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domingo, 20 de abril de 2014

VENERABLE HERMANDAD DE SAN SEBASTIÁN Y SAN FABIÁN ( Ganaderos y comerciantes)







Antigua y Venerable Hermandad de los Santos Mártires San Sebastián y San Fabián

Antonio Padial Bailón

    La Hermandad de San Sebastián y San Fabián, conocida por el pueblo con el título del primer santo, se puede calificar como de muy antigua, puesto que su fundación  se remontaba a unas décadas después de la conquista de la ciudad (1531).

    La hermandad se funda en un morabito construido en 1212 en la ribera del Genil, que había sido sacralizado desde el mismo momento en que los Reyes Católicos entran en la ciudad y allí se celebra la entrega de la misma y una misa de acción de gracias, dedicándose al santo mártir. La Reina Católica donó la imagen de Ntra. Sra. de la Antigua, como patrona de la ciudad y mandó colocarla, en principio, en este morabito, donde estuvo venerándose antes de llevarse al convento de San Francisco de la Alhambra y a la primitiva catedral. Es el único morabito que se conserva en la actualidad prácticamente intacto (1).

Ermita de San Sebastián en el Violón ( antiguo morabito musulmán)
    
   Lugar extramuros de la ciudad y en un paraje idílico en aquellos años, cuyo acceso fue adornado con una alameda que se plantó en 1612, en lo que hoy es el Paseo del Violón, hasta concluir en la ermita. Era ese año corregidor de Granada D. Gómez Zapata (2).

  Fundación de la hermandad

   La hermandad de San Sebastián pudo fundarse de hecho a principios del siglo XVI por mercaderes de ganado, si bien, su autorización eclesiástica y aprobación de reglas se produce el 20 de mayo de 1531 por el provisor y vicario general D. Diego de Raya, en tiempo del arzobispo D. Gaspar de Ávalos  (3), siendo su impulsor D. Diego de Arroyo. Contó, en principio, con gran auge que fue decayendo en la segunda mitad de dicho siglo al contar a finales del siglo con pocos hermanos. Eran las vicisitudes de las antiguas cofradías que a momentos de gran esplendor le siguen otros de decadencia.

       Hacia 1538, se erige un humilladero a la salida del puente del Genil, que constaba de un templete con cuatro pilares de piedra y cuatro rejas que guardaba la imagen de un Crucificado de alabastro, según nos dice Henríquez de Jorquera. Era una estación para los viajeros que entraban por esa parte de la ciudad y se postraban ante el crucifijo y un lugar de rezo para los que paseaban por las alamedas. La hermandad de San Sebastián, cuando ya residía en su iglesia hospital en Bibrambla, llegaba en su procesión hasta dicho humilladero, por no alargar la misma hasta la ermita del Violón, su primera sede. Por ello, el pueblo conoció a dicho humilladero como el de San Sebastián y, aun hoy, seguimos conociendo el lugar como el Humilladero.   


Plaza del Humilladero de San Sebastián y la entrada de la Carrera

     Dichos mercaderes de ganado, hacia 1556, fundan un hospital con iglesia para la cura de sus empleados, criados y pastores, situado entre la Plaza de Bibrambla y la calle Virgen de los Plateros, junto al Zacatín y la calle Príncipe, adonde se trasladó la hermandad desde la ermita del Genil, aunque siguió manteniendo ésta con un ermitaño. La nueva sede de la hermandad y su hospital se construyen hacia 1550, demoliéndose  en 1837 y propiciando una reforma de la plaza de Bibrambla, a mediados del siglo, para comunicarla, al cubrirse el Darro, con la nueva calle de Reyes Católicos.  

     La nueva ubicación de la hermandad, de su iglesia y hospital en la Plaza de Bibrambla parece que fue propiciada por un benefactor o fundador, D. Pedro de Arganda, según se deduce de la documentación de un pleito del que trataremos más adelante. 


El lugar marcado en rojo señala dónde se alzaba el hospital e iglesia de la Hermandad de San Sebastián

    La hermandad celebraba cada año una procesión con la imagen del Santo el día de su dedicación (20 de enero), aparte de las procesiones de rogativas por las epidemias en las que se consideraba intercesor. En la decadencia de la hermandad de finales del XVI, ésta dejó de realizar su procesión a la que asistía el cabildo de la Santa Iglesia Catedral y su deán, tal vez por no poder pagar los 100 ducados al citado cabildo para que asistiera a la procesión.    

      A principios del siglo XVII, vuelve a tener un auge apreciable impulsada por el arzobispo D. Pedro González de Mendoza, que restauró, en 1614, la procesión, ordenando que tuviera el carácter de procesión general con acompañamiento de todas las cofradías y hermandades con sus estandartes, así como, los miembros de las distintas órdenes religiosas establecidas en la ciudad y del cabildo de la catedral y el de la ciudad, sin que cobrasen por sus asistencia. Cumpliendo esta orden salió la procesión el día 20 de enero de 1614 rodeada la imagen del santo por el clero de Granada (4).  



      En la procesión era llevado todos los años San Sebastián a la catedral, algunos años, hasta el Humilladero, regresando después a la iglesia del hospital, con jubileo del día del santo y dedicación de cuantiosas misas, que se repetían en los altares de la iglesia todos los días de fiesta. 

     En 1637, con motivo de haber cesado una epidemia en Málaga se organizó otra procesión general de acción de gracias el día 15 de octubre con la imagen del santo y asistencia de los dos cabildos con salida desde la Catedral hasta la ermita de de San Sebastián, cerrándose la Alcaicería como si se tratara de día festivo.

     Otra procesión general tengo documentada en 1691 en la que se llevó a San Sebastián a su ermita del Genil el día de San Juan y a la que asistió la hermandad de penitencia de la Santa Vera Cruz con más de cien luces y veinticuatro hachas; si otro tanto aportaron el resto de hermandades, la procesión hubo de tener un evidente esplendor.    

    También daba culto, como era común en estas hermandades de San Sebastián, a San Fabián, Papa mártir, cuya festividad se celebra el mismo día, 20 de enero.
  
San Fabián y San Sebastián en la Catedral de Cuenca

Conflictos a finales del XVII

     A lo largo del siglo XVII la hermandad de carácter cerrado o gremial se abre a la participación de otros fieles. Así, en 1698 el hermano mayor, Francisco de Carrión, era platero. También en su hospital se empiezan a atender enfermos no ganaderos carentes de recursos económicos, a los que se les hacían funerales y sepultaba, sin contar con la anuencia del arcipreste, ni pagar los derechos parroquiales al Sagrario, a cuya circunscripción parroquial pertenecía la iglesia y el hospital de San Sebastián.

