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miércoles, 3 de julio de 2013

HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE SAN GIL ( DE ZAPATEROS)






HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, SANTA LUCÍA, SAN CRISPÍN Y SAN CRIPINIANO

Antonio Padial Bailón

Fue una hermandad de las llamadas gremiales, concretamente fundada por los maestros de zapatería de Granada, y parece ser, que fue el resultado de fusión de varias hermandades: la de Santa Lucía, de zurradores de las pieles y la de San Crispín y San Crispiniano, de zapateros, a la que a finales del siglo XVII o principios del XVIII se le une la hermandad de la Purísima Concepción. Esta imagen recibía culto en una capilla callejera situada bajo un cobertizo en la calle de Abenhamar (calleja que está detrás del establecimiento de helados "Los Italianos", paralela a la Gran Vía). 

La hermandad nace para dar culto por los zapateros de la ciudad a los Santos Mártires San Crispín y San Cripiniano, que murieron decapitados bajo la persecución de Maximiano, hacia el año 286. Huidos a Soissons (La Galia), se dedicaban para subsistir al oficio de la zapatería, convirtiendo al cristianismo a los galos de la zona. 

La hermandad primitiva de los santos zapateros era muy antigua, fundándose en la iglesia de San Antón, probablemente a finales del siglo XVI, donde tuvo capilla. Ya Henríquez de Jorquera en sus  "Anales de Granada", nos da noticia de su existencia hacia el primer tercio del siglo XVII, poseyendo una capilla en la iglesia de San Antón, de Terceros franciscanos: "Tienen aquí su hermandad y capilla de Santa Lucía, San Crispín y San Crispiniano los maestros de zapatería". Allí permanecería la hermandad durante casi todo el siglo.


San Crispín y San Crispiniano de la iglesia del Salvador de Sevilla


En la iglesia de terceros franciscanos de San Antonio Abad (San Antón) la hermandad de zapateros realizó, probablemente a principios del siglo XVII, un retablo de estilo post-manierista, para sus primeros titulares: Santa Lucía, San Crispín y San Crispiniano, que recientemente he descubierto que se encuentra en el monasterio albaicinero de la Concepción, donde iría a parar, hacia 1836, seguramente, tras las exclaustración de los frailes terceros.


Retablo de Santa Lucía de los zapateros, hoy en monasterio de la Concepción
En dicho retablo se veneraba y aún se venera a la titular Santa Lucía y en las hornacinas de los lados a los Santos Crispín y Crispiniano (hoy, como diremos más adelante, estos últimos se encuentran en la iglesia de San José).

La imagen de Santa Lucía es una talla de finales del siglo XVI o principios del XVII, que pudiera ser una de las primeras obras de Alonso de Mena, según me indicaron las religiosas del monasterio de la Concepción. También el pequeño Crucificado, situado en cuerpo alto del retablo, parece reunir las características estilistas de Alonso de Mena.



Puede decirse que esta hermandad, por lo dilatado de su permanencia en el tiempo (duró, al menos, hasta finales del siglo XIX), pasó por diversas vicisitudes que la hizo cambiar de sede, caracterizándola como una corporación viajera, pues fue recibida en cuatro iglesias, al menos. 

Fuera de lo mencionado, muy escasas noticias se tienen de la hermandad durante el siglo XVII. Sí sabemos que la hermandad daba culto a una imagen de la Inmaculada Concepción venerada en la capilla callejera, dependiente de la parroquial de San Gil a que antes nos referimos, situada en el cobertizo de la calle Abenhamar, . 

No sabemos, sí fue la hermandad de los santos zapateros la que construyó dicha capilla o en ella se formara una hermandad para dar culto a la imagen allí venerada. Lo cierto es que en tiempos del arzobispo don Francisco de Perea y Porras (1720-1723) ya la imagen de la Inmaculada recibía culto, pues existe un grabado en el que reza, que dicho arzobispo concedió 40 días de indulgencias a quien rezara una salve ante la sagrada imagen.


Imagen de la Concepción de San Gil. Grabado de 1731 en el Archivo de la Casa de los Tiros. A ambos lados de la Virgen aparecen los santos zapateros

En esos años, no sabemos si la Inmaculada permanecía aun en la capilla callejera o en otra dentro de la iglesia de San Gil, donde ciertamente se encontraba antes de 1731, fecha del grabado. Sin embargo, aun en 1724 los santos titulares se encontraban en la iglesia de San Antón, por lo que creemos que la llegada de la hermandad a San Gil se produciría en los inmediatos años siguientes. 

Lo cierto es, que fuera por unión de la hermandad de San Crispín y San Crispiniano con otra hipotética de la Inmaculada Concepción o porque esta hermandad se agregara a la de los Zapateros o porque ésta última la tomara como patrona y principal titular a la imagen de la capilla de la calle Abenhamar a la que veneraba, en el siglo XVIII. Todas estas advocaciones aparecen unidas a principios del siglo XVIII, cuando la hermandad estaba en la iglesia de San Gil, donde ocupó la capilla propiedad de doña Isabel de Tapia, que cedió en uso a la  cofradía de los santos zapateros por testamento de 1685, desde cuya fecha estaba en la iglesia de San Gil.

En estas circunstancias, no cabe duda, que la hermandad habría reformado sus reglas y aparece de manera cierta a mediados del siglo XVIII, seguramente antes, con el título de "Hermandad de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano", con sede en una capilla de la iglesia de San Gil.

En el grabado de 1731 a que hacemos referencia se aprecian ya las imágenes de San Crispín y San Crispiniano a ambos lados de la Inmaculada Concepción, con culto en San Gil, lo que parece corroborar lo que llevamos afirmando.

Probablemente, la capilla callejera en donde se venía dando culto a la imagen de la Inmaculada, quizá fuera derruida por reforma  de la calleja de Abenhamar o del edificio en cuyo cobertizo estaba o fue abandonada por la hermandad para tomar una capilla más digna dentro de la parroquia de San Gil.

De Santa Lucía, que parece que quedó con su retablo en la iglesia de San Antón, no sabemos si es que hubo una parte de la hermandad que se desgajó para dar culto únicamente a la santa y el resto de la misma pasó a la iglesia de San Gil.


La imagen de la Concepción, por unos documentos obrantes en el Archivo histórico del Arzobispado de Granada, a los que más adelante nos referiremos, sabemos que es una de las dos que hoy se encuentran en la iglesia albaicinera de San José y más concretamente, la atribuida al escultor granadino Diego de Mora, cuya fotografía abre este trabajo y la que a continuación insertamos.





Tampoco se sabe cuando se empezó a venerar en la capilla del cobertizo. Tuvo que ser a finales del siglo XVII (ya entonces Diego de Mora tenía 42 años y es probable que hubiera realizado la imagen en esos años de finales de la centuria o a principios del XVIII).

Bella imagen de la Virgen Inmaculada, eminentemente barroca, y que según se aprecia en el grabado, tuvo que sobrevestirse de manto, como era usual en aquellas fechas.

