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jueves, 7 de enero de 2021

HERMANDAD DE LA CONCEPCIÓN DE LA PROVIDENCIA Y DEL NIÑO JESÚS DEL DULCE NOMBRE ( de los Cortadores de Carne de Plaza de Bibrambla)



Imagen de la Concepción, que se conserva en el Museo de la Catedral. Pertenece a sus fondos, muchos de ellos, seguramente recibidos de iglesias y conventos que se suprimieron ¿Pudiera ser la Concepción de la Carnicería o Matadero Mayor de Bibrambla?




LA VENERABLE HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA (LLAMADA DE LA PROVIDENCIA) Y DIVINO NIÑO Y DULCE NOMBRE DE JESÚS 
(Iglesia de la Magdalena)


Antonio Padial Bailón

Poco se sabe de esta hermandad de la Purísima Concepción y Niño Jesús de la iglesia parroquial de la Magdalena, formada por la unión de dos hermandades. Debió fundarse la hermandad de la Concepción sin constituciones o reglas, es decir, de hecho y no de derecho, y dicha fundación se produciría unos años antes de 1670. Esta hermandad se formó por los cortadores de carne en torno a la devoción de una imagen de la Inmaculada Concepción, que de veneraba en una tribuna en las Carnicerías de la ciudad, que estaban situadas entre la antigua iglesia de la Magdalena  (detrás de ella) y la Plaza de Bibrambla, entrándose en dichas Carnicerías por el Arco de las Cucharas (1). 

Aunque las Carnicerías ya existían en la zona de Bibrambla desde la reconquista de la ciudad, incluso antes, en 1616 se empezaron a labrar unos edificios más espléndidos para allí trasladarlas y que formaban la Carnicería Mayor de la ciudad. Dichos edificios, no se terminaron de construir hasta 1620, año en el que el cronista Henríquez de Jorquera nos relata acerca de ella lo siguiente:

"(...) abía muchos años que se labraba una de las preciosas y manificas obras que se han hecho en nuestro tiempo; hiçose a costa de los propios del cabildo y regimiento de esta ciudad, siendo corregidor don Luis de Guzmán y Vasques (...).

En la entrada de la puerta principal de la Carnicería se puso una losa de mármol con una inscripción que se refería a este personaje, de gran relevancia local y nacional, ya que era consejero del Rey y alcalde perpétuo del Reino de Murcia. Después de terminar estos edificios de la Carnicería Mayor, se levantó, a partir de 1625, el llamado Arco de las Cucharas, que serviría para la comunicación de dicha Carnicería con la Plaza de Bibrambla y con la calle de Mesones, centros comerciales y neurálgicos de la ciudad. Para realizar esta comunicación se tuvo que derribar un trozo de la muralla que discurría por ese zona de la Plaza de Bibrambla. Hoy la calle que se abrió para dicha comunicación, aún conserva el nombre de Arco de las Cucharas, aunque el arco desapareció en 1879.

Jorquera no hace referencia a la tribuna de la Virgen de la Concepción, pues, probablemente, en la fecha en que terminó de escribir sus Anales de Granada (1588-1643) aún no existiera y se construyera dicha tribuna después de 1641. Lo decimos, porque el día 2 de julio de este último año, fiesta de la Visitación de Nuestra Señora, se hundió gran parte de Carnicería Mayor (2), y lo más probable es que la tribuna se hiciera aprovechando la reedificación de la misma en los años siguientes al hundimiento y siguientes a 1643, fecha en que Jorquera termina sus Anales. En aquel suceso lamentable se tuvo la suerte de que no se produjeran desgracias personales, pues los edificios se hundieron a las cuatro de la madrugada.

Seguramente, aprovechando las nuevas obras de reconstrucción de la Carnicería se realizara la tribuna o capilla de la Virgen de la Concepción, como expresión de acción de gracias por no haberse producido ninguna muerte en dicho suceso; de ahí, pudiera derivarse el título o advocación de Providencia que la hermandad de los cortadores de carne le dieron de sobrenombre a la Concepción de la Carnicería Mayor.   


Soportales de la Plaza de Bibrambla, detrás la zona de las Carnicerías y ábside la Magdalena 


Decíamos, que la hermandad de la Concepción y Providencia debió de fundarse algo antes de 1670 y después de 1641, año en el que se desmoronó parte de la Carnicería Mayor. Y es que ya, en 1670, se conocen los nombres del hermano mayor y del mayordomo que regían la hermandad en dicho año. Se trataba de Gaspar de Jerez y Manuel Sánchez, que en la rendición de cuentas de su mandato quedaron deudores de la cofradía por la cantidad de 758 reales de vellón, y que, aun en 1701 no habían pagado  (3). 

Se desconoce el paradero de la imagen a la que daba culto la hermandad de los carniceros o cortadores de carne en la mencionada tribuna de la Carnicería Mayor. Según la hipótesis expuesta, la escultura hubo de realizarse, también, antes de 1670 y después de 1641. Primeramente, pensamos que pudiera ser la imagen de la Inmaculada Concepción, que se encuentra en la actual iglesia de la Magdalena, atribuida por Mª Elena Gómez-Moreno a Pedro de Mena, pero investigando este asunto se descartó tal imagen, pues pertenece al Convento del Corpus Christi de las Agustinas Recoletas, que la recibieron por donación en 1659 (4). Entonces, la iglesia de la Magdalena estaba en la calle de Mesones y no en dicho convento, en el que no residió la parroquial de hasta mediados del siglo XIX.

Inmaculada de la iglesia de la Magdalena. Pertenece al convento del Corpus Christi, donde actualmente se ubica la parroquial de la Magdalena
 
La primera mitad del siglo XVII, fueron años de efervescencia en Granada del fervor inmaculista, atizado por el suceso del libelo contra la Pureza Inmaculada de la Virgen, que apareció clavado en el edificio del cabildo de la ciudad el Viernes Santo de 1640. La reacción contra este episodio, que conmovió toda la ciudad, se vio reflejada en multitud de actos y procesiones de desagravio a María Inmaculada por cofradías y hermandades. También, en el arte tuvo su expresión por los artistas granadinos, en la realización de pinturas y esculturas de la Inmaculada Concepción.

No podía sustraer a este movimiento, el taller más prolífico de la ciudad: el de Alonso de Mena, que ya antes, había creado un prototipo personalísimo y muy reconocible de iconografía de la Inmaculada Concepción, que, probablemente, se iniciara con la Inmaculada del Triunfo, y que se extendió por parte de Andalucía. Este monumento del Triunfo de la Inmaculada, aunque encargado por el Ayuntamiento de la ciudad a varios artistas en 1618, no se comenzó a labrar hasta 1621, sufriendo grandes demoras, y, finalmente, se hizo cargo de él Alonso de Mena, que lo finalizó en 1634.  

Alonso de Mena (1587-1646), surtió a iglesias y a conventos de Granada y, fuera de ella, con sus imágenes de esta iconografía inmaculista, incluso, algunas portadas de iglesias, como las de San Pedro, la Concepción o San Jerónimo, las presiden sus Inmaculadas. Siendo Alonso de Mena verdadero especialista en esa iconografía, podemos especular, que él o algún discípulo de su taller, pudo realizar aquella imagen de la Inmaculada Concepción de la tribuna de las Carnicerías, que suscitó la devoción de los cortadores de carne y decidieron congregarse para darle culto. 
  
Inmaculada Concepción de Alonso de Mena de la iglesia de San Matías. Ambas fotos A.Padial



La iglesia de la Magdalena, donde ya en el siglo XVIII la hermandad de la Concepción, llamada de la Providencia y Divino Niño, tuvo su sede canónica, se erigió en una pequeña iglesia que construyeron los asturianos residentes en Granada en la calle de Mesones, pero siendo escasa su capacidad se decidió, en 1626, sustituirla por otra de mayores dimensiones en el lugar inmediato a la primitiva. La traza de la nueva iglesia fue realizada ese año por Cristóbal Ramírez, continuando las obras Francisco Barrientos, para finalizarlas en 1651 Lucas Bermúdez (5). 