   Ello motivó una serie de conflictos con la parroquia; del primero que tenemos constancia fue el incoado en 1691. La hermandad tenía sus propios capellanes de los que se servía para todas las cuestiones religiosas, mostrando cierta independencia de los ministros del Sagrario, que éstos no toleraban.

    La hermandad tenía licencia para celebrar sólo dos misas y, en 1691, a petición de los fieles, aquéllas se aumentaron a varias al día y el capellán y otros sacerdotes administraban la comunión a los enfermos, cosa a lo que no estaba autorizada la hermandad. Ante esta situación, el provisor del arzobispado prohibió dichas misas y consagración bajo pena de excomunión y 20 ducados de multa. 

     Parece que la hermandad y el capellán, no obstante las penas en que podían incurrir, siguen consagrando y dando la comunión a los fieles; no olvidemos que de ello dependían parte importante de los ingresos de la hermandad y del hospital, que se traducían en mandas y memorias de los devotos. 



     En mayo de 1693, el hermano mayor, Fernando Pérez Pavón, pide al provisor  del arzobispado licencia para tener sagrario en la iglesia del hospital, porque había que traer el Santísimo de la parroquia del Sagrario y con ello se producía una tardanza en administrarlo a los enfermos moribundos, que a veces fallecían sin recibir la Comunión, con grave peligro para sus almas. Todo esto da la impresión de ser en el fondo una excusa para conseguir la permanencia del Santísimo Sacramento en su iglesia. A esta alegación se le responde por el juez eclesiástico con otra excusa: la de que en ese momento estaba vacante la sede del arzobispado y faltaba poco tiempo para que tomara posesión de la misma el nuevo arzobispo, D. Martín de Ascargorta y entonces se resolvería.  

        Parece que no se dio licencia para lo que pedía la hermandad, pues tres años después, en 1696 el capellán y mayordomo de la misma, D. Juan Moreno Parra, vuelve a pedir licencia para el mismo asunto y para que se administrasen los Santos Oleos a los enfermos moribundos y que en la iglesia del santo se puedan cantar los oficios del Domingo de Ramos, del Jueves y Viernes Santos. Tampoco en esta ocasión consiguieron la licencia solicitada, prohibiendo tales oficios y que no se diera la comunión;  asimismo se ordenaba que en las festividades se diera cuenta al arcipreste del Sagrario de las misas solemnes a celebrar, para las que se les remitían las tarifas que debía de percibir por ellas la parroquia. También, en los entierros de hermanos y enfermos en la bóveda de la iglesia, los funerales los había de oficiar el sacerdote que enviará el Arcipreste del Sagrario y no se había de cobrar más que la cera, pagando a la parroquia por los pobres que en el hospital se enterraran lo mismo que si en aquélla lo hicieran.  



   El capellán alegaba que en el oratorio se celebraban misas y se daba la comunión desde hacía más de cien años y que en la primera misa que se decía cada día se consagraba y se daba la comunión, quedando el copón con las Formas que sobraban cubierto con velo y seis velas para alumbrar al Santísimo y se consumían aquéllas totalmente en la última misa. La petición fue denegada, pero se siguió, pese a la prohibición, administrando el Santísimo a fieles y enfermos.

     En 1698, viendo la rebeldía del capellán y hermandad en obedecer los mandatos y prohibiciones, el arcipreste de la parroquial del Sagrario, D. Jerónimo de la Serna se querelló dicho año contra el dicho capellán, D. Juan Moreno Parra, contra el hermano mayor, D. Joseph de Molina y contra el mayordomo, Fernando Pérez.

   El provisor, D. Andrés Rafael de Ascargorta, falla en contra de las peticiones del capellán y de la hermandad, lo que hace recurrir a éstos en 1698 ante la Real Chancillería para defender sus posiciones. La Audiencia Real manda quitar las excomuniones y censuras mientras el proceso no concluyera.

    De todas formas, la Real Chancillería no fallaría a favor de la hermandad, porque en 1702, seguramente una vez finalizado el pleito en la alta instancia, el provisor Torico de Pedrajas dicta auto prohibiendo se administre la Comunión por los sacerdotes y predicadores en la iglesia de San Sebastián y que sólo se celebre la misa. 
    
    Según la descripción de la iglesia que se realiza por el fiscal del arzobispado, en la misma había un retablo dorado en el altar mayor presidido por la imagen de San Sebastián en su nicho central. Sobre el altar mayor una imagen de Jesús Nazareno, e inmediato al altar mayor, otro con la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad. Estas imágenes de Pasión, seguramente las tendría la hermandad para celebrar las funciones de Cuaresma y Semana Santa, sin que se sepa si con ellas celebraba algún acto público penitencial o procesión, aunque es posible(5).


San Sebastián y frontal bordado, fuera de su hornacina de la capilla de los Reyes Magos

      En la procesión del día 20 de enero de 1700, que por esos años, seguramente dada la gran afluencia de asistentes, entre ellos las órdenes religiosas con sede en la ciudad, la procesión salía de la Catedral y no de su capilla del hospital. Ese  año hubo conflicto en dicha procesión entre las comunidades de los agustinos descalzos y los carmelitas calzados por el lugar que habían de ocupar en la procesión dichas comunidades, Asimismo, dichos agustinos también entraron en conflicto con los franciscanos observantes de la " Casa Grande" de San Francisco, porque decían aquéllos que tenían que ir junto a estos y  no se habían de intercalar ninguna orden descalza. Después del alboroto acusado abandonaron la procesión de San Sebastián ambas comunidades (6).   

La hermandad en el siglo XVIII

      Casi treinta años transcurrieron hasta que la hermandad consigue que el Santísimo Sacramento se colocara en su iglesia-oratorio. Fue por acuerdo formalizado en escritura de 7 de abril de 1727, en la que se determinaban las condiciones del acuerdo entre el arcipreste del sagrario, la hermandad y su capellán. En ella se fijaba la condición de la iglesia-oratorio como capilla externa del Sagrario de la Catedral, con sujeción a la autoridad del arcipreste al que "...le competen en la hermandad e iglesia las facultades que tiene en  el sagrario para remediar cualquier abuso y escándalos".

      De hecho, los capellanes de la hermandad ejercían, como rectores del hospital, la máxima autoridad desde la erección del mismo, sobreponiéndose a la del hermano mayor y mayordomo. Tal vez, el apoyo que había recibido de ellos la hermandad en su deseo de autonomía con respecto a la parroquia del Sagrario, hacía que los oficiales de la misma condescendieran en este ejercicio de autoridad de los capellanes sobre la hermandad y su hospital. 


