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viernes, 26 de mayo de 2017

HERMANDAD Y COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE DE GRANADA







Antonio Padial Bailón

De antigua devoción en España, ésta de Nuestra Señora de Guadalupe, que se remonta al siglo XIII, aunque bucean sus antecedentes en época aún más remota, todo ello sazonado con una mezcla de leyendas y hechos reales.

Ya se decía, nada menos, que la imagen  del monasterio de Guadalupe había sido realizada en el siglo I en Palestina por el mismo San Lucas Evangelista y fue llevada a Bizancio (Estambul), donde se veneró hasta que el Papa Gregorio Magno se la regaló a San Leandro de Sevilla, donde se veneró hasta la invasión musulmana del año 711. De Sevilla la recogen en estas circunstancias unos devotos que huyen de la invasión y la esconden en una caja que depositan junto al río Guadalupe (Cáceres).

Sigue la leyenda afirmando que en el siglo XIII la Virgen se apareció al vaquero Gil Cordero y le dijo que existía una imagen de ella junto al río Guadalupe. Allí se trasladó el vaquero y en la búsqueda se le extravió una vaca, que halló muerta, pero que al desollarla el animal cobró vida. El vaquero pensando que aquello era una señal sobrenatural excavó en aquel lugar y encontró la caja con la imagen de la Virgen en su interior. 

 

En el fervor devoto de su descubrimiento, el vaquero Gil Cordero levantó en el lugar una cabaña para depositar y venerar a la Virgen, e hizo gestiones ante el clero para que se levantara una ermita en honor y veneración de la imagen. No fueron creídos sus relatos sobre la aparición, ni, por tanto, atendidas sus peticiones. Volvió el vaquero a implorar a la Virgen que fuera creído y al llegar a su casa encontró muerto a su hijo, y cuando los clérigos oficiaban sus exequias el niño se levantó de su lecho mortuorio, para asombro de los presentes, diciendo que una Señora lo había despertado y levantado.

Los representantes de la Iglesia creyeron milagroso el hecho, ordenando que se construyera una ermita en el lugar de la cabaña para venerar a la Virgen, que recibió el nombre del río a cuya orilla fue escondida, es decir, Guadalupe.

Será el rey Alfonso XI el que impulsará en 1340 la devoción a esta advocación de la Virgen al encomendarse a Ella en su campaña contra los moros y conseguir la victoria en la batalla del Salado en dicho año. En acción de gracias mandó ampliar la ermita y realizar un monasterio y albergue para los peregrinos. En realidad, esta nueva iglesia la mandó construir el rey entre 1335 y 1338, antes de la batalla del  Salado, después de esta batalla lo que hizo fue construir los edificios adyacentes.


La devoción creció a partir de ese apoyo real y se extendió por Castilla, y posteriormente, tras la conquista de América, por este continente, en especial en el virreinato de Nueva España (Méjico), cuando la Virgen se le aparece en 1531 y en otras apariciones al indígena Juan Diego, quedando la imagen impresa en su "tilma" o capa indígena. Desde 1754 es patrona de Méjico por declaración del Papa Benedicto XIV.



LA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE GUADALUPE DE GRANADA


El nacimiento y devoción de la advocación en Granada no fue fruto de la extensión de la devoción mejicana, sino de la más antigua española que nace, como hemos relatado, en la provincia de Cáceres, en el siglo XIII.

La reina Isabel la Católica parece que fue gran devota de la Virgen de Guadalupe, cuyo monasterio cacereño llegó a visitar quince veces. Así, al reconquistar la ciudad de Granada, en 1492, una de sus primeras obras importantes para recristianizar la ciudad fue la fundación en 1501 y construcción, a partir de 1504, del Monasterio de Santa Isabel la Real en el Alto Albaicín. En ese año los monarcas emitieron en Medina del Campo la Real Cédula de 15 de septiembre, dotando al monasterio de copiosas rentas, confirmada por otra de la reina Juana de 20 de febrero de 1509 (1)

La construcción del convento se realizó sobre un solar perteneciente al palacio del Daralhorra, que fue la residencia primitiva de los reyes granadinos antes de construirse la Alhambra, y que quedaría integrado para la posteridad dentro del recinto conventual.

Monasterio de Santa Isabel la Real

Los Reyes Católicos volvieron a Granada con su corte en julio de 1499, donde estuvieron hasta diciembre de ese año, y tras una estancia en Sevilla, regresaron a Granada en el mes de julio de 1500, después de la sublevación morisca. Fue en este momento, cuando la reina se decidió a llevar a efecto un programa urgente de cristianización de musulmanes más severo, sirviéndose como uno de sus instrumentos de catequesis el de fabricación de imágenes para las iglesias o mezquitas consagradas en 1501.

El maestro Ruperto o Uberto Alemán fue el que recibió el encargo en su taller de proveer de imágenes a las nuevas iglesias, que luego la reina se encargaba de distribuir como donación real, haciéndolo de forma personal algunas veces y otras a través de su confesor y arzobispo Fray Hernando de Talavera o de alguna de sus damas nobles. El grueso de estas imágenes lo realizó el maestro entre el verano de 1500 y el otoño de 1501.

Aparte de las imágenes de gran tamaño que se encargan para la Catedral (antigua mezquita mayor) realiza un tercer lote de imágenes de menor tamaño, de las que un tercio de ellas era de la Virgen con el Niño, que aparte de algunos pueblos se van a distribuir en las iglesias del Albaicín, donde residía el grueso de la población morisca que había de convertirse (2)


Todo me induce a pensar que es probable que para estas imágenes de la Virgen con el Niño, que eran de menos de un metro de tamaño, la reina dejara personalmente asignada la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe para esta fundación suya del monasterio de Santa Isabel la Real. La situación en el Albaicín del convento, primordial lugar adonde se destinaban estas imágenes del taller de Uberto Alemán, la época y el estilo de la imagen, la devoción que  la reina profesaba a esta advocación y el propio interés por la fundación del convento, propician, a mi juicio que la imagen de la Virgen pudiera tener este origen. 

Por otra parte, Uberto o Ruperto Alemán introdujo una técnica ya empleada en los Países Bajos, especialmente desarrollada en Utrecht, de donde parece que procedía el maestro,  para realizar esculturas en papier-maché o con cuero sumergido en agua y otros materiales parecidos al papelón, que facilitaban la maleabilidad en la realización de la escultura, así como, el menor costo y su poco peso para el transporte. Aunque no se ha podido apreciar de cerca la imagen, en la fotografía parece que puede haberse realizado de uno de estos materiales.

Poco estudiada la imagen por los expertos, al menos no conocemos ningún estudio que se haya realizado sobre ella, estas aparentes características me inducen a expresar la hipótesis de dicha autoría y su origen en las imágenes encargadas para el culto en las iglesias albaicineras por la Reina Católica. Está documentado el destino de algunas de ellas, a templos como San Juan de los Reyes, San Cristóbal, San José o El Salvador.

Compás de Santa Isabel la Real

LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE EN GRANADA

No sabemos la fecha en la que se constituyera la hermandad, aunque sí documentamos que su fundación fue anterior a 1612, probablemente durante los primeros años de ese siglo, sin que sepamos el año exacto. Ello es así, porque el hermano mayor del año 1634, Juan Lázaro, declara en la solicitud de aprobación eclesiástica de una ampliación o modificación de la regla que ésta "(...) abrá más de veinte años se fundó esta dicha regla", y que antes del año 1612, el Papa Paulo V (1605-1621) le concedió a la hermandad Jubileo Perpetuo con indulgencia plenaria a los hermanos y hermanas:  

" (...) y por la Santidad de nuestro (...) Papa Paulo V se concedió para todos los dichos hermanos Jubileo Perpetuo en indulgencia plenaria, y sobre ello se pagó su Bulla y Letras Apostólicas, conforme al estilo de la Curia Romana, y por el año 612 se dio licencia por el licenciado Guillames de Mendoza, Provisor de este arzobispado, para usar de este Jubileo".

Paulo V (1605-1621) de la Familia Borghese. 

Como era común en esa época, la hermandad pudo haberse fundado en el siglo XVI y actuar como tal sin necesidad de reglas o constituciones, siendo las primeras aprobadas antes de concedérsele el jubileo papal, pues es de suponer que sin este requisito no se le concedería dicho beneficio papal y letras apostólicas, que ya usará a partir de 1612.

En 1634, redacta nuevas reglas o ampliación de las que tuviera, siendo hermano mayor el dicho Juan Lázaro, y mayordomo Diego de Soto, que junto con otros oficiales: J. Delgado, Juan Yanguas, Diego López y Martín Yuste, solicitan el día 4 de mayo de 1634 la aprobación de la Regla "que de nuevo se a echo" (3).



