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domingo, 7 de julio de 2019

HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA GUÍA Y CONVERSIÓN DEL SEÑOR SAN PABLO (Ciegos de Granada)




Virgen de la Guía de la Catedral de Granada, que contó con otra antigua hermandad,  distinta a la que aquí se trata


LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA GUÍA Y CONVERSIÓN DEL SEÑOR SAN PABLO (Ciegos de Granada)

Antonio Padial Bailón


Se trata de una antigua hermandad granadina que hunde sus raíces en las primeras décadas después de la conquista de la ciudad a los musulmanes. La hermandad fue fundada en el Convento de San Francisco "Casa Grande" en el siglo XVI, según declara el fiscal de testamentos y obras pías del Arzobispado de Granada en un pleito fechado en 1713, probablemente en la década de los años treinta de aquel siglo, aunque sus reglas serían aprobadas en 1549.

Quizá la fundación tuviera un origen parecido al de la hermandad de los ciegos de Málaga erigida, según la tradición, a mediados del siglo XVI por monjes franciscanos ciegos del convento de San Luis el Real de dicha ciudad. Y fue que, para evangelizar a las mujeres musulmanas se exigió que los sacerdotes o frailes tuvieran que ser ciegos a fin de que dichos varones no pudieran contemplar a las mujeres que adoctrinaban o que guiaban a la fe católica. Puede que, si el origen de la hermandad de Málaga fue el que dice la tradición, dichos frailes malagueños copiaran del convento franciscano de Granada o viceversa.

Tanto el primer título de la hermandad, Ntra. Sra. de la Guía, como el segundo de la "Conversión de San Pablo", aludían al simbolismo de la fe para acercar a los que, andando "ciegos" en la visión del alma, ven la luz del Evangelio, como le ocurrió a San Pablo cuando iba camino de Damasco para perseguir a los cristianos (un resplandor del cielo lo tira del caballo, dejándolo ciego, y Ananías le devuelve la vista al imponerle las manos en nombre de Cristo). Y la Virgen es el camino y la Guía que conduce hacia esa conversión.

En Granada hubo dos hermandades de Ntra. Sra. de la Guía: una de ellas en la Catedral, con imagen que aún se venera en este templo metropolitano, situada en la capilla del Cristo de la Penas, la segunda de su girola, que dio culto a esa imagen del arte alemán, probablemente de las que encargara la Reina Isabel la Católica,  para surtir de imágenes las mezquitas cristianizadas. En 1640 con motivo de las procesiones de desagravio a la Virgen por el libelo difamatorio contra su pureza inmaculada, la hermandad de la Guía de la Catedral, acudió por primera vez en procesión hasta el Triunfo, con más de cinco mil hachas de cera, la caballería y toda la nobleza de Granada, según Henríquez de Jorquera. La otra hermandad fue ésta que aquí tratamos titular de los ciegos de la ciudad. 

Por ahora, muy pocos datos se tienen de esta última hermandad granadina, especialmente de los siglos XVI y XVII. De este último, sólo la existencia de una visita pastoral a la hermandad en 1644, realizada el día siete de enero de ese año, siendo arzobispo de Granada D. Martín Carrillo de Alderete. En dichas visitas de examinaban los libros de cabildos y cuentas la cofradía, el estado de su patrimonio y la rendición de cuentas de sus mayordomos. Concretamente, en la visita referida se examinó la gestión del mayordomo de 1643, Luis Carrasco, que resultó debiendo a la hermandad 242 reales de vellón, que tuvo que abonar al mayordomo sucesor, Antonio de Zambrano (1).

También se deduce de dicha visita pastoral que las elecciones anuales (plazo de los mandatos en la generalidad de las hermandades) se celebraban en septiembre, pues el día 21 de ese mes cesó el mandato del mayordomo de 1642-1643, para ser sustituido por el referido Antonio de Zambrano. También en esa fecha el patrimonio de la hermandad consistía en doce censos que le reportaban unos 900 reales y recaudó ese año de limosnas otros 1.275 reales.

Como hemos referido, la fundación de la hermandad se realizó en el siglo XVI en el Convento de San Francisco, pero la visita pastoral citada fue a las hermandades residentes en el término parroquial de San Ildefonso, refiriéndose en dicha visita que la hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Conversión de San Pablo "se sirve en el Convento de Ntra. Sra. de las Mercedes" de mercedarios calzados.


Convento de la Merced junto a San Ildefonso, segunda sede de la hermandad

No sabemos la fecha en la que la hermandad cambió de sede, aunque ya estaba en el convento de la Merced antes de 1643, recibiendo en este convento la capilla primera de la derecha según se entraba en la iglesia de dicho convento, la que se situaba debajo de la torre del templo, y junto a ella, la de Ntra. Sra. de la Asunción o del Tránsito, hermandad de esta advocación que también estaba establecida en el convento de la Merced.

Traslado de sede al Convento de la Victoria

Ya no se tiene noticias de la hermandad de la Guía hasta 1707 o 1708 en que se produce un traslado de la cofradía al convento de Ntra. Sra. de la Victoria, de mínimos de franciscanos de San Francisco de Paula, que estaba situado en la Cuesta de la Victoria,  que parte del Paseo de los Tristes hasta la calle de San Juan de los Reyes, junto a la muralla que bajaba antiguamente del Albaicín por la Cuesta del Chapiz. Allí, los mínimos le ofrecieron la primera capilla de la derecha, entrando a la iglesia, seguramente la que ocupaba la hermandad de la Asunción de Nuestra Señora.

Dichas noticias se refieren en un pleito y de una visita que se inicia en 1711 con la intervención del Fiscal de Testamentos y Obras Pías del arzobispado, D, Juan Gómez de Escobar, en el que nos informa, entre otras cosas, de dicho traslado al convento de la Victoria, como nueva sede de la hermandad, donde por disposición de la autoridad eclesiástica se ordena que se agregue a la Hermandad de la Asunción de Nuestra Señora de dicho convento que se encontraba en precaria situación y contaba con menos hermanos que la hermandad de Ntra. Sra. de la Guía.

Como consecuencia de la aludida visita, por auto de 15 de marzo de 1711 se ordena que no haya más que un libro de cuentas y otro de cabildos para ambas hermandades, donde se anoten todos los hermanos indistintamente con asistencia del notario y todos lo hagan con el nombre de Ntra. Sra. de la Guía, ni tengan ambas hermandades mayordomos separados, sino unos únicos mayordomos. Era una apuesta clara por la absorción de la Hermandad de la Asunción, formando una sola, por estar esta última casi perdida.

Seguramente, la experiencia no muy positiva del funcionamiento de la fusión de las dos hermandades, puesta de manifiesto durante los años anteriores, sería la que llevó a tratar de poner orden en la hermandad con estas normas, determinándose que se tomaran las cuentas a los mayordomos de los diez años anteriores y que se cobraran con diligencias judiciales por los mayordomos de dicho año 1711 las cuotas de entrada y corrientes de los hermanos no cobradas y las limosnas, realizando estas diligencias de seis en seis meses hasta que la hermandad quedase reintegradas de las deudas.


Convento de Ntra. Sra. de la Victoria, señalado con el nº 9 en la Plataforma de Ambrosio de Vico, hacia 1630. Lo señalado como carrera del Darro es el hoy Paseo de los Tristes

También se trató de poner en orden algunas irregularidades, tales como, que se anotaran los nombres de los hermanos asistentes a los cabildos y no sólo anotar que estaba presente la mayor parte de la hermandad o que los conflictos y asuntos económico se dedujeran ante tribunal eclesiástico y no ante la Justicia Real o que los mayordomos no realizaran préstamos con el caudal de la hermandad procedente de limosnas o venta de bienes (2)

La hermandad presentaba cierta singularidad y era la práctica de préstamos a los hermanos, no sabemos si incluso a otros particulares, mediante la dación en prenda por parte del solicitante del préstamo de joyas y otros efectos en compensación o garantía de la cantidad prestada. Era como el mantenimiento de un pequeño "monte de piedad", que alguna otra hermandad, como la de Santa Rita, lo tenía como uno de sus fines principales, y que derivó en este último caso en entidad de crédito (Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Granada). Esta actividad prestamista fue limitada o casi suprimida por la autoridad eclesiástica en esta Hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Asunción,


Finalmente, se mandó hacer, si fuere necesario, un inventario de los bienes de la hermandad en el que se indicara cuales procedían de la de Guía y cuales venían de la Hermandad de la Asunción, aunque todo reflejado en un único libro. Esto ocurría durante el mandato del hermano mayor Bernabé Berruezo, siendo mayordomo el ciego Francisco Díaz, que reunieron la hermandad en cabildo al día siguiente para dar cuenta del auto.


Pero otro conflicto se produce en el año 1713 cuando los directivos de la hermandad piden licencia para vender dos coronas de plata y utilizar también 300 reales que tiene en el arca la hermandad y un censo de 80 reales que había redimido Luis Pedro de Mora; todo ello, para realizar con su producto un estandarte con vara y cañón de plata. El fiscal del arzobispado informa que se debe de denegar la utilización de producto del censo redimido para dicho fin, y al igual que habían estado hasta ese momento sin estandarte que siguieran sin él.


Convento de la Victoria tercera sede de la hermandad, donde se fusionó con la de Asunción. Foto subida por Fran Feve.