En esa época de principios del XVIII se trasladaría la hermandad de los Santos Crispín y Cripiniano a la iglesia de San Gil (segunda sede de la hermandad), abandonando la de San Antón y parece que dejando en ella a la imagen de Santa Lucía.


La Capilla de la Hermandad

Constantes referencias tenemos de la capilla y de la hermandad en el siglo XVIII, llamada en los libros de cuentas de fábrica de la parroquia, simplificadamente, como Hermandad de la Concepción. 

La capilla con retablo barroco la presidía la imagen de la Virgen y a los lados las de los santos mártires San Crispín y San Crispiniano. Era la primera del lateral izquierdo de la nave, opuesta a la del sagrario y se cubría con un bello artesonado de lacería mudéjar. El retablo, según el inventario realizado en 1869, a la demolición de la iglesia de San Gil, era "...blanco y filetes dorados con un lienzo en su parte superior con la imagen de Ntra. Sra. de la Asumpción", en el centro estaba el nicho con cristalera, donde estaba la imagen de la Concepción y a los lados las de los santos Crispín y Crispiniano. 

En el testero derecho de la capilla había un cuadro de grandes dimensiones de la Inmaculada con marco dorado y, sobre él, otro apaisado con marco negro con el Salvador y dos ángeles. En el testero opuesto a éste, otro cuadro apaisado del martirio de San Crispin y San Crispiniano, con marco negro. A la capilla daba un cuarto trastero que tenía adosada la escalera para subir al púlpito de la iglesia. 

Los anteriores datos nos los proporciona el primer volumen del libro escrito por D. Joaquín y D. Antonio Villena Delgado sobre las iglesias de San Gil y de Santa Ana, Arte y tradición de la iglesia parroquial de San Gil y Santa Ana. En la citada obra sus autores dicen que el retablo de la hermandad, junto con el cuadro de la Inmaculada, pudiera ser el que hoy está en la iglesia de Santo Domingo (ocupado por la Virgen del Tránsito), que dicen, concuerda con la descripción que realiza el inventario. A esta iglesia se trasladó, como veremos más adelante, la hermandad de la Concepción en el siglo XIX. 


Posible retablo de la Inmaculada de San Gil, según los Sres. Villena Delgado

Sin embargo, también allí se trasladó la hermandad de la Virgen del Tránsito, en dicho siglo, y lo lógico es que lo hiciera con su propio retablo. Asimismo, en el actual retablo del Tránsito no existen hornacinas que pudieran cobijar las imágenes de los santos zapateros, aunque esto no deja de ser poco significativo, pues los retablos se solían adaptar al sitio de destino, reformándolos.   


En dicha capilla de la Inmaculada en la iglesia de San Gil tenía su enterramiento la familia de Dª. Ángela Ojeda por la que pagaba 28 reales. En 1776, se arreglan unas grietas que amenazaban la capilla, que se dora en 1778 por el maestro Salmerón y, en 1777, se arregla una vidriera que tenía en ella. 

Unos años más tarde, la hermandad aparece decaída sin contribuir a sus obligaciones parroquiales, incluso, a finales del siglo, la parroquia celebra una octava de la Concepción en el cercano Hospital del Refugio, que se sigue allí celebrando durante la primera mitad del siglo XIX. Esto nos pone de manifiesto la decadencia de la hermandad a finales del XVIII.

Dos fiestas celebraba la corporación en el siglo XVIII : el día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, y el 25 de octubre dedicado a los santos mártires patronos de los zapateros, a los que estaban dedicadas diversas memorias de misas. 

A lo largo del siglo XIX, la hermandad subsistirá, aunque muy decaída, vitalidad que parece renovarse en 1828, año en el que se le aprueban nuevas reglas por el arzobispo Álvarez de Palma. Por otra parte, había llegado un siglo en el que las organizaciones y cofradías gremiales decaen o desaparecen por carecer del sentido que en otros siglos tuvieron, viéndose afectada esta hermandad por el cambio de los tiempos, aunque no llega a desaparecer.   



Portada de San Gil que daba a Calle de Elvira


En 1868-69 se demuele la iglesia de San Gil por la llamada Revolución Gloriosa y la parroquial, que queda desde 1842 como ayuda de parroquia de  Santa Ana, se trasladará a esta definitivamente, donde ambas parroquiales hoy permanecen unidas.

La iglesia de San Gil estaba situada en el inicio de la calle de Elvira por Plaza Nueva. Era una de las más céntricas y antiguas parroquias de Granada, creada en 1507, sacralizando la mezquita de Hatabín o de los Leñadores, donde se mantuvo en el mismo edificio hasta ser demolido éste hacia 1543.  En su solar se empezó a construir la iglesia cristiana, trazando su portada Diego de Siloé, en 1555, y ejecutándola Juan de Maeda. Presidía su hornacina la imagen de San Gil de Toribio de Liébana y la portada secundaria, que daba a la calle del Pan, la hizo en 1562 Juan Martínez, presidida por la Virgen de la Paz de Baltasar de Arce. Hoy se conservan dichas esculturas en el Museo Provincial de Granada.


San Gil, de Toribio de Liébana. Presidia la portada principal, en calle Elvira, de la iglesia


La iglesia lindaba con la calle del Pan en su costado izquierdo o lado del Evangelio, donde se elevaba la torre de la misma; en esta parte, tenía unas casas adosadas al templo -casi todo él las tenía a su alrededor-. La parte frontera daba a la calle de Elvira; la trasera a la calle Imprenta, y su costado derecho, a las casas adosadas a ella en Plaza Nueva.

Con la demolición de la iglesia se amplió la plaza hasta dejarla con las dimensiones que hoy tiene.     

 
Iglesia de San Gil, ocupando parte de lo que hoy es Plaza Nueva. A la derecha la Real Chancillería

Los efectos de la demolición de la iglesia, en 1869, fueron: que las hermandades e imágenes ubicadas en ella (la de las Tres Necesidades, la del Cristo de la Expiración, Esclavitud del Santísimo, Ntra. Sra de la Granada y San Antonio, Santa Cruz, esta de la Concepción...etc), se han de trasladar a otros templos o desaparecen, quizás algunas lo habían hecho ya en esa fecha.

La de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano se traslada en 1869, fecha de la demolición de San Gil, y la llevan a la parroquia de Santa Escolástica, cuando esta parroquial había pasado, también por derribo, a la iglesia de Santo Domingo, donde aun hoy permanece dicha parroquial. Era el tercer templo que tenía como sede.

La hermandad llega a Santa Escolástica (Santo Domingo) en mayo de 1869, pues por cabildo del día 17 de ese mes, realizado en dicho templo, se acordó hacer un inventario de bienes y alhajas de la hermandad, que se efectúa y firma el día 20 de mayo de ese año.  

La hermandad y sus imágenes subsisten, aun en 1885, en la iglesia de Santo Domingo (parroquia de Santa Escolástica), según un documento que he encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado.