Estandarte de San Sebastián con su tarjeta de orfebrería del S. XVIII

    Pero en 1759 se declara un conflicto entre la directiva de la hermandad y su capellán, Antonio Henríquez y Santamaría que ostentaba el cargo de rector del hospital (de hecho lo venían ejerciendo los capellanes desde hacía tiempo). Dicho capellán, se quejaban el hermano mayor, Joseph de Acosta y el mayordomo Félix de Carvajal, que decía las misas, traía y despedía a los sacerdotes que oficiaban en el oratorio sin consultarlo a la hermandad, cosa que no era de su competencia.

   El arcipreste del Sagrario, Francisco Cordero y Chinchilla, pide que se convoque el cabildo general de la hermandad para el día 15 de mayo de 1759  a toque de campana, como era costumbre, asistiendo el mismo dicho arcipreste, en cuyo cabildo pretendió tener él la competencia de nombrar dichos capellanes, a lo que la hermandad parece que se negó. Esto no hizo más que agravar el conflicto, pues el arcipreste se retiró desairado, alegando que en la concordia de 1727, en la que se autorizó a la hermandad a poner el Santísimo en la iglesia del hospital como capilla externa del Sagrario, le confería la competía el nombramiento de capellanes. 

    El arcipreste que había presenciado en varios cabildos las disidencias entre el capellán-rector y la hermandad, pretendiendo pacificarlos, aprovechó para interponer su autoridad sobre la iglesia del hospital y su hermandad y pide al provisor:   


"...se haga saber a la hermandad y a su capellán, se abstengan de admitir y despedir sin mi intervención y noticia a capellanes y a algunos sacerdotes, así regulares como seculares en la expresada iglesia de San Sebastián, capilla de mi Sagrario y que se sujeten unos y otros a las disposiciones que yo diere"..
     Asimismo, pedía que se borraran y tildaran las palabras contra el honor y respeto de su dignidad. Por lo visto, en el citado cabildo hubo gran trifulca, porque lo que pretendía la hermandad era tener libertad en el nombramiento de los sacerdotes que oficiaban en la iglesia del hospital, facultad que el arcipreste se pretendía arrogar.


Iglesia del Sagrario de Santa María de la O. Actual sede

    Ante esto, la hermandad que veía que la solución que se daba era más nociva a sus intereses que la situación anterior, declina sus pretensiones frente al capellán-rector y pide que le devuelvan las competencias de las que fue despojado el día 5 de julio de 1759, afirmando que las ostentaban los capellanes desde la fundación del hospital. Alegaban, por el contrario, que en la escritura de concordia con la parroquia de 10 de abril de 1727 no había pacto alguno de que el arcipreste hubiera de intervenir en el nombramiento o despido de capellanes y rectores del hospital, porque en las otras capillas del Sagrario, como la de Ánimas u otras, no los nombraba. 

   Al final, la hermandad tuvo que ceder y mandó comisarios a ver al arcipreste Cordero para pedirle perdón acatándolo como "cabeza del Sagrario y de su capilla de la Plaza de Bibrambla" (iglesia-hospital de San Sebastián), formalizándolo todo ello ante el notario el 16 de diciembre de 1760.

     No estuvieron los hermanos nuevos , ni el capellán, conformes con este acuerdo de acatamiento, pues dos años más tarde, en 1762, hay una denuncia del arcipreste Cordero, erigido también en rector del hospital, acusándolos de que hicieron una junta con el capellán, Antonio Henríquez, y animados por éste, sin haber citado al arcipreste, so pretexto de no cansarle con juntas, la celebraron sin él. Por lo visto, dicho capellán, "deseoso de cavilar y mandar...y maneja el hospital y hermandad a su voluntad", se hizo con la voluntad de los nuevos hermanos y en contra de la opinión de los antiguos, mantenían la rebeldía frente al arcipreste del Sagrario. El pleito estaba elevado en apelación ante el Nuncio de Su Santidad, del que desistió la hermandad por falta de recursos.

      Del desarrollo del conflicto y de los libros de actas aportados se infiere que la hermandad no estaba sobrada de recursos  en esa época de mediados del XVIII; tenía ciertas deudas y casas de su propiedad embargadas, a pesar de estar formada en esos años por personas de cierta consideración social. No hay más que reparar en que los secretarios solían ser escribanos públicos del rey, según se deduce de dichas actas.   

     A pesar de la escasez de recursos, los mayordomos no desistían de realizar ciertos proyectos costosos en ese tiempo en los que ponían su peculio, pero en forma de préstamo que había que devolverle. Así, los mayordomos Luis y Félix de Carvajal realizaron unos retablos en la iglesia, para cuyo pago se dieron en dotación dos casas de la hermandad.

     También se manifiesta que la hermandad a mediados del XVIII reedificó la iglesia, siendo mayordomo Bernabé López "...estaba en un sitio indigno y oscuro, para tratar de mudarla porque se estaba hundiendo, también con la enfermería, escogió el principiar y acabar la iglesia nueva que hoy existe... y después continuaron los retablos Luis y Félix de Carvajal (mayordomos), dejándolos como se manifiesta a la mayor perfección" (7). Los retablos se realizaron entre 1760 y 1761.  




     Para el pago de deudas hubo de empeñar el cabildo de la hermandad, en 1762, los cañones de plata (varas o varales) y la cruz del estandarte del mismo metal, aunque ordenaba su desempeño antes de la fiesta y procesión de San Sebastián de 1763. Asimismo, se procedió a disminuir el número de sacerdotes que atendían las misas de la iglesia, de dieciocho a doce más el capellán.

    Finalmente, el provisor del arzobispado D. Antonio de Vera dictó auto en este segundo pleito contra el capellán y el grupo de hermanos afectos a él, en el que se reconocía la autoridad del arcipreste del Sagrario y su derecho a asistir a las juntas de la hermandad, anulando los cabildos que se habían celebrado sin su asistencia. No por ello dejaron de desistir en su empeño, capellán y hermanos nuevos, apelando esta vez ante la justicia real.

   Con respecto al grupo de hermanos antiguos presididos por el hermano mayor Juan Cano y por el nuevo rector, el presbítero D. Antonio Rodríguez, acatando lo dispuesto por el juez eclesiástico, reúnen el cabildo de la hermandad el 4 de marzo de 1763 para reconocer la autoridad del arcipreste en el gobierno espiritual y económico de la hermandad y hospital, refrendando el acuerdo de 1727 y declarando al antiguo capellán y rector del hospital la dolosa usurpación de sus facultades y el engaño al que había conducido a los nuevos hermanos.