Mientras la hermandad no tuvo su sede en la iglesia de la Magdalena, inmediata a la Carnicería Mayor o Matadero, los cultos a la imagen revestirían de cierta sencillez, realizando las fiestas en la tribuna de la Virgen. Dicha tribuna, de la que no existe grabado alguno que pueda darnos idea de su fisonomía, sabemos que constituía una verdadera capilla, por así denominarla los documentos consultados cuando se refieren a ella. Allí residió esta congregación de cortadores de carne hasta que se unió a una nueva hermandad que se fundó en el año de 1696: la del Divino Niño Jesús, que se dio constituciones aprobadas por el arzobispo. 

La imagen de la Concepción tenía un título o advocación especifica, dado seguramente por los cortadores de carne, después del suceso del hundimiento de la Carnicería, y que en los documentos de la hermandad la llaman de la Providencia. Esta especifica advocación o doble título, era común en Granada, en el caso de la Inmaculada Concepción, quizá para distinguirlas de las numerosas imágenes y hermandades que existieron en la ciudad con ese nombre. De ello, tenemos algunos ejemplos como: la Inmaculada de San Ildefonso, cuya hermandad la llamaba de la Pureza; la Inmaculada de la iglesia de San Pedro, cuya hermandad la denominaba como la de la Buena Dicha, o la de la iglesia de San Juan de los Reyes a la que llamaban de los Favores. En este caso de la hermandad de los cortadores de carne la denominaron de la Providencia.  

Será, pues, el día 15 de agosto de 1696 cuando se funde la Hermandad del Divino Niño Jesús, llamada a unirse con la de la Concepción y Providencia. Ese día se reúnen en la sacristía de la iglesia de la Magdalena un grupo de devotos del Niño Jesús, impulsada por el Comisario del Santo Oficio y beneficiado de dicha iglesia parroquial, Joseph Vélez de Tineo, lo que nos puede dar idea de que fue una hermandad sometida al control parroquial. Éste, con los sacristanes de la parroquia, y otros feligreses formalizan ante el notario la constitución de la Hermandad, dándose unas reglas para su gobierno y con ese propósito:

"(...) fundar la dicha hermandad y mayor culto del Divino Niño Jesús y celebración de sus Santísimo Nombre y porque sí y los que fueren más adelante lo aceptaban y lo aceptaron y se obligaban a guardarlas (...)" (6).
Las constituciones se presentaron al Arzobispo, don Martín de Ascargorta, para su aprobación y se pidió que se solicitara de la Santa Sede las gracias y privilegios que correspondieran para estar unida a la Cofradía de Jesús de Roma. Estas gracias y privilegios pudo obtenerlas la hermandad, pero no tenemos referencias documentales de su consecución. Esta hermandad del Divino Niño Jesús llegará a una fusión con la hermandad de la imagen de la Concepción y Providencia de la Carnicería en los siguientes años, sin que podamos precisar con exactitud el año en que se produjo. 

En 1701, volvemos a tener datos de la Hermandad de la Concepción y Providencia. En este caso, será el juez de testamentos y obras pías del arzobispado quién denuncie y exija unos débitos a favor de la cofradía, que como resultado de su gestión debían los que habían sido hermano mayor y mayordomo en años anteriores, y que se remontaban algunos a la década de 1670. Se trataba, respectivamente, de Gaspar de Jerez y de Manuel Sánchez, que resultaron alcanzados por una deuda de 780 reales de vellón. Débito antiguo, que remonta la antigüedad de la hermandad de la Concepción a la referida década de los años setenta, pero que fue reclamada en 1701, cuando Gaspar de Jerez estaba impedido. Habían pasado tantos años para reclamarle la deuda, que en ese momento, ya Jerez estaba impedido y sin poder salir de su casa. Que la reclamación la hiciera el fiscal de tetamentos del arzobispado nos sugiere que la hermandad ya estaba vigilada por la autoridad eclesiástica, y probablemente unida a la del Niño Jesús. 

Parece pues, que durante el tiempo en el que la hermandad había tenido su sede en la tribuna estaba fuera del control de la autoridad eclesiástica, al menos, en el aspecto de rendición de cuentas. También, se le exigió al hermano mayor de 1698, Francisco de la Torre, que devolviera tres tafetanes encarnados y amarillos que eran para adorno de la capilla de la tribuna en la fiesta de la hermandad. De la Torre los había dado a los colgadores para que los colocaran y después parece que no los devolvieron, o esa fue la alegación que hizo éste en su defensa.  El fiscal de testamentos lo conminó a que los pagara antes de la fiesta de primeros de mayo de ese año (7).

Dos años después, en 1703, el fiscal de testamentos encuentra determinadas irregularidades por apropiación indebida por parte de los mayordomos de los ocho años anteriores, acusándolos de haberse gastado las limosnas que recibían de los devotos en usos particulares, en lugar de emplearlos en atender al culto de la imagen. Los conminó a que presentaran las reglas de la Hermandad y sus libros de cuentas, y que dieran razón detallada de las limosnas y de sus empleo.

Esteban Reynaldo, mayordomo de ese año, presentó las constituciones de la hermandad, de lo que se deduce que ya contaba con ellas la cofradía, pero no el libro de cabildos y cuentas, excusándose de que no podía aportarlo por tener una de las llaves el hermano mayor, Juan García. Dicho libro, finalmente, fue presentado al fiscal para su examen, pero sin realizar la declaración de las limosnas recogidas, ni de cómo se habían empleado las mismas.  

Del examen que hizo el fiscal de las constituciones se deducen algunas particularidades y obligaciones de los cofrades, como la de entregar un cirio de cuatro libras de cera blanca los hermanos al ingresar en la cofradía, más seis reales por la luminaria y dos cada semana del año. También, se exigía otras entregas en especie, como una libra de carne de las que a los hermanos cortadores les correspondía de cada carnero que cortaban. La contabilidad y vigilancia de esta obligación le correspondía al hermano mayor para que todos los cortadores cumplieran con la misma puntualmente cada semana. Asimismo, en la constitución tercera se obligaba la hermandad a socorrer a las viudas de los cofrades que hubieran quedado en la pobreza, como obra de caridad. Estas carencias de la viudas y huérfanos y otras necesidades de tipo social solían preverlas las reglas de muchas hermandades (8). 

Los mayordomos requeridos no presentaron el montante de las cantidades ingresadas, requiriendo el fiscal, esta vez, al notario, para que pasara por la tribuna o capilla de la Virgen, para ver el arca de la hermandad y dar cuenta de las cantidades, cera y demás bienes que allí se encontraran.  

Hasta aquí (año de 1703), los documentos relativos a la Hermandad de la Concepción y Providencia se refieren a esta hermandad sin añadirle el título del Niño Jesús, por lo que suponemos que la unión entre ambas hermandades se pudo producir después de esa fecha. Quizá, ese momento de la fusión se materializaría cuando la hermandad de la tribuna de la Carnicería Principal pasara a tener sede en la contigua iglesia de la Magdalena o cuando la se convirtió en rosariana, siguiendo la trayectoria de muchas cofradías de la Virgen de adquirir o nacer con este carácter de práctica del Santo Rosario callejero, que proliferaron en la ciudad a finales del siglo XVII y durante el XVIII. A finales de este último siglo, aún practicaba el rosario callejero, pues un inventario de 1784 da cuenta de "dos faroles que hay para el Rosario".

Parece que la hermandad una vez que instaló su sede canónica en la iglesia de la Magdalena y en la capilla del Niño Jesús, no abandonó la tribuna de la Carnicería, siguiendo venerándose allí la imagen de la Virgen. La corporación siguió o consiguió cierto esplendor en la primera mitad del siglo XVIII, no volviendo a tener noticias de ella hasta 1784, salvo una visita que realizó el Arzobispo Barroeta en 1764.


Ya, en el encabezamiento del documento de cabildos de 1784 se presenta la corporación con el título de Venerable Hermandad de la Purísima Concepción y Divino Niño y Dulce Nombre de Jesús, con sede en la iglesia parroquial de la Magdalena. En la sacristía de dicha parroquial se celebró un cabildo el día 6 de mayo de ese año, al que asistieron 27 hermanos, con el fin de recuperar los ánimos de los cofrades que se habían enfriado en los últimos veinte años, en los que no se había atendido debidamente a la capilla de la hermandad ni a las sagradas imágenes.