Dicho documento nos pone de manifiesto una precaria situación de la hermandad, cuando se traslada a la parroquia de Santa Escolástica. En 1883, se nombra una comisión para examinar sus cuentas, que se quejaba de que la hermandad no tenía ingresos suficientes para atender a sus obligaciones de entierro de sus hermanos, dadas las insuficientes aportaciones de los hermanos (cada cofrade pagaba 4 o 5 reales mensuales), con lo que habría de estar 20 o 30 años afiliado para poderse pagar los gastos de entierro y eran muchos los que morían sin poderlo costear. No obstante, la hermandad acordó un reparto extra para este fin, sin que diera un resultado satisfactorio, por lo que convocó otro cabildo el 24 de agosto de 1883 que fue impugnado por el secretario Manuel Álvarez- Parejo y Alcaraz, alegando no haber "quórum" suficiente.

Por ello, la hermandad acordó reducir gastos, disminuyendo las misas de cumplimiento de difuntos, que consistían en una cantada y tres rezadas, a sólo la cantada. También, se acordó rebajar el salario del secretario, convocando una junta el 14 de septiembre de 1884 en la que se le ofreció 20 reales de emolumentos, en lugar de los 60 que cobraba. Manuel Álvarez, el secretario, se negó a aceptarlos y renunció al cargo, nombrándose en su lugar a Juan Pío Martínez de la Cámara, que sí aceptó dicho salario.

Manuel Álvarez abandonó airado la hermandad y no quiso entregar los libros de la misma, por lo que puso a esta en una situación complicada al no contar, entre otras cosas, con la lista de hermanos a los que cobrar su cuota.

Este conflicto, supuso la división de la hermandad entre los partidarios de Álvarez y los que apoyaban a la junta directiva. Los primeros convocaron una junta el 5 de octubre de 1884 para nombrar cargos directivos, junta que no fue aceptada por los partidarios de la vigente, que alegaban que era contraria a las constituciones de la hermandad.  

Se acude al Provisor para denunciar el conflicto y éste pide que informe el párroco de Santa Escolástica, que toma partido por el grupo de Álvarez, pues pide que se disuelva la junta y se nombre otra, si bien, le quita importancia al asunto afirmando "... que las incidencias son propias de una hermandad de 1.500 hermanos, cuando bastan dos para que anden a la greña".

El fiscal del arzobispado, después de reprender las discordias que había en los cabildos convocados, deshecha la supresión de la hermandad por los muchos beneficios que reportaba en el ejercicio de la caridad y entierros, proponiendo al Provisor, que en vez de disolverla, la suspenda temporalmente y que el párroco convocase Junta General entre los hermanos que hubiesen demostrado "mayor celo e interés" y que se proceda a su reorganización y nombramiento de nueva directiva.

El Provisor a la vista de los anteriores informes, admite (más bien, fuerza) la dimisión del hermano mayor Rafael Alonso, del tesorero Antonio Carpio Fernández y del nuevo secretario, Juan Pío Martínez, y nombra una junta provisional formada por Antonio Bueno, como hermano mayor, Fausto López Yañez, como tesorero y Manuel Álvarez como secretario, hasta que se realice la visita eclesiástica a la hermandad y se nombre nueva junta (con lo que, claramente, da la razón a Álvarez y sus partidarios).   


Inmaculada de San Gil, hoy en San José en la Catedral para la Vigilia del Dogma 


TRASLADO DE LA HERMANDAD A LA IGLESIA DE SAN JOSÉ EN 1885

Parece ser, que en todo el año 1885 no llega a formalizarse la junta definitiva, tal vez por no ponerse de acuerdo los hermanos entre ellos y con el párroco. Algo hubo de ocurrir en este sentido, pues el día 5 de diciembre de 1885, los párrocos de Santa Escolástica, don Antonio Moreno Navarro y de San José, don Juan Sedeño Fernández, convienen que la Hermandad de la Purísima Concepción, sita en Santa Escolástica, se traslade a la iglesia albaicinera de San José y para ello piden licencia al Provisor y Vicario General don Manuel María Henares.

El Provisor, con esa fecha, emite un decreto por el que autoriza el traslado de la Hermandad de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano a la iglesia parroquial de San José con sus imágenes y alhajas, en base al inventario que firmó el párroco de Santa Escolástica el 20 de mayo de 1869, cuando la hermandad se traslada a a dicha parroquial. Era el cuarto y último templo al que se trasladaba.

Tal inventario es aceptado y firmado, esta vez, por el párroco de San José, don Juan Sedeño, el 21 de julio de 1888 y entre otras cosas vamos a fijarnos en las de más interés:

Una imagen de la Concepción de talla, con corona y media luna y dos ángeles puestos en la peana (no sabemos si se refiere a las dos cabezas de angelotes que en ella figuran o tenía otros dos de talla exentos).





Los Santos junto a S. Nicolás, que ocupa el lugar donde estuvo la Inmaculada en la iglesia de San José. 




Dos Santos Titulares: San Crispín y San Crispiniano. Dichos santos, continúan allí, en la capilla que creo ocupaba, en otro tiempo, la Virgen de la Aurora y hoy la preside San Nicolás, santo que tuvo mucha devoción y visitas hace unas décadas y quizá, por esta circunstancia, cambiaron a la Concepción a un pedestal, junto al presbiterio, dejando a los lados de San Nicolás los Santos Crispín y Crispiniano, donde aun permanecen en su capilla inicial, que sería la de la hermandad al trasladarse a este templo de San José y que es la que está frente a la puerta de la iglesia.
Estos santos, pudiera haberlos encargado la hermandad estando en San Antón y deberse a la gubia de Alonso de Mena, que parece que labró todas las imágenes de la hermandad (Santa Lucía, San Crispín, San Crispiniano y el pequeño Crucificado del retablo que hoy se encuentra en el monasterio de la Concepción).




San Crispiniano. En su capilla de San José, hoy de San Nicolás
Sigue el inventario con dos estandartes, seguramente con sus tarjetas de plata. Un palio con sus varales (esto nos hace pensar que probablemente cubría a la imagen en sus procesiones).


Un forro para la tumba y un almohadón de 

San Crispín
terciopelo con fleco y galón y, tumba con su mesa de madera, sobre los que se colocaba el féretro en los entierros de hermanos difuntos.

Una cancela de cristal (sería la puerta de la hornacina donde estaba la imagen). Tres lámparas de azofar y dos de hojalata.

También el inventario reseña tablas de indulgencias, seis candeleros, una cruz, tres bancos, randas de altar y arca para la cera. Paño de terciopelo grande, seguramente para cubrir el altar y doce hachetas de madera (serían utilizadas para los entierros)

Interesante es el patrimonio pictórico que poseía la hermandad con un cuadro de la Concepción, otro del martirio de San Crispín y San Crispiniano y un tercero del Señor en el Sudario (¿un Descendimiento  o Yacente?).   

También pasaron a San José los libros de Constituciones y de Actas y Juntas y el sello de la hermandad.

No cabe duda, que la imagen de la Concepción de San Gil es la Inmaculada que hoy se venera en San José, donde sería colocada en la capilla que antes hemos señalado con las imágenes titulares de San Crispín y San Crispiniano.

Según se describe en el inventario, tiene que ser la imagen atribuida a Diego de Mora,  con media luna de orfebrería a sus pies y no la otra, que también hay en la parroquial, atribuida a Alonso de Mena. Nos reafirma en esta creencia el mismo grabado en el que, sin duda, se representa a la Inmaculada de Diego de Mora, menos hierática que la de Mena.