La motivación que alegan para haber redactado nuevas reglas estaba en que no acudían los hermanos con tanto celo y fervor como se requería para obtener las gracias que se concedían en el jubileo papal. Por ello establecen una serie de ordenanzas obligatorias, redactadas en once capítulos, cuyo contenido vamos a sintetizar: 

La fiesta o función principal y la procesión con la imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, se celebraría en la Natividad de la Virgen, día 8 de septiembre de cada año, con misa cantada, sermón y procesión, con música y con todo el adorno y grandeza que nos fuere posible. Ese día había cabildo general de elecciones para elegir los cargos de la hermandad, mediante votación con un papelico que introducían los hermanos en un sombrero.

También, la cofradía celebraba las fiestas de la Candelaria, Asunción y Purísima Concepción, y como cultos normales durante todo el año, cada primer lunes de mes se había de decir una misa cantada con su responso y doble de campanas por todos los hermanos difuntos y ánimas de purgatorio, lo que nos remite a considerarla como hermandad de sufragios y entierro de hermanos, característica muy común en casi todas las hermandades de siglos pasados.

Presbiterio de Santa Isabel la Real con la Virgen de Guadalupe  en la hornacina central

Regía la hermandad y cofradía un prioste-hermano mayor (quizá con este doble título quería significar que realizaba manifestaciones públicas procesionales), también tenía un mayordomo, que tenga a su cargo todos los maravedises, y encargado de los bienes. El dinero y cera de la cofradía, los habría de guardar en un cajón con dos llaves y para utilizarlos necesitaba de la presencia del prioste-hermano mayor. Cumplido su cargo por el prioste-hermano mayor y mayordomo, ejercían el cargo de alcaldes en la nueva junta para ayudar a la administración de la hermandad.

El mayordomo estaba sometido a que los gastos que realizare los hiciera con acuerdo del prioste y de los veedores, salvo los gastos en las funciones, misas y procesión.  Sin esta aprobación lo gastado lo habría de asumir él de su peculio. Tampoco, sin esta conformidad podía prestar los bienes o enseres de la cofradía.

Un secretario que anotara en el libro de cuentas todo lo que se ingresara y gastara por la hermandad, y además, inscribir a los hermanos y hermanas que ingresaran en ella ,y si fuesen sancionados anotar la pena impuesta, sancionado al que lo contradijera con una libra de cera para la hermandad.

Asimismo, contaba con dos hermanos de sciencia y consciencia, que ejercían el arbitraje en los conflictos que se suscitaran entre los cofrades y en la hermandad. Esta premisa no fue autorizada por el Provisor de la diócesis. Por otra parte, se nombraban dos veedores, que vigilaban el cumplimiento de misas por los difuntos de la hermandad y un padre de ánimas, con función parecida a la de los consiliarios o directores espirituales actuales.


Para la aceptación de nuevos cofrades se requería cabildo, donde se estudiaba y debatía tenían las condiciones requeridas para su aceptación, votándose en secreto en el caso de haber controversia. Se pagaba una cuota de entrada de 8 reales, y si el hermano entraba con su mujer en la hermandad, ésta pagaba otro tanto. Además, los hermanos pagaban cada semana, seguramente en la misa de los primeros lunes de mes un cuarto de luminaria, teniendo con ello derecho a ocho misas cuando falleciere y acompañamiento al entierro de doce hachas encendidas y seis hachas a los hijos y criados para que acompañaran al difunto. El muñidor era el que convocaba a los cofrades para el entierro y repartía la cera.

Todos los hermanos y hermanas venían obligados a rezar cinco padrenuestros y cinco avemarías por el alma del difunto o la de sus hijos, "en onor y reberencia de las cinco llagas que ntro Señor Xto. recibió en la Stma. Bera Cruz por salvarnos".

Los cabildos generales tenían su protocolo. El secretario leía en voz alta la regla, después se levantaba el Prioste o el mayordomo, en su defecto, y con la regla en la mano exponía las razones y puntos del cabildo, a continuación, ponía la regla en la mesa y tomaba asiento. Se daba a la palabra a los hermanos que con la regla en la mano exponga sus opiniones y si no cogía la regla para ello, había de pagar una libra de cera. Era una formalidad solemne de mostrar o prestar con ello una especie de juramento sobre la veracidad y buena intención de lo que exponía en el cabildo, considerándose lo acordado en él como norma de obligado cumplimiento de presentes y ausentes.

Portada de estilo gótico isabelino de la iglesia de Santa Isabel la Real, con torre mudéjar

Con una curiosa disposición termina la regla, prescribiendo obligatoriamente: que cada hermano en su testamento deje a la hermandad una manda o donación, según sus posibilidades económicas por los beneficios materiales y espirituales recibidos de la hermandad; si moría sin testar, serían sus herederos los que asumirían este compromiso, según sus posibilidades y de lo que quedare libre o neto de la herencia recibida.

La Regla modificada fue aprobada por la autoridad eclesiástica el día 9 de mayo de 1634 por el Provisor y Vicario General de la diócesis D. Lucas Vela de Seyoane o Seoane (2).

Este Calvario se sitúa sobre la hornacina de la Virgen de Guadalupe en el retablo mayor

Unos años después, el Viernes Santo de 1640, apareció clavado en la esquina de la Casa del Cabildo de la ciudad (Palacio de la Madraza) un libelo difamatorio contra la pureza y virginidad de María, causando un enorme revuelo en la ciudad y entre las cofradías, que estuvieron prácticamente el resto del año celebrando procesiones y funciones de desagravio a la Virgen. 

La Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe, se aprestó a realizar su manifestación de protesta el día 8 de septiembre de dicho año, celebrando una grandiosa fiesta de desagravios a su patrona en su sede de la iglesia de Santa Isabel la Real, celebrando la misa un inquisidor y encargando el sermón a un famoso predicador de la época, Fray Francisco Sánchez, lector de teología del convento de San Francisco "Casa Grande". Era una forma de atraer fieles a la fiesta el concurso de reputados oradores sagrados.

Por la tarde de ese día sacaron en procesión la imagen de la Virgen de Guadalupe, llevando el estandarte de la hermandad D. Manuel de Cañaveral y Córdoba, Señor de la Villa de Beñalba. Asistieron a la procesión muchos caballeros notables de Granada, como D. Luis Fernández de Córdoba, caballero veinticuatro de la ciudad y familiar del Santo Oficio y el caballero de la orden de Calatrava, D. Antonio Zapata y otros más (4). 

Ese día, sábado, era el la fiesta de la Natividad de la Virgen, en el que la hermandad tenía prescrito por sus reglas celebrar la función principal de instituto.

En 1670, la Virgen se traslada a la hornacina que se abre bajo el Crucificado del círculo de Pablo de Rojas que preside el retablo, y que forma un Calvario con la Dolorosa y San Juan Evangelista, imágenes del siglo XVI, tal vez de Diego de Aranda, y de menor dimensión que la del Crucificado.

La Virgen de Guadalupe preside el retablo, bajo el Crucificado, desde 1670

Probablemente para situar a la Virgen de Guadalupe en el retablo mayor de la iglesia se encargaría un añadido barroco al retablo renacentista consistente en un manifestador y hornacina sobre él, para colocar en ella a Nuestra Señora de Guadalupe, que, seguramente, costearía la hermandad. 

Parece que la hermandad sufre una decadencia a mediados del siglo XVII, pues en esa época no estaba expuesta a la devoción pública, conservándose la imagen durante cierto tiempo en un altar del claustro alto del monasterio (5). Todo hace pensar, que al trasladar la Virgen al retablo mayor de la iglesia constituyera un síntoma de revitalización de su hermandad en ese año de 1670. 

Escasas noticias se tienen de ella en años sucesivos. Sabemos, no obstante, que la hermandad subsiste seguramente con cierto vigor en el siguiente siglo XVIII, pues el 13 de febrero de 1711 el Papa le concede indulgencia plenaria y otras gracias apostólicas a hermanos y devotos de Ntra. Sra. de Guadalupe (6)La imagen, nos dice el Padre de la Chica, contaba con numerosos devotos a mediados del siglo XVIII, teniendo fama de milagrosa. 

Con las nuevas corrientes ideológicas de la Ilustración y sus normas restrictivas para las hermandades y cofradías, pasada la mitad del siglo XVIII, la hermandad decaería, llegando a su extinción, si no lo hizo unas décadas después con la Guerra de la Independencia y la ocupación francesa de la ciudad en 1809.

Hoy nos queda la imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe y el recuerdo de esta histórica hermandad con sede en el convento femenino de clarisas, que fundara, en honor de Santa Isabel de Hungría, la Reina Católica, que está situado en el entorno siempre mágico del Albaicín granadino. 