Ese cabildo vendría a constituir una verdadera reorganización de la hermandad. En él se nombraron, de forma provisional, a cuatro mayordomos o mandatarios: Manuel y Joseph del Castillo, Juan Ramírez y Pedro Gómez y se recuperaron con la intervención del Provisor los bienes y alhajas de la cofradía, que estaban extraviadas, posiblemente, en manos de anteriores cargos directivos. También, se dispuso un régimen contributivo por el que los hermanos que fuesen cortadores de carne pagarían un real de vellón semanalmente, y, los que no lo fueren, dos reales, además de un cuarto en la sabatina. Esta disposición sugiere que ya la hermandad había dejado de ser gremial, para admitir en sus filas a otros cofrades que no eran cortadores de carne. Era una época en la que ya se habían suprimido las cofradías gremiales. Finalizado el cabildo, y tomada posesión por lo cuatro mayordomos, se mandó repicar las campanas de la Magdalena, "quedando perfeccionada la elección", como era costumbre (9).   

El 27 de noviembre de ese año se produjo una visita pastoral del Inquisidor, Joseph Calvelo, en la que se examinó el libro de cabildos, que solo constaba de uno, el celebrado el día 6 de mayo, por haberse extraviado los antiguos libros " (...) en el tiempo que han estado dispersos los individuos de dicha hermandad (...)". El visitador felicitó a la cofradía, exortando a sus hermanos a la práctica de los cultos y funciones de instituto, según sus constituciones.

Los cuatro mayordomos o mandatarios para la reorganización de la hermandad, aún ejercían sus cargos en 1798, catorce años después de su elección. Ello era exponente de que la hermandad no había alcanzado la normalidad completa en los años anteriores, tratando de normalizarla con la celelebración de un cabildo el día 13 de septiembre de ese año, a fin de nombrar nuevos mayordomos. En ese cabildo se ratificó lo dispuesto en el de 1784, manteniendo la contribución de un real de vellón para el culto de la sagradas imágenes y añadiendo la obligación de cada hermano de realizar una demanda de limosna un día del año y, si por enfermedad o trabajo no la pudieren practicar, deberían de pagar 20 reales.

Aunque la hermandad contaba con capilla propia de la iglesia de la Magdalena, también mantenía la de la tribuna con la imagen de la Concepción, distribuyéndose los cuatro mayordomos: dos para la de la iglesia y dos para la de la tribuna de la Carnicería. No obstante, debían auxiliarse  unos y otros en caso de ausencia, enfermedad o fallecimiento de alguno de ellos, realizando un solo cuerpo con las limosnas recogidas, para que el culto de una y otra capilla no sufriera merma alguna. Asimismo, se acordó, que la entrega de bienes y cuentas de los mayordomos salientes a los entrantes se haría tres días después de su nombramiento, procediéndose a la elección de nuevos mayordomos, en la que fueron elegidos en esta ocasión dos, en vez de cuatro, volviendo con ello a la normalidad y a lo que era usual. Estos mayordomos fueron: Josef Moreno con 21 votos y Ramón Fernández con 17.   

En cuanto a las lámparas de aceite que alumbraban las capillas se ofreció el capellán de la hermandad,  Josef Moreno Barranco, teniente de cura de la parroquia, a atender a ellas para que estuvieran encendidas todos los días, desde el amanecer a la oración del atardecer, pidiendo para ello 220 reales de vellón, lo que aceptó la hermandad.

Después, se mandaría hacer un inventario de los bienes de la hermandad, que se presentó el 15 de octubre de aquel año (1798). Este inventario nos proporciona cierta claridad en muchos aspectos de ella y de las imágenes a las que daba culto en la capilla. Respecto a la imagen del Niño, éste estaba adornado con profusión de joyas, entre las que destacaban: un cintillo de oro con tres diamantes pequeños, regalado por el devoto Lendínez y Castillo; un collar de perlas finas y una gargantilla de lazo; una cruz de oro y esmeraldas; otra joya de oro, rubíes y esmeraldas y un anillo, también, de oro, rubíes y esmeraldas; una cruz de plata de tres cuartas (unos 65 cm.), lo que nos da idea, seguramente, que dicha cruz se le ponía al Niño en Semana Santa, con una cestica con las insignias de la Pasión y una corona de espinas de diadema, todo de plata. Para esta vestimenta de Pasión tenía el Niño un vestido de terciopelo morado con puntas de oro y unas sandalias moradas, añadiendo a su ajuar otros vestidos de seda y dorados. El altar se adornaba e iluminaba con seis candeleros de talla dorados y seis ramos de hojalata, más otros seis candeleros de metal. 

Dicha capilla de la hermandad se situaba a la entrada del templo, la primera de la derecha, vecina de la de la Hermandad del Cristo de la Esperanza y Vía Sacra, que era la siguiente. Asimismo, el inventario nos dice que en la capilla estaban unas imágenes de San Juan, no sabemos si el Bautista o el Evangelista, y la de San José. Respecto de la Virgen de la Concepción el inventario revelaba la existencia de una corona de plata. Parece que no se sobrevestía a la Virgen, ya que no aparecen vestidos ni mantos para Ella.

Niño de iglesia de Alhendín de Alonso de Mena. Fot. A. Padial


No se sabe, tampoco, el paradero de la imagen del Niño Jesús y Dulce Nombre de la iglesia de la Magdalena. En un inventario de dicha iglesia, realizado en 1865, ya no figura en él la imagen, que probablemente desapareciera con la hermandad hacia 1809, cuando fue ocupada la ciudad por las tropas de Napoleón. Quizá algún hermano lo trasladó a su domicilio para evitar el saqueo de obras de arte que perpetraron los franceses durante la ocupación. No obstante, existe la coincidencia de que en la clausura del convento del Corpus Christi de religiosas agustinas, donde reside la parroquial de la Magdalena, hay un Niño Jesús, llamado de la Providencia, atribuido a Alonso de Mena, pero dicha imagen fue recibida por las monjas por un legado en 1727, cuando aún no residía la parroquia de la Magdalena en la iglesia del convento del Corpus Christi de agustinas recoletas, donde hoy se encuentra (10). 

La reorganización de la hermandad llevada a cabo en 1784, parece que no surtió los efectos en su mayor parte deseados, pues los mayordomos no se nombraban con la regularidad requerida y había años en los que carecía de ellos, como en 1791, según las anotaciones del libro de fábrica de la iglesia. Ello, no obstante, casi todos los años se celebraba la fiesta de la hermandad, por así reflejarlo los derechos parroquiales cobrados por estas fiestas (11). La situación presenta cierta mejora en los primeros años del siglo XIX, celebrándose un cabildo el 31 de diciembre de 1800 por mandato del provisor, en el que se nombran como mayordomos a Pedro Gómez y Manuel del Castillo.

Pero la decadencia de la hermandad era ya muy evidente en estos años, a pesar de estar sometida a la observación del Provisor de la Diócesis, Antonio Muñoz Patón, y del beneficiado de la Magdalena, Juan de Dios Maldonado, que fueron requeridos en septiembre de 1805 por los cortadores de carne, encabezados por Juan López Lendínez, para que convocaran elecciones de mayordomos, alegando la decadencia que había experimentado el culto a las imágenes, el descuido y falta de aseo que se hallaban la capilla de la tribuna de la Virgen en la Carnicería Mayor. 

Por mandato del Provisor el notario notificó la convocatoria de elecciones, que se celebraron el 26 de septiembre de 1805, siendo presididas por el capellán de la hermandad, Josef Moreno Barranco, y en las que resultaron elegidos: para el cargo de hermano mayor, Josef del Castillo; para el de mayordomo, a Juan López Lendínez; como padre de almas, a Juan Serrano; determinándose, también, que cada hermano hiciera una demanda de limosnas y que se recogieran cada semana seis reales de las "tablas de escogido", que suponemos que ésta era la contribución de los hermanos cortadores de carne.