La Hermandad aún continuaba con vida en 1913, pues la Gaceta del Sur refleja que en ese año se le administró el Viático a una cofrade, Dª. Rita Suárez (nota).

La Inmaculada Concepción de la hermandad de los maestros zapateros, volvió a las calles de Granada el día 7 de diciembre de 2004, con motivo del 150 aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción. Fue llevada procesionalmente a la catedral para la Vigilia de esta fiesta, cultos organizados por la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada. 

Una hermandad más, que deseamos rescatar del olvido y de la que se tenían escasas noticias de ella y de sus imágenes.


Cartel de Manuel Prados Guillén del CL. Aniversario del Dogma


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FUENTES

HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, "Los anales de Granada"
ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajos 11 f y 402 f..
LOPEZ GUADALUPE, Miguel Luis, " Contrarreforma y Cofradías en Granada..." Tesis doctoral.
GALLEGO Y BURÍN, Antonio, "Guía de Granada".
PRENSA LOCAL.
Nota. Sacado del blog "De la Plaza Bib.Rambla a la Plaza Larga".




jueves, 27 de junio de 2013

REAL HERMANDAD DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN DE NTRA. SRA. DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO (Casa Grande)




Esta Inmaculada de Alonso de Mena no fue la titular de la hermandad ( Se pone a efectos ilustrativos)

Antonio Padial Bailón


Fue una hermandad de las más antiguas de Granada, pues tenía a gala haber sido fundada cuando fue conquistada la ciudad y reino nazarí en 1492.

Fueron los mismos Reyes Católicos quienes la fundaron en el Real Campamento de Santa Fe y se inscribieron como hermanos de ella, junto con la nobleza, cuando aún permanecían en dicho campamento. La fundación se realizó en agradecimiento por haber tomado la ciudad Granada y su reino con escaso derramamiento de sangre. Fue condición y mandato de la fundación el que la hermandad se trasladara a Granada, para residir en la Santa Iglesia Catedral que se erigiera en la ciudad.
"...que la hermandad la fundaron los señores Reyes Católicos, la qual había de estar en la iglesia maior que se había de hazer en esta cuidad, que tuvo principio donde está el convento de San Francisco...".

Los Reyes Católicos fueron sus primeros hermanos, y en ella, se asentaron como cofrades los nobles que habían participado en la conquista "...y que los Reies Católicos se asentaron en la hermandad y todos los Títulos que había en su ejercito...".

Era, pues, una hermandad de élite y lo siguió siendo en los siglos siguientes con hermanos en sus filas que, no sólo eran gente de la aristocracia local, también la formaban notarios o escribanos públicos, miembros de la Real Chancillería, de la Inquisición, jurados...etc. "...donde sus hermanos  son la gente de más lustre de esta ciudad".

Establecida cuando se mudó de Santa Fe en la Iglesia Mayor o Catedral, situada, en principio, en la judería de Granada (en el templo que después sería sede del convento de San Francisco "Casa Grande"). La hermandad, por orden de los Reyes Católicos, ocupará una de sus capillas, donada por ellos. También, el primer arzobispo, don Hernando de Talavera, establece su residencia en una rábita llamada de la Mate, junto a la iglesia, de la que quedan restos de un aljibe y del alminar. 

La iglesia, destinada en principio a Catedral, era de estilo gótico y ocupaba parte de la Plaza de los Tiros o del Padre Suárez. Se tuvo que levantar  de forma acelerada, pues, en 1494, ya estaba cubierta de tejado, según testimonio del viajero alemán Jerónimo Münzer.

Pero poco tiempo estuvo la Catedral de Granada en este lugar, ya que, habiendo expresado la Reina Católica su deseo de que aquélla ocupara el lugar de la Mezquita Mayor,  se consigue en 1507 un Breve del Papa Julio II para su traslado a dicha mezquita, situada en el solar que hoy ocupa la iglesia del Sagrario. Allí se trasladó la Catedral provisionalmente, mientras se construyera la que hoy conocemos. 

Los franciscanos, establecidos en un principio en el convento de San Francisco de la Alhambra, ese mismo año de 1507, se trasladan a la iglesia de la judería (primitiva catedral de Granada), para convertirla en convento e iglesia de San Francisco "Casa Grande"; todo ello, debido a una Bula de León X. También, a su muerte, el arzobispo D. Hernando de Talavera cede su morada para incluirla en el convento colindante.

Quizás, por estar ya asentada en dicha iglesia o por presión de los franciscanos, sus nuevos ocupantes, la Hermandad de la Inmaculada Concepción no vio oportuno el mudarse a la Mezquita Mayor, convertida en Catedral, y quedó en la iglesia antigua, para lo que obtuvo la autorización de los Reyes, dada porque esto contravenía lo que dispuesto por ellos sobre su sede obligatoria en el templo catedralicio.




Inmaculada de Pobra do Caramiñal. Es imagen coetánea a la de la Inmaculada granadina

Los Reyes Católicos le asignaron a la hermandad una capilla que ocupaba el sotocoro de la iglesia, dando a la hoy calle Capitanía, mientras la cabecera de la iglesia o capilla mayor tenía a sus espaldas la actual calle de Pavaneras. 

Era ésta de la Concepción una de las más grandes capillas de la iglesia, quizás sólo superada en dimensiones por la de la Vera Cruz, que venía a ser una pequeña iglesia adosada al templo principal. La capilla la cerraba una reja y dentro tenía varios altares, púlpito y coro, venerándose la imagen en el rico retablo principal de la de la misma, dentro de un tabernáculo. Una cartela de jaspe colocada dentro de la capilla recordaba que:
"La Capilla de la Pura y Limpia Concepción de Ntra. Señora, cuia ymaxen traxeron los esclarecidos reies Dn. Fernando y doña Ysabel, de gloriosa memoria, quando ganaron este Reyno, en hazimiento de gracias de ello, que fue el año 1492 a dos días del mes de enero, pasados 757 años que la ocuparon. Instituyeron esta hermandad y fueron sus primeros hermanos".
Muchos lienzos ocupaban las paredes de la capilla, representando los milagros realizados por la imagen, señoreando en ella los escudos de los Reyes Católicos. Al ser la imagen de la Inmaculada donación suya, no cabe duda, que sería una talla de estilo gótico tardío, como otras imágenes que llevaban en sus campañas, entre ellas, la Virgen de la Antigua, primera patrona de la ciudad. Tal vez, como ésta, fuese encargada al maestro escultor, Ruperto Alemán.



Plano de San Francisco con la Capilla de la Limpia Concepción a los pies de la iglesia bajo el Coro

Celebraba la hermandad desde época temprana cuatro fiestas solemnes al año. Al menos, a principios del siglo XVII, festejaba la de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre; la de la Purificación o Candelaria, el 2 de febrero; la del Glorioso patriarca San José, el 16 de marzo; y la de San Roque, el día 16 de agosto, santo de gran devoción al que la gente acudía cuando se declaraban epidemias, especialmente las de peste bubónica. También, se celebraba un jubileo al Santísimo Sacramento, "estando éste descubierto las cuarenta horas", por lo que, la hermandad podría haber tenido, oficiosamente, cierto carácter de Sacramental del convento franciscano.