  Dicho grupo, presidido por el capellán antiguo D. Antonio Henríquez, no permaneció sin reaccionar y apeló a la justicia real. Eran tiempos del reinado de Carlos III y de la Ilustración en los que los órganos del Estado y las leyes marcaban su prelación sobre los tribunales eclesiásticos. Por ello, la Real Chancillería dictó una resolución en 23 de abril de 1763 por la que ordenaba al juez eclesiástico inhibirse en el procedimiento y alzar las censuras impuestas, hasta conocer y resolver sobre el asunto (8)

   No sabemos, por ahora, la solución que emitida por la sentencia de la Real Audiencia, pues en este estado quedó el pleito en la instancia eclesiástica.

     Aunque siempre se ha sabido que la ermita de San Sebastián en el Violón, inicio de la devoción al Santo, pertenecía a la hermandad, en los documentos que consideramos se reafirma tal pertenencia al encargar en ese tiempo a cuatro hermanos comisarios redactar un inventario, no sólo de la iglesia del hospital, sino también, "de la ermita de San Sebastián que está en la Alameda del Genil por ser tocante y perteneciente a este Santo Ospital".


Capilla de los Reyes Magos, en el Sagrario, dónde hoy se encuantra la imagen de San Sebastián 


   La hermandad entró en el siglo XIX celebrando sus cultos y procesión. Hay anunciado un jubileo en la iglesia de la hermandad en marzo de 1813, meses después de que las tropas francesas abandonan la ciudad. Parece ser, que durante la ocupación napoleónica el conjunto de la iglesia y hospital no sufren sensibles daños y se anuncia en las fiestas del Corpus de 1835, la colocación de dos tribunas en la plaza de Bibrambla, delante del hospital, acudiendo el pueblo a festejar en romería la fiesta del santo junto a su ermita del Violón, calificándolas el Boletín Oficial de la Provincia de fiestas supersticiosas (9). Eran tiempos de liberalismo exacerbado, que chocaban con las costumbres religiosas ancestrales y que en ese año y el siguiente llevó a efecto la  más radical de las desamortizaciones, cuyo primordial fin fue llenar las arcas del Estado, sin que lo consiguieran, al malvender los bienes desamortizados, para pasar de unas "manos muertas" a otras demasiado vivas e insolidarias.

   La iglesia y hospital de San Sebastián desaparecieron en esos años y la hermandad y su imagen pasaron a la parroquial del Sagrario. Probablemente, las imágenes de San Fabián, del Nazareno y de la Dolorosa se distribuyeron por algún pueblo de la provincia, al no encontrar acomodo en la iglesia citada parroquial. En el diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) se da la iglesia y hospital de San Sebastián como demolidos y en su lugar se levantarían los edificios que actualmente se elevan en la Plaza de Bibrambla.

    Al trasladarse a la iglesia del Sagrario, la imagen de San Sebastián se coloca en el atrio que hay para la comunicación de la iglesia con la Catedral, posiblemente en el retablo que hoy ocupa la Dolorosa de Ruiz del Peral. En la parroquial encontramos a la hermandad celebrando una procesión de rogativa en la que acompañó a la Virgen de las Angustias, junto con San Miguel, San Roque y San Cecilio y otras imágenes de devoción por la epidemia de cólera de 1855 y la novena en 1857, revitalizando la corporación la Federación del Comercio granadino, que pondrá en andas al Santo en 1860 con motivo de la guerra con Marruecos y hasta conseguir la victoria. En agosto de ese año se le dedica una función de rogativa.

   Todos los años se repetirá la novena en enero, antes de la función del día de su dedicación y, en 1881 y siguientes años, se celebraba una función cívico-religiosa en la ermita del Violón y con procesión de rogativa, seguramente por la epidemia de cólera, que fue hasta la Catedral el día 20 de enero y que se repetirá en 1882. 
A la derecha del río el Violón, en aquellos tiempos lucía una alameda que conducía a  la ermita de San Sebastián

    En 1885, cuándo la epidemia de cólera llegó a su máxima virulencia con miles de fallecidos, se estableció en los alrededores de la ermita del Genil un campamento de refugiados de los barrios cercanos. La ermita en esos años se encontraba en un estado lamentable, según comentaba el diario El Defensor de Granada, con la ornamentación de las paredes arrasada y la campana sirvió para el teatro principal de la ciudad. 

    No obstante, parece que se repara la ermita hacia 1888, porque vuelven a celebrarse funciones en la misma en los años siguientes y, en 1890, se construye un paseo que iba desde la ermita hasta el Puente Verde, donde se celebraba desde entonces la feria de ganado en las fiestas del Corpus Christi.  

     Los comerciantes a finales del siglo habían logrado recuperar el esplendor de la hermandad, conociéndose sus mayordomos del año 1891: D. Juan Fernández Méndez y los Sres. Hernández Rubio y Gómez Blanco. Ese año se hace un gran altar para el Corpus en la Pescadería con la imagen de San Sebastián y otras.

   Posteriormente, en 1895, se celebra la primera procesión el Domingo de Resurrección con la imagen del Resucitado bajo palio, que partió de la ermita de San Sebastián en el Violón, donde estuvo reservado los días de Semana Santa, hasta la Catedral con asistencia del arzobispo y cabildo y de muchas hermandades. 




    En 1919, conocemos por la Gaceta del Sur un programa de los cultos al santo en el Sagrario, siendo mayordomos Francisco Ferrer y Francisco Pérez, con novena en enero antes de la función principal del día 20, a la que asistía el arzobispo y por la tarde, a las cuatro, la procesión con el Santo que iba por la Plaza de las Pasiegas, Colegio Catalino, Bibrambla, Zacatín, Gran Vía, Reyes Católicos, Puerta Real, Mesones, Marqués de Gerona a la iglesia del Sagrario. En la procesión se empleaban fuegos de artificio y abría la misma el guion de la hermandad y los fieles con velas, asistiendo la guardia municipal a caballo, concejales del Ayuntamiento, las bandas de música del Ave María y la municipal (10)

  Siguieron celebrándose los cultos en las décadas siguientes y en 1937 se restauró la ermita del Genil por los arquitectos Prieto Moreno y Fidel Fernández, inaugurándose la obra con una función en la Basílica de las Angustias el día 20 de enero, donde se llevó la imagen del Santo.

    En los años cuarenta del siglo pasado la imagen pasa a ocupar el retablo de la izquierda en la capilla de los Reyes Magos en el Sagrario. Hay una fotografía de Torres Molina en la que se aprecia la salida de la procesión del Sagrario en 1949, fueron años en los que volvió a tener cierto impulso esta hermandad de comerciantes y ese año se sustituye la novena por un quinario, finalizando con la función principal a la que solía asistir el arzobispo. 