En enero de 1806 se volvieron a nombrar cargos y 14 de enero de 1808, parece que ese era el mes para hacer la renovación de los cargos, se celebraron nuevas elecciones en las que resultaron elegidos Antonio Aranda y Pedro Gómez, como hermano mayor y mayordomo, respectivamente, y Ramón Fernández, como padre de almas. Estas serán las últimas elecciones de que se tiene noticia; la Guerra de la Independencia con la ocupación de Granada en 1809 por las tropas del General Sebastiani y los siguientes años de ocupación francesa, terminarían con la existencia de esta hermandad de los cortadores de carne del Matadero o Carnicería Mayor de Granada. Pedro Gómez entregaría un inventario de bienes a los ocupantes franceses en diciembre de 1810 (12).  

Transcurriría un siglo  XIX lleno de convulsiones políticas, sociales y religiosas, en el que la ciudad y población granadina sufrirían profundas transformaciones. Aún Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico, (1845-1850), nos ofrece un visión realista de la ciudad en ese momento, que, paulatinamente, había ido mutando su fisonomía urbana, aunque aún quedaba muchos indicios de su pasado. Todavía, a mediados del siglo XIX, hace referencia a la "Carnicería de Bib-Rambla", sin hacerlo de la tribuna de la Concepción de aquella Carnicería ¿Habría sido derribada en las reformas que se realizaron en la zona?, pero aún estaba el pie el Arco de las Cucharas por donde se accedía a la Carnicería Mayor y a la iglesia de la Magdalena en su puerta lateral, que daba a esa calle del Arco de las Cucharas. 

Dicho Arco desapareció el 31 de diciembre de 1879, cuando toda esa fachada sur de la plaza de Bibrambla sufrió el incendio que destruyó para siempre la Casa de los Miradores, diseñada por Diego de Siloé, y lugar desde donde las autoridades de la ciudad presenciaban, fiestas, toros, procesiones y ejecuciones. El Arco de las Cucharas y, seguramente, la Carnicería Mayor, desaparecieron con el incendio, borrándose todo vestigio de ellas con las construcciones de edificios, que a partir de ese año, se le levantaron en esa fachada de Bibrambla, sobre los solares que había dejado el incendio.

La iglesia de la Magdalena antigua, quedó en pie, pero siendo enajenada, pasando a propiedad de particulares que se destinó a tienda de tejidos (Tejidos la Magdalena), destruyéndose en los años setenta del pasado. Sobre su solar hoy se eleva el edifico del Catastro. La parroquia se trasladó a la iglesia del convento del Corpus Christi de Agustinas Recoletas,  en la calle de Puentezuelas, donde ya estaba mudada en 1840, y, desde entonces, allí se encuentra. 




Como hemos afirmado, de la imagen de la Concepción y Providencia se desconoce su paradero. A la iglesia de la Magdalena actual (convento del Corpus Chisti) no se trasladó dicha imagen, como se ha manifestado, pero si pudo llevarse, cuando se destruyera la tribuna en el siglo XIX, para formar parte de los fondos artísticos del Arzobispado. Era muy común, y lo sigue siendo, que muchas imágenes, retablos y otros efectos de iglesias suprimidas fueran a parar a dichos fondos, entre los que se encuentra una Inmaculada Concepción, que está atribuida a Alonso de Mena o a su taller, que hoy se encuentra en una vitrina del Museo de la Catedral  (13), y recientemente se ha utilizado para unos cultos en dicho templo metropolitano.



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1. Manuel Gómez Moreno, Guía de Granada, p. 248, edición facsímil de 1982, Universidad de Granada e Instituto Gómez-Moreno de la Fundación Rodríguez-Acosta.

2. Francisco Henríquez de Jorquera, Anales de Granada, (1588-1643) tomo II, p. 892. Universidad y Ayuntamiento de Granada, serie "Archivum", edición facsímil 1987.

3. Archivo Histórico Diocesano de Granada, en adelante AHDGr, legajo 16 f, pieza 33.

4. Miguel Ángel León Coloma, "La Inmaculada y los temas de Pasión en la imaginería de los conventos de los Agustino Recoletos de Granada", en Granada, Tolle Lege, p. 191. Editado Granada 2009. 

5. Antonio Gallego y Burín, Granada. Guía Histórica y Artística de la Ciudad, p. 206.

6. AHDGr, legajo 108 f, pieza 10.

7. AHDGr, legajo 16 f, pieza 33.

8. AHDGr, legajo 16 f, pieza 2.

9 AHDGr, Legajo 16 f, pieza 24.

10. Miguel Ángel León Coloma, "Escultura devocional en la intimidad de la clausura", en Granada, Tolle Lege, p.p. 353-354. Editado Granada 2009. 

11. AHDGr, legajo 413, pieza 2.

12. Véase, también, para esta hermandad, Miguel Luis López Muñoz (M.L. López-Guadalupe Muñoz) Las cofradías de la parroquia de Santa María Magdalena en los siglos XVII y XVIII. Universidad de Granada "Estudios Históricos, Crónica Nova". Granada 1992.

13. José Peinado Gúzmán, "La iconografía inmaculista de Alonso de Mena y su escuela en Granada", p.72. Iberian. Revista digital de historia, nº9, enero-abril 2014.


domingo, 1 de marzo de 2020

HERMANDADES DE NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO EN GRANADA



Litografía de Luengo de 1736. Col. Casa de los Tiros


Antonio Padial Bailón

Seguramente, la devoción a la Virgen del Buen Suceso llegó a Granada durante la primera mitad del siglo XVII, quizá traída por algún o algunos indianos procedentes del Ecuador, concretamente de Quito, donde adquirió gran devoción por unas apariciones y profecías transmitidas por la Virgen a la abadesa del Convento de la Concepción de aquella ciudad, la Madre Mariana de Jesús Torres. 


Ntra. Sra. del Buen Suceso de la ciudad de Quito (Ecuador)


Tres lugares en la geografía devocional de la ciudad de Granada acogió esta devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso en: 

A. Nuestra Sra. del Buen Suceso, patrona de la Hermandad Sacramental de iglesia de San Andrés

Esta devoción tuvo su sede más antigua en la iglesia parroquial de San Andrés, a la entrada de la ciudad por la Puerta de Elvira. Quizá fue la primera vez que se conoce y da culto en Granada a esta advocación mariana. 

En dicha iglesia existía una capilla ocupada desde el siglo XVI por la Hermandad Sacramental de la parroquia y dedicada a Nuestra Señora del Buen Suceso, que realizaba la función de comulgatorio parroquial y de cofrades de la Hermandad del Santísimo Sacramento, que le daba culto a la imagen y la tenía como patrona. Era usual que las hermandades sacramentales tuvieran alguna advocación mariana como devoción de la hermandad, y. quizá, ésta del Buen Suceso sería acogida por la Sacramental de San Andrés en razón de la incidencia eucarística de una de las profecías dirigidas por la Virgen a la Madre Mariana de Jesús Torres, al profetizar que el Cuerpo Eucarístico de Jesús sería profanado en muchos lugares.

Esa Hermandad Sacramental fue fundada el 11 de julio de 1539, al menos, de esa fecha eran sus primeras reglas (1), y ya el cronista Enríquez de Jorquera nos dice que: "(...) la capilla de Ntra. Señora del Buen Suceso, sirve de comulgatorio y está agregada a la hermandad del Santísimo Sacramento". 

Por lo tanto, esta advocación de Ntra. Sra. de Buen Suceso, como devoción mariana de la Hermandad Sacramental de la iglesia de San Andrés, sería la primera vez que aparece en Granada y lo haría entre principios del siglo XVII, pues las apariciones de la Virgen en Quito a Sor Mariana de Jesús se producían aún en esas fechas, y el año 1646 en el que se finaliza el relato de los Anales de Granada de Enríquez de Jorquera.