Al denegar la petición el asunto se complica al acusar el hermano mayor de ese año Bernabé Berruezo al del año anterior, Luis de Espinosa, que era ciego, y al mayordomo de haber malbaratado el dinero del censo redimido y de haber pedido Espinosa un préstamo a la hermandad, empañando para ello unos zarcillos de oro, que con esta finalidad habían entrado en el arca de la cofradía, y que cumplido su mandato el cabildo le perdonó los 100 reales del préstamo, por el buen trabajo que había realizado en la hermandad, en el seguimiento de sus pleitos y en atención a que era pobre y privado de la vista, devolviéndole a Espinosa, acto seguido, los zarcillos de oro empeñados.

Bernabé de Berruezo, hermano mayor de ese año 1713, acusaba de ese acto de condonación de la deuda al cabildo y a Luis de Espinosa, alegando que el haber trabajado en su cargo para la hermandad era su obligación y no debía de habérsele compensado por ello el débito del préstamo. De todas formas los zarcillos estaban otra vez en poder de la hermandad, pues Berruezo se había valido de la argucia de pedírselos a la esposa de Luis Espinosa para la fiesta de San Félix de Cantalício, que había sido canonizado en 1712, y luego se negó a devolvérselos hasta que no pagara los 100 reales del préstamo.

Ante dicho despojo de los zarcillos, Espinosa acudió al Alcalde de Corte a pesar de haber prohibido la autoridad eclesiástica dirimir esos asuntos de la hermandad ante la Justicia Real, denunciando este hecho el hermano mayor Berruezo y reafirmándose en la no devolución de los zarcillos.


El pleito se resolvió por auto de 4 de agosto de 1713 a favor de Luis de Espinosa, determinando el Juez del Juzgado de Testamentos y Obras Pías que se le devolvieran los zarcillos a Luis de Espinosa, sin que sirviera de precedente, el dar a los directivos satisfacción o recompensa por el trabajo realizado en la hermandad durante su mandato.

Por lo visto, el tal Bernabé Berruezo era una persona de fuerte y conflictivo carácter, que ejercía con sus partidarios un férreo dominio sobre los cabildos, no dejando libremente votar a algunos de los hermanos que mantenían posturas contrarias a sus deseos, provocando ciertos altercados con voces y alborotos, según afirmaban los opuestos a su forma de dirigir la hermandad.  También se dio el caso de querer dirimir sus conflictos retando con su espada a sus oponentes, tratando de obligar a luchar al hermano Juan de la Rosa, ofreciéndole una espada para ello; como lo hizo en el Peso de la Harina, cerca del convento de la Victoria, con el hermano mayor de 1712.

También, afirmaban que había sido expulsado de la cofradía de penitencia de la Sangre de Jesucristo, cuando la hermandad residía en el Convento de la Merced.

Ntra. Sra. de la Guía en el Convento de la Victoria en 1816

Pero continuaron las diligencias contra Berruezo a finales del mes de agosto de aquel año, pidiéndole el Juez Juan Gómez de Escobar, que declarara qué fiesta tenía prevenida celebrar el día de la Natividad de Nuestra Señora, que se desarrollaba el día 8 de septiembre; qué gastos pensaba realizar y el destino de los mismos y cuándo terminaba su mayordomía.

La hermandad celebró el cabildo de elecciones dicho día de la Natividad de Nuestra Señora, resultando elegidos Bernabé Berruezo, como hermano mayor y Sebastián Cortés, como mayordomo. Dicha elección no fue admitida por el grupo de Luis de Espinosa aduciendo que se había excluido a los ciegos de los puestos de gobierno y mayordomías que les correspondían por reglas y costumbre, pues solo se había nombrado a un ciego de oficial. Esta ausencia de hermanos ciegos en la junta directiva vino a ahondar en los agravios que meses antes habían producido los enfrentamientos que hemos expresado. Lo cierto es, que esta parte de la hermandad optó, con el consentimiento de los mercedarios calzados, por volver al convento de Ntra. Sra. de las Mercedes en octubre de ese año de 1713, donde la cofradía había residido "desde tiempo inmemorial", cediéndoles los frailes la capilla donde siempre estuvo la hermandad, en la que se celebró un cabildo de elecciones el día 29 de dicho mes y año, presidido por el Padre Comendador, Juan de Cassas (mercedario). Cabildo que presentó varias irregularidades, entre ellas, no estar presente el secretario de la hermandad, Francisco Munuera por no haberlo encontrado.

De ese cabildo, celebrado en la antigua capilla de Ntra. Sra. de la Guía en dicho convento (la que estaba debajo de la torre), salieron elegidos Francisco de Alba, como hermano mayor, y Luis de Espinosa, como mayordomo. En el documento vienen los demás componentes de la junta de gobierno u oficiales de la hermandad, que contaba con tres alcaldes: Sebastián de Balderrama, vidente, Francisco Díaz y Francisco Hidalgo, que eran ciegos; dos padres de almas: Pedro Alarcón y Alonso Garrido, ambos videntes; dos veedores de bienes: Miguel del Castillo y Cecilio Fernández; cuatro diputados: Torcuato de Espigares, Leonardo Martínez de Buenrostro y Joseph de Aragón, ciegos, y Juan de Godoy, vidente. Como fiscal, Diego de Montes.

Los libros, alhajas, documentos y demás efectos de la hermandad habían quedado en el convento de la Victoria en poder de Bernabé Berruezo y Sebastián Cortés, que les fueron reclamados. No sabemos sí también la imagen de Ntra. Sra. de la Guía, aunque es extraño que no aparezca en la reclamación, por lo que se podía pensar que pudieron habérsela llevado consigo al convento de la Merced. A la Merced vuelven como Hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Conversión de San Pablo, y denominan a Berruezo como mayordomo de la Asunción de Nuestra Señora, intentando quebrar con ello la fusión de ambas hermandades. 

Contra esta decisión de traslado se querelló el Fiscal General de Testamentos, Jerónimo Navarro, para la que no había dado licencia; que con ese acto y cabildo se habían apropiado de la hermandad, participando en él personas, que, incluso, no eran hermanos, convocando un cabildo para el que no tenían facultad. El fiscal pidió para Luis de Espinosa y sus partidarios, que se les prendiera como reos, se embargasen sus bienes y se les expulsara de la hermandad.   

El juez de Testamentos y Obras Pías, D. Juan Gómez de Escobar, dictó auto el 15 de noviembre de 1713, por el que declaraba nulo el cabildo celebrado por los disidentes en el convento de la Merced y la elección de cargos realizada en él: les conmina a que no pidan limosnas con el título de oficiales y que todos los hermanos que participaron en el cabildo celebrado en la iglesia del convento de la Merced sirvan a la hermandad en el convento de la Victoria, donde tiene su sede canónica y cumplan la regla sin introducir innovaciones. 


Grabado de la otra imagen de Ntra. Sra. de la Guía, la de la Catedral en siglo XIX. Casa de los Tiros

También la Hermandad de la Sangre de Jesucristo, según el testigo Pedro de Morales, estaba tratando de regresar al convento de la Merced donde fue fundada en el siglo XVI y que recientemente se había trasladado al de la Victoria. Puede que los frailes mercedarios le hubieren pedido, asimismo, que regresara a la Merced.  

Ni la Hermandad de la Sangre ni la de Ntra. Sra. de la Guía, ésta después del auto del Juez de Testamentos que lo prohíbe, vuelven al convento de Ntra. Sra. de las Mercedes, quedando en el de la Victoria, hasta la supresión y desamortización de éste último convento en 1835.

Durante el resto del siglo XVIII la hermandad celebraba cinco fiestas al año: el 25 de enero, fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo; día de la Asunción, 15 de agosto; el día de la Natividad de la Virgen, 8 de septiembre; el 1 de noviembre, día de Todos los Santos y el día de Santa Ana, como fiesta particular. Asimismo, con hermandad de entierros y sufragios pagaba 33 misas a los hermanos difuntos procedentes de la de Guía y 16 a los que procedían de la Hermandad de la Asunción.

La Hermandad de la Guía con muchos hermanos, como hemos dicho, también tenía propiedades urbanas y rústicas, probablemente debido a diversos legados de sus hermanos y devotos. Tenía, entre otros, un cortijo en el Pago de Andarax, en la alquería del Fargue; diferentes fincas en Gabia la Chica; casas en la Tinajerías, Triunfo; tres en la Cuesta de la Alhacaba; casa en la calle de las Vacas, feligresía de San Juan de los Reyes, esta procedía de la Hermandad de la Asunción, su agregada, y alguna otra más.

La Virgen de la Guía, que parece que era de talla, según los grabados, se la sobrevestía, pues en el inventario aparecen prendas de vestir, como una saya verde de lienzo, una basquiña de tafetán celeste y una armilla de raso encarnado, también al Niño Jesús que llevaba en el brazo izquierdo se le vestía y un cetro en la mano derecha de la Virgen. Otras alhajas de oro y plata guardaba la hermandad en un cajón dentro del arca, procedentes de distintos empeños por préstamos.

