisco Pérez, con novena en enero antes de la función principal del día 20, a la que asistía el arzobispo y por la tarde, a las cuatro, la procesión con el Santo que iba por la Plaza de las Pasiegas, Colegio Catalino, Bibrambla, Zacatín, Gran Vía, Reyes Católicos, Puerta Real, Mesones, Marqués de Gerona a la iglesia del Sagrario. En la procesión se empleaban fuegos de artificio y abría la misma el guion de la hermandad y los fieles con velas, asistiendo la guardia municipal a caballo, concejales del Ayuntamiento, las bandas de música del Ave María y la municipal (10)

  Siguieron celebrándose los cultos en las décadas siguientes y en 1937 se restauró la ermita del Genil por los arquitectos Prieto Moreno y Fidel Fernández, inaugurándose la obra con una función en la Basílica de las Angustias el día 20 de enero, donde se llevó la imagen del Santo.

    En los años cuarenta del siglo pasado la imagen pasa a ocupar el retablo de la izquierda en la capilla de los Reyes Magos en el Sagrario. Hay una fotografía de Torres Molina en la que se aprecia la salida de la procesión del Sagrario en 1949, fueron años en los que volvió a tener cierto impulso esta hermandad de comerciantes y ese año se sustituye la novena por un quinario, finalizando con la función principal a la que solía asistir el arzobispo. 


Retablo en el Sagrario en la Capilla de los Reyes Magos, donde se encuentra desde los años cuarenta

   En 1954, presidiendo la hermandad D. Miguel Olmedo Villalobos, dueño de unos grandes almacenes de la época en Puerta Real, este solicita del arzobispado que se unificaran todos los comerciantes en una única hermandad, la de San Sebastián, pues en esos años cada sector del comercio y de la industria, había optado por patrones diferentes. La hermandad, aunque bastante decaída en las últimas décadas, sigue ofreciéndole cultos al Santo Mártir romano. 

    Considerado por el pueblo como mediador para la curación en los azotes de las epidemias, su devoción ha estado muy extendida por toda la nación y provincia de Granada, poseyendo ermitas y siendo patrón de muchos de sus pueblos (Motril, Padul, Órgiva, Villanueva y Messía, Quéntar, Alfacar, Arenas del Rey, Benalúa de la Villas, Ugíjar, Caniles, Ogíjares, Jun, Soportújar...etc.)

   Es una de las hermandades más antiguas de la ciudad (1531) y de las escasísimas que aún perviven, aunque con tal apatía que la ciudad apenas se entera de sus menguados cultos.

Unos meses después de publicarse este artículo sobre la hermandad de San Sebastián y San Fabián, D. Francisco Víctor González García, interesado en recuperar la hermandad y devoción, después de haber leído dicho artículo, reúne un grupo de personas para esta finalidad y tienen entre sus proyectos, renovar sus estatutos y darle culto a la imagen  en su festividad del día 20 de enero de 2015.


Altar de cultos del triduo y función principal de enero de 2016

Altar de cultos de 2016 en el Sagrario



La Hermandad, que se pretende renovar en estos años y en la actualidad ya cuenta con unos cincuenta cofrades, está pasando ciertas dificultades con la autoridad eclesiástica para conseguir la aprobación de sus estatutos renovados. No obstante, dicha autoridad le está dando facilidades, especialmente por parte del párroco del Sagrario, D. Francisco, para realizar cultos al Santo, y otros actos de convivencia.

En 2016, el medallón de plata que le realizara a la hermandad el escultor Navas Parejo en 1941, se envía a restaurar al taller motrileño  de orfebrería de Eleuterio Aragón.

Realizado por José Navas Parejo en 1941.

En diciembre de este año de 2016 la hermandad, en curso de renovación, ha puesto al culto en un altar portátil, para la celebración de la Inmaculada, a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios o de la O, titular del templo parroquial.


Diciembre 2016. Ntra. Sra. de los Remedios o de la O en culto


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1.Diario de Granada de 1823, reproduce la noticia de los Paseos por Granada y sus contornos de Juan Velázquez de Echevarria, tomo II, paseo IV. Bermúdez de Pedraza, Historia Eclesiástica de Granada, parte IV, pág 234.

2.HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada, pág. 581.

3. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, lejago 3f,b,pieza s/n.

4. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, opus Cit. pág. 591.

5. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 3 f, b, varias piezas.

6. El citado archivo, pieza s/n.

7. El citado archivo, legajo 91 R, pieza s/n.

8. El citado archivo, pieza s/n.

9. Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 25 de diciembre de 1835.

10. En el año 1920, fueron mayordomos de la hermandad, D. Miguel Olmedo, comerciante muy conocido, D. Manuel Tovy y D. Eduardo Calonge. En 1921, D. Antonio Agesta y D. Agustín Navarro; en 1954 lo fue D. Luis González Rodríguez, que también fue hermano mayor de la Hermandad de la Sentencia, D. Cándido Quintana del Castillo y D.Francisco Luis de Martín.