Litografía de Luengo de 1736, retocada en 1783. Col. Casa De los Tiros

Aún se seguía dando culto a Ntra. Sra. del Buen Suceso de San Andrés en el año 1783 y en los posteriores, pues de esa fecha es la última litografía que se publica de la Virgen. Seguramente, la imagen Virgen estaría en la iglesia hasta el incendio de la misma, que se produjo en la madrugada del 7 de agosto de 1819.  Algunas imágenes fueron salvadas de las llamas, como ocurrió con la del Cristo de la Salud de dicha iglesia, que en 1842 se convirtió en la devoción de la Hermandad Sacramental, al agregarse en esa fecha su hermandad a dicha Sacramental (2). 

Ésta imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso no sabemos lo que ocurrió con ella, pero lo cierto es pudo salvarse del incendio, pues hay una noticia que da el periódico "El Defensor de Granada" el 24 de septiembre de 1896 por la que anuncia que al siguiente día, viernes 25, se celebraba "(...) una solemne función a Nuestra Señora del Buen Suceso, que se venera en la iglesia de San Andrés, siendo el orador sagrado don Joaquín María de los Reyes". Después de esa fecha no hay constancia del paradero de dicha imagen de la Virgen y el Niño.




B. Nuestra Señora del Buen Suceso de la Puerta del Campillo Bajo

Desde la Puerta Real, y por la hoy Acera del Casino, bajaba la muralla nazarí hasta el Castillo de Bibataubín, donde se abría en ella una puerta del recinto amurallado, llamada de los Penitentes, que estaba junto a dicho castillo, como abertura para comunicar el inicio de la Carrera de la Virgen con la Plaza del Campillo Bajo. 

En la parte superior de dicha puerta de la ciudad existía una capilla, al modo de las que hay en las puertas de la localidad de Santa Fe, que estuvo dedicada, en principio, a Nuestra Señora de la Paz, aunque Barrios Rozúa nos dice que estaba dedicada a la Virgen de los Remedios, cuando el Ayuntamiento la construyó en 1619, y que existía en dicha capilla una imagen de Jesús del Consuelo en una hornacina situada en la tribuna que daba a la Carrera de la Virgen (3). Ambas cosas no son incompatibles, pues después veremos que se dedicó a la Virgen del Buen Suceso. 

De la capilla de la Puerta del Campillo nos explica Henríquez de Jorquera en 1639, que los soldados de la fortaleza de Bibataubín, juntamente con los vecinos del Campillo "(...) reedificaron la capilla de Nuestra Señora de la Paz, que está encima de la puerta de la ciudad que dicen del Campillo, haciendo en la dicha capilla un muy curioso hornato y juntamente ganaron licencia del señor provisor para que en ella se dixesen misas todos los dias para lo cual nombraron capellán y ordenaron que se dijese la salve a nuestra Señora todos los sábados; hiçosele una grandiosa fiesta el primer dia que colocaron a la soberana imajen a la dicha capilla a costa de los becinos de aquel barrio y soldados" (4). Parece, pues, que en esa fecha fue cuando se dedicaría a la advocación de Nuestra Señora de la Paz.

El alcalde del Castillo de Bibataubín tenía licencia en 1643, para que en la ermita se dijeran misas para vecinos y soldados, así como, para la celebración de las fiestas, estando la capilla cuidada con mucha "decencia y ornato" (5).  


Dibujo de la Puerta y Ermita del Buen Suceso en 1759. Documento del Archivo de Simancas (6)

No sabemos la fecha en la que la capilla de la Virgen de la Paz se convirtió en la de Nuestra Señora del Buen Suceso, seguramente, con la misma imagen pero cambiando de advocación. Y esto ocurriría, probablemente, en fecha cercana a 1707, pues el trinitario de la Chica Benavides, no dice que ese año, el día 6 de mayo, la Hermandad de Nuestra Señora del Buen Suceso había conseguido la aprobación de sus Reglas, siendo arzobispo de Granada don Martín de Ascargorta, anotando el suceso extraordinario de la aparición de la imagen en un hueco del muro de la capilla o muralla, aunque el mismo cronista no le concedía mucho crédito al hecho. Estos supuestos sucesos extraordinarios, siempre han solido preceder a la presencia de una nueva imagen o devoción en algún lugar, con objeto de iniciar o incrementar una devoción.   


Quizá es el mismo cronista, de la Chica Benavides, el que nos da la pista de que la antigua Virgen de la Paz se había convertido en Nuestra Señora del Buen Suceso con la creación de su hermandad, al decir, que: "Lo cierto es, que esta Imagen estuvo antiguamente en una Tribuna en el mismo sitio, y encima del Cobertizo, por donde se comunican los dos sitios del Campillo y Carrera del Genil: y que con el tiempo se fundó una hermandad (...) 
(7). Parece que la hermandad al constituirse pudo cambiar el título de la imagen de la Paz, que en Granada contaba con varias hermandades de esa advocación, por el de Buen Suceso.

El arzobispo Barroeta y Ángel visitó, en 1764, la ermita y los libros de la hermandad, hallándolos en perfecto orden. Sin embargo, ésta no se encontraría muy boyante a mediados del siglo XVIII, puesto que, en 1767, se estaba haciendo cargo de la fiesta de la ermita de Nuestra Señora del Buen Suceso la hermandad de las Ánimas de la iglesia de San Matías, parroquia a cuya demarcación pertenecía la ermita del Campillo Bajo
(8).

Ya en 1788 la hermandad parece que no pudo salir de su decadencia y de la utilización  de sus escasos recursos en provecho de sus directivos o mayordomos (9). La Puerta y capilla, muy arruinados en 1807, se derribó al año siguiente, por declararla en ruinas el Ayuntamiento de Granada - que la había construido y era el patrón de la capilla-. El espacio resultante de su derribo y el de las casas colindantes sirvió para ampliar esa zona por las autoridades francesas invasoras, que inauguraron en 1810 el Teatro Cervantes o Principal, levantado en esa zona, y que venía construyéndose desde 1804.

C. Cofradía y Hermandad de Ntra. Sra. del Buen Suceso del convento de San Francisco (Casa Grande)


Que conozcamos, hasta ahora, una tercera hermandad dio culto en Granada a Ntra. Sr. del Buen Suceso con sede en el convento de San Francisco "Casa Grande". Se trataba de una cofradía formada por torcedores de la seda, cuyas actividades derivadas de esta materia ocupaba a muchas personas en la ciudad, propiciando la fundación de varias hermandades con indudable signo gremial. Numerosa era la industria de la seda en Granada, heredada de los musulmanes tras la conquista de la ciudad, cuyos talleres y telares se repartían por algunos barrios, como el Albaicín y el Realejo, siendo famosos sus damascos y tafetanes; exponente de tal relevancia era que una de la rutas de la seda hacía Oriente comenzaba en Granada, llegando a las ciudades de Jiva y Samarcanda. 

Curiosamente, la hermandad de Ntra. Sra. del Buen Suceso de Priego de Córdoba, también estaba formada por torcedores e hiladores de la seda y, asimismo, radicaba en el convento franciscano de esa localidad. La imagen de la Virgen y el Niño fue realizada en Granada, presentando una iconografía que nos puede dar idea de como pudo ser la de Granada. 


Ntra. Sra. del Buen Suceso de Priego de Córdoba. Foto Hermandad

Pocas noticias se tienen de esta hermandad, que se fundaría sobre la segunda mitad del siglo XVII. Sabemos que ya existía antes de 1687 por un litigio contra el platero Rodrigo Cisneros y mayordomo de ese año, Francisco de Atienza, acusando el hermano mayor, Joseph Díaz, de no devolver el platero una bacinilla de plata para pedir limosnas, que había realizado el platero y que éste la había recogido en la calle de un hermano limosnero, porque la hermandad no la había pagado en su totalidad, debiéndole 200 reales de los 260 que era su precio. Por su parte, el mayordomo Atienza, que había pagado sólo los 60 reales, se le pide por el hermano mayor que pague el resto al platero con el alcance de deuda que le debía la hermandad durante su gestión de mayordomía (10). 