En su gran capilla de la iglesia de San Francisco, con toda seguridad, la Hermandad poseía en sus altares las imágenes de San José y San Roque, titulares de dos de sus fiestas solemnes. La de San Roque, tiene que ser la que hoy se conserva en la iglesia de San Matías ( parroquia donde se ubicaba el convento franciscano) a dónde fueron a parar algunas imágenes de dicho convento cuando fue desamortizado en 1835. 

Imagen de San Roque procedente de San Francisco, que tuvo que ser de la Hermandad de la Concepción ( Hoy en la iglesia de San Matías). Foto gentileza de D. Emilio Martos Marín.


La hermandad carecía de patrimonio y rentas, por adoptar la llamada "pobreza franciscana", sustentándose únicamente del donativo de sus hermanos. Además, tenían a gala, que por la realeza de su fundación y las bulas papales obtenidas, no estaba sometida a la jurisdicción del ordinario, y ello lo alegaban en los conflictos o pleitos con dicha jurisdicción. 

La alcurnia de sus cofrades, así como el origen real de su fundación, les prohibía a los mismos hacer demandas por las calles de la ciudad, sustentandose de las limosnas que voluntariamente ellos entregaban. No obstante, los donativos serían de entidad considerable, y ello se manifestaba en la riqueza de la capilla, de sus imágenes y pinturas. Los ingresos ordinarios que cada año aportaban los hermanos suponían más de 2.000 reales, aparte de otros donativos importantes y de las memorias de misas, que serían abundantes, y que en 1624, suponían 2.400 reales. Los mayordomos, además, solían dar 20.000 maravedíes en el año de su mandato. 

En 1573, por un cabildo de ese año, la hermandad acuerda establecer una fundación para casamiento de huérfanas, cabildo que se hacía el 1 de enero, día del Dulce Nombre de Jesús, que tres años después, en 1576, fija como número de huérfanas a casar cada año el de tres, suprimiendo las limosnas que daban para las "chirimías" y la utilización de éstas en las fiestas, para así, poder dar de dote a las huérfanas 10.000 maravedíes a cada una.

En 1615, la hermandad recibe una herencia de 30.000 maravedíes de doña Marina de Leyva, viuda de Valera de la Cámara ( cargo de la Real Chancillería), con lo que se aumenta a cinco el número de  dotes a  huérfanas pobres para casar cada año. Era, pues, ésta la principal actividad de índole caritativo que ejercía la hermandad.

Sabemos que, como era común en gran parte de las cofradías, contaba con la persona de un muñidor con su vestimenta especial, que  era el que convocaba a la hermandad a los cabildos, entierros y otras reuniones. En 1624, el muñidor era Alonso de Prados, cuyo oficio lo ejercía desde mucho tiempo antes, y al que la hermandad le asignaba la cantidad vitalicia de 150 reales al año,  pues tenía la provecta edad de 75 años y estaba tullido.

En el año 1624, el colector general del arzobispado y canónigo de la catedral, D. Leandro Segura, va a exigir a la hermandad el pago de 75.000 maravedíes, cantidad que tocaba a la cofradía abonar en base al repartimiento de un subsidio eclesiástico basado en bulas papales. La hermandad se niega a aceptar dicho pago, basándose en que no estaba sometida a esta obligación por en los privilegios adquiridos al ser su fundación real y no pedir limosnas. La corporación, como se ha dicho, se sustentaba sólo por las cuotas de los hermanos y por los mayordomos, que hacían gracia de dar donativos para el culto a la Virgen; también alegaba, que los hermanos daban sus aportaciones para casar huérfanas y que la corporación carecía de bienes, pues tan sólo era administradora de memorias y mandas que los franciscanos repartían entre las distintas cofradías del convento, ya que los frailes franciscanos, por su instituto, no podían administrar bienes y sólo  podían sustentarse de limosnas.   

En el proceso llaman a varios testigos, algunos de edad avanzada, que van confirmando las alegaciones realizadas por la cofradía. No sabemos con qué solución finalizaría el conflicto, sí pagaría el subsidio reclamado o el arzobispado desistiría de exigírselo, dados tan eminentes antecedentes y la influencia del alto estatus de sus hermanos.

Nos tenemos que remontar a 44 años después, a 1668, y también, a 1714, para contar con otras noticias sobre esta hermandad, que también nos da idea de las importantes mandas que se le hacían. Se trata de una memoria perpetua de nueve misas cantadas con diácono y subdiácono, para celebrar en la capilla de la Inmaculada Concepción en las correspondientes nueve festividades anuales de la Virgen. La memoria de misas la había instituido Juan López Bravo, mediante testamento de 29 de julio de 1668, habiendo dejado a la hermandad 2.000 reales de vellón, para que se impusiese a censo, y así, con los réditos de dichos censos, sufragar los gastos de la memoria por las almas de sus padres, suya y de sus sucesores, y el resto lo gastase la hermandad en sus cosas de más necesidad.

También, López Bravo había sido mayordomo de la hermandad, y ésta le debía  los 2.000 reales que él le cede para las memorias y para que con 500 reales de la cantidad donada se atendiera a las necesidades de la capilla de la Concepción. Como garantía del censo, Juan López Bravo, hipoteca unas casas que poseía en la calle de Abenamar (calle que hay detrás de la heladería de los Italianos").

Pero, llegado en año 1714 se producen desavenencias entre el mayordomo de ese año, Fernando Gómez de Lumbreras, y Pedro Andrés Pacheco, tomador del censo y obligado al pago de los réditos, que se acusan mutuamente de no haber pagado éstos y de que el mayordomo con esta excusa no mandaba decir las misas, con el consiguiente perjuicio de las Benditas Ánimas por las que se fundó la memoria, máxime cuando había unas casas que garantizaban los gastos de la misma.  

La hermandad continuaría siendo una de las más importantes del convento y de la ciudad, pero se pierde su pista documental hasta la desamortización del convento y exclaustración de sus frailes en 1835; probablemente la hermandad había decaído durante la ocupación del convento y demolición de su iglesia por las tropas napoleónicas en 1810. 

Por un inventario de 1835 de la Comisión de Amortización, que refleja D. José Carlos Rodrigo Herrera, historiador de arte, en su trabajo: "El convento de San Francisco Casa Grande y su Patrimonio Inmueble", sabemos de la relación de imágenes del convento de San Francisco cuando se desamortizó en dicho año.

En tal inventario viene la imagen de Ntra. Sra. de la Concepción en su capilla y que dicha imagen pasó a ser propiedad privada, concretamente, de "(...) don Mariano Cano de orden del Señor Gobernador Eclesiástico".  Ante ésto, poco podría hacer la antigua hermandad, muy decaída, probablemente, o casi desaparecida.