Entrada al Compás de Santa Isabel la Real. Finales siglo XIX.Al fondo San Nicolás


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1. DE LA CHICA BENAVIDES, Fr. Antonio, Gazetilla Curiosa..., papel LIII, 1765.

2. PEREDA, Felipe La industria de las imágenes que mandaron para Granada los Reyes Católicos.

3. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 16 f, pieza s/n.

4. HERÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco. Anales de Granada, tomo II, págs. 869 y 870.

5. DE LA CHICA BENAVIDES, Fr. Antonio, opus cit. papel LIII, de 8 de abril de 1765.

6. LÓPEZ MUÑOZ Miguel Luis, Contrarreforma  y cofradías en Granada: aproximación a la historia de las cofradías y hermandades de la ciudad de Granada durante los siglos XVII y XVIII. Tesis doctoral, Universidad de Granada 1997.


martes, 6 de diciembre de 2016

HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS Y SEÑOR SAN PEDRO (Cofradía de Estudiantes)




Antonio Padial Bailón


Hermandad muy antigua ésta de Nuestra Señora de los Remedios con sede en la iglesia del Sagrario de la Catedral. Probablemente, su fundación se realizaría en el último tercio del siglo XVI, al menos, de esa época tiene que ser su imagen. 

Desde la conquista de Granada por los Reyes Católicos, en 1492, la mezquita mayor o Jima Al-Kebir de la ciudad, que estaba emplazada en el solar del hoy Sagrario, se sacralizó y sirvió, también, de Catedral entre 1515 y 1560, hasta que la construcción, junto a ella, de la actual, pudo abrirse al culto la parte del crucero habilitada.

La Mezquita Mayor, construida a principios del siglo XI, por Sawi Zirí, primer emir de Granada, era de planta rectangular de 30 por 45 metros y estaba compuesta de once naves separadas por columnas de arcos de herradura, columnas que en principios eran de madera y más tarde de hicieron se mármol blanco. Tenía un alminar del estilo de la torre-alminar de la iglesia de San José, pero de mayores dimensiones, que el pueblo conocía como la Torre Turpiana, y que fue demolido en 1588, por estorbar a la nueva catedral que se estaba construyendo. Actualmente, sólo se conserva de la mezquita mayor el aljibe, que servía para hacer las abluciones, y que tiene su salida por el brocal del pozo, que está en un rincón entre la entrada a la Capilla Real y el edificio de la Lonja, en la calle Oficios.

En esta sacralización de la mezquita, convertida, en 1499, en parroquia por el Cardenal Cisneros con el título de Santa María de la O, por el recuerdo de la hazaña realizada el día 18 de diciembre de 1490 por Hernán Pérez del Púlgar, que eludiendo la vigilancia de los moros, entró por el cauce del Darro y llegó hasta la Mezquita Mayor, clavado en su puerta con su daga el letrero "Ave María", significando así su posesión en nombre de la festividad del día, la de Ntra. Sra. de la O o Esperanza. 

Allí, a Pérez del Pulgar le construyeron su capilla, que aún subsiste, y en el mismo lugar que estaba, permanece hoy unida a la actual iglesia del Sagrario. Al otro lado del altar mayor, estaba la gran capilla de los Granada-Venegas de la familia real nazarí, convertidos al cristianismo, presidida por la imagen de San Pedro, que aún también la podemos contemplar, aunque con otra imagen realizada porteriormente. 

Convertida en iglesia la mezquita, se construyeron altares para el culto cristiano y para alojar las imágenes destinadas a ella, como la del Santo Cristo de la Columna (que hoy está en la Catedral), otras se pondrían allí más tarde, como el Calvario, realizado hacia 1565, probablemente de Diego de Aranda, y que aún está en la iglesia del Sagrario, o Ntra. Sra. de los Remedios, que se pudo realizar hacia 1585-1595, para ser titular de la Hermandad de Nuestra Señora. Seguramente, la advocación de Remedios la adquiriría años más tarde.    

Plano de 1704 de la Mezquita Mayor convertida, primero en Catedral, y hacia 1588, en Sagrario de la misma. Plano de los arquitectos José Sánchez y Sebastián Díaz.

Posteriormente, en 1661, se procedió a reducir la mezquita-iglesia casi a su mitad, para en la zona que daba a la placeta de Alonso Cano (donde tenía la mezquita su entrada principal, de las cuatro con que contaba), realizar una sacristía, patio, cementerio, carpintería, dejando su zona derecha para culto, y en la que se situó la capilla bautismal y la capilla de Ntra. Sra. de los Remedios, que contaba con sacristía propia.

Curiosamente, al derruir la mezquita a partir de 1704, en la nueva iglesia del Sagrario, la que hoy conocemos, se situó la Capilla de Ntra. Sra. de los Remedios, prácticamente en el lugar que ocupaba en la antigua mezquita, y que es, donde aún hoy, se la puede venerar. 

Pocas noticias se tienen, por ahora, de su hermandad, de la que pretendo recopilar las que he investigado. No se sabe a ciencia cierta el año de su fundación, pero tuvo que ser fundada antes de 1638, pues Enríquez de Jorquera ya da noticia de ella en este año. También, el estilo escultórico de la imagen, que pudo deberse al escultor Pablo de Rojas en su primera época, nos lleva a los años entre 1585 y 1600, en los que pudo realizarse dicha imagen y cercana a ella fundarse la hermandad. D. Manuel Gómez Moreno la data a la imagen a finales del siglo XVI, aunque D. Antonio Gallego y Burín dice, creo que por error, que es de principios de ese siglo.

Varias imágenes de este prototipo y época hay en Granada, como Ntra. Sra. de la Encarnación, del monasterio de su nombre; Nuestra Señora de la Paz de la iglesia de San Ildefonso o Nuestra Señora de los Favores de San Juan de los Reyes, atribuidas a Pablo de Rojas y que la realizaría entra 1585 y 1610.

Como decimos, hacia 1560, la mezquita mayor deja de hacer las veces de catedral, por haberse abierto al culto la parte finalizada de ésta, dejándose como Sagrario de la misma la antigua mezquita mayor, parroquial de Ntra. Sra. de la O. Algunas imágenes pasaron a la Catedral y otras nuevas se encargarían para el Sagrario. Puede que entre estas últimas estuviera la de Nuestra Señora de los Remedios, seguramente con la advocación de Nuestra Señora de la O, título de la iglesia-parroquia y única imagen mariana que allí había, que pronto suscitaría la devoción de los estudiantes de la Universidad, debido a la cercanía de la misma (prácticamente, frente al Sagrario), pues entonces la Universidad estaba en el edificio que después sería Curia Eclesiástica. 


Curia Eclesiástica. Antigua Universidad de Granada

La hermandad estudiantil, que probablemente existía con el nombre genérico de Hermandad de Nuestra Señora, fue objeto de agregación a otra anterior con sede en el Sagrario: la del Señor San Pedro, cuya capilla era la del enterramiento de la familia de los Granada- Venegas, que estaba situada a la derecha del altar mayor, dando su costado, a la hoy, calle Oficios y comunicaba con la Capilla de los Reyes ¿Magos? 

La capilla de Nuestra Señora de los Remedios era la segunda más cercana a la puerta principal de la mezquita (la primera era la bautismal), llamada Puerta de la Librería, por dar a la calle de los Libreros. Estaba situada la capilla en la parte derecha de la zona que se había reestructurado para sacristía y servicios de la parroquia y verdadero atrio o pórtico del templo, donde estaba el baptisterio y dicha capilla. Aún, frente a ella, se conservaba parte de una de las naves de la mezquita con una fila de sus columnas; pues por esta zona, parte las otras naves se habían convertido en sacristía, carpintería y patio. La espalda de la capilla de los Remedios daba, a la hoy, calle Oficios, frente a la Alcaicería.  

La de los Remedios es la segunda capilla de la derecha, con sacristía. La leyenda del plano, así lo manifiesta

Enríquez de Jorquera ya nos informa de la hermandad en 1638, cuando el día 25 de septiembre, que era sábado, los estudiantes encendieron por la noche grandes fuegos de artificio y luminarias en la torre de la Catedral e hicieron una mascarada en la que salieron vestidos y actuando, seguramente con música, cuarenta hombres "mui lucidos" que hicieron disfrutar a la ciudadanía. Al día siguiente, domingo, adornaron las columnas de la que fue mezquita, pintándolas con betún blanco y torneados en azul los remates dorados (¿chapiteles?) para celebrar la misa predicada por el doctor Luis de Tello y Olivares, colegial del cercano Colegio de Santa Catalina. Esta gran fiesta se hizo en desagravio a Ntra. Sra. de los Remedios (1).