Retablo en el Sagrario en la Capilla de los Reyes Magos, donde se encuentra desde los años cuarenta

   En 1954, presidiendo la hermandad D. Miguel Olmedo Villalobos, dueño de unos grandes almacenes de la época en Puerta Real, este solicita del arzobispado que se unificaran todos los comerciantes en una única hermandad, la de San Sebastián, pues en esos años cada sector del comercio y de la industria, había optado por patrones diferentes. La hermandad, aunque bastante decaída en las últimas décadas, sigue ofreciéndole cultos al Santo Mártir romano. 

    Considerado por el pueblo como mediador para la curación en los azotes de las epidemias, su devoción ha estado muy extendida por toda la nación y provincia de Granada, poseyendo ermitas y siendo patrón de muchos de sus pueblos (Motril, Padul, Órgiva, Villanueva y Messía, Quéntar, Alfacar, Arenas del Rey, Benalúa de la Villas, Ugíjar, Caniles, Ogíjares, Jun, Soportújar...etc.)

   Es una de las hermandades más antiguas de la ciudad (1531) y de las escasísimas que aún perviven, aunque con tal apatía que la ciudad apenas se entera de sus menguados cultos.

Unos meses después de publicarse este artículo sobre la hermandad de San Sebastián y San Fabián, D. Francisco Víctor González García, interesado en recuperar la hermandad y devoción, después de haber leído dicho artículo, reúne un grupo de personas para esta finalidad y tienen entre sus proyectos, renovar sus estatutos y darle culto a la imagen  en su festividad del día 20 de enero de 2015.


Altar de cultos del triduo y función principal de enero de 2016

Altar de cultos de 2016 en el Sagrario



La Hermandad, que se pretende renovar en estos años y en la actualidad ya cuenta con unos cincuenta cofrades, está pasando ciertas dificultades con la autoridad eclesiástica para conseguir la aprobación de sus estatutos renovados. No obstante, dicha autoridad le está dando facilidades, especialmente por parte del párroco del Sagrario, D. Francisco, para realizar cultos al Santo, y otros actos de convivencia.

En 2016, el medallón de plata que le realizara a la hermandad el escultor Navas Parejo en 1941, se envía a restaurar al taller motrileño  de orfebrería de Eleuterio Aragón.

Realizado por José Navas Parejo en 1941.

En diciembre de este año de 2016 la hermandad, en curso de renovación, ha puesto al culto en un altar portátil, para la celebración de la Inmaculada, a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios o de la O, titular del templo parroquial.


Diciembre 2016. Ntra. Sra. de los Remedios o de la O en culto


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1.Diario de Granada de 1823, reproduce la noticia de los Paseos por Granada y sus contornos de Juan Velázquez de Echevarria, tomo II, paseo IV. Bermúdez de Pedraza, Historia Eclesiástica de Granada, parte IV, pág 234.

2.HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada, pág. 581.

3. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, lejago 3f,b,pieza s/n.

4. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, opus Cit. pág. 591.

5. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 3 f, b, varias piezas.

6. El citado archivo, pieza s/n.

7. El citado archivo, legajo 91 R, pieza s/n.

8. El citado archivo, pieza s/n.

9. Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 25 de diciembre de 1835.

10. En el año 1920, fueron mayordomos de la hermandad, D. Miguel Olmedo, comerciante muy conocido, D. Manuel Tovy y D. Eduardo Calonge. En 1921, D. Antonio Agesta y D. Agustín Navarro; en 1954 lo fue D. Luis González Rodríguez, que también fue hermano mayor de la Hermandad de la Sentencia, D. Cándido Quintana del Castillo y D.Francisco Luis de Martín.

        




martes, 18 de febrero de 2014

ANTIGUA, REAL E ILUSTRE HERMANDAD DE SANTA RITA Y MONTE DE PIEDAD









Antonio Padial Bailón


  La hermandad se funda formalmente en 1734 - de hecho se había fundado años antes, como veremos más adelante- en el convento de San Agustín de agustinos calzados. 

   Los Agustinos Calzados llegan a Granada en 1513 para fundar su convento, primeramente, en unas casas de la Alcazaba del Albaicín. Allí encargarían la imagen de una de sus devociones más importantes del convento agustino calzado: la del Santo Cristo de Burgos o de San Agustín a Jacobo Florentino "El índaco" (1).  

   Pero a mediados del siglo XVI el Albaicín se estaba quedando despoblado y los frailes deciden trasladarse al centro de la ciudad, para lo que adquieren en 1553 varias casas moriscas; algunas de ellas estaban cerca de unos antiguos baños musulmanes, los de Abulaci, situados cerca de la Alhóndiga de los Genoveses. 

   Inmediatamente comenzaron a construir el convento con iglesia adosada a su parte nordeste, cerca de la calle Angosta de la Botica, que era una de las principales arterias de Granada hasta que construyeron la Gran Vía a principios del siglo XX. Todo el gran complejo religioso se terminó de construir en 1593.


Pintura de Diego Velázquez. La Catedral y torre del convento de San Agustín a la derecha. Seguramente tomado desde la Cruz de Quirós
  La capilla mayor se finalizó hacia 1620, siendo su patrono y financiador el rico comerciante genovés Horacio de Levanto, con la finalidad de que constituyera la capilla de su enterramiento y el de la familia Levanto. Ello suscitó un largo pleito de más de un siglo entre los agustinos y el convento de San Alberto de Sevilla, ciudad donde se trasladó parte de la familia.
   

Fundación de la hermandad


  En 1718, la Hermandad de Santa Rita ya estaba fundada de hecho. Ello nos lo confirma un grabado de G. Juan Luengo guardado en la Casa de los Tiros en el que la leyenda que figura al pie del mismo nos dice: "La gloriosa Sta. Rita de Cassia que se venera en el convento de S. Agustín Calzados de Granada a devoción de su Hermandad. Año de 1718".


Grabado de Santa Rita a devoción de su hermandad en 1718. Casa de los Tiros

   Por lo que la hermandad ya estaba fundada en ese año de 1718 para dar culto a la Santa y puede que la imagen se encargara a su autor ese año o poco antes. Sin embargo, la aprobación formal de la corporación no se va a producir hasta 1734. 