En estas circunstancias de la Exclaustración, la imagen de San Roque pasaría a la iglesia parroquial de San Matías, a cuya jurisdicción pertenecía el convento; al mismo lugar pasó la imagen del Resucitado, titular de una antigua hermandad de hortelanos. La imagen de San Roque, ahora sabemos, que sigue permaneciendo en la iglesia de San Matías, y la de San José, al que daba culto la hermandad, pasaría, junto con otras obras de arte, al convento de franciscanas del Santo Ángel Custodio y allí se conserva.


SAN JOSÉ DE ALONSO CANO. CONVENTO DEL SANTO ÁNGEL


La imagen de la Inmaculada, que ponemos en la cabecera, no es la de la hermandad de la que tratamos, sino una de las dos que se conservan en la iglesia albaicinera de San José, la más antigua de ellas, atribuida a Alonso de Mena, y que nos hemos permitido la licencia de mostrar en este artículo ante la carencia de la que fuera titular de esta hermandad, cuyo paradero se desconoce al pasar a propiedad privada en 1835.

  

A partir de la exclaustración, no se tienen noticias de aquella hermandad tan preclara. Esperemos que la investigación nos vaya dando otras pistas sobre la misma, que aclaren las muchas hipótesis que se tienen sobre ella. 

Otras importantes hermandades de la Inmaculada existieron en nuestra ciudad, muy devota defensora del Misterio, como la del monasterio de la Concepción, la de Santa Ana, la de San Cristóbal, la de San Gil, la de Santa María Magdalena, la de San Nicolás...etc. y así cerca de quince cofradías de la Inmaculada que hubo en Granada, cuya historia y noticias procuraremos participarlas a los lectores del blog.



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FUENTES:

GALLEGO Y BURÍN, ANTONIO, Guía de Granada. Fundación Rodríguez Acosta. Madrid 1961.

MÜNZER, Jerónimo, Viaje por España y Portugal, años 1494 y 1945.

ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA. Leg. 312 F.

DICHO ARCHIVO,legajo 34 F, pieza 21.

ENRÍQUEZ DE JORQUERA. Francisco, Anales de Granada.

RODRIGO HERRERA, José Carlos, Trabajo citado.

martes, 7 de mayo de 2013

HERMANDAD SACRAMENTAL DE NTRA. SRA. DEL SOCORRO



NTRA. SRA. DEL SOCORRO DE GRANADA


ANTONIO PADIAL BAILÓN


Las primeras hermandades que se fundan en Granada una vez conquistada la ciudad, es decir, a lo largo del siglo XVI, son de tres tipos: hermandades del Santísimo Sacramento, Hermandades de las Benditas Ánimas del Purgatorio y Hermandades de Nuestra Señora.

Aquellas hermandades del Santísimo Sacramento y las de Ánimas se fundarán en todas las parroquias de la ciudad y muy poco común será fundarlas, especialmente las Sacramentales, será verlas fundadas en los conventos masculinos y raramente en los femeninos.

La Santa Sede recomendaba su impulso y establecimiento en las parroquias como hermandades dedicadas al culto interno y externo del Santísimo Sacramento, a preparar el monumento del Jueves Santo, las procesiones del Santísimo y a acompañar al Viatico, cuando éste se iba a administrar a los enfermos de la parroquia. 

Con el tiempo, estas hermandades sacramentales absorberán en muchos casos por fusión o agregación a otras hermandades parroquiales, como las de las Ánimas o las de Nuestra Señora. Estas últimas con el nombre genérico de Nuestra Señorea se van configurando a lo largo del XVI y del XVII con alguna advocación mariana determinada ( Concepción, Favores, Socorro, Paz...etc.). También, se les podía agregar hermandades de algún otro santo que tuvieran sede en la parroquia.

Siguiendo este esquema, en la iglesia parroquial de Santa Escolástica, que estaba situada en la calle de su nombre en la manzana de casas que sigue a la Casa de los Tiros, se fundarán esos tres tipos de hermandades. Es probable, que la antigua hermandad parroquial de Nuestra Señora de la iglesia parroquial de Santa Escolástica adquiriera la advocación de Socorro.

Esa advocación de Nuestra Señora del Socorro tuvo que adquirirla en el siglo XVI y, posiblemente, la agregación a la Hermandad del Santísimo tuviera lugar en el año de 1573, reafirmándose por escritura de 5 de febrero de 1606, en la que se reconoce que la imagen, los adornos de su capilla, vestidos, lámpara de plata eran propiedad de la Hermandad del Santísimo de Santa Escolástica desde la primera fecha. 

 

Situación de la Iglesia de Santa Escolástica en el plano de Ambrosio de Vico

La imagen tenía en ese tiempo (1606) cuatro mantos, según la citada escritura: uno de raso blanco bordado y puntas de oro, otro de tafetán azul con puntas de oro y vestido de la misma tela y color, otro rosa y blanco con pasamanería de oro y el último de tafetán negro, probablemente para los días de Semana Santa. El Niño que lleva en sus manos, tenía "ropilla de rraso rosado y blanco". Dichos ropajes lo guardaba el que hacía las veces de prioste vitalicio, "... por todos los días de su vida", Gaspar Luis Maldonado por encargo de la hermandad, sin que ni él, ni sus herederos pudieran ostentar derecho de propiedad alguna sobre dichos efectos e imagen.


Capilla del Socorro

La capilla de la Virgen del Socorro, donde residía la Sacramental de la parroquia, era la segunda a mano izquierda, entrando por la puerta principal de la iglesia (la primera capilla de la izquierda la ocuparía hacia 1734 la Hermandad de Ntra. Sra. del Tránsito). Esta puerta daba a la calle Cementerio de Santa Escolástica, camposanto que estaba situado al costado de la iglesia, dando a la Cuesta de Rodrigo del Campo. Por lo que, a espaldas de la capilla estaban los enterramientos parroquiales.

La Sacramental venía gozando del uso de la capilla antes de 1570, seguramente bastante antes, pues por ese tiempo ya tenía concedida Bula Papal. Por este uso continuado, la hermandad pretendió tener derecho de propiedad sobre aquella, lo que motivó un largo pleito con la fábrica de las parroquias del arzobispado, que se resolvió en 1638 con la compra de la capilla por la hermandad, desistiendo ambas partes del conflicto " (...) por excusarse de pleitos y las dudas que sobre ellos ai y por quitarse de gastos(...)" .

"(...) por quanto la dicha cofradía pretendió que la capilla de Ntra. Sra. del Socorro que está en el dicha iglesia de Santa Escolástica, que es la segunda capilla como se entra a mano izquierda por la puerta principal de la dicha iglesia, que es la que está enfrente del altar mayor...pretendió tener derecho por título de propiedad (...)"




Situación de la desaparecida iglesia de Santa Escolástica


La escritura de compraventa se formalizó el 2 de septiembre de 1638, por parte del hermano mayor de la Hermandad del Santísimo Sacramento, Francisco Tello de León, y por parte del arzobispado, el mayordomo de las fábricas, Bartolomé del Campo, formalizándose ante el escribano público Antonio Ruiz de Prado.