Dos años después, en 1640, el Viernes Santo de aquel año un libelo infamatorio contra la pureza y virginidad de María se había colocado en la esquina del Palacio de Cabildos de la ciudad (Palacio de la Madraza). Un enorme revuelo de indignación embargó a la ciudad, y con ello a todas las cofradías granadinas.





Muchas hermandades de la ciudad se aprestaron a realizar actos y procesiones de desagravio, empezando por la de la Soledad, que salió el Miércoles de Pascua de Resurrección con 1.500 hermanos, y la Cofradía de la Pasión del convento de la Stma. Trinidad, el Jueves de dicha Pascua (esta llevó a la Virgen de los Desamparados). Los siguientes días lo hicieron otras cofradías, como la de la Oración en el Huerto de San Antón, la de Ntra. Sra. de Guía y otras muchas más hasta un total de cincuenta manifestaciones de desagravio. Todas fueron en procesión hasta el monumento del Triunfo de la Inmaculada, teniendo que decretarse que las hicieran en sus templos, porque todos los días parecían festivos.

Aquel Jueves de Pascua, día 12 de abril de 1640, salió la hermandad estudiantil de Ntra. Sra. de los Remedios en una gran procesión de desagravios, por ser muchos el número de estudiantes, y a la que convidaron a las autoridades, aunque también estaba formada por a caballeros y ciudadanos de Granada. Abría la procesión el estandarte de la hermandad portado por noble estudiante D. Gaspar de Gadea, asistido por los condes de Santisteban (Benavides y de la Cueva) y del Arco ( Messia y Loaysa); les seguían innumerables hachas encendidas alumbrando a la imagen de San Pedro, patrón de la cofradía, y  que era la primera vez que se recordaba haberla sacado a la calle en procesión. Por último, la sagrada imagen de Nuestra Señora de los Remedios precedida de los estudiantes " llevando bandas al cuello de colonias blancas, pendientes de ellas imajenes de la pura y linpia Concepción de oro" y el insigne Colegio de Santa Catalina. Regresó muy de noche al Sagrario (2).


San Pedro del Sagrario, titular de la hermandad

Pero no quedaron ahí las celebraciones de desagravio de la hermandad de los Remedios, el domingo día 16 de septiembre los estudiantes celebraron una grandiosa fiesta con los mejores predicadores, interviniendo la música de la Santa Iglesia Catedral, cuyo prior D. Lorenzo Gutiérrez de Pineda dijo la misa. Para esta celebración el cabildo dio autorización para que repicaran las campanas de la torre de la Catedral desde la víspera, se enarbolaron banderas en ella y se iluminó esa noche con fuegos vistosos, tocando clarines, trompetas y cajas de guerra (tambores). La Virgen se colocó en el altar mayor en un altar extraordinario y por la tarde, terminada la fiesta, fue llevada en solemne procesión a su capilla (2).

La imagen de San Pedro que se describe en esta procesión de desagravios, no sería la que actualmente contemplamos en la capilla que existe detrás del presbiterio, pues ésta es atribuida por Gallego y Burín a José de Mora y, probablemente, se encargaría a este escultor, cuando intervino, en 1705, para dar su informe favorable a la traza de la nueva iglesia del Sagrario, que realizó el maestro mayor de la Catedral de Córdoba, F. Hurtado Izquierdo. 

Quizá un grabado que se conserva del altar de Nuestra Señora de los Remedios no pueda acercar a la fisonomía que presentaba su antiguo retablo y de la propia imagen. A la Virgen se la representa con el Niño y cetro de plata, sobrevestida su talla con manto, como era costumbre. El retablo era de estilo renacentista, con dos hornacinas más pequeñas separadas por columnas a los lados de la de la Virgen, con las imágenes de San José y de una santa con custodia  (¿Santa María Egipciaca o Santa Clara?). En el atrio la triple corona de San Pedro.




Muy deteriorada estaba la Mezquita Mayor a principios de XVIII, produciéndose derrumbes al construir el muro colindante de la Catedral, lo que llevó a la decisión de empezar, en 1704, la demolición de la Mezquita Mayor (Sagrario) y realizar en su solar una nueva iglesia, la actual, que no estuvo finalizada hasta 1759.  



Actual iglesia del Sagrario (1704-1759), construida en el lugar que ocupaba la Mezquita Mayor 

Con la desaparición de la Mezquita Mayor, que había servido de iglesia del Sagrario, y muchos años de Catedral, se demolieron las capillas de los nobles granadinos, como los Granada-Venegas, donde estaba la imagen antigua de San Pedro, aunque no, la de los Pérez del Pulgar, que se conserva adosada a la actual iglesia del Sagrario, en su parte que comunica con la Capilla Real. También, desapareció la Capilla de Ntra. Sra. de los Remedios, para construirle una en la nueva iglesia, prácticamente en el lugar donde estaba la antigua. 

El nuevo retablo se realizaría, hacia 1765, por Nicolás Moya, al poco tiempo de inaugurarse la nueva iglesia. Es ya un retablo barroco en el que entre dos estípites aparece el pequeño camarín que cobija a la Virgen, y detrás de ella, a modo de gloria, un Sol radiante de ráfagas doradas y la simulación de un manto tras dicho Sol.





Después de realizado el nuevo templo, la hermandad continuó su existencia normal en el mismo, aunque pudo experimentar cierta decadencia en su componente estudiantil, cuando a la expulsión de los jesuitas de su Colegio de San Pablo, la universidad se trasladará, en 1769, a las dependencias de este colegio, con lo que la devoción de los estudiantes y su participación en la hermandad tendría que decaer por esa época.  

Como correspondía a una hermandad estudiantil, era frecuente en sus hermanos la producción de algarabías y alborotos, lo que conducía con cierta frecuencia a que cayeran sobre la cofradía determinadas amonestación y sanciones por parte de la autoridad eclesiástica. No obstante, también formaban parte de ella personas de esclarecidos linajes nobiliarios de la ciudad.


Grabado de Ntra. Sra. de los Remedios de 1789, cuando está en su nuevo retablo barroco de la actual iglesia
No obstante la desaparición de la Universidad de las cercanías del Sagrario, nos encontramos que la hermandad subsistía y celebraba cultos en el año 1834 con el nombre de Venerable Congregación de Nuestra Señora de la O, vulgarmente Remedios. Probablemente se había convertido en una hermandad de carácter rosariano, tan abundantes en el siglo XVIII. Para el domingo, día 7 de septiembre de dicho año, anunciaba la función anual y principal que le dedicaba a la Virgen de los Remedios, que por esa época, seguramente mucho antes, le ofrecía por la festividad de la Natividad de la Virgen.

Ese día se anunciaba que los cultos eran a las 10 de la mañana y por la tarde procesión con la Virgen por las calles de costumbre, asistiendo a ella las autoridades de la ciudad, a la vez que se celebraba una feria que le dedicaban los feligreses a su patrona a las puertas de la iglesia del Sagrario y por la calle de la Lonja (hoy Oficios) (4)

Ya habrían casi desaparecido de su nómina de hermanos los estudiantes, caballeros veinticuatro y personas de esclarecido linaje y serían los vecinos del barrio y devotos los que la formaban, considerándola su patrona, y su celebración como las fiestas de esa zona del centro de la ciudad. 

Tanto la feria, como la función del mes de septiembre, perdurarán, pues hay noticia de ello y de una novena previa en los años de 1853 y 1854, en la que predicaba D. Santiago Gutiérrez (5). Durante los años anteriores y posteriores, también se celebraría, predicando en 1858 el conocido orador D. Juan Nepomuceno Zegrí.

También se sabe que en el mes de mayo se le dedicaba a la Virgen de los Remedios la función de las flores, colocándola en un espléndido altar portátil. Incluso en 1887 el arzobispo autorizó a los vecinos a realizar un gran altar en la Pescadería para la procesión del Corpus Christi, en el que se colocó a la Virgen de los Remedios, junto con un San José y otras imágenes: " Un San José de la misma iglesia; un San Juan de las Carmelitas Descalzas; una Dolorosa de un particular; un gran crucifijo de talla y una Dolorosa de Santa Paula; una Virgen de la Angustias de D. José Linde. Un manto real de San Justo y Pastor. También contribuyeron las monjas del Ángel con los seis grandes candelabros que se colocaron el día de la Toma en la Capilla Real, más docenas de bombos de colores y dos docenas de velas".
A partir de la mitad del siglo XIX, la Corte de María, asociación de señoras devotas de distintas advocaciones marianas de la ciudad, también le rendían culto mensual los días 13 de cada mes, en los que la visitaban y le dedicaban plegarias.