Tenemos noticias puntuales de la Hermandad durante el resto del siglo XVIII, como el impago sobre los años 1778 y 1779 de un censo sobre media tienda en la Alcaicería propiedad de la parroquia de San Gil, que su mayordomo de fábrica mayor lo da por incobrable, lo que da idea de que la economía de la cofradía no se hallaba en buen momento. Por no reconocer los réditos impagados de un censo sobre una casa en la Caba sobre un puentecillo del río Darro fue demandada en 1790, perdiendo el pleito incoado (3). Estos débitos los siguió manteniendo hasta después de 1820, por lo que la hermandad se mantuvo, al menos, hasta la exclaustración y cierre del convento de frailes mínimos de Ntra. Sra. de la Victoria en 1835, en que la hermandad se disolvería.

Asimismo, en 1809, la hermandad celebraba su función anual con jubileo en el mes de octubre en su capilla del convento de la Victoria, pues así lo anunciaba el "Diario de Granada" de 21 de ese mes y año. La predicó Fray Antón de Almohalla, lector del convento (4).

También hay una noticia de que en 1769 hubo en la iglesia albaicinera de San José un altar o capilla de Ntra. Sra. de la Guía. No sabemos si es que por esos años la hermandad pudo estar en la iglesia de San José o es que hubo una imagen de esta advocación en ella (5).

No sabemos adónde se llevó la imagen de Ntra. Sra. de la Guía tras el cierre de convento de Ntra. Sra. de la Victoria; puede que como otras tantas obras de arte y devoción de los conventos suprimidos se llevaran al museo creado en el convento de Santa Cruz la Real y después se enviara a alguna parroquia de la provincia o se vendiera o cediera a particulares, como ocurrió en algunas ocasiones. Lo cierto es que una hermandad y devoción granadina, iniciada años después de la reconquista de la ciudad, desapareció y se esfumó, sin dejar rastro alguno. Esperemos que investigaciones futuras nos aclaren estas incógnitas.

No obstante, la devoción a Nuestra Señora de la Guía a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se materializó en una asociación de señoras que visitaba a la Virgen de la Guía de la Catedral todos los días 28 de cada mes.




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1. Archivo Histórico Diocesano de Granada (en adelante AHDGr), legajo 122 f (a) pieza 2.

2. AHDGr, legajo 29 f, pieza 37.

3 AHDGr, legajo 402 f, pieza 2.

4. Diario de Granada de 21 de octubre de 1809.

5. AHDGr, legajo 90 r, 5, pieza 22.






domingo, 23 de junio de 2019

HERMANDAD DE SANTA BÁRBARA DEL CONVENTO DE LA VICTORIA


SANTA BÁRBARA



Antonio Padial Bailón


Santa Bárbara, virgen y mártir, fue muy venerada en la antigüedad. Nació en el año 273 en la ciudad Nicomedia la antigua capital de Bitinia (hoy en Turquía), ciudad a orillas del Mar de Mármara, en la parte asiática y frente a Constantinopla (Estambul), a la entrada del estrecho del Bósforo. Era hija del tirano Dióscoro que tenía en tan alta estima la belleza de su hija que la encerró en una torre para sustraerla a la acechanza amorosa de cualquiera.

Destinada por su padre para casarla con un "gran partido", un hombre noble y rico, ella lo rechazó, pues, habiéndose convertido al cristianismo decidió mantener su virginidad contra la opinión de su enfurecido padre. En la torre pidió que se le construyera un baño para convertirlo en ermita para adorar a la Santísima Trinidad, convirtiéndose en lugar de curación y milagros. Tan tenaz oposición al casamiento desencadenó el castigo de Dióscoro, consiguiendo la hija huir y esconderse en una cueva en la montaña, donde fue encontrada finalmente y determinó sacrificarla a los dioses paganos.

Su martirio consistió en desgarrar sus carnes con rastrillos con Bárbara atada a un potro, para después tenderla sobre un lecho de cerámicas cortantes y quemarla con hierros candentes. No bastó esto para quebrantar el espíritu de la Santa y destrozado su cuerpo la envió al juez que dicto condena de muerte por decapitación, acto que llevó a efecto en el año 306 por su propio padre en una colina cercana, en cuyo momento, cuenta la leyenda que se oyó un trueno y un rayo surcó el cielo para acabar con la vida del Dióscoro.

Sus reliquias, muy veneradas, fueron trasladadas a Constantinopla y entre finales del siglo X y principios de XI se trasladaron a Venecia por una princesa bizantina, donde estuvieron hasta 1108  en que otra princesa griega, llamada Bárbara las llevó a la ciudad ucraniana de Kiev al casarse con un príncipe ucraniano. En esta ciudad en el monasterio de Michailovsky-Zlatoverj estuvieron sus restos hasta el siglo XIX, que con las guerras napoleónicas fueron llevados a la isla veneciana de Burano, donde reposan parte de sus restos en la iglesia de San Martín y otra parte están en el monasterio de Santa Bárbara del municipio griego de Ática. Y con aquella costumbre antigua de descuartizar los restos de los Santos, una falange de un dedo se conserva en la iglesia de Moncada (Valencia).


Santa Bárbara tuvo una devoción muy extendida por Europa y España, siendo introducida en nuestro país a finales del siglo XV o principios del siglo XVI. Esta Santa es patrona de los artilleros y oficios que manejan la pólvora y explosivos, como los mineros, canteros..etc., así como de los electricistas por leyenda del rayo que mató a sus padre tras la decapitación.

Granada no se sustrajo a esta devoción desde el siglo XVI, siendo patrona de la antiquísima fábrica de pólvoras del Fargue, que lleva su nombre. La producción de pólvora en Granada, con los llamados molinos de pólvora, data de la época musulmana, hacia 1230, y la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos llevó a los monarcas a conservar la actividad bajo el mando del Alcaide o Gobernador de la Fortaleza de la Alhambra y después de la Real Hacienda, hasta que en 1812, cuando huyó de la ciudad el ocupante francés los molinos de pólvora fueron explosionados, así como diversas construcciones de defensa, como la voladura de parte de palacios nazaríes. En 1850 asumen las competencias el Cuerpo de Artillería del Ejercito y en 1961 el Ministerio de Industria que crea la empresa "Santa Bárbara".




Sede de la Hermandad: Convento de la Victoria en 1870. Foto subida a facebook por Fran Feve


Su hermandad de Granada

En Granada tuvo su hermandad con sede en el Convento de Mínimos de Ntra. Sra. de la Victoria situado entre la Cuesta del Chapiz y la Cuesta de la Victoria, a la que dio nombre el convento. Convento donde tuvo San Juan de Dios fue enterrado como su primera sepultura. Este cenobio fue muy pródigo en hermandades, especialmente de penitencia, como la de la Humildad de Jesucristo y sus asociadas de Jesús Nazareno, San Pedro y la de San Francisco de Paula con procesiones del Miércoles Santo. 

Por ahora, son escasísimas las noticias tenemos de esta hermandad  granadina de Santa Bárbara, que casi se reducen a las que nos ofrece un legajo del Archivo Histórico Diocesano de Granada que trata sobre una ampliación de sus reglas en 1734. Es probable que sus hermanos pertenecieran a gremios relacionados con la fabricación de la pólvora, como los trabajadores de los molinos del Fargue o maestros y operarios de talleres dedicados a fabricar fuegos de artificio para las fiestas.

Tampoco sabemos la fecha de su fundación, aunque pudiera haberse efectuado a finales del siglo XVII. El documento que nos da noticia de esta hermandad trata sobre la solicitud de los mayordomos Francisco Antonio Bejarano, Andrés  Bustos, Gerónimo Ortiz y Joseph de Godios para la aprobación por la autoridad eclesiástica de lo determinado por la hermandad en un cabildo de enero de 1734 para incorporarlo a las reglas de la misma.


Convento de la Victoria con el nº 9 (1590-1595) en la Plataforma de Vico; detrás la Cuesta del Chapiz y a la izquierda el río Darro y el Hoy Paseo de los Tristes

Dicho cabildo había acordado que en los gastos de la fiesta de la Santa, que se celebraba todos los años el día 4 de diciembre, no se gastase más de 800 reales de vellón y lo que excediere de dicha cantidad lo abonasen los mayordomos de su propio peculio y no lo cargaran en las cuentas de la hermandad. Era muy común que los hermanos mayores y los mayordomos por ansias lucimiento y emulación, unos con otros o con otras cofradías, con espíritu de derroche se excedían en gastos de cera, colgaduras, músicas, fuegos artificiales y otras parafernalias, que a veces dejaban a las hermandades en difícil situación económica. En otras cofradías, en las que eran los mayordomos asumían los gastos o parte de ellos, eran estos los que sufrían deterioro en sus economías, llegando a empeñarse en muchas ocasiones, e incluso, a sufrir pena de cárcel si no podían satisfacer sus deudas.  

Esos excesivos gastos provocaban que la cofradía se viese obligada a recortar otras prestaciones de obligado cumplimiento, por así determinarlo sus constituciones, como los cumplimientos en sufragios de sus hermanos difuntos y atención a sus viudas y huérfanos. También provocaban enfrentamientos entre los hermanos y sus distintas facciones, así como, entre los hermanos mayores y mayordomos salientes y los que les sucedían, por el hecho de que esas conductas despilfarradoras dejaban las arcas de la hermandad exhaustas para los hermanos mayores y mayordomos entrantes.