   Parece que se fundo por impulso del fraile agustino calzado, fray Isidro Antonio Sánchez Ximénez con la finalidad primordial de que sirviese de culto y aprovechamiento espiritual de sus congregantes, estableciendo una novena-misión a la santa abogada de los imposibles (2)

   Pero unos años más tarde, en 1740, el fundador quiso dar a la hermandad, también, un planteamiento socio-religioso más acorde con las corrientes de la Ilustración imperantes en la época, y el referido año unió a la misma el Monte de Piedad de Santa Rita, que fue el cuarto fundado en España tras los de Madrid, Salamanca y Zaragoza. Era, lo que hoy podríamos decir, la primera entidad prestataria de la ciudad o, si queremos, la primera entidad bancaria. Asimismo, entre sus fines se encontraban el proporcionar dotes a huérfanas pobres de los hospicios de la ciudad para que ingresaran en conventos o contrajeran matrimonio. 

  De los empeños de alhajas de aquellas personas que pedían préstamos al Monte se daba una papeleta firmada por el contador y el secretario y se introducían en las cajas de la entidad. 


SANTA RITA Atribuida a José Risueño Alconchel  


  Las constituciones fueron primeramente aprobadas por el Real Consejo de Cámara del Rey Felipe V, porque lo que pretendían los fundadores era acogerse al Real Patrimonio. A este fin convocaron en el convento una junta de la hermandad el  5 de abril de 1741 en la que se cedió por el prior del convento, fray Francisco Heredero, una celda a nivel de la calle, dentro del mismo. También asistió a la junta D. Simón de Baños, oidor de la Real Chancillaría, como persona influyente ante los organismos oficiales  y D. Pedro de Jauregui, como principal financiador de la obra. Asimismo, estos fundadores del Monte aportaron fondos o capital para iniciar los préstamos, junto con los fondos que se recogieran de los cepos puestos en la capilla de la Santa y en el propio local del Monte (3). No obstante, a la hermandad se le prohibió por la autoridad eclesiástica pedir limosnas para no perjudicar a las parroquias.

 D.Pedro Jauregui y fray Isidro Antonio pusieron de fondo inicial dos mil reales de vellón cada uno y otros seis mil como préstamo al Monte de Piedad sin interés.

   Las constituciones merecieron la aprobación dos años después, en 1743, por Real Cédula de 4 de julio de Felipe V en el Palacio del Buen Retiro, como de su Real Patronato y bajo la jurisdicción de la Cámara del Consejo de Castilla, representada en los jueces de la Real Chancillería de Granada. 

   Como hermandad necesitaba la aprobación de la autoridad eclesiástica, sobre todo, si quería solicitar las gracias y privilegios de Roma. Para ello, el fundador fray Isidro A. Sánchez Ximénez solicitó del arzobispado la aprobación de las reglas en enero de 1745. 


Urna con el cuerpo incorrupto de Santa Rita, en la Basílica de Casia (Italia)

  Un documento que he encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada certifica esta aprobación. Fray Isidro A. Sánchez, había solicitado la misma del provisor y vicario general D. José Agustín de Iriarte, que con el informe favorable del fiscal del arzobispo de 28 de enero de 1745, dicta su auto de aprobación de las constituciones el 30 de enero de 1745, así como de la Cédula Real que la admitía bajo su protección. Era en tiempos del arzobispo D. Felipe de los Tueros y Huerta, dándose la autoridad eclesiástica especial rapidez en aceptar las reglas, una vez que contaba con la aprobación real.
"...bisto el escrito del administrador del Monte pretendiendo se aprueben las constituciones y la Cédula de Su Real Majestad, que la admite baxo su protección las aprueba". 

  Fray Isidro Antonio en la petición de aprobación expresada manifiesta los motivos de la creación de la hermandad y de su Monte de Piedad, para librar en lo posible de la garras de la usura a las personas de escasos medios económicos "[...]bajo la advocación de Santa Rita de Casia por mí y otras personas para socorrer a los necesitados y aumento del culto de la Santa Imagen, sita en la iglesia de San Agustín del Orden Calzado y se evitasen las ilícitas usuras a que se ven obligados los que necesitan dinero urgente se establecieron para la fundación diferentes Reglas y Constituciones".

  La constitución 34 proclamaba que los hermanos, devotos y bienhechores debían de recibir no sólo el socorro temporal, sino también el espiritual en su novena, día de Santa Rita y la festividad de la Santísima Trinidad y demás días en que se celebraren honras generales en las que se obtenían, con determinadas condiciones, las gracias concedidas a los Montes de Piedad de España e Italia, para ello se pidió la Bula de Indulgencias de Su Santidad(4)

   Cumplidos los trámites de aprobación Real y eclesiástica, la Hermandad y Monte de Piedad solicitó la Bula, que le fue concedida con bastante rapidez el 5 de junio de 1745, que elevó, asimismo, a la categoría de archicofradía a la Hermandad del Monte de Piedad de Santa Rita con la obtención de una serie de gracias e indulgencias a sus hermanos y benefactores y la agregación al Monte de Piedad de Roma. 

   En el siglo XVIII, cuando primaban en los fieles la obtención de los valores espirituales para la salvación del alma, esta concesión de indulgencias hizo crecer la hermandad y su Monte de Piedad, obteniendo, asimismo, beneficios materiales del Rey Carlos III en 1763, en el que se consiguió la Depositaría Mayor del Reino con el mismo ámbito jurisdiccional de la Real Chancillería. Posteriormente, el beneficio fue confirmado por Real Provisión de 27 de julio de 1774 y Real Cédula de 1 de septiembre de 1776 (5)


Plaza que resultó de la demolición del convento y su iglesia, donde después se construyó el Mercado de San Agustín.


   Como cultos más sobresalientes, se estableció una novena y al final de la misma una procesión todos los años en el mes de mayo, que se celebraba tras la función a la Santa. A los que asistieran a los cultos y procesión se concedían 15 años de perdón, así como, otras indulgencias a aquéllos que asistieren a los enfermos y a los entierros de hermanos, hicieren alguna obra piadosa o rezaren la Corona de Ntra. Sra. También se concedían a los fieles, que confesados y comulgados visitasen la iglesia y a la imagen de la Santa el día de Santa Rita. A todos estos cultos el Monte dedicaba un tercio de sus beneficios anuales.

    El Padre de la Chica nos informa que desde la fundación hasta 1764 se habían socorrido 132. 831 personas y 12.434 misas. Sólo en el año 1763 se hicieron prestamos a cerca de 15.000 personas, lo que puede dar idea de la envergadura que había tomado la institución en una ciudad que tenía unos sesenta mil habitantes. Todo ello requirió de una considerable organización administrativa y de seguridad, creciendo la institución, además de en hermanos en personal trabajador.

   La hermandad y su Monte de Piedad, como institución de caridad, no llevaban interés alguno por los prestamos concedidos, aunque sí se admitían limosnas de los beneficiados con préstamos con objeto de mantener la organización, siendo Pedro de Jauregui el benefactor que remediaba los momentos de déficit (no estoy seguro de que Granada haya honrado su memoria con la dedicación de una calle, al menos). 