Otra devoción y antiquísima hermandad, ésta de Ntra. Sra. de los Remedios, que se fue perdiendo irremisiblemente en épocas aún no muy lejanas. Una devoción, que partiendo de esta de la iglesia del Sagrario, se extendió por diversos puntos de la ciudad y de la provincia. 

Así, se veneraba a una imagen de los Remedios en el Convento de la Santísima Trinidad, devoción impulsada por la Orden Trinitaria y que hoy veneran en la parroquia de San Juan Bautista que ellos regentan en el Polígono de Cartuja; otra imagen se veneraba en el Convento de San Antón con la advocación de Remedios, otra en el barrio extramuros del Fargue, otra en San Juan de Dios y otra del escultor Alonso de Mena en la iglesia albaicinera del Salvador, cuya imagen se perdió en el incendio de 1933. También diversos pueblos la tienen como patrona: Iznalloz, Pulianillas, Montefrío, Ambroz y Campotéjar, quizá llevada allí por sus Marqueses los Granada-Venegas, de los que hemos tratado.

En nuestro tiempo, los azares de la providencia han determinado que en 1980, una hermandad estudiantil y universitaria, como esta histórica de la que tratamos, adoptara la advocación de Remedios para su Dolorosa. 



Ntra. Sra. de los Remedios en cultos para la Inmaculada 2016.


Pero en estos días de finales 2016, brota la esperanza de que se pueda reanudar el culto a Nuestra Señora de los Remedios. La Hermandad de San Sebastián, con sede en el Sagrario de la Catedral, y de la que ya traté su historia en este blog, ha puesto en un bello altar a la histórica Virgen  de los Remedios para tributarle culto en la festividad de la Inmaculada Concepción. Lleva el Sol de rayos radiantes con un manto protector que parte de él, haciendo de baldaquino a semejanza como el que labrado en madera tiene en el camarín de su retablo, y en lugar del Niño lleva en su mano la Granada.

Muy loable es que algunas personas quieran resucitar del olvido a estas imágenes que a lo largo de los siglos han formado parte importante de la historia devocional de nuestra Granada.  


Fotos Hermandad de San Sebastián. Diciembre 2016



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1. HERNRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada, pág. 811. Edición facsímil. Archivum. Granada 1987. 
2. HERNRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, opus cit., pag, 849.
3. HERNRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, opus cit., pags. 870-871.
4. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 4 de septiembre de 1834.  
5. BOLETÍN DEL CENTRO ARTÍSTICO  de 6 de junio de 1887.
6. Diario "La Constancia" de 4 y 3 de septiembre de 1853 y 1854.
7. Guías de Granada de M. Gómez Moreno y A. Gallego y Burín.
8. Notas del autor.

martes, 14 de junio de 2016

VENERABLE HERMANDAD DE LOS SANTOS MÁRTIRES COSME Y DAMIÁN (hermandad de los médicos, sangradores y Barberos de Granada)





Sobre la Hermandad granadina de los Santos Cosme y Damián. Convento de los Mártires

Antonio Padial Bailón


Antecedentes

La hermandad se funda en el convento de los Carmelitas Descalzos de los Mártires o de los Santos Cosme y Damián. El convento ya recibía el nombre de estos mártires, llamados Santos Médicos, cuando los frailes ocuparon una ermita con dicho nombre en el paraje de una de las colinas cercana, y hacia el sur, del conjunto de fortalezas de la Alhambra. En aquella colina estaban situadas las mazmorras que labraron los musulmanes granadinos para prisión de cristianos, que de día los llevaban a trabajar a las obras reales en la Alhambra, según Bermúdez de Pedraza. Por ello, al lugar lo llamaban primitivamente el Arrabal o Corral de los Cautivos.

Dicha ermita, había sido una fundación de los Reyes Católicos, que la erigieron apenas conquistarse la ciudad de Granada y en el lugar donde les entregaron los musulmanes las llaves de los palacios de la Alhambra. La fundación de la ermita se hizo con motivo de que fuese un recuerdo a los cautivos y mártires cristianos, que en el lugar estuvieron cautivos en las mazmorras, como los franciscanos Pedro de Dueñas y Juan de Cetina o los obispos de Jaén, Pedro N. Pascual y Gonzalo de Estúñiga. Desde aquellas mazmorras se sacaron  para ser martirizados los dos primeros, en 1393, en las puertas de la mezquita real de la Alhambra (lugar de la iglesia de Santa María de la Alhambra) y los arrastraron desnudos hasta la Calderería, en el lugar donde después se alzaría la ermita de San Gregorio Bético, donde cuenta la tradición que fueron enterrados. El último sufrió el martirio de 1457 y San Pedro Pascual en 1300.  

En la ermita de los Santos Mártires Cosme y Damián, hacia 1540, antes de llegar a ella los carmelitas, predicó San Juan de Ávila, el día 26 de septiembre de dicho año, festividad de dichos Santos. Y tal día se convirtió, oyendo la predicación del santo, la hermosa Dª. María de Paz, que se deshizo de joyas y vestidos de lujo, trocándolos  por un saco de penitencia amarrado con cuerda (1). Bermúdez de Pedraza dice que por esta circunstancia tomó la ermita el nombre de dichos santos, habiéndose llamado antes de San Pedro Ad Vincula ; pero hay otra versión más histórica que expondremos adelante.


Mazmorras de cautivos del Campo de los Mártires. Al fondo la ermita de San Cosme y Damián

En dicha ermita, los Reyes Católicos mandaron hacer un retablo con pinturas de los mártires más antiguos de la Iglesia: Cristo Crucificado en el centro; San Pedro encadenado; San Juan Bautista degollado; San Sebastián, San Marcelo, San Esteban y San Hermenegildo; además de los dos frailes franciscanos y San Pedro Pascual de Valencia, concediendo y extendiendo a esta ermita los jubileos papales que consiguieron los Reyes para su capilla Real  (2).

Este retablo se quitó con los cuadros de los Mártires, cuando los carmelitas reformaron la capilla para ampliarla y después no volvieron colocar, ni el retablo ni los cuadros, al realizar otro nuevo. Pero sí respetaron e, incluso, su convento tomó el título de los Santos Cosme y Damián (título por entonces de la ermita) un cuadro que había mandado pintar uno de los capellanes de la ermita, que representaba a los Santos Médicos, a los que profesaba gran devoción y que colocó en un retablo de una capilla lateral del presbiterio, así como, fomentó tal capellán la devoción a los Santos entre los cirujanos de Granada. 
 

Dicho cuadro de los Santos Cosme y Damián los representaba curando a un enfermo de una pierna y pienso que se perdiera para ser sustituido por el que Bermúdez de Pedraza refiere, que será el que ilustra el inicio de este artículo y que fue realizado en 1592 por Pedro de Raxis, sobrino de Pablo de Rojas.

Es un interesante cuadro con los Santos Médicos, Cosme y Damián, que se encuentra hoy en el Museo de Bellas Artes de la Alhambra. Representa, como decimos, a los Santos Cirujanos, sustituyendo una pierna a un enfermo por otra de una persona de color, presenciando la escena un fraile carmelita descalzo.

Por tanto, esta pintura se haría estando allí establecidos los carmelitas descalzos, pues éstos ocuparon aquel lugar en 1574, favorecidos por el Conde de Tendilla y Marqués de Mondéjar, alcaide de la Alhambra y serían, seguramente, los que encargarían el cuadro (en él aparece un carmelita). Pero esta pintura de la que trata Bermúdez de Pedraza, no sería la inicial colocada por el capellán, pues como se ha dicho, ésta última se hizo en 1592 por Pedro de Raxis y la pintura primitiva era de tiempo anterior a la llegada a la ermita de los carmelitas, cuando ésta tenía capellanes reales para su custodia y culto.


Entre los beneficios que obtuvo este convento, fue la declaración de Patronato Real, concedido por Felipe II en 1598 (en 1595 dice La Chica Benavides), quizás a instancias del Marqués de Mondéjar, Luis Hurtado de Mendoza, librándose los frailes del oneroso acuerdo con los capellanes reales, que les cedieron la ermita a cambio de que no hubiera en el convento más de diez religiosos y lo que labrasen en la gran huerta y aumentos o mejoras que se hicieren serían para la Capilla Real.

En 1575, año segundo de estar en la ermita los carmelitas, un lego, cavando la tierra para hacer los cimientos de un aposento del nuevo convento, encontró una caja con un cadáver en su interior con los brazos cruzados, una cruz de estaño sobre el pecho y la imagen de una Virgen de alabastro a su lado, más un crucificado de barro roto. El cadáver resultó ser el del obispo de Jaén  martirizado por los moros, San Pedro Pascual, al que antes nos hemos referido, y la Virgen de alabastro se la denominó desde entonces como Ntra. Sra. del Sepulcro, que alcanzó gran devoción en el convento, creándose una hermandad con su título. La cabeza del obispo la conservó en su sala el arzobispo de Granada de entonces, D. Pedro Guerrero (3).