Estas medidas, que determinaban que se cargasen y sufrieran los gastos excesivos de las fiestas y funciones los peculios de los mayordomos, eran vistas con agrado por la autoridad eclesiástica, y en este caso de la Hermandad de Santa Bárbara fue aprobada la petición inmediatamente, con el informe favorable del fiscal general del arzobispado, D. Joseph Ventura de Córdoba, y la aprobación de la ampliación de la regla en ese sentido por auto de 14 de junio de 1734 del provisor y vicario general de la diócesis, D. Alonso Diego de Guzmán y Bolaños, siendo arzobispo de Granada D. Felipe de los Tueros y Huerta (1).


Santa Bárbara 1773, grabado en Casa de los Tiros

La hermandad aún perduraba en 1769 según el informe arzobispal de ese año, y más allá de 1773, pues hay un grabado de ese año que le realizaron los mayordomos Manuel García, Joseph Ariza, Joseph Rivera y Antonio Tello, perdiéndose la hermandad, seguramente, con la ocupación napoleónica de la ciudad en 1809-1812. 

Tras la exclaustración del convento y expulsión de los frailes mínimos en 1835 los edificios del cenobio se dedicaron a diversos usos, como cuartel en 1839, colegio de la Compañía de Distinguidos, se alojó la Guardia civil, hasta 1848, o proyecto de Hospital Militar, que no llegó a realizarse. Mientras los edificios sufrieron deterioros y ruina importantes, e incluso de la muralla de la ciudad, límite del convento por la Cuesta del Chapiz. En 1855 se utilizó para los enfermos del cólera que ese año se declaró en la ciudad (2).



Vista de Granada en 1855 por Alfred Guesdon. Convento de la Victoria los edificios que sobresalen a la derecha 
Finalmente, con el convento e iglesia semidestruidos y sin éxito las diversas propuestas o proyectos para el mismo, se procedió a la subasta en 1870 por 540.-Ptas., lo que indicaba que lo valorado consistió en el solar y los materiales que aun existían. Granada, su historia y arte volvían sufrir la pérdida de uno de sus monumentos más interesantes, realizado a principios del siglo XVI en el estilo del último gótico, aunque en los siglos siguientes se complementaran con otros elementos renacentistas y barrocos, especialmente en los retablos de la iglesia. La escasa valoración de los conjuntos artísticos por parte de las autoridades e instituciones, como ha ocurrido en tantos monumentos y edificios artísticos o de morfología popular ha propiciado la destrucción progresiva de gran parte de una ciudad única e irrepetible, tanto en el arte como en su historia.  


La Imagen de Santa Bárbara

No sabemos que imagen sería a la que diera culto la hermandad, pero lo cierto es que con la exclaustración o supresión en 1835 del convento de franciscanos mínimos de San Francisco de Paula, muchas de sus imágenes se repartirían entre diversos templos. Algunas de sus imágenes las recogió la iglesia de San Pedro, como la de San Francisco de Paula, parece que un Cristo de la Columna y la Dolorosa, hoy con el nombre de Virgen de las Maravillas. También la Catedral recogió algunas imágenes de conventos suprimidos en la referida fecha.


SANTA BÁRBARA. IGLESIA DEL SAGRARIO

Respecto a la de Santa Bárbara, que se sepa, hay dos imágenes de esta santa: una en la Catedral y otra en la iglesia del Sagrario, seguramente y al menos una de ellas, es muy probable que sea la Santa Bárbara del convento de la Victoria. Ambas imágenes están en unos pedestales; el de la Catedral reposa su pedestal sobre el suelo y la del Sagrario sobre repisa en la pared de la capilla de Ntra. Sra. de la O o de los Remedios. Dichas imágenes de Santa Bárbara ninguna se corresponde al programa iconográfico de las capillas donde se encuentran, denotando que han sido puestas en tiempo posterior o relativamente reciente.

La que está en la Catedral, parece corresponder a los patrones estilísticos de principios del siglo XVII (hacia 1610), quizás de Bernabé de Gaviria o Alonso de Mena, y la del Sagrario parece de finales del XVII o principios del XVIII, que puede ajustarse más a la época de la fundación de la hermandad de Santa Bárbara del convento de mínimos de Ntra. Sra. de la Victoria. Sin embargo, la de la Catedral se ajusta más a los dos grabados existentes sobre esta imagen, aunque no siempre estos reproducían fielmente la imagen, y ambas llevan la simbología o atributos de la torre y la palma del martirio en la mano (hoy carecen de dicha palma), aunque la del Sagrario lleva asimismo la espada.



También hubo otra imagen de Santa Bárbara en uno de los altares de la ermita de San Miguel el Alto, según un informe realizado en 1769 sobre altares e imágenes en las iglesias de Granada, de la que actualmente no se sabe su paradero (3).

Asimismo, en la portada de la Basílica de San Juan de Dios figura un relieve que representa una  escena de la vida de Santa Bárbara, flanqueando a la imagen del "Santo de los Pobres" por su parte izquierda, así como otra de San Ildefonso en su derecha. Todos estos relieves en mármol se deben al escultor granadinos José Ramiro de Valdivia y Ponce de León, que los realizaría hacia en la década de los años cuarenta del siglo XVIII.  




Santa Bárbara. Portada de San Juan de Dios

También en la iglesia de la Magdalena existía en la sacristía un lienzo de Santa Bárbara en 1865, del que no sabemos si aun allí permanece. También allá por los años veinte y treinta del siglo pasado existió una Asociación de Señoras de Santa Bárbara con sede en la iglesia de San Felipe Neri (Perpetuo Socorro), que tributaba cultos a la Santa (4). Probablemente, puede ser la que encargase una imagen de la Santa en 1947 al obrero, quizás de la Fábrica de Pólvoras del Fargue, Miguel Madero que estuvo tributándole culto en la Basílica de Ntra. Sra. de las Angustias, y que se llevara a la capilla de la fábrica de dicho barrio extramuros.    

La festividad litúrgica es el día 4 de diciembre y no sólo se limitaba a la ciudad de Granada el culto a Santa Bárbara, también en diversos pueblos de la provincia se la veneraba, como en el de Íllora con una ermita dedicada a la Santa, situada en el castillo de esta localidad, e igualmente en la de Ugíjar; en las Albuñuelas existía una imagen de ella y en Alquife, como patrona de los mineros con capilla en los Pozos.


Santa Bárbara, Patrona de Baza

Quizá la devoción a la Santa más significativa en la provincia sea el la ciudad de Baza, de donde es patrona desde que instituyeron dicho patronazgo los Reyes Católicos al conquistar la ciudad en 1489 el día 4 de diciembre, festividad de Santa Bárbara. La imagen de la patrona de Baza se conserva en el Museo Arqueológico de dicha localidad, del que se saca cada año para la procesión de dicha festividad litúrgica.

Una hermandad granadina dedicada a la Santa y apenas conocida de la que esperemos encontrar nuevos documentos en el futuro que vayan completando su historia, que vayan ampliando el conocimientos de tantas hermandades antiguas granadinas, que formaron parte de la historia devocional de Granada y de su historia popular y social.

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1. Archivo Histórico Diocesano de Granada, legajo 29 f, pieza 8.

2. Acale Sánchez, Fernando,  "Siete propuestas de uso para recuperar un edificio y cuatro demoliciones para perderlo. El Convento de la Victoria (1835-1870): de cuartel a hospital" en Cuadernos de Arte de la UGR, 2007.

3. Archivo Histórico Diocesano de Granada, legajo 90 R, 5, pieza 22.

4. "El Defensor de Granada" de 3 de marzo de 1925 y de 3 de diciembre de 1930. 




viernes, 1 de diciembre de 2017

ANTIGUA Y VENERABLE HERMANDAD DE SAN NICOLÁS DE BARI





Antonio Padial Bailón

La Iglesia de San Nicolás

Una de las iglesias más conocidas de Granada, la iglesia de San Nicolás, con su famoso Mirador, se eleva donde la mirada se recrea con unos de los paisajes más bellos e idílicos de España, ante las colinas coronadas por los palacios nazaritas de la Alhambra y Generalife, y el renacentista de Carlos V; a los pies, el Darro (el Dauro de los romanos) y la ciudad de Granada, entre el verde de su Vega y la blancura nívea de la Sierra Nevada. Allí, en la vieja Alcazaba de Hizna-Román, se fundó en 1501 la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, una de las más antiguas de Granada.


Será el Papa Inocencio VIII el que concede a los Reyes Católicos una Letra Apostólica de fecha 4 de agosto de 1486 por la que autoriza dicha erección, en la que entre las futuras iglesias ya aparece la de San Nicolás, santo arzobispo de Mira. 

Fue la tercera iglesia en construirse en Granada sobre una antigua mezquita de la Al-Kasba musulmana, en el recinto de lo que fue la Eliberri ibérica. Se finalizó en 1525, dirigida por el maestro de obras Rodrigo Hernández. Quizá, también, fue la primera aljama que levantaron los ziries cuando llegaron a Granada. 

Lo relativamente temprano de su construcción hizo que se mezclaran en ella elementos góticos con mudéjares, siendo su interior de una sóla nave con capillas a ambos lados, que presentan arcos ojivales con el presbiterio, éste con personalísima planta semi-octogonal. También, el exterior contaba con dos puertas externas, una a los pies y otra tras la iglesia, hoy clausuradas, con arco de ese estilo. La actual portada de medio punto con las dependencias adyacentes es un añadido de finales del siglo XVIII o principios del XIX.