El platero Cisneros logró hacerse con la bacinilla, porque un día que el limosnero Manuel Ferrer a pedir al taller del maestro sedero, Manuel de la Paz, este le quitó la bacinilla de las limosnas para que la pesara el platero, pues no se estaba seguro de su valor si pudieran ser 236 o 268 reales de vellón. Y la mandó, precisamente, con su hijo a la tienda del platero Cisneros que se la quedó como prenda hasta que le pagara la hermandad los 200 reales que le debía. 

Si bien, el Provisor de la diócesis ordenó al platero devolver la bacinilla a la hermandad por su auto de 18 de febrero de 1687, no sabemos, porque no he encontrado más documentos de esta hermandad de Ntra. Sra. del Buen Suceso, en que finalizó el pleito, pues aún le quedaba contestar al platero Cisneros, para defenderse de la acusación. Lo cierto es, que parece que el pleito duró hasta 1695.

No poseo más noticias de esta hermandad, que tal vez, pudiera ser la misma, que después se mudara a la capilla de la Puerta de Bibataubín, pertenecientes a la jusrisdicción de la parroquia de San Matías, tanto el Convento de San Francisco, como la capilla de la Puerta de Bibataubín. Nada se opone a ello si consideramos el tiempo en que tenemos noticias de dichas hermandades: ésta del convento franciscano conocemos de ella su actividad hasta 1695, teniendo noticias de la hermandad la de la capilla de Bibataubín desde 1707 en que aprobó sus reglas, bien pudiera ser ésta continuadora en el tiempo de la de San Francisco, aunque, lógicamente, esto es una mera hipótesis, hasta que no conozcamos más documentos.   

No se limitaba a estas tres hermandades el culto a la Virgen del Buen Suceso, también había altares dedicados a ella en otros templos, como en la iglesia de San Nicolás de Bari, según el inventario de altares de las iglesias, que mandó realizar en 1769 la diócesis granadina (11); otro altar dedicado a ella existía en 1797 en la iglesia de San Jerónimo, que sabemos de su existencia por el "Mensajero Económico y Erudito", que informa de la venta de un retablo dorado de la Virgen del Buen Suceso en su número de 18 de mayo de ese año. 

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1. Miguel M. López-Guadalupe Muñoz Contrarreforma y Cofradías en Granada...(Tesis Doctoral) 1992.

2.  Antonio Padial Bailón "La Sacramental Hermandad del Santo Cristo de la Salud y Ntra. Sra. de las Angustias de San Andrés, Hermandad Pasionista y Sacramental. Reglas de 1868". Revista "Gólgota", nº 72 (2019), 68-72.

3. Juan M. Barrios Rozúa, Guía de la Granada desaparecida, 298-299. Granada 1999.

4. Francisco Henríquez de Jorquera, Anales de Granada, tomo II, p. 838 (sucesos de 1588 a 1646). Edición 1987. Editorial Comares.

5. Archivo Histórico Diocesano de Granada, en adelante AHDGr, legajo 122 f (a), pieza 2.

6. Santiago M. Pecete Serrano, Castillo de Bibataubín: Propuesta de evolución de un edificio histórico (Anexo). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2010.

7. Fr. Antonio de la Chica Benavides, La Gacetilla Curiosa..., papel XXIII. Granada 1764-1765.

8. AHDGr, legajo 416 f, pieza 2.

9. Juan M. Barrios Rozúa, opus cit., p. 299. 

10. AHDGr, legajo 34 f (b), pieza 3.

11. AHDGr, legajo 90 r (5), pieza 22.










domingo, 7 de julio de 2019

HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA GUÍA Y CONVERSIÓN DEL SEÑOR SAN PABLO (Ciegos de Granada)




Virgen de la Guía de la Catedral de Granada, que contó con otra antigua hermandad,  distinta a la que aquí se trata


LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA GUÍA Y CONVERSIÓN DEL SEÑOR SAN PABLO (Ciegos de Granada)

Antonio Padial Bailón


Se trata de una antigua hermandad granadina que hunde sus raíces en las primeras décadas después de la conquista de la ciudad a los musulmanes. La hermandad fue fundada en el Convento de San Francisco "Casa Grande" en el siglo XVI, según declara el fiscal de testamentos y obras pías del Arzobispado de Granada en un pleito fechado en 1713, probablemente en la década de los años treinta de aquel siglo, aunque sus reglas serían aprobadas en 1549.

Quizá la fundación tuviera un origen parecido al de la hermandad de los ciegos de Málaga erigida, según la tradición, a mediados del siglo XVI por monjes franciscanos ciegos del convento de San Luis el Real de dicha ciudad. Y fue que, para evangelizar a las mujeres musulmanas se exigió que los sacerdotes o frailes tuvieran que ser ciegos a fin de que dichos varones no pudieran contemplar a las mujeres que adoctrinaban o que guiaban a la fe católica. Puede que, si el origen de la hermandad de Málaga fue el que dice la tradición, dichos frailes malagueños copiaran del convento franciscano de Granada o viceversa.

Tanto el primer título de la hermandad, Ntra. Sra. de la Guía, como el segundo de la "Conversión de San Pablo", aludían al simbolismo de la fe para acercar a los que, andando "ciegos" en la visión del alma, ven la luz del Evangelio, como le ocurrió a San Pablo cuando iba camino de Damasco para perseguir a los cristianos (un resplandor del cielo lo tira del caballo, dejándolo ciego, y Ananías le devuelve la vista al imponerle las manos en nombre de Cristo). Y la Virgen es el camino y la Guía que conduce hacia esa conversión.

En Granada hubo dos hermandades de Ntra. Sra. de la Guía: una de ellas en la Catedral, con imagen que aún se venera en este templo metropolitano, situada en la capilla del Cristo de la Penas, la segunda de su girola, que dio culto a esa imagen del arte alemán, probablemente de las que encargara la Reina Isabel la Católica,  para surtir de imágenes las mezquitas cristianizadas. En 1640 con motivo de las procesiones de desagravio a la Virgen por el libelo difamatorio contra su pureza inmaculada, la hermandad de la Guía de la Catedral, acudió por primera vez en procesión hasta el Triunfo, con más de cinco mil hachas de cera, la caballería y toda la nobleza de Granada, según Henríquez de Jorquera. La otra hermandad fue ésta que aquí tratamos titular de los ciegos de la ciudad. 

Por ahora, muy pocos datos se tienen de esta última hermandad granadina, especialmente de los siglos XVI y XVII. De este último, sólo la existencia de una visita pastoral a la hermandad en 1644, realizada el día siete de enero de ese año, siendo arzobispo de Granada D. Martín Carrillo de Alderete. En dichas visitas de examinaban los libros de cabildos y cuentas la cofradía, el estado de su patrimonio y la rendición de cuentas de sus mayordomos. Concretamente, en la visita referida se examinó la gestión del mayordomo de 1643, Luis Carrasco, que resultó debiendo a la hermandad 242 reales de vellón, que tuvo que abonar al mayordomo sucesor, Antonio de Zambrano (1).

También se deduce de dicha visita pastoral que las elecciones anuales (plazo de los mandatos en la generalidad de las hermandades) se celebraban en septiembre, pues el día 21 de ese mes cesó el mandato del mayordomo de 1642-1643, para ser sustituido por el referido Antonio de Zambrano. También en esa fecha el patrimonio de la hermandad consistía en doce censos que le reportaban unos 900 reales y recaudó ese año de limosnas otros 1.275 reales.

Como hemos referido, la fundación de la hermandad se realizó en el siglo XVI en el Convento de San Francisco, pero la visita pastoral citada fue a las hermandades residentes en el término parroquial de San Ildefonso, refiriéndose en dicha visita que la hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Conversión de San Pablo "se sirve en el Convento de Ntra. Sra. de las Mercedes" de mercedarios calzados.


Convento de la Merced junto a San Ildefonso, segunda sede de la hermandad

No sabemos la fecha en la que la hermandad cambió de sede, aunque ya estaba en el convento de la Merced antes de 1643, recibiendo en este convento la capilla primera de la derecha según se entraba en la iglesia de dicho convento, la que se situaba debajo de la torre del templo, y junto a ella, la de Ntra. Sra. de la Asunción o del Tránsito, hermandad de esta advocación que también estaba establecida en el convento de la Merced.