Después, los carmelitas irían ampliado y construyendo su convento en los terrenos laterales y traseros de la ermita, desapareciendo ésta, sobre la que se construyó la Sala de Profundis, en la que se conservaba una pintura de los Reyes Católicos recibiendo las llaves de las fortalezas. Esta entrega de llaves de los Palacios Nazaritas, fue el día 2 de enero de 1492, pues la entrega de la ciudad en la Ribera del Genil se hizo, en realidad, el día 30 de diciembre de 1491, día entonces de los Reyes Magos. Los Carmelitas  construyeron nueva iglesia a la que se accedía por unas gradas, lo que indica que se construiría en los actuales jardines altos.

Iglesia y convento de los Mártires
  

Fundación

Por lo que hemos expuesto, la devoción al primitivo cuadro de los Santos Médicos, era anterior a 1573-74, en que tomaron posesión de la ermita los Carmelitas Descalzos, que ya tenía el título de los Santos Cosme y Damián cuando ellos fundaron allí su convento, título que conservaron para el mismo, quizás como una condición que impusiera el arzobispo para la cesión de la ermita.

Perece, por tanto, que la devoción a estos santos, también mártires de la dominación del emperador Diocleciano, que había impulsado el capellán de referencia entre los cirujanos granadinos, y también, muy probablemente ,su hermandad fuera anterior a la llegada de los frailes descalzos del Carmelo. 

" (...) ayudando a ello la devoción de un Capellán Real, que fomentó la de algunos proffesores de Cirujía, para que hiciessen cada año una Fiesta a los Santos Cosme y Damián, con lo que se vino a atribuir por el vulgo el título de la hermita de estos Santos Mártyres. Aunque los RR. Carmelitas enterados de la verdad, luego que se eximieron de la Jurisdicción del Cabildo de la Capilla Real, para eterna memoria de lo cierto y para acreditar la verdad pusieron una Lápida, que lo atestigua en la Capilla Mayor de su Iglesia".

Como resumen diremos, que aquel Campo de los Mártires los Reyes Católicos erigieron una ermita en honor a los mártires inmolados por los musulmanes granadinos, que tomó después el título de los mártires Cosme y Damián; y esto fue por devoción de uno de los capellanes reales a dichos Santos Cirujanos, título que conservaron los carmelitas descalzos, también para su convento.


Siendo muy probable, que ya en aquellas fechas, entre estos médicos, sangradores y los barberos, que entonces realizaban ciertas prácticas de auxiliares de la medicina, se creara una hermandad, que parece anterior a la llegada a la ermita de los carmelitas descalzos.


Los Santos Médicos Cosme y Damián. Patrones de la localidad granadina de Cortes de Baza

No sabemos el año de fundación de la misma, siendo muy probable que se erigiera en una fecha cercana a la mitad del siglo XVI ,y pudiera ser, que impulsada por el capellán real devoto de estos santos. Después, sabemos que la hermandad hizo una reforma sus constituciones en 1769, de la que trataremos.

Esta hermandad de los cirujanos y barberos parece que tuvo una vida floreciente hasta finales del siglo XVII, como lo atestigua Juan Velázquez de Echevarría: lo floreciente de esta Hermandad estaba en los fines del siglo passado, y lo grande de sus funciones, que en obsequio de los Santos hacía (...)". 

Los días de las vísperas y fiesta de los Santos Cosme y Damián, acudían al Campo de los Mártires un gran concurso de gentes, que se recreaban de lo hermoso y ameno del sitio. Sería una verdadera romería, porque allí acudían las familias para pasar el día y se instalaban puestos de frutas de la temporada (era septiembre), romería que aún perduraba en el último tercio del siglo XVIII y, seguramente, algún tiempo después.

La hermandad mandaría realizar unas imágenes de bulto de los santos para procesionarlas (no creemos que lo que se procesionara fuera el cuadro) todos los años el día de su fiesta, 26 de septiembre, y que para dicha procesión la hermandad venía pidiendo licencia a la parroquia de San Cecilio, a cuya demarcación pertenecía el Convento de los Mártires.

Las procesiones que se realizaban fuera de los límites de los recintos de los conventos, provocaban la exigencia de asistencia de la cruz parroquia y la exacción de derechos parroquiales por ello. Pero el Convento de los Mártires había conseguido del cabildo de la ciudad por una petición de su prior, Fray Juan de Santa María, de 25 de septiembre de 1699 (día anterior a los Santos Cosme y Damián), que las procesiones de las hermandades del convento pudieran salir fuera de él sin asistencia parroquial.

 "que el dicho su Conbento celebre fiesta todos los años el día de Santa Teresa y asimismo a otros santos, sacándolos en procesión y a Nuestro Señor Sacramentado fuera de la dicha Yglesia, baxando por la Alameda que es propia de dicho convento (Campo de los Màrtires) y dando la vuelta por el sitio de las mazmorras, por la cuncurrencia de mucha gente (...), y no ser lícito el que puedan entrar mujeres en los claustros conforme a sus reglas (...), pidiendo licencia para que se le señalase sitio por donde puedan andar dichas procesiones, hasta la 5ª cruz, como se baja de dicha iglesia del dicho convento, unas piedras o marmolillos para señalar dicho sitio".

La excusa para solicitar la licencia sin asistencia de la parroquia era que se sacarían las procesiones fuera del convento, pero por el recinto de la alameda (Campo de los Mártires), propia del convento, por la mucha gente que asistía a dichas procesiones, de modo que no cabían por los claustros y que, además, las mujeres no podían entrar el ellos por ser clausura.

Para ello, se demarcaba como límite la 5ª cruz de la vía sacra de los Mártires, donde daban la vuelta para regresar al convento carmelita; además, se exigió que los carmelitas no cobraran a la gente por la entrada a las mazmorras de dicho Campo. 


Vía Sacra de los Mártires. Grabado de Chapuy, siglo XIX


Es decir, estas procesiones no bajaban a la ciudad. Por ello, la Hermandad de Jesús Nazareno, Cruz de Jerusalén y Santa Elena, que era de los Caballeros de esta ciudad, dejó en 1699 de realizar su estación de penitencia a la catedral, para quedarse a desarrollarla por el Campo de los Mártires a lo largo de aquella vía sacra hasta la 5ª cruz, donde se pusieron 4 marmolillos para demarcarlo.
  
No obstante, esta concesión para salir la hermandad de Santos Cosme y Damián fuera del convento, por el Campo de los Mártires, se vulneró en 1766. Ese año, los beneficiados de la parroquia de San Cecilio exigieron sus derechos parroquiales, aún en el caso de que las procesiones non traspasaran los límites de las cruces de la Vía Sacra.


El día 27 de septiembre de 1766, fecha del cabildo de elecciones, que se celebró en la Sala Capitular del convento, se eligen mayordomos a Francisco de Corpas, Cristóbal Garnica y Nicolás Ruiz, que siguieron un pleito de sus anteriores con los beneficiados de San Cecilio. Éstos se habían negado a dar licencia a la procesión de 1766, si no se cobraba la asistencia de la parroquia con su cruz parroquial. La hermandad optó ese año por no salir del claustro del convento, pero entabló un pleito por ello con la parroquia (5).

No obstante, la autorización del cabildo de la ciudad para poder sacar las procesiones del convento hasta la 5ª cruz de la vía sacra, sin pagar derechos a la parroquia de San Cecilio, la Venerable Hermandad de los Santos Cosme y Damián, en los años anteriores los venía abonando (también se había negado en 1764 y 1765, pero al final los pagó y la parroquia les dio permiso).

Uno de los mayordomo, Cristóbal Garnica, alegaba, que aunque se habían pagado los derechos de la procesión desde que él recordaba (hacía más de veinte años), sin embargo, la parroquia los había cobrado y no había asistido. Ponían como testimonio a la Hermandad de Jesús Nazareno, de los caballeros de la ciudad, que realizaba su procesión en esta época el Domingo de Ramos, que había salido todos los años ( también, el día de Santa Teresa y el de la Candelaria) sin pagar los derechos parroquiales, al no traspasar el límite de la referida 5ª cruz y no se le habían puesto reparos.


Los beneficiados de San Cecilio alegaron que lo que pretendía la hermandad de los Santos Cosme y Damián era traspasar los límites de la 5ª cruz de la vía sacra y parece ser que se autorizaron las procesiones sin pasar de dicha cruz.