Restos de la iglesia de San Nicolás con el techo provisional después del incendio provocado de 1932


Iglesia de San Nicolás (1521) con la placeta mirador

Su Venerable e Ilustre Hermandad

No se sabe la fecha exacta de la fundación de la hermandad de San Nicolás de Bari, aunque podemos colegir si nos atenemos a la época de la primera imagen titular, tuvo que fundarse en la segunda mitad del siglo XVII. Antes de acceder a la sede granadina el arzobispo Alonso Bernardo de los Ríos (1677-1692) la hermandad ya estaba fundada pues este prelado fue cofrade de la misma.

No obstante, antes de fundarse la hermandad de San Nicolás existió otra, seguramente de finales del siglo XVI o principios del XVII, titulada  de Nuestra Señora y San Nicolás, pero dicha hermandad desaparecería o se transformó en hermandad de San Nicolás de Bari. Esta antigua corporación estaba muy ligada a Universidad de Granada y a la Universidad de Beneficiados, que acudía a la iglesia en el día del Santo (6 de diciembre) a ganar jubileo y celebrar su función con parafernalia de timbales, trompetas y clarines, cuyos componentes accedían al lugar montados a caballo. 

La primera imagen del santo parece una obra de taller, probablemente de la primera mitad del referido siglo XVII, que a partir de 1650 se colocará en el altar mayor de la iglesia de la que era su titular. La devoción que iba adquiriendo la imagen situada, como decimos, en el presbiterio, desembocó en la fundación de la hermandad que subsistiría en los siglos siguientes.

San Nicolás de Bari. Imagen primitiva, hoy en la iglesia de San José
Entorno a esta imagen antigua creció la devoción en el Albaicín al Santo de Bari, que fue obispo de Myra en el siglo IV de nuestra era. No obstante, la devoción al Santo se había extendido por el orbe cristiano, a cuya advocación se crearon en el mundo más de 2.000 iglesias dedicadas al santo.

Se tienen pocas noticias de esta hermandad, pero la devoción al santo ha llegado hasta tiempos muy recientes, como se dirá más adelante. De lo que conocemos de la hermandad se refiere principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Así en 1760 la hermandad realiza nuevas reglas, que fueron aprobadas por el arzobispo Barroeta y Ángel el 24 de julio de 1761.

A partir del año 1775 conocemos los datos de su libro de cabildos para nombramiento de hermanos mayores y mayordomos y entrega de cuentas, en las que se da noticia de los cargos directivos de la hermandad y otros hechos. Así sabemos que en 1776 se restaura un retrato del arzobispo, que seguramente sería el de Fray Alonso Bernardo de los Ríos, que había sido hermano de la corporación, y que se hicieron 100 estampas litografiadas de San Nicolás. La hermandad también contaba con diversos benefactores por su devoción al santo, algunos de la aristocracia granadina, como la Condesa de Luque que hacía aportaciones periódicas (1).

También la hermandad por esas fechas realizaba una misa los viernes y un rosario nocturno por las calles de la feligresía, seguramente por las almas de los hermanos fallecidos, pues, como la mayor parte de las hermandades, también tenía obligaciones de entierro y sufragios de sus cofrades.

Desde 1778 se venían produciendo ciertas actitudes del párroco y beneficiado de San Nicolás, D. Juan Romero y Palma contrarias a los mayordomos de la hermandad, que eran en ese año Andrés Pacheco y Pedro de Estrada. En un escrito al Provisor-Vicario de la diócesis denuncia que los mayordomos habían recogido las limosnas y las habían extraviado y, por ello, no habían podido realizar la función ni traer el Santo Jubileo. El Provisor ordena en un auto que los mayordomos hagan las funciones que son de su cargo y den cuenta de las limosnas recogidas.


Vista de San Nicolás y su mirador. Foto de Beatriz Carmona Lozano


Los mayordomos se defendieron, alegando que las tablas donde se ponía el Jubileo no estaban a cargo de los mayordomos, sino de Diego de Alcaudete, que ese año se había olvidado de poner en dicha tabla los días en que se acostumbraba a celebrarlo; que los hermanos que daban las limosnas la mayor parte eran de los pueblos y, en menor medida, de la ciudad; y que era el sacristán quién los conocía y quién trataba con ellos, cobrándoles las misas aplicadas sin entregar el dinero, en cierta connivencia con los encargados de recorrer los pueblos (partidos). Ellos tenían los libros de asiento de hermanos, sin quererlos entregar, y los que los conocían y por ello no podían los mayordomos saber cuántos eran los cofrades a quienes cobrar. Además, les entregaban falsas indulgencias que no eran las que tenía concedidas la hermandad.

En estas circunstancias, los mayordomos habían procedido a quitarle las funciones a los encargados de recoger las limosnas y al sacristán, por lo que resentido había éste acudido al nuevo párroco, induciendole a plantear la denuncia contra los mayordomos y, especialmente, contra Joseph de Estrada. Éste, para evitar más polémicas, parece que llegó a un acuerdo de pagó por él de los gastos de la función del santo del 6 de diciembre y quedó como mayordomo, junto con los dos entrantes, Salvador Jiménez y Francisco Cano, siendo, por lo tanto, tres los mayordomos que hubo en el siguiente año de 1780.

La hermandad logró tener muchos hermanos y devotos por los pueblos cercanos a la ciudad, especialmente en Peligros y Pulianas, que era obligación de los mayordomos recorrerlos para reunir las cuotas y limosnas de dichos devotos. Pero, en 1782, para que los mayordomos se dedicaran más a su labor se nombraron unas personas llamadas "añeros" encargadas de realizar estas actividades de recaudación, si bien, como se ha relatado, se habían expulsado a los anteriores "amigos" del sacristán.

A partir de 1783, se aprecia una crisis en la hermandad, que reduce considerablemente sus ingresos, y que no pudo menos que repercutir en el esplendor de sus celebraciones, suprimiéndose los gastos en música y desistir de llevar a sus funciones los tambores y otras parafernalias. Quizás, esto condujo a que, el día 19 de junio de 1787 se nombrara  por la autoridad eclesiástica un hermano mayor sacerdote en la persona del prebendado de la Catedral, D. Juan Romero, con lo que quedaba prácticamente intervenida la hermandad. Para darnos idea de la grave situación que en que se encontraba diremos que el presupuesto de la hermandad ese año fue sólo de 140 reales, una octava parte de lo normal.

Da la impresión de que los mayordomos, ante la penuria de la hermandad en esos años, se deshicieron de muchas alhajas del santo, pues en un documento de 12 de septiembre de 1789 el mayordomo Nicolás Valverde y Montoro alegaba que "(...) carece de las alhajas precisas para el adorno y decencia para el culto del Santo, y  que, noticioso de la confraternidad que había con la hermandad del Sr. San Roque, sita en la dicha iglesia de San Nicolás,  y que esta está en posesión de diversas prendas y alhajas que servirían a nuestra hermandad, por haberse ésta en suma decadencia (...) y que la de San Roque se halla enteramente destituida de hermanos (...) Suplico a V.M. mande se entreguen las alhajas y efectos de la hermandad de San Roque para el expresado fin".


Una nueva imagen de San Nicolás de Bari


Pero la crisis no duraría mucho tiempo, pues en 1789-1790, deciden los directivos encargar una nueva imagen de San Nicolás de Bari al escultor granadino Juan José de Salazar (1718-1790), escultor de avanzada edad para aquella época, y que falleció el día 8 de mayo de 1790, dejando la imagen sin finalizar. Sería Juan de Arrabal, nacido en Loja, y en otro tiempo colaborador de Salazar, (2) quién finalizaría la imagen del santo, que ese mismo año sería entregada a la hermandad, dirigida en ese momento por los mayordomos Nicolás Valverde, Faustino Barragán y Juan  de Morales.




La nueva imagen, de mayor tamaño que la primitiva, había sido realizada para ser vestida con  capa pluvial, mitra y báculo. Al entregársela a la hermandad, ésta la colocó presidiendo el manifestador de la capilla mayor de la iglesia de su nombre. En cuanto a la imagen antigua del santo se la trasladó a una capilla situada en el atrio de la iglesia, que al parecer, tenía una reja o cancela a la plaza para que los fieles pudieran en todo momento ver esta primitiva imagen, que era la que gozaba de gran veneración de la gente. De hecho, se habían suscitado ciertas polémicas por el cambio de la imagen entre los miembros de la hermandad y entre los devotos.

Revestida la nueva talla del santo le faltaba el báculo y la mitra; estas prendas de plata habían sido regaladas a la antigua imagen por el racionero de la Catedral Joseph Bazán, con la condición de que no se prestaran, pues, en tal caso, deberían de ir a adornar la imagen de San Blas de la misma iglesia. Al encargarse la nueva escultura del santo estas piezas de plata se le quitaron a la antigua por orden del Visitador, enviándose a las casas de contraste de la ciudad para su valoración y depósito, de ahí que los mayordomos, una vez realizada la nueva imagen, solicitaron su entrega a la hermandad, para que con ellas, y añadiendo la plata necesaria, sirvieran para hacer un nuevo báculo y mitra más grandes a la nueva imagen del santo, ya que se había labrado de tamaño natural por los escultores dichos.