El precio de la misma fue de 500 reales de vellón, que pagó el hermano mayor, Francisco Tello de León, en tres plazos; siendo el primero de ellos de 166 reales, venciendo el último en la Navidad de 1639 y dándose carta de pago por los 333 reales restantes el 26 de enero de 1640, también ante escribano público.  

La capilla contaba con tres retablos, el principal, donde se veneraba a Ntra. Sra. del Socorro, y otros dos en los  laterales exteriores a la entrada dando a la nave de la iglesia. En uno de ellos se veneraba a Ntra. Sra. de la Concepción, frente a la puerta lateral de la iglesia, que daba a la Calle de Santa Escolástica y en el otro, a Ntra. Sra. de la Encarnación. Flanqueaban la entrada de la capilla dos basas de piedra negra, donde estaban labrados los escudos de la Hermandad Sacramental.

La capilla de Ntra. Sra. del Socorro contaba con bóveda de enterramiento y en las condiciones de la venta se incluía una clausula por la que quedaba prohibido que la hermandad enterrara en ella a personas que no fuesen los hermanos de la cofradía o sus hijos y esposas. No por ello, la parroquia dejaba de cobrar derechos de enterramiento, debiendo pagar a la fábrica de la misma la cantidad de 10 reales por adultos y 5 reales por los menores que se enterraban. También, se hacía una excepción a la prohibición de enterrar personas no cofrades, si estos pagaban a la fábrica 20 reales por enterramiento de mayores y 10 reales de menores. La Hermandad Sacramental debía a cambio, devolver a la fábrica los enterramientos que la parroquia le había cedido desde la fundación de la cofradía.





La capilla gozaba de diversas bulas papales, entre ellas la otorgada por Pío V, hacia 1570; por Gregorio XIII hacia 1580 y por Benedicto XIV hacia mediados del siglo XVIII.

Sin embargo, aunque la Cofradía de Nuestra Señora del Socorro estaba unida a la Hermandad Sacramental, no por ello dejaba de conservar cierta independencia, nombrándose cada año un mayordomo a la cofradía agregada que cuidaba de la capilla y de la imagen de la Virgen y sus fiestas, así como, del ornato de ambas. Celosos de esa independencia, en algunas ocasiones, los mayordomos del Socorro hicieron valer ante la Sacramental su carácter independiente, que se consagró formalmente el 17 de agosto de 1681, mediante aprobación por el arzobispo D. Bernardo Alonso de los Ríos de la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de Socorro, manteniéndose en el seno de la del Santísimo Sacramento, dedicada específicamente al culto de la imagen. A partir de esta fundación, la hermandad de la Virgen hará valer en diversas ocasiones su autonomía con respecto a de la del Santísimo Sagramento.

También, el Padre D. Antonio de la Chica Benavides en sus gazetillas nos revela la fecha de fundación de la hermandad, aclarando que había sido fundada como filial de la Hermandad de Nuestra Señora del Socorro, que se creó en 1649 en Santa Fe de Indias por el jesuita P. Juan Manuel. 


No nos debe extrañar estas fundaciones de hermandades dentro del seno de otras, como en este caso la hermandad del Socorro como filial de la del Santísimo, pues era una práctica usual en esos siglos. Esta última hermandad tenía como patrona y daba culto a Ntra. Sra. del Socorro desde el siglo XVI y por determinadas circunstancias, quizás por algunos hermanos indianos, se funda en 1681 una hermandad propia para dar culto específico a la Virgen del Socorro.  




Corona de plata del siglo XVII de Ntra. Sra. del Socorro


Imagen de Ntra. Sra. del Socorro

La imagen de la Virgen pudo realizarse antes de 1573, pues en ese año, por escritura de 11 de junio ante el escribano público Alonso de Rosales, don Hernando de Lossa , torcedor de sedas, y su mujer, Beatriz de Medina, hicieron donación de la imagen de la Virgen del Socorro y de sus andas, cáliz, ara y de las otras imágenes de la capilla a la Hermandad del Santísimo, así como, de diversas alhajas de oro y plata a cargo de ciertas memorias de una misa cantada en el día de Todos los Santo y otra rezada en el de San Juan, a cuyo cumplimiento se obligaba la cofradía.

No he podido contemplar, si la imagen es de talla completa o de vestir, pero en un inventario de 1911 de la iglesia de Santo Domingo, adonde fue a residir la parroquia de Santa Escolástica en 1840, se describe la imagen como "(...) la Santísima Virgen es de talla la cabeza y manos" por lo que es una imagen de vestir, que nos conduce a pensar que se realizó, quizás cuando se funda la hermandad en 1681, sustituyendo a la otra imagen del siglo XVI. En el año en que se dona la Virgen antigua  (1573), la mayor parte de las imágenes se hacían de talla completa, pues aún no había hecho acto de presencia el estilo Barroco. 

La imagen, muy desconocida actualmente, por no estar al culto público, presenta caracteres barrocos, que nos lleva a pensar que fue restaurada para "barroquizarla" o que fue nueva talla que no sería la primitiva de la hermandad, aquella que donaron los señores antes citados. 





En 1696, el cofrade Cristóbal de la Huerta, indiano residente en la ciudad de Lima  (Nueva España) remite por vía marítima a Cádiz cien ducados de plata para que se empleen por los mayordomos de la hermandad en comprar  a censo "fincas seguras" a juicio de dichos mayordomos, cuyos réditos sirvieran para el pago de dos misas cada año " una por lo bibos y la otra por los hermanos difuntos". El galeón en que llegaban los 100 ducados tuvo en la travesía que "aligerar carga" por peligro de irse a pique y se perdieron por ello siete ducados, que tuvo que poner la hermandad.

Cinco años después, en 1701, los mayordomos declaraban no haber encontrado fincas idóneas en que emplear los 100 ducados, quizá fuera una excusa para emplearlos en otros gastos de la hermandad. Una de las condiciones de la donación era que el primo del donante, Antonio de la Huerta, debía de actuar como vigilante del empleo de los 100 ducados, con facultad de recuperarlos si no se empleaban en las fincas.

En principio, la hermandad depositó la cantidad en Sebastián Álvarez, fiel de la Aduana de la Especería, que pagó un 5% de interés como remuneración del depósito, hasta decidir su empleo en fincas, que parece no estaban muy decididos a adquirirlas y cumplir, así, la voluntad del donante.

En ese momento, el deseo de la Hermandad Sacramental y de la de Ntra. Sra. del Socorro, asociada a ella, era emplear la cantidad de 93 ducados en adquirir "unas baras y cañones de plata para adorno de las andas de dicha ymagen", que se estaban realizando por esa fecha de 1701 (tenía ya realizadas dos de ellas con limosnas de los devotos de las cuatro de que se componía el palio), para procesionar a la Virgen del Socorro, cuyo encargo recayó en el mayordomo de la hermandad de la Virgen, Jacinto Felix de Arnedo.        