Dibujo de los Santos Cosme y Damián del Convento de los Mártires


Nuevas Constituciones de 1769

Dos años después de estos sucesos, en 1769, la Venerable Hermandad decide redactar nuevos estatutos de acuerdo con la comunidad de carmelitas descalzos, que son aprobados el 19 de diciembre de ese año por el Provisor de la diócesis, D. Antonio de Vera, en tiempo del arzobispo D. Pedro Antonio Barroeta y Ángel. Curiosamente, los mayordomos declaran que no se habían aportado los antiguas constituciones "por no aberlas encontrado ni saber si las a avido". No era inusual que las hermandades funcionaran sin constituciones durante bastante tiempo. Cada vez esta actuación por parte de las hermandades se hacía más difícil por las normas de la Ilustración, que obligaban, incluso, a ser revisadas por el Real Consejo de Castilla, bajo pena de disolución de la hermandad.

Estas nuevas constituciones de la Hermandad de San Cosme y San Damián
 comienzan con una invocación a la Virgen del Carmen y con unas curiosas décimas:

Ya cesó la tempestad,
oh Mártires soberanos,

que traía a tus hermanos

en tanta penalidad.

De todo vuestra hermandad,

Os conoce protectores,

Y unidos los sangradores ,

Barberos y Cirujanos,

Gracias os dan mui ufanos

Porque sois sus directores

Otra décima la dedican a los tres hermanos, que consiguieron hacer las constituciones, que, probablemente, eran comisarios encargados de poner paz en la hermandad entre los tres grupos de hermanos: cirujanos, sangradores y barberos. No sólo feuron los encargados de redactar las nuevas reglas, sino también, de hacerse cargo del culto a los Santos. Estos comisarios eran: Nicolás Ruiz, Sebastián de Bustos y Pedro Sánchez, todos maestros de la facultad de barberos.



De tres héroes tan constantes

En zelo , amor y fatiga

Que cosa abrá que se  diga

A su alabanza bastante


Cada qual robusto atlante 

Sobre sí el culto a cargado

La hermandad han ensalzado 
Logrado dejar concordes
Tres facultades discordes

A esmeros de sus cuidados

Otra décima ensalzando a los cuatro mayordomos elegidos, dos por los sangradores y otros dos por los barberos; curiosamente no se eligen por el grupo de los cirujanos; de la que se deduce, que habían estado enfrentados en temas de preferencias y en lo que parece discusiones por cuestiones de antigüedad:

Jamás heroica elección

Que podría de searse

Hallegado oi a lograrse

Enquien maiordomos son

Deunirse es Yluzión,

Todos son Tranquilidad,

Yassí  feliz hermandad

Que has conseguido ( y lo apruebo)

Un estado todo nuebo


Sin pedir tu antiguëdad 

También otra décima, que no transcribo, dando gracias al prior de los carmelitas Fray Francisco de San Antonio y a la comunidad, por su intervención en pacificarla.

Los cuatro mayordomos elegidos en 1769 y que figuran en el preámbulo de las constituciones eran: Sebastián Joseph Puzol y Nicolás Garnica, sangradores, y Sebastián de Bustos y Bernabé Romero, que eran maestros de barberos. Sin embargo en el capítulo, se dice que los mayordomos serán tres: uno por los sangradores o cirujanos y otros dos por los barberos, lo que por consecuencia da que éstos tenían en este tiempo más preponderancia de número en la hermandad. Sin embargo se obligaban a dar lugar de preferencia al mayordomo cirujano o sangrador en los principales actos de la hermandad, como la procesión, elecciones y juntas.  

Había también un fiscal, que había de ser sangrador, que cuide de que tengan título los barberos; y también, un maestro de ceremonias del grupo de los sangradores, para que la hermandad se forme en los cabildos, funciones, aprisco y procesión y cada cual ocupe su sitio según su antigüedad, como se venía practicando en la hermandad desde tiempo antiguo.

Como secretario se nombraría un escribano público o eclesiástico, pagándole sus derechos, como persona independiente de los tres grupos profesionales que formaban la hermandad.




Los mayordomos presiden los cabildos, que se celebraban en presencia del prior carmelita, y los cabildos de elecciones se harían en los días siguientes al de la fiesta de los Santos Médicos, sin que pase de su Octava. El elegido como mayordomo por los sangradores o cirujanos tenía que presentar un memorial con su título y demostrar que tenía tienda abierta; ser limpio de raza de moro o judío o penitenciado o converso, ni que haya tenido otro oficio degradante. 

La hermandad, que por lo visto estaba en este tiempo escasa de cirujanos en sus filas, le daba preferencia al hermano sangrador o barbero que sacara el título de cirujano, o, incluso, tenía lugar de preferencia en los actos de la hermandad, y también, si algún cirujano de la ciudad o forastero pidiese ser hermano, que se le reciba y será preferido.

Cada hermano debería de hacer una demanda de limosnas en los meses del verano y, en su defecto, habían de dar doce reales de vellón, salvo excusa de enfermedad o pobreza.

También, como en la mayor parte de las hermandades, ésta era, asimismo, de entierros y sufragios, teniendo derecho las esposas de los hermanos a un entierro igual que el de sus maridos, con la asistencia del estandarte de la hermandad y doce hermanos con cirios. Se les decía doce misas en la capilla de los Santos Cosme y Damián por los religiosos carmelitas, aunque las celebradas por el alma de las esposas habían de pagar dos reales por cada misa celebrada.


Tampoco la hermandad podía abandonar el convento de los Santos Mártires, sus patronos, ni fusionarse con otra cofradía y los frailes carmelitas descalzos debían de guardar y respetar las mercedes y privilegios con los que fue fundada la primitiva hermandad de los gloriosos titulares. La capilla e imágenes seguían siendo propiedad de la comunidad carmelita y nada se podía mudar o variar sin su licencia.

La hermandad poseía un cajón o arca, que estaba frente a la puerta de la sacristía, en el que se guardaban los cirios, las alhajas, con tres llaves que guardaban los mayordomos; los libros y papeles de la hermandad se situaban en un cajón secreto, cuya llave guardaba el secretario.

Los hermanos que se admitían debían de guardar las reglas y jurar defender el Misterio de la Pura y Limpia Concepción de María y todo se sentaba en en libro nuevo de hermanos, en el que se anotaban estas circunstancias y se guardaba la rigurosa antigüedad de cada uno y se señalaba si procedían del libro antiguo o no. También se guardaba en secreto las razones de darse de baja o expulsión de los hermanos.


Convento de los Mártires visto desde la Cuesta de Escoriaza, aprox.


La Función y Procesión

Era misión primordial celebrar la función a los Santos Cosme y Damián con toda solemnidad, con una misa cantada con diácono y subdiácono, con el más abundante empleo de cera y con música, si era posible. Por la tarde, se haría la procesión con las efigies de los Santos Médicos, a la que asistiría la comunidad de Carmelitas Descalzos. Se tocarían las campanas y se iluminarían por los novicios el templo, pagando estos servicios.

En la función de la mañana del 26 de septiembre, día de los Santos titulares, se formaba el aprisco en la iglesia y los mayordomos y sus invitados se sentaban en el lugar indicado por el Maestro de Ceremonias, así como el resto de los hermanos, cuidando que ninguno se siente si no fuere con golilla o de militar, presidiendo el prior del convento.

En la procesión de la tarde, irá el estandarte de la cofradía, portado por el mayordomo más moderno, junto con dos religiosos del convento que nombrase el prior. También se llevaban las andas con el Santísimo Sacramento, junto a las que irán el prior en su lado derecho y el Superior en el izquierdo, y delante, los otros dos mayordomos; y si no se llevara el Santísimo, irán junto a las últimas andas que cierren la procesión. Por ello se deduce, que puede que se procesionaran varias imágenes o que cada uno de los Santos Cosme y Damián procesionarían en sus andas independientes.

Delante del Santísimo o de las andas del último Santo iban los frailes, que asistían interpolados con los hermanos y otros prelados asistentes. Todo ello se determinaba en una escritura otorgada entre el Real Convento y la hermandad, ante el escribano público, Nicolás Camacho, en el año de 1761.

Los hermanos iban con golilla o de militar, colocados por el Maestro de Ceremonias según su grado y antigüedad, y si iban con capa no podían se interpolados con los frailes.

Unos años después, en 1778, la hermandad decide hacer una modificación de sus constituciones en el aspecto económico, en lo tocante a los entierros y sufragios. El cabildo de 24 de noviembre de ese año acordó modificar las constituciones para allegar más recursos a la hermandad, que debía de estar atravesando una difícil situación económica por el escaso montante dinerario que proporcionaban las cuotas; seguramente, por los escasos hermanos y el aumento en los gastos de los entierros y sufragios. Tal vez, la hermandad estaba en esta época envejecida en cuanto a sus componentes, porque entraban en ella pocos hermanos nuevos.