   Los herederos de Jauregui, cosa previsible, a la muerte del benefactor retiraron los fondos del Monte en 1772 y hubo de buscarse otros benefactores, aunque pagándoles un reducido interés por sus depósitos, con lo que a partir de ese año se convirtió, de hecho, en una caja de ahorros.


Primitivo Monte de Piedad con la ermita de Santa Rita

  El trasiego que suponía la actividad del Monte, y con ello, el quebranto de la paz y sosiego requerido por el convento, hizo que  la hermandad arrendara en 1765 unas casas en la Carrera del Darro, poco antes de llegar al Paseo de los Tristes y que después adquirió en propiedad. Una vez realizadas las obras del edificio la institución se trasladó definitivamente en 1767(5). 

   Se trata del edificio con dos torres y dos portadas, una de ellas daba accedo a la capilla de Santa Rita, que está en la Carrera del Darro, al inicio del Paseo de los Tristes, poco más allá de la iglesia de San Bernardo del Cister y de la de San Pedro.  

   No sabemos, si inmediatamente terminado el edificio de la Carrera del Darro con su ermita, se trasladara a la Santa a su ermita o esto ocurrió años después.

  En 1788, se aprobaron nuevas constituciones para adaptarlas a las nuevas circunstancias y tiempos, regulando en ellas la situación laboral del personal empleado y disminuyendo los recursos empleados por el Monte a las actividades de culto. Parece que estas nuevas constituciones no se aprobaron por la autoridad Real, aunque se vino rigiendo la entidad por ellas hasta su desaparición. 

  
Una de las dos portadas del antiguo Monte de Piedad,  la que correspondía a la capilla de la Santa


La imagen de Santa Rita 

   Como antes hemos afirmado, la imagen de la Santa ya estaba en la iglesia del convento de los agustinos calzados, al menos, desde 1718, así como su hermandad. Fray Isidro A. Sánchez, muy devoto de la imagen, fue su gran valedor y el que quiso no sólo aumentar la devoción y culto a Santa Rita, sino también darle un carácter inédito hasta entonces para una hermandad, dentro de sus fines piadosos y caritativos: la fundación en ella de una entidad de crédito o préstamo para socorrer a los necesitados de dinero y que éstos no sufrieran el abuso de intereses usureros de los prestamistas.    
  
   Por las características de la imagen, he pensado siempre que habría salido de la gubia de José de Mora o de su hermano Diego, pero, según el archivo parroquial, parece ser que la realizó José Risueño Alconchel, que como discípulo muy notable del maestro seguía sus cánones (6). Risueño falleció en 1732 y, según el grabado que hemos comentado, la imagen la tuvo que realizar en 1718 o poco antes, año en que ya estaba fundada de hecho su hermandad y recibiendo culto en el convento agustino.  



  

La Hermandad y su Monte en el siglo XIX

  Con bastante auge, pero no exenta de conflictos laborales, el Monte y su hermandad finalizaron el siglo XVIII. En el año 1809, con motivo de la invasión francesa, la institución carece de actividad, pero pronto abre sus puertas, prestándose a colaborar con el invasor. El administrador, Joaquín Cienfiegos, huye a la Alpujarra con la tesorería, donde estuvo concediendo préstamos.

  Una vez que terminó la guerra, el Ayuntamiento constitucional clausura las oficinas, acusando al Monte colaboracionista y sometiéndolo a un rigoroso control de sus cuentas. Una vez que volvió el gobierno absolutista de Fernando VII se produjo la normalización de la situación de la entidad a una situación semejante a la que tenia antes de la Guerra de la Independencia.      

  La imagen de Santa Rita, parece que fue trasladada   de su ermita de la Carrera del Darro a un lugar más seguro durante la guerra con los franceses. Seguramente, se la llevó a la parroquia de San Pedro y no volvió a su sede hasta el 9 de diciembre 1835, según el Boletín Oficial de la Provincia  de esa fecha "...la imagen de Santa Rita, patrona del Monte de Piedad, se traslada a ermita de dicho Monte, la que estará abierta los días festivos y los 22 de cada mes" (7)

  

    
  En su ermita continuaría sus cultos normales, con novena y función al final de la misma, a la que asistió en 1848 la orquesta del maestro Ramón Entrala Perales (8).  

   Por esas fechas, y puede ser un indicio de que la imagen estuvo en la iglesia de San Pedro durante los años convulsivos, la hermandad traslada a la Santa a esta iglesia para su novena y función, al menos,así lo relata el periódico La Constancia en el año 1853. 

  Los periódicos de mediados de siglo anuncian con asiduidad las funciones de la Santa como organizadas por los directivos del Monte en la iglesia de San Pedro. Ello nos hace pensar que éstos serían los que rigieran la hermandad a mediados del siglo y los que establecerían los doudenarios que se celebraron de ahí en adelante los días 22 de cada mes, aunque estos cultos se celebraban en su ermita. La imagen en esos tiempos estaba todo el año en su ermita y se trasladaba a la parroquia de San Pedro para su novena y función. 

    Para devolver la imagen a su ermita, tras los cultos del mes de mayo en San Pedro, se organizaba una procesión muy concurrida de fieles, dada la gran devoción a la imagen. 

   En 1866, se produjo un enorme escándalo en el Monte y sus directivos fueron acusados de estafa y detenidos, cerrando las puertas de la institución la autoridad judicial. Ello motivó la quiebra de la entidad, con repercusión en toda Andalucía. La desaparición del Monte, por otra parte, llevó a un incremento exacerbado de la usura en Granada.

Nuevo edificio del Monte de Piedad en la Calle de San Matías, al que se trasladó después de la quiebra del antiguo Monte de Santa Rita

    Todos estos sucesos hicieron padecer de manera importante a la hermandad, que pudo desaparecer por esas fechas o quedar muy mermada en los años siguientes. No obstante, se aprecia un resurgir de la misma en 1882, quizás algunos años antes, pues en ese año se anuncia el doudenario mensual a la Santa en su ermita, para trasladarla a la iglesia de San Pedro cuando se acercaba su novena y procesión. Ésta se realizaba una vez finalizada la función, con objeto de trasladarla a su ermita. Normalmente en estos cultos se daba a besar la reliquia de la Santa a sus muchos devotos, cosa que se siguió haciendo hasta tiempos relativamente recientes. 

   Parece que el relevo lo había tomado en 1882 una asociación de señoras presidida por Dª Francisca Eguilaz Yanguas de Torres, que organizó los cultos y procesión de ese año hasta su ermita a las seis de la tarde, según nos informan los periódicos La Lealtad y el Defensor de Granada.