En agosto de 1790 se llevan el báculo y la mitra al Fiel Contrastador de la ciudad, Manuel López Portero, certificando éste que el báculo tenía 49,75 onzas de plata con un valor de 895,50 reales de vellón y 17 maravedís, y su hechura costaba 395 reales, lo que hacía un total de 1275 reales y 17 maravedís. Con el valor de la mitra sumaban 58 onzas de plata. 

El Provisor autorizó que se empleara dicha plata en el nuevo báculo y que la hermandad pusiera la plata que faltara para las nuevas alhajas, ordenando que se las presentaran acabadas en el término de un mes.

Los mayordomos cumplieron el compromiso y, además, realizaron una caja de plata con sus dos llaves para guardar las Sagradas Formas en el sagrario de la iglesia, pidiendo que se anotara en el inventario y se diera de baja el cintillo y la capa pluvial de la antigua imagen (3).


Litografía de 1794 con la imagen nueva. Casa de los Tiros

En estos años finiseculares los mayordomos de la Hermandad de San Nicolás lograron gran influencia en la parroquia, a los que habían erigido en comisarios de aseo y adorno de la iglesia, quizá como consecuencia de haber logrado la destitución del sacristán por las prácticas fraudulentas que se produjeron hacía veinte años y que hemos comentado anteriormente. 


La silla del Santísimo

Como se ha dicho, la Hermandad de San Nicolás había restaurado el dorado de las capillas y donó la caja de plata del sagrario, así como, realizaría otras muchas liberalidades para la iglesia, como el arreglo de la silla del Santísimo, que la hermandad de este título poseía para que el párroco llevara el Viático a los enfermos de la parroquia. Precisamente, por esta silla se produjo en mayo de 1790 un altercado entre ambas hermandades (la del Santísimo y la de San Nicolás).

Los mayordomos de la Hermandad de San Nicolás, en el ejercicio de "administración" del templo que venían manteniendo en esta época, habían prohibido al sacristán la entrega de la silla a la Hermandad del Santísimo, que a su vez, la había prestado a la del mismo título de la iglesia del Salvador, como lo venían haciendo con otras parroquias del Albaicín. La razón que esgrimían los mayordomos era, que la silla había sido donada, hacia 1780, para que se usase por la parroquia de San Nicolás y no otras iglesias o particulares. Ante esta negativa de los mayordomos de la Hermandad de San Nicolás, los del Santísimo denuncian el hecho a la autoridad eclesiástica, que abrió un proceso por este asunto.


Silla de mano usada en el siglo XVIII
La silla había sido donada por Dª Melchora Lasso de la Vega, viuda de D. Nicolás de Barrera, portero de cámara de la Real Chancillería de Granada, la que usaba su marido para ir este alto órgano judicial.  

Dª Melchora declaró como testigo que la silla la había donado a la parroquia con la condición expuesta, y sin que dicha prenda hubiera sido cedida en concreto a ninguna de las hermandades con sede en la iglesia. Sin embargo, reconocía que la hermandad de San Nicolás era la que había pagado su reparación hacía dos años y sus arreglos siempre que era necesario, lo que venía causando "desazones" entre ambas hermandades de la parroquia. 

Por esta razón, y para evitar conflictos, realizaba ante el notario en ese momento expresa donación de la silla a la Hermandad del Santísimo, para que se usara en llevar el Viático a los enfermos, con la exigencia de que esta hermandad pagara los gastos de los arreglos de la pieza. Asimismo, nombraba como fiscales para velar por su cumplimiento a los mayordomos de la Hermandad de San Nicolás, y si se incumplía esta condición, la silla pasaría a esta última hermandad, y en caso de no aceptar, a la Hermandad del Santísimo del Salvador.

Por lo visto, los hermanos de la Hermandad del Santísimo solían promover sonados disturbios en la iglesia y éste era uno de ellos:  "Que no se verifiquen disturbios en el Santo templo por haber muchos hermanos del Santísimo no civilizados y que verifican mucho desorden en los cabildos de dicha hermandad y en la de San Blas y Ánimas, que ni el beneficiado ni personas de autoridad pueden contenerlos" y que, "(...) para evitar semejantes desordenes pedimos que el notario vaya asistido del alguacil y se haga saber a la Hermandad del Santísimo con la moderación y reverencia que merece el templo". 

Después, y a pesar de esos negativos informes sobre los hermanos de la hermandad del Santísimo, Dª Melchora insiste en donarles la silla, Parece ser, que recibió presiones de personas de esa hermandad, pues declara que se presentaron dos mayordomos en su casa para preguntarle si había sido ella la donante o su marido en testamento, respondiendo que había sido ella y que se ratificaba en que la silla fuera para esta hermandad del Santísimo y había firmado el escrito correspondiente.

Se piden las alhajas de la Hermandad de San Roque por la de San Nicolás. 1791.

La Hermandad de San Roque, sita en la misma iglesia, había quedado perdida y con escasos hermanos por la actividad de malversación que habían efectuado sus últimos mayordomos, y el provisor-vicario general de la diócesis determinó recoger las demandas, alhajas y demás bienes de la hermandad para depositarlos en la Oficina de Visitas del arzobispado. 


San Roque. Litografía de la Casa de los Tiros

No se le entregaron a la Hermandad de San Nicolás las prendas pedidas de la Hermandad de San Roque, pues, enterados del asunto los hermanos que quedaban de ésta, solicitaron el restablecimiento de la misma, y como consecuencia, el provisor denegó la entrega de esos bienes a los de San Nicolás.

Pero en junio de 1791 los mayordomos de San Nicolás vuelven a la carga, alegando que la hermandad se había hecho cargo del arreglo y adorno de la capilla de San Roque, que estaba muy descuidada, y que, también estaban al cuidado de la iglesia, habiendo invertido cantidades en el dorado de las capillas, arcos y repisas de dicha iglesia, porque las demás hermandades de la misma se hallaban con "muchas escasez y miseria". Se ofrecían los de la Hermandad de San Nicolás al realizar las gestiones para restablecer la Hermandad de San Roque y, en su defecto, emplear las cantidades que resultasen del valor de las alhajas en el dorado del retablo de dicho santo.

Esta solicitud también se vio denegada, pues conocida por el beneficiado de la iglesia y algunos hermanos de San Roque, se reúnen el 26 de julio de ese año (1791) dicho beneficiado, el sacristán, dieciocho hermanos y oficiales que fueron de la hermandad y deciden, cumpliendo los decretos del arzobispado, restablecer la hermandad, y elegir, ante la proximidad de la fiesta del santo, hermano mayor, mayordomo, dos comisarios y secretario, obligándose a cumplir las constituciones.

Al día siguiente el Visitador de las Iglesias, Antonio Muñoz Patón, ordena se le entregue a su hermandad la imagen de San Roque, las constituciones, los bienes, alhajas y los libros de cabildos y de cuentas depositados en su oficina a la nueva junta, quedándose la hermandad de San Nicolás sin obtener los bienes solicitados (4).


Iglesia de San Nicolás. Pintura de Gerald Palmer. Se ve el tabernáculo del presbiterio y San Nicolás en altar de cultos a la izquierda 


Se traen a Granada unas reliquias del Santo de Bari

Por noticias de 1797 del diario del siglo XVIII, El Mensajero Económico y Erudito de Granada, conocemos que la hermandad de San Nicolás celebraba a las seis de la tarde una novena al Santo a principios de mayo, que finalizaba el Domingo de la Santísima Trinidad. Pero ese año tuvo un especial significado por haberse traído desde Bari (Italia) una reliquia del Santo, para colocarla en la nueva capilla que la hermandad había construido para la imagen (5)

La reliquia, que venía en una caja herméticamente asegurada, se abrió el día 4 de mayo, segundo día de la novena, actuando como notario del acto el deán de la Catedral, en ausencia del provisor de la diócesis, y en presencia del cabildo y de los jueces eclesiásticos, dando al acto la mayor solemnidad. Se escribía:

"Estas reliquias, que consisten en varias redomas (frascos) del licor llamado Santo Maná, que destilan los huesos del Santo, y en la esponja que los ha tocado muchas veces para su extracción . Se han traído con tales resguardos y apoyados en auténticos documentos, que es menester ser incrédulo para dudar de su legitimidad ".

A parte de la noticia de la traída de estas reliquias del Santo de Bari, cuyo paradero actual desconocemos, y que posiblemente se perdieran con el incendio de la iglesia en 1931, es relevante que en 1797 o algo antes, se le realizó al santo una capilla propia. Desde la hechura de la nueva imagen, en 1790, sabemos que ésta se había colocado en el altar mayor de la iglesia, que parece que era una especie de tabernáculo, la noticia es que en ese año de 1797 se le realiza una nueva capilla, que se potenciará devocionalmente con estas reliquias, que se trajeron de Bari, según el periódico. 

Otra noticia curiosa que proporciona el periódico Diario de Granada en 1808, es que a la hermandad se le perdió una cerda y el mayordomo de ese año, Francisco de Teba, lo anuncia, ofreciendo una gratificación a quien la encuentre y devuelva. Quizás, entre las donaciones y promesas que se realizaban a la hermandad estaban estas en especie, como animales y otros productos. Ese mismo día se anunciaba la celebración del duodenario, que se realizaría todos los meses del año y que en el mes de diciembre coincidía con la festividad del santo, el día 6 de diciembre. 