Suben las aportaciones de los hermanos a medio real (después se rebajaría a un cuarto), a pagar cada semana el sábado en la llamada sabatina, pero no en el caso de hermanos de extrema pobreza, que no estaban obligados a ello. También, la viuda de un hermano que se casare otra vez con persona que no sea del gremio, perdería los derechos.



Santos Cosme y Damián de Torredonjimeno (Jaén)

La hermandad proporcionaría una caja de pino propia para el entierro, forrada con color del hábito de San Francisco y se le amortajará con dicho hábito, conduciéndose el cadáver con el estandarte, ministros, 12 hachas y se le dirán 30 misas, tres de ellas, curiosamente, en el monasterio de San Jerónimo, por ser ésta de luz y contar con altar de privilegio de ánimas. Asimismo, se llevarían a los Niños de la Doctrina y se le pondría cera y colgaduras en la habitación donde estuviere el cadáver.


Este proyecto de adición a las constituciones fue muy debatida y rechazada por algunos de los hermanos, causando desestabilidad en la hermandad. Por dicha causa, pasó más de año y medio sin poderse consensuar, ni aprobar esta reforma. Finalmente, el 21 de agosto de 1780, se redactan nuevas constituciones, más cortas que las anteriores de 1769, con sólo 15 capítulos y con la mediación, en caso de conflicto o interpretación de la norma, del prior del convento, Fray Josef Antonio de los Dolores y de los que le sucediesen. Era una condición impuesta por el Provisor de la diócesis.

Entre las novedades de esta nueva regla estaban: la supresión de diferencias entre los hermanos por su pertenencia a uno de los tres grupos profesionales que componían la hermandad; los tres mayordomos que se habían de elegir, lo serían los tres que mayor número de votos reunieran, sin tener en cuenta su profesión, y los tres, junto con el prior, presidirían los cabildos sin preferencia alguna. Se formó una junta directiva con ellos: el contador, tesorero y doce vocales, con cargos de carácter anual. Ordena de forma parecida la función y procesión del día de los Santos Titulares por los lugares de costumbre.

Desaparece el Maestro de Ceremonias y se imponía la cortesía en los debates de los cabildos, esperando los hermanos a que se le concediera la palabra, en cuyo uso no se podía ofender a ningún hermano, bajo pena de expulsión de la hermandad.

La decisión del prior de la comunidad carmelita sería cumplida en caso de dudas en la interpretación de las normas, confiriéndole a éste unas facultades de intervención en las decisiones considerable, de forma que la hermandad quedaba bastante sometida a su arbitraje.



La necesidad de aumentar el número de hermanos hace que estas constituciones acepten hermanas y otros grupos afines a los tres anteriores, como el de los boticarios y médicos, que se unirán a los tres anteriores de cirujanos, sangradores y barberos, "por ser todo una misma cosa". Se crea el cargo de partidario o persona encargada de recorrer los lugares o partidos para recoger limosnas y aportaciones de los hermanos.

También el hábito de mortaja se varía para adoptar el de los Carmelitas Descalzos, y si no lo hubiere, sería el de San Francisco, muestra más de la influencia de la Orden en estas constituciones; y de las 30 misas al difunto, tres de ellas serán en altar de privilegio, sin indicar que fuesen dichas en el de la iglesia de San Jerónimo, como anteriormente.

Otra muestra más de la intervención de la comunidad carmelita en la hermandad lo determina el último capítulo, por el que no se podrá variar ningún aspecto de las constituciones sin acuerdo de dicha comunidad. Finalmente, las nuevas constituciones de agosto de 1780 serán aprobadas por el Provisor, D. Antonio de la Plaza, en tiempo del arzobispo, D. Antonio Jorge y Galván (6).

La última noticia que tenemos de la hermandad de los Santos Cosme y Damián data de los años de 1805 y 1809. En el primero de ellos, la hermandad había reelegido como uno de sus comisarios de ese año a Martín Antonio Terrones, cirujano y sangrador, que habitaba en la parroquia de Santiago, pero éste rechazó la reelección, alegando tener que atender a sus muchas ocupaciones profesionales y que desde 1802, había sido comisario, fiscal, Padre de Almas, tesorero..etc., habiendo desempeñado estos cargos de forma eficiente. 

Ante esta negativa, la hermandad decide expulsarlo de ella, después de pertenecer más de 20 años a la misma, pero el expulsado recurre ante el Provisor, presentando diversos compañeros testigos, dando como resultado que el Provisor dicta auto exonerándole de la obligación de ser comisario.


Icono bizantino de los Santos Médicos. Nacieron en Arabia y ejercieron la medicina en  Siria y Egea (Turquía)

En 1809, se vuelven a repetir los hechos, volviendo la hermandad a elegir comisario de ese año a Antonio Terrones y aunque acepta sin desearlo, lo hace para evitar la descomposición de la hermandad. Sin embargo, a los cinco meses desiste de ocupar el cargo y se le acusa por los otros comisarios de comportamiento discriminatorio, en contra de la fe cristiana, por no admitir ni querer concurrir con el hermano tesorero, Manuel de Flores, por no tener el título de cirujano o sangrador. 

En esta ocasión el auto del Provisor de 27 de abril de 1809 obliga a M. Antonio Terrones a mantenerse en el cargo de comisario, pues la escasez de hermanos con el título requerido obligaba a no cumplir estrictamente las constituciones en este aspecto y a que mantuviera en el cargo de tesorero a Flores, por el mismo motivo, bajo pena de ser expulsado de la hermandad (7).  

La hermandad, que por escasez de hermanos preparados para las funciones directivas, se veía obligada a admitir a personas fuera de los gremios tradicionales de la misma, consideraba un favor que Flores hubiera aceptado ser tesorero y detestaba que Terrones no aceptara tal necesidad. 

El hecho de que el tal Terrones fuese reiteradamente comisario de la hermandad, además de ocupar otros cargos, unido a tener que admitir a personas, como Manuel Flores, que no pertenecía a las profesiones del gremio, puede darnos la impresión de que aquélla atravesaba tiempos de fuerte decadencia a principios del siglo XIX. La cofradías de carácter gremial estaban desapareciendo en los tiempos ilustrados y desaparecerían más tarde prohibidas por la normativa estatal. 

La exclaustración y supresión de los conventos masculinos, desamortizados en 1835, sería el fin de la hermandad, si es que no desapareció entre la Guerra de la Independencia y dicha desamortización. Eran tiempos difíciles para las hermandades en unos años de feroz anticlericalismo y de un racionalismo exacerbado. 


¿Pasaron las imágenes de San Cosme y San Damián al Convento de Belén?


                                        San Cosme                         San Damián

Parece que la hermandad pudo trasladarse, o al menos sus imágenes, a los Mercedarios Descalzos de Ntra. Sra. de Belén, convento cercano al de los Mártires en la misma jurisdicción de la parroquia de San Cecilio. Un inventario de la exclaustración de 9 de septiembre de 1837 así lo confirma, al describir en dicho convento de Belén un altar de los Santos Cosme y Damián, con un Niño Jesús cuya diadema se inventarió. 


Deben de ser las imágenes de los Santos Cosme y Damián del convento de los Mártires las que aparecen en el de Belén. Es extraño que pudieran existir paralelamente estas imágenes en ambos conventos, pues en el de Ntra. Sra. de Belén no existen noticias históricas de la existencia de tal devoción. Pero también, cabe la posibilidad que el párroco de San Cecilio, en cuya iglesia se depositaron, hacia 1835, muchas imágenes del convento suprimido de los Mártires,  repartiera algunas de ellas entre otros templos de la parroquia y se depositaran en el de Belén.

Después del cierre de conventos, muchas imágenes fueron llevadas al museo que se constituyó en la iglesia de los dominicos y, más tarde, se donaron a parroquias de la provincia y a particulares. El caso es que no se sabe el paradero actual de estas dos imágenes de los Santos Médicos, titulares de esta histórica hermandad de los cirujanos, sangradores y barberos de Granada.


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1. BERMÚDEZ DE PEDRAZA, Francisco: "Historia Eclesiástica de Granada", págs.223-224. Edición facsímil. Universidad de Granada 1989.

2. Ibídem, opus cit, pág. 262.

3. GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio y VELÁZQUEZ DE ECHEVARRÍA, Juan , Paseos por Granada y sus contornos, págs. 117-118. Edición facsímil, 1764. Lo toma de Justino Antolínez de Burgos en Historia de la Santa Iglesia de Granada, cap. 17.

4. VELÁZQUEZ DE ECHEVARRÍA, Juan, opus cit. págs. 394, vol. I.

5. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 37 f, pieza 16.

6. Ibídem, legajo 37 f, pieza 15.

7. Ibídem, legajo 37 f, pieza 14.

8. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 9 de septiembre de 1837.