  El reorganizador de la hermandad, ya dedicada exclusivamente al culto de la imagen, fue D. Francisco Alcántara Bullón que junto con las referidas señoras van a organizar en los años siguientes los cultos  y procesión, que cada vez ofrecerán mayor esplendor y a los que solía asistir la banda de música del Regimiento de las Antillas. La procesión iba desde San Pedro a Plaza Nueva, donde daba la vuelta para encerrarse en su ermita (9). Normalmente, la procesión se realizaba todos los años en los primeros días de Junio. 

   A finales del siglo XIX, cuando los agustinos recoletos vuelven a Granada y se establecen en la iglesia del Corpus Christi (Hospitalicos) se inician cultos a otra imagen de Santa Rita de Casia, germen de la fundación de otra hermandad que ha llegado hasta nuestros días.

   La antigua hermandad de Santa Rita va a continuar durante las dos primeras décadas del siglo XX sus cultos y procesión de igual forma que a finales del XIX, pero desde 1904 o 1905 la Santa permanecerá ya todo el año en la iglesia de San Pedro y no en su ermita, por lo que diremos a continuación. 


IGLESIA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO
   
   Y es que, en 1919, se produce un conflicto porque desde el inicio del siglo XX la imagen de la Santa se quedaba tras la procesión en la iglesia de San Pedro por orden del párroco y no se reintegraba a su ermita, como se venía haciendo en las últimas décadas del siglo XIX. La retención de la imagen en la iglesia de San Pedro se venía produciendo de forma tradicional. 

    El conflicto se plantea el 2 de julio de 1919 entre el abogado Antonio Martín Montijano y Lillo y el párroco de San Pedro. El abogado Montijano acudió al arzobispo D. José Meseguer y Costa acompañado de D. Miguel Rodríguez Acosta, de familia ligada a la banca granadina, ambos directivos del Monte de Piedad refundado, para presentarle su protesta, porque la imagen - que decía que era de su propiedad, mas bien los era del Monte-, no se reintegraba a su ermita, por no permitirlo el párroco, después de los cultos que anualmente de le hacían en la iglesia de San Pedro.

    El documento dice que la imagen se retenía en San Pedro desde los últimos años del anterior arzobispo, D. José Moreno y Mazón, al menos a partir de 1901, en que aparece en la prensa la celebración de los duodenarios mensuales en la ermita. También reclamaban cuadros, ornamentos y las llaves de la capilla u oratorio, que no les devolvía el párroco y denunciaban, además, que éste había vendido el cancel de la capilla.  

   El provisor y vicario general López Doriga solicita informe al párroco sobre el asunto, pero no aparece contestación del mismo.

    De dicho documento se infiere que el nuevo Monte de Piedad, único acreedor que quedaba del antiguo, y por tanto, propietario de la capilla y de lo en ella contenido, exige la devolución de sus pertenencias, entre ellas, la imagen de Santa Rita.

   Parece que el arzobispado no accedió a la solicitud y la imagen permaneció en San Pedro, desde principios del siglo y hasta nuestros días. 



   Allí ha continuado recibiendo culto por sus devotos, porque la hermandad que se reorganizó por aquellas señoras hacia 1882, seguramente sin reglas, presentaba acusada decadencia a principios del siglo XX. Esta ausencia de hermandad nos consta porque, en 1912 la Junta Católico-Social de la parroquia de San Pedro se reúne en marzo de ese año para tratar de impulsar diversas hermandades de la parroquia que estaban muy decaídas, entre ellas, esta de Santa Rita (11)

    Los cultos no se interrumpen y, en 1918, otra vez aparece nombrada en la prensa la Hermandad de Santa Rita, con motivo de acudir a la Catedral para la celebración de las bodas de oro, como sacerdote, del arzobispo D. José Meseguer y Costa.      

   Gran devoción mantenía la Santa en los años veinte del siglo pasado cuando en sus duodenarios la iglesia de San Pedro permanecía abierta los días 22 de cada mes desde las 6 de la mañana a las 11 de la noche.  
"Solemnes cultos a Santa Rita dedicados por su Antigua, Real e Ilustre Hermandad y multitud de devotos. La iglesia estará abierta desde las seis de la mañana a las once de la noche"(12).

   A la función asistían concejales del Ayuntamiento, que acudían, asimismo, a la procesión de la tarde. Probablemente, durante los años veinte del pasado siglo y como consecuencia de haberse reorganizado la hermandad por los citados grupos parroquiales, aquélla volvió otra vez a tomar impulso y así continuará hasta finalizada la Guerra Civil. En 1938, tenemos la noticia de que la hermandad organizó un Vía Crucis de rogativa por el fin de la cruenta guerra. 

   Finalizada la contienda civil la hermandad seguirá celebrando su novena y función de mayo en la que se repartían roscas y panecillos entre sus devotos, que previamente eran bendecidas. Probablemente, esta costumbre venía de antiguo.

   Puede que la Hermandad Sacramental de la parroquia de San Pedro y la de Santa Rita se unieran. Esta interrogante se me plantea al encontrar en el periódico "Ideal" de 21 de marzo de 1953, la noticia de que la Hermandad Sacramental de Santa Rita de San Pedro celebraba sus cultos oficiados por el Padre Moratalla.

  Una hermandad que aun no se ha extinguido canónicamente - la última noticia como hermandad la tengo de 1961, seguramente permaneció mucho más tiempo -,  de gran importancia para la historia cofrade de Granada y que sigue recibiendo culto por sus devotos, con un arraigo muy importante en la ciudad en otros tiempos.  

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1. Actualmente, se piensa, asimismo,que pudiera deberse a la gubia de Jerónimo Quijano.

2. DE LA CHICA BENAVIDES, Fr. Antonio, Gazetilla Curiosa o Semanero Granadino, papel VII. 1764.

3. TITOS MARTÍNEZ, Manuel, Crédito y ahorro en Granada en el siglo XIX. Primera parte, págs. 16-17. Publicación Banco de Granada 1978.   

4.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 26 f, pieza s/n. 

5. TITOS MARTÍNEZ, Manuel. Opus cit. págs. 19-21. 
6. Esta información me la ha proporcionado D. F. Campos Torres, que ha consultado los inventarios de la parroquia de San Pedro en que figura la autoría de la imagen, como de José Risueño.  

7. Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 9 de diciembre de 1835. 
8. El granadino , de 30 de abril de 1848.

9. El Defensor, de 3 de Junio de 1886.  

10. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 10 f, pieza s/n. 

11. La Gaceta del Sur de 10 de marzo de 1912.

12 Ibídem de 19 de enero de 1924.