Por lo visto, a la hermandad se le perdían otras cosas, pues el 17 de julio del siguiente año de 1809, se extraviaron unos recibos de cobranza de cuotas de hermanos en el trayecto que el cobrador recorrió de la Plaza de Gracia al Zacatín.

Después de la Guerra de la Independencia contra el invasor francés, la hermandad continuaba con sus cultos de la novena al santo, que comenzaba el sábado de Pentecostés y finalizaba en el Domingo de la Santísima Trinidad. Así se anunciaba en 1813, en cuya función iba la música de la Santa Iglesia Catedral y se impartía la comunión a los hermanos (6).

Un milagro de San Nicolás

Ocurrió el día 15 de abril de 1821. Un vecino de la placeta de San Nicolás, Juan Peñas "Juanete", que vivía con su hermana María en una habitación alquilada, en la casa inmediata al aljibe de San Nicolás de dicha placeta, tenía fama de joven juerguista y trabajaba como empleado de un horno de pan en la placeta albaicinera de la Charca. Había salido con cuatro amigos juerguistas como él, uno de ellos cristiano viejo, y estuvieron de taberna en taberna tres días continuados. Después de la jarana volvió ebrio a casa de su hermana, exigiendo a ésta de malos modos, entre blasfemias y maldiciones, que le diera de comer.

Aljibe de San Nicolás y casas adyacentes

Salió enfadado de la casa y marchó a sentarse en los poyetes que hay en la plaza, frente a la Alhambra, en ese mirador de ensueño que hoy conocen gentes de multitud de países. Allí, siguió profiriendo blasfemias contra Dios, la Virgen y San Nicolás, notando, a eso de las seis de la tarde, que iba perdiendo la vista, lo que causó en "Juanete" una enorme desesperación. Lo llevaron al horno de la Charca, donde trabajaba, propiedad de maese Miguel Sabán, dónde lo tendieron en una capilla que estaba encima del horno, y en la que pasó la noche sin alivio y entre sollozos. 

Al día siguiente, Carmen, la hija del hornero y su madre, Maesa Carmen Roxas, lo llevaron al poyete de la plaza de San Nicolás para ver si se aliviaba con el aire fresco y la llovizna que caía. En este lugar se encontraron con Juan Sierra, alias el Roquete, cortador de carnes y lidiador de toros, que le hizo unas pruebas, sin resultado alguno. De ahí, lo llevaron a unas boticas de las Calderería y de la calle de Puentezuelas, y, finalmente, a otra de plaza de la Compañía (donde hoy está la iglesia de los Santo Justo y Pastor), en la que el boticario, F. Ferrer, le recetó unas píldoras, que no pudieron pagar por no tener dinero, regresando al horno albaicinero.  

Al día siguiente, 17 de abril, lo visitó su amigo, Juan Amador, y le dio unas estampas de San Nicolás y de la Virgen de las Angustias, aconsejándole que se encomendara al santo. Creyendo "Juanete Peñas", que había quedado ciego por su vida desordenada, le pidió a su hermana, al vendedor de bollos de aceite y fideos, Juan de Tapia, y a varios amigos que lo llevaran "a la capilla del Santo Viejo", adosada a la iglesia de San Nicolás. 

Eran las cuatro de la tarde "(...) y lo sentaron en la placeta en un poyo y después a la puerta de la capilla del Santo viejo, que cae a la misma placeta, se hincó y agarró a la reja". Juanete, arrodillado en el escalón de entrada "lloró tembloroso, como azogado, y clamó a Dios y a San Nicolás, durante un cuarto de hora, sudando copiosamente". Le dijo a su hermana María que estaba viendo el cordel de la lámpara de la capilla y el báculo de la imagen, afirmando que veía más que antes, con lo que los presentes empezaron a dar gracias a Dios y a gritar ¡Milagro...Milagro!

Después, todos entraron en la iglesia a dar gracias a Dios y a San Nicolás, saliendo del templo rodeado de vecinos y amigos, deteniéndose, porque llovía,  en la puerta principal de la iglesia, (hoy clausurada), donde encontró junto al aljibe a su vecina Nicolasa, que le dijo " ¿Ves ya Juanete?", contestándole éste "que la veía con lechugas en las manos, como así era, efectivamente" (7).

Esta narración, además de darnos una idea de las vivencias de aquella Granada de hace dos siglo (por eso lo he descrito con cierta minuciosidad), nos sitúa en la existencia, ubicación y aspecto de la capilla de la imagen de San Nicolás "antigua" (hoy en la iglesia de San José), con la que, probablemente se fundara la hermandad.

Cuando en 1790 se labra la nueva imagen por los escultores Salazar y Juan de Arrabal, a la que en principio el pueblo le profesaría escasa devoción, (de hecho, como se ha comentado, hubo alguna polémica por haber sustituido la imagen), la antigua se colocó en una capilla adosada a la iglesia en la parte de la puerta lateral de entrada a la misma (hoy la única existente), y que los documentos consultados la sitúan en el atrio o porche de la iglesia. Esta zona, añadida entonces, la constituye hoy la entrada a la iglesia y dependencias laterales. 

Allí, se colocó la imagen vieja del santo con una reja al exterior para que el pueblo la siguiera venerando, como lo ha seguido haciendo hasta nuestros días en la iglesia de San José, donde se trasladó cuando fue incendiada la de San Nicolás en el año 1932. 


La entrada hoy a la iglesia, estimamos que fue la capilla del Santo antiguo

Pudiera haberse realizado esta puerta en 1828, cuando un rayo cayó en el templo el 21 de febrero de ese año, y hubo que realizar obras, cerrando las primitivas puertas de los pies y la lateral izquierda, ambas apuntadas, posiblemente para reforzar los muros (8).


Después de la Guerra de la Independencia la devoción al Santo de Bari fue creciendo; a la iglesia acudían multitud de personas en peregrinación los días 6 de cada mes para ganar el jubileo y realizar promesas a un santo de taumatúrgica fama. Dichas peregrinaciones se sucederán a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX.  

La primera procesión de rogativa de la que tengo constancia escrita es la que se produjo con ocasión de la epidemia de cólera de 1833-1835 que causó gran mortandad entre la población. La hermandad en esta ocasión, atendiendo a las peticiones de los fieles organizó una procesión de rogativa en la que se llevaron las imágenes de San Nicolás y de San Roque de la misma iglesia - ésta parece que es la que hoy se conserva en la iglesia de San José-, otro santo taumaturgo en los casos de epidemias. 

El final de la procesión fue el Convento del Santo Ángel Custodio, donde las clarisas franciscanas recibieron en su templo las imágenes para celebrar una novena en los días siguientes, y a la que asistieron los Cabildos de la Catedral, de la Capilla Real y del Sacromonte; la Colegiata del Salvador y las comunidades religiosas de la ciudad; la Universidad de Curas y Beneficiados. La Venerable Hermandad de San Pedro, de sacerdotes esperaba a la puerta del Santo Ángel Custodio, que en esta fecha estaba en su lugar primitivo, en la esquina de las calles Angosta de la Botica y de la Cárcel Baja. Dicha hermandad recibió a las imágenes con su pendón e insignias.   

En los días siguientes a la novena se vio disminuida la virulencia de la epidemia, y para finales del mes de agosto, ya se había superado la dolencia. De esta manera, el día 31 de agosto de 1835 se devolvieron en una procesión de aclamación a las imágenes de San Nicolás y de San Roque a su iglesia albaicinera, entre vivas y aplausos de los fieles y el estruendo de la pólvora, acudiendo el barrio agradecido a recibir en la plaza de San Nicolás a sus veneradas imágenes y entonándose un Te Deum en acción de gracias (9)

También, veinte años después, en 1854, la epidemia reapareció y los vecinos de acuerdo con la hermandad decidieron llevar a la Catedral en procesión de rogativa a la imagen de San Nicolás, entre filas de devotos y hermanos con velas y cantando la letanía de los santos. Fue el día 26 de noviembre de ese año y recibió a la hermandad el cabildo de la Catedral, colocando la imagen en el presbiterio y en el lado de la Epístola; la Virgen de las Angustias, presidiendo en el centro; y la de San Miguel en el lado del Evangelio.

En los días siguientes se realizó una novena y una misa de pontifical el día 6 de diciembre, día de su festividad, por el arzobispo de entonces, D. Salvador José de los Reyes (10). La Catedral fue engalanada para estas ceremonia y para la festividad de la Inmaculada, celebrada dos días después.

En esta epidemia de cólera murieron más de 15.000 personas, pero fue disminuyendo de forma paulatina. En el mes de febrero fueron devueltas, en única procesión, las imágenes de San Nicolás  y San Miguel, separándose las comitivas de ambos santos en la plaza albaicinera de la Charca y continuar cada una a su templo.  

Ya por esas fechas, y desde 1842, la parroquia de San Nicolás había sido suprimida, para integrarla en la de San José, quedando la iglesia del santo como ayuda parroquial de ésta última. Esta zona del Albaicín se estaba quedando paulatinamente despoblada, aunque la devoción al santo se mantenía en auge.