Guion que se conserva junto a la imagen de Ntra. Sra. del Socorro


Joseph Linares, fiscal del arzobispado, decide que la cantidad debe de seguir depositada y no emplearla en las andas de la Virgen, lo que motivó recurrir el dictamen del fiscal por la Hermandad del Santísimo y Cofradía de Ntra. Sra. del Socorro, alegando que la hermandad cumpliría la voluntad del donante indiano, diciendo las dos misas ante el altar de Ntra. Sra. con los fondos de la hermandad y que realizar las andas y adornar la capilla era aumentar el culto de la Virgen de la que era muy devoto el donante. También, aducían como garantía que la hermandad de la Virgen era muy rica en joyas y que por ser las dos hermandades, en realidad, una, también era propietaria de ellas la del Santísimo, obligada a decir las misas. 

El fiscal se reafirma en que no se conceda licencia por el provisor para utilizar en las andas los 93 ducados, puesto que la cofradía había demostrado tener bienes y rentas suficientes para realizarlas, citándose al primo y apoderado del donante, Antonio de la Huerta, que declara que se ha de cumplir la voluntad de su pariente donante, y que, si la cofradía puso los 7 ducados perdidos en la travesía del océano, él se los devolvería. Al final se les autoriza a realizar las andas, dando cuenta del gasto el mayordomo de la Virgen.

                            Escudo con una estrella y el Rosario

La Hermandad del Santísimo Sacramento y Ntra. Sra. del Socorro, pues así se la denomina en el siglo XVIII, contaba entre sus devotos y, tal vez hermanos, personas de la aristocracia y de la alta burguesía granadina y del Realejo, como los Fernández de Córdoba y Ronquillo, Melchor de Aguirre, caballero veinticuatro de Granada, los Toledo y Miota de la casa de los Marqueses de Lugros, los Montalvo, Pedro de Navas, corredor de la lonja...etc. que pagaban censos a la hermandad por memorias de misas y otras obligaciones devocionales, siendo en diversas ocasiones sus secretarios, notarios o escribanos públicos.. Además poseía cuatro casas en la llamada Puerta del Sol, en la Antequeruela Alta y otra en la collación de Santa Ana. 

De la desahogada posición económica de la hermandad es exponente el que hacia 1760 decide realizar una nueva capilla y un nuevo retablo para la imagen de Ntra. Sra. del Socorro, así como de nuevos elementos para su ornato, consiguiendo del Papa Clemente XIII una Bula de 15 de mayo de 1759 por la que se reconocía como Altar Privilegiado de Ánimas al de Ntra. Sra. del Socorro.


                                                                     Clemente XIII, Papa

También había conseguido la hermandad una bula de Indulgencias plenaria y parciales para los hermanos en los cinco días que señalara con aprobación del juez eclesiástico, siendo dichos días el del Patrocinio de Ntra. Sra. ,que era el día de la Función Principal, con indulgencia plenaria y los días de la Inmaculada Concepción, de la Encarnación de Ntro. Señor Jesucristo, el de la Natividad de la Virgen, el de los Desposorios de Ntra. Sra. y el del Patriarca San José.

La existencia de las andas denota que la Virgen del Socorro era procesionada, probablemente, el día del Patrocinio de Ntra. Sra., segundo domingo de noviembre, fiesta principal de la hermandad. Asimismo, adquiere en el siglo XVIII el carácter de hermandad rosariana.

Traslado de la hermandad y parroquia a la iglesia de Santo Domingo (Convento de Santa Cruz la Real

Probablemente, con la Guerra de la Independencia y los acontecimientos que le siguieron la hermandad iría decayendo. No obstante, en 1875 aún subsistirá, pues se constata en el Boletín Oficial Eclesiástico su asistencia a la procesión del Corpus de ese año.   


Santo Domingo, sede actual de la parroquia de Santa Escolástica


Cuando se derriba la iglesia parroquial de Santa Escolástica -sobre 1840-, la parroquia, la hermandad, imagen y retablo pasarían a la iglesia de Santo Domingo, donde se colocó en la capilla de San Antonio, la primera de la izquierda a partir del crucero, seguramente enfrente del retablo del santo.

El retablo trasladado no podía ser otro que el que le realizó la hermandad en 1760. La imagen, sobre peana de ángeles, ocupaba el nicho central con cristalera, acompañada  de una imagen de San Juan de Dios, "con cabeza y manos de talla y cuerpo de cartón piedra" y, a los lados del retablo, las imágenes de San Pedro Mártir y Santo Tomás de Aquino. 


Así se describe en el inventario de la iglesia de Santo Domingo realizado en 1911 y que he consultado en un legajo encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado, que al describir la capilla de San Antonio dice:

"(...) hay un altar con Nuestra Señora del Socorro y tiene un Niño vestido. La Santísima Virgen es de talla la cabeza y manos y está vestida y tiene trono dorado con ángeles, sobre el retablo hay un San Juan de Dios con la cabeza y manos de talla y el cuerpo de cartón y, a los lados del retablo, dos imágenes grandes de talla de San Pedro Mártir y Santo Tomás de Aquino. El altar tiene cristalera. La capilla tiene cuadro del Señor del Sepulcro con marco negro y talla dorada...".

Ya en Santo Domingo, la devoción a Ntra. Sra. del Socorro decaería, apagada por la de Ntra. Sra. del Rosario, la gran devoción dominica. Pero no obstante, la Hermandad Sacramental de Santa Escolástica seguiría dándole culto en Santo Domingo, hasta perderse esta sacramental. 

Probablemente, la Virgen del Socorro permanecería en dicha capilla y en este retablo hasta el regreso de los dominicos a su iglesia y monasterio en 1951, cuando seguramente ya estaba perdida la Hermandad Sacramental de la Virgen del Socorro. La imagen pasaría a unas dependencias  contiguas al Camarín de Ntra. Sra. del Rosario, donde hoy se encuentra Ntra. Sra. del Socorro dentro de una gran vitrina caoba. Actualmente no lleva el Niño en sus brazos, del que no sabemos, si se encuentra dentro del Convento de Santa Cruz la Real o se ha perdido.


Ntra. Sra. del Socorro en su vitrina en dependencias de la Hermandad de Ntra.Sra. del Rosario



En cuanto al retablo de la Virgen éste fue trasladado hacia 1951 a unos almacenes del arzobispado, donde estuvo depositado, hasta 1975, en el que el párroco de Víznar, D. Enrique Nuño, lo solicitó para colocarlo en el presbiterio, después de haber remodelado los altares de la iglesia. En él se venera hoy a la Virgen del Rosario de dicha localidad granadina (ver nota).


El retablo de la Virgen del Socorro, hoy en Víznar, albergando la imagen de Ntra. Sra. del Rosario

Desde hace algunos años, la Virgen del Socorro ha sido rescatada un poco del olvido y la podemos contemplar los días 2 de febrero, fiesta de la Candelaria, procesionando por los claustros del convento de Santa Cruz la Real (Santo Domingo), representando a Ntra. Sra. de la Candelaria por iniciativa de la Archicofradía de Ntra. Sra. del Rosario y la comunidad dominica. 


Virgen del Socorro para la procesión claustral de la Candelaria


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Fuentes: Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajos 16 F, 11 F, 188 F y 401F. 

Nota: Datos del Patrimonio Mueble de Andalucía, ficha de Víznar del I.A.P.H y de Iván Bustabad Espigares.