Traslado de sede al Convento de la Victoria

Ya no se tiene noticias de la hermandad de la Guía hasta 1707 o 1708 en que se produce un traslado de la cofradía al convento de Ntra. Sra. de la Victoria, de mínimos de franciscanos de San Francisco de Paula, que estaba situado en la Cuesta de la Victoria,  que parte del Paseo de los Tristes hasta la calle de San Juan de los Reyes, junto a la muralla que bajaba antiguamente del Albaicín por la Cuesta del Chapiz. Allí, los mínimos le ofrecieron la primera capilla de la derecha, entrando a la iglesia, seguramente la que ocupaba la hermandad de la Asunción de Nuestra Señora.

Dichas noticias se refieren en un pleito y de una visita que se inicia en 1711 con la intervención del Fiscal de Testamentos y Obras Pías del arzobispado, D, Juan Gómez de Escobar, en el que nos informa, entre otras cosas, de dicho traslado al convento de la Victoria, como nueva sede de la hermandad, donde por disposición de la autoridad eclesiástica se ordena que se agregue a la Hermandad de la Asunción de Nuestra Señora de dicho convento que se encontraba en precaria situación y contaba con menos hermanos que la hermandad de Ntra. Sra. de la Guía.

Como consecuencia de la aludida visita, por auto de 15 de marzo de 1711 se ordena que no haya más que un libro de cuentas y otro de cabildos para ambas hermandades, donde se anoten todos los hermanos indistintamente con asistencia del notario y todos lo hagan con el nombre de Ntra. Sra. de la Guía, ni tengan ambas hermandades mayordomos separados, sino unos únicos mayordomos. Era una apuesta clara por la absorción de la Hermandad de la Asunción, formando una sola, por estar esta última casi perdida.

Seguramente, la experiencia no muy positiva del funcionamiento de la fusión de las dos hermandades, puesta de manifiesto durante los años anteriores, sería la que llevó a tratar de poner orden en la hermandad con estas normas, determinándose que se tomaran las cuentas a los mayordomos de los diez años anteriores y que se cobraran con diligencias judiciales por los mayordomos de dicho año 1711 las cuotas de entrada y corrientes de los hermanos no cobradas y las limosnas, realizando estas diligencias de seis en seis meses hasta que la hermandad quedase reintegradas de las deudas.


Convento de Ntra. Sra. de la Victoria, señalado con el nº 9 en la Plataforma de Ambrosio de Vico, hacia 1630. Lo señalado como carrera del Darro es el hoy Paseo de los Tristes

También se trató de poner en orden algunas irregularidades, tales como, que se anotaran los nombres de los hermanos asistentes a los cabildos y no sólo anotar que estaba presente la mayor parte de la hermandad o que los conflictos y asuntos económico se dedujeran ante tribunal eclesiástico y no ante la Justicia Real o que los mayordomos no realizaran préstamos con el caudal de la hermandad procedente de limosnas o venta de bienes (2). 

La hermandad presentaba cierta singularidad y era la práctica de préstamos a los hermanos, no sabemos si incluso a otros particulares, mediante la dación en prenda por parte del solicitante del préstamo de joyas y otros efectos en compensación o garantía de la cantidad prestada. Era como el mantenimiento de un pequeño "monte de piedad", que alguna otra hermandad, como la de Santa Rita, lo tenía como uno de sus fines principales, y que derivó en este último caso en entidad de crédito (Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Granada). Esta actividad prestamista fue limitada o casi suprimida por la autoridad eclesiástica en esta Hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Asunción,


Finalmente, se mandó hacer, si fuere necesario, un inventario de los bienes de la hermandad en el que se indicara cuales procedían de la de Guía y cuales venían de la Hermandad de la Asunción, aunque todo reflejado en un único libro. Esto ocurría durante el mandato del hermano mayor Bernabé Berruezo, siendo mayordomo el ciego Francisco Díaz, que reunieron la hermandad en cabildo al día siguiente para dar cuenta del auto.


Pero otro conflicto se produce en el año 1713 cuando los directivos de la hermandad piden licencia para vender dos coronas de plata y utilizar también 300 reales que tiene en el arca la hermandad y un censo de 80 reales que había redimido Luis Pedro de Mora; todo ello, para realizar con su producto un estandarte con vara y cañón de plata. El fiscal del arzobispado informa que se debe de denegar la utilización de producto del censo redimido para dicho fin, y al igual que habían estado hasta ese momento sin estandarte que siguieran sin él.


Convento de la Victoria tercera sede de la hermandad, donde se fusionó con la de Asunción. Foto subida por Fran Feve.

Al denegar la petición el asunto se complica al acusar el hermano mayor de ese año Bernabé Berruezo al del año anterior, Luis de Espinosa, que era ciego, y al mayordomo de haber malbaratado el dinero del censo redimido y de haber pedido Espinosa un préstamo a la hermandad, empañando para ello unos zarcillos de oro, que con esta finalidad habían entrado en el arca de la cofradía, y que cumplido su mandato el cabildo le perdonó los 100 reales del préstamo, por el buen trabajo que había realizado en la hermandad, en el seguimiento de sus pleitos y en atención a que era pobre y privado de la vista, devolviéndole a Espinosa, acto seguido, los zarcillos de oro empeñados.

Bernabé de Berruezo, hermano mayor de ese año 1713, acusaba de ese acto de condonación de la deuda al cabildo y a Luis de Espinosa, alegando que el haber trabajado en su cargo para la hermandad era su obligación y no debía de habérsele compensado por ello el débito del préstamo. De todas formas los zarcillos estaban otra vez en poder de la hermandad, pues Berruezo se había valido de la argucia de pedírselos a la esposa de Luis Espinosa para la fiesta de San Félix de Cantalício, que había sido canonizado en 1712, y luego se negó a devolvérselos hasta que no pagara los 100 reales del préstamo.

Ante dicho despojo de los zarcillos, Espinosa acudió al Alcalde de Corte a pesar de haber prohibido la autoridad eclesiástica dirimir esos asuntos de la hermandad ante la Justicia Real, denunciando este hecho el hermano mayor Berruezo y reafirmándose en la no devolución de los zarcillos.


El pleito se resolvió por auto de 4 de agosto de 1713 a favor de Luis de Espinosa, determinando el Juez del Juzgado de Testamentos y Obras Pías que se le devolvieran los zarcillos a Luis de Espinosa, sin que sirviera de precedente, el dar a los directivos satisfacción o recompensa por el trabajo realizado en la hermandad durante su mandato.

Por lo visto, el tal Bernabé Berruezo era una persona de fuerte y conflictivo carácter, que ejercía con sus partidarios un férreo dominio sobre los cabildos, no dejando libremente votar a algunos de los hermanos que mantenían posturas contrarias a sus deseos, provocando ciertos altercados con voces y alborotos, según afirmaban los opuestos a su forma de dirigir la hermandad.  También se dio el caso de querer dirimir sus conflictos retando con su espada a sus oponentes, tratando de obligar a luchar al hermano Juan de la Rosa, ofreciéndole una espada para ello; como lo hizo en el Peso de la Harina, cerca del convento de la Victoria, con el hermano mayor de 1712.

También, afirmaban que había sido expulsado de la cofradía de penitencia de la Sangre de Jesucristo, cuando la hermandad residía en el Convento de la Merced.

Ntra. Sra. de la Guía en el Convento de la Victoria en 1816

Pero continuaron las diligencias contra Berruezo a finales del mes de agosto de aquel año, pidiéndole el Juez Juan Gómez de Escobar, que declarara qué fiesta tenía prevenida celebrar el día de la Natividad de Nuestra Señora, que se desarrollaba el día 8 de septiembre; qué gastos pensaba realizar y el destino de los mismos y cuándo terminaba su mayordomía.