El duodenario a San Nicolás vendrá celebrándose cada mes a lo largo de todo el siglo XIX, y su fiesta y función principal del 6 de diciembre en un acto muy concurrido y una verdadera romería muy del agrado de los ciudadanos granadinos de la segunda mitad de ese a siglo. La Plaza de San Nicolás, que se llenaba de gente venida del resto de la ciudad y de los pueblos cercanos, empezaba a ocuparse a partir de las cuatro de la tarde, y seguramente, finalizaba con la procesión del santo por el Albaicín.

Una descripción curiosa realizó el periódico "El Defensor de Granada" en la romería de 1884:

"Los de la ciudad habían sacado de sus cofres los vestidos más elegantes y los sombreros de adornos mas originales. Los del barrio del Albaicín visten de españolismo, con sencillas flores, mantones de Manila, trajes sencillos de percal y lanilla, los de la ciudad: el polisson, los polvos de arroz y los corsés.

"La costumbre de visitar el Santo es muy antigua en Granada, con muchos devotos que colocan emblemas de agradecimiento en su iglesia y numerosísimas velas de aceite y cera y promesas del día 6. Dicen que, a última hora, las señoras y señoritas de los polissones se batieron en retirada y las del pañuelo quedaron dueñas del campo". Era, por lo tanto, un fiesta muy participativa de todas las clases sociales de la ciudad unidas por la devoción al santo y en la que se aprovecharía para contemplar sus reliquias y la magnifica colección de tapices flamencos, hoy en el Museo de la Catedral, porque se salvaron de la quema de la iglesia de 1932.




Me da la impresión que los citados tapices eran propiedad de la hermandad de San Nicolás, pues es ésta la que los deposita en la Catedral en el año 1928. También un artículo del diario "El Defensor de Granada de 1900, así lo afirmaba y los situaba adornando la zona de entrada a la iglesia.

Se cree que dichos tapices flamencos los realizó el tapicero de Bruselas Reolants hacia la segunda mitad del siglo XVII, probablemente en base a pinturas o cartones de Rubens, Van Dyck o Boeckhorst.

"La Visión de la Cruz"
       

Sobre finales del siglo XIX y principios del XX la romería se realizaba todos los meses el día 6, y era tal la afluencia, que desde el Pilar del Toro, entonces situado al inicio de la Calderería y a lo largo de toda esta calle, por donde solían subir los devotos del santo, se llenaba de pobres y pícaros pidiendo limosna, y "bien entonados de aguardiente" según un artículo de la prensa local, que sigue diciendo (11):

" Los más madrugadores, son los que vienen de los pueblos, donde la devoción está muy extendida (...) El sube y baja de las gentes es incesante durante todo el día". Muchos de estos peregrinos subían al Albaicín descalzos y con velas encendidas.

En esta época la imagen nueva del Santo, la de 1790, se había quitado del tabernáculo del presbiterio y se había colocado  en un pequeño camarín a la derecha del mismo sobre un altar portátil rodeado de flores y lámparas y velas, mientras la imagen antigua permanecía en la capilla de la entrada lateral, construida cuando se realizó la nueva imagen de Juan Arrabal y Salazar.


Los fieles, al llegar a la iglesia, la recorrían de rodillas varias veces y se postraban ante la imagen nueva, para continuar hacia la capilla de la antigua , en la que aparecía el santo rodeado de los exvotos (muletas, trenzas...etc.) puestos allí por los fieles en agradecimiento por los milagros y favores dispensados por el santo, exvotos que cubrían todas las paredes de la capilla.

Parece ser, que a principios del siglo XX la mayordomía de la Real Hermandad de San Nicolás (de Real se la denomina en esos años, sin saber en qué fecha obtendría este título), se concedía a personas de la alta burguesía granadina, concretamente en 1908 eran mayordomos Dª Mariana Tello de Toledo y D. José Méndez Vellido, que costeaban los cultos y la función principal, así como, la que por esos tiempos se celebraba por la hermandad para la Santísima Trinidad, de la que fue gran defensor San Nicolás de Bari.

Sin embargo, a mediados de los años veinte del pasado siglo la prensa tachaba de pobre a la Hermandad de San Nicolás, fijando como causas de su decadencia la supresión de su parroquia por la despoblación de su demarcación y su lejanía del centro de la ciudad, con difícil acceso por las calles en cuesta que había que subir para acceder al templo. Ello provocaba que las visitas de los fieles se limitaran a los días 6 de cada mes y con sus limosnas la hermandad sólo podía costear la función anual, la fiesta del Misterio de la Santísima Trinidad y una misa semanal. De todas formas, ya desearían las hermandades actuales poder celebrar unos cultos tan continuados, para los que se abría la iglesia desde la 7 de la mañana, hasta la hora de ánimas (12).

En la primavera de 1924 se agravaron las circunstancias de permanencia de la hermandad, que prácticamente era la que usaba el templo, con el hundimiento de parte de la techumbre de la iglesia debido a las lluvias. La hermandad celebró en agosto de ese año una rogativa para pedir la obtención de recursos para realizar las obras que se estaban realizando. 


Imagen de San Nicolás, tal vez de Torcuato Ruiz del Peral, que hoy está en la iglesia después de la última restauración
Dicho año, el 6 de diciembre se hizo un triduo y la función al santo, ungiendo a los fieles con el bálsamo de San Nicolás; entonces era hermano mayor D. Joaquín María de los Reyes, catedrático pontificio, que también asumió el cargo de tesorero, y lo seguirá siendo en los siguientes años, lo que da idea de las circunstancias de precariedad en las que estaba la hermandad.  Al siguiente año, será mayordomo D. Miguel Rodríguez Acosta, banquero e industrial de la ciudad. Por este tiempo, se aprovechaban los cultos para realizar otra función a los hermanos fallecidos de la cofradía (13)

La iglesia en los años siguientes se abrirá únicamente para los cultos a San Nicolás los días seis de cada mes, y como se ha dicho, en 1928, la hermandad decide (seguramente por D. Joaquín de los Reyes) trasladar los tapices flamencos a la Catedral, quizás para preservarlos del deterioro de las obras, aunque éstas iban lentísimas. Así siguen las cosas hasta el desafortunado incendio del 12 de agosto de 1932 en el que se perdió la imagen nueva del Santo y la antigua parece que fue recogida de los escombros por una devota vecina.

Estos acontecimientos supondrían la desaparición de la hermandad centenaria, pero no de la devoción al Santo de Bari, cuyos fieles seguirán acudiendo a visitar a la imagen del Santo Viejo , salvado de la quema y que se había trasladado a la capilla de la Inmaculada de los zapateros, que hoy ocupa en la iglesia parroquial de San José, junto con las imágenes de San Crispín y San Crispiniano, dichos Santos Zapateros, (la bella Inmaculada, atribuida de Diego de Mora, se puso en un pedestal en la nave de la iglesia, donde aún permanece).

En este templo se ha ido celebrando sus cultos por los devotos y el párroco hasta finales de los años setenta del pasado siglo, y aún hoy, acuden fieles a la iglesia de San José los días 6 de cada mes. Una devoción que se ha ido extinguiendo como la llama que se apaga por falta de aire.



San Nicolás en la última restauración

Los donativos para reconstruir la iglesia de San Nicolás empezaron en 1935, y siempre fueron escasos. Se realizaron obras para cerrar le techumbre del templo y otras de acondicionamiento y mantenimiento, pero su definitiva terminación aún está pendiente. 

Se abrió la iglesia al culto hace unas décadas culto para funcionar de una forma intermitente,  venerándose hoy en su iglesia una imagen de talla de San Nicolás, que parece haber sido realizada por el escultor Torcuato Ruiz del Peral. También se ha colocado en el presbiterio por la cofradía de penitencia del Cristo de la Misericordia del Silencio una copia por puntos de esta portentosa imagen de José de Mora. 

Ansiamos y esperamos que las autoridades competentes finalicen las oportunas obras de recuperación total de la iglesia, para poder contar con este templo tan importante en la historia artística y devocional de Granada.


La imagen de San Nicolás antigua, tal como está hoy en la iglesia de San José con San Crispín y San Crispiniano en el retablo de la Inmaculada de la Hermandad de los Zapateros


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1.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 12 f, pieza 12 y otras.

2. GÓMEZ-MORENO GONZÁLEZ, MANUEL. Guía de
Granada. Edición facsímil. Editorial Universidad de Granada,
2ª edición, 1998, Tomo I, pág. 419.

3.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 12 f, pieza s/n.

4.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 12 f, pieza s/n.

5. Diario El Mensajero Económico y Erudito de Granada de 25 de mayo de 1797.

6. "Diario de Granada" de 4 de junio de 1813.

7.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 12 f, pieza 4.

8. BARRIOS ROZÚA, JUAN MANUEL. Reforma urbana
y destrucción del patrimonio histórico en Granada. Ciudad y
Desamortización. Universidad de Granada, 1998, págs. 501-504.

9. Diario " La Gaceta del Sur" de 28 de 28 de mayo de 1924.

10.  Diario "Eco de Libertad" de 6 de diciembre de 1854 y "La Gaceta del Sur" de 28 de mayo de 1924.

11. "El Defensor de Granada" de 6 de diciembre de 1900.

12. "La Gaceta del Sur" de 1 de enero de 1924.

13. "El Defensor de Granada" de 5 de diciembre de 1925.