La hermandad celebró el cabildo de elecciones dicho día de la Natividad de Nuestra Señora, resultando elegidos Bernabé Berruezo, como hermano mayor y Sebastián Cortés, como mayordomo. Dicha elección no fue admitida por el grupo de Luis de Espinosa aduciendo que se había excluido a los ciegos de los puestos de gobierno y mayordomías que les correspondían por reglas y costumbre, pues solo se había nombrado a un ciego de oficial. Esta ausencia de hermanos ciegos en la junta directiva vino a ahondar en los agravios que meses antes habían producido los enfrentamientos que hemos expresado. Lo cierto es, que esta parte de la hermandad optó, con el consentimiento de los mercedarios calzados, por volver al convento de Ntra. Sra. de las Mercedes en octubre de ese año de 1713, donde la cofradía había residido "desde tiempo inmemorial", cediéndoles los frailes la capilla donde siempre estuvo la hermandad, en la que se celebró un cabildo de elecciones el día 29 de dicho mes y año, presidido por el Padre Comendador, Juan de Cassas (mercedario). Cabildo que presentó varias irregularidades, entre ellas, no estar presente el secretario de la hermandad, Francisco Munuera por no haberlo encontrado.

De ese cabildo, celebrado en la antigua capilla de Ntra. Sra. de la Guía en dicho convento (la que estaba debajo de la torre), salieron elegidos Francisco de Alba, como hermano mayor, y Luis de Espinosa, como mayordomo. En el documento vienen los demás componentes de la junta de gobierno u oficiales de la hermandad, que contaba con tres alcaldes: Sebastián de Balderrama, vidente, Francisco Díaz y Francisco Hidalgo, que eran ciegos; dos padres de almas: Pedro Alarcón y Alonso Garrido, ambos videntes; dos veedores de bienes: Miguel del Castillo y Cecilio Fernández; cuatro diputados: Torcuato de Espigares, Leonardo Martínez de Buenrostro y Joseph de Aragón, ciegos, y Juan de Godoy, vidente. Como fiscal, Diego de Montes.

Los libros, alhajas, documentos y demás efectos de la hermandad habían quedado en el convento de la Victoria en poder de Bernabé Berruezo y Sebastián Cortés, que les fueron reclamados. No sabemos sí también la imagen de Ntra. Sra. de la Guía, aunque es extraño que no aparezca en la reclamación, por lo que se podía pensar que pudieron habérsela llevado consigo al convento de la Merced. A la Merced vuelven como Hermandad de Ntra. Sra. de la Guía y Conversión de San Pablo, y denominan a Berruezo como mayordomo de la Asunción de Nuestra Señora, intentando quebrar con ello la fusión de ambas hermandades. 

Contra esta decisión de traslado se querelló el Fiscal General de Testamentos, Jerónimo Navarro, para la que no había dado licencia; que con ese acto y cabildo se habían apropiado de la hermandad, participando en él personas, que, incluso, no eran hermanos, convocando un cabildo para el que no tenían facultad. El fiscal pidió para Luis de Espinosa y sus partidarios, que se les prendiera como reos, se embargasen sus bienes y se les expulsara de la hermandad.   

El juez de Testamentos y Obras Pías, D. Juan Gómez de Escobar, dictó auto el 15 de noviembre de 1713, por el que declaraba nulo el cabildo celebrado por los disidentes en el convento de la Merced y la elección de cargos realizada en él: les conmina a que no pidan limosnas con el título de oficiales y que todos los hermanos que participaron en el cabildo celebrado en la iglesia del convento de la Merced sirvan a la hermandad en el convento de la Victoria, donde tiene su sede canónica y cumplan la regla sin introducir innovaciones. 


Grabado de la otra imagen de Ntra. Sra. de la Guía, la de la Catedral en siglo XIX. Casa de los Tiros

También la Hermandad de la Sangre de Jesucristo, según el testigo Pedro de Morales, estaba tratando de regresar al convento de la Merced donde fue fundada en el siglo XVI y que recientemente se había trasladado al de la Victoria. Puede que los frailes mercedarios le hubieren pedido, asimismo, que regresara a la Merced.  

Ni la Hermandad de la Sangre ni la de Ntra. Sra. de la Guía, ésta después del auto del Juez de Testamentos que lo prohíbe, vuelven al convento de Ntra. Sra. de las Mercedes, quedando en el de la Victoria, hasta la supresión y desamortización de éste último convento en 1835.

Durante el resto del siglo XVIII la hermandad celebraba cinco fiestas al año: el 25 de enero, fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo; día de la Asunción, 15 de agosto; el día de la Natividad de la Virgen, 8 de septiembre; el 1 de noviembre, día de Todos los Santos y el día de Santa Ana, como fiesta particular. Asimismo, con hermandad de entierros y sufragios pagaba 33 misas a los hermanos difuntos procedentes de la de Guía y 16 a los que procedían de la Hermandad de la Asunción.

La Hermandad de la Guía con muchos hermanos, como hemos dicho, también tenía propiedades urbanas y rústicas, probablemente debido a diversos legados de sus hermanos y devotos. Tenía, entre otros, un cortijo en el Pago de Andarax, en la alquería del Fargue; diferentes fincas en Gabia la Chica; casas en la Tinajerías, Triunfo; tres en la Cuesta de la Alhacaba; casa en la calle de las Vacas, feligresía de San Juan de los Reyes, esta procedía de la Hermandad de la Asunción, su agregada, y alguna otra más.

La Virgen de la Guía, que parece que era de talla, según los grabados, se la sobrevestía, pues en el inventario aparecen prendas de vestir, como una saya verde de lienzo, una basquiña de tafetán celeste y una armilla de raso encarnado, también al Niño Jesús que llevaba en el brazo izquierdo se le vestía y un cetro en la mano derecha de la Virgen. Otras alhajas de oro y plata guardaba la hermandad en un cajón dentro del arca, procedentes de distintos empeños por préstamos.

Tenemos noticias puntuales de la Hermandad durante el resto del siglo XVIII, como el impago sobre los años 1778 y 1779 de un censo sobre media tienda en la Alcaicería propiedad de la parroquia de San Gil, que su mayordomo de fábrica mayor lo da por incobrable, lo que da idea de que la economía de la cofradía no se hallaba en buen momento. Por no reconocer los réditos impagados de un censo sobre una casa en la Caba sobre un puentecillo del río Darro fue demandada en 1790, perdiendo el pleito incoado (3). Estos débitos los siguió manteniendo hasta después de 1820, por lo que la hermandad se mantuvo, al menos, hasta la exclaustración y cierre del convento de frailes mínimos de Ntra. Sra. de la Victoria en 1835, en que la hermandad se disolvería.

Asimismo, en 1809, la hermandad celebraba su función anual con jubileo en el mes de octubre en su capilla del convento de la Victoria, pues así lo anunciaba el "Diario de Granada" de 21 de ese mes y año. La predicó Fray Antón de Almohalla, lector del convento (4).

También hay una noticia de que en 1769 hubo en la iglesia albaicinera de San José un altar o capilla de Ntra. Sra. de la Guía. No sabemos si es que por esos años la hermandad pudo estar en la iglesia de San José o es que hubo una imagen de esta advocación en ella (5).

No sabemos adónde se llevó la imagen de Ntra. Sra. de la Guía tras el cierre de convento de Ntra. Sra. de la Victoria; puede que como otras tantas obras de arte y devoción de los conventos suprimidos se llevaran al museo creado en el convento de Santa Cruz la Real y después se enviara a alguna parroquia de la provincia o se vendiera o cediera a particulares, como ocurrió en algunas ocasiones. Lo cierto es que una hermandad y devoción granadina, iniciada años después de la reconquista de la ciudad, desapareció y se esfumó, sin dejar rastro alguno. Esperemos que investigaciones futuras nos aclaren estas incógnitas.

No obstante, la devoción a Nuestra Señora de la Guía a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se materializó en una asociación de señoras que visitaba a la Virgen de la Guía de la Catedral todos los días 28 de cada mes.




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1. Archivo Histórico Diocesano de Granada (en adelante AHDGr), legajo 122 f (a) pieza 2.

2. AHDGr, legajo 29 f, pieza 37.

3 AHDGr, legajo 402 f, pieza 2.

4. Diario de Granada de 21 de octubre de 1809.

5. AHDGr, legajo 90 r, 5, pieza 22.