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martes, 24 de septiembre de 2013

ANTIGUA Y VENERABLE HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA AURORA






Antonio Padial Bailón

La Virgen de la Aurora ha sido y lo sigue siendo, aunque hoy con el carácter de advocación Dolorosa, una de la devociones marianas más señeras del barrio granadino del Albaicín. Barrio extenso, único y a la vez diverso; uno de los lugares que hicieron a Granada eterna y universal; cimiento histórico de su antigüedad, sembrado hace tres mil años con la simiente ibérica de la ciudad de Eliberri o Iliberis en su aporte romano y epicentro primero y posterior refugio del alma musulmana-granadina.  

Barrio uno y diverso, decimos, porque sus paisajes urbanos, sus olores y sonidos son distintos en cada uno de sus diferentes ámbitos. Y la Aurora nació en uno de ellos, en aquel llamado de la Calderería, que retoma en la actualidad aquella entraña musulmana a la que nos referimos, en donde proliferan hoy, ya no los caldereros, pero sí una de las mezquitas, los sonidos de las cítaras, el rebab, los laudes y los olores de las teterías con sus efluvios del te y de la yerbabuena.  

Allí, en la Calderería albaicinera, nació la Hermandad de Ntra. Sra. de la Aurora, Virgen que nos vino anunciando el Sol del Verbo en aquellos contornos islámicos, donde las empinadas callejas se hacen remanso en la placeta de San Gregorio Bético, en cuya iglesia fabricó su nido hacia 1698, autorizándola el arzobispo Martín de Ascargorta.


PLACETA DE S.GREGORIO BÉTICO EN LA CALDERERÍA

Esta pequeña iglesia se alzó en el lugar en el que los Reyes Católicos mandaron construir una ermita dedicada San Gregorio Bético, obispo de Iliberis (Granada) en el siglo IV. La ermita se alzaba en este lugar de la Calderería donde, según la tradición, se enterraban los cristianos granadinos en tiempos islámicos. En el subsuelo existían también unas mazmorras donde se enterraban los mártires cristianos de la persecución islámica, entre ellos San Juan y San Pedro, de la Orden de Menores, que fueron arrastrados desde la Alhambra hasta este lugar, atados a las colas de los caballos por predicar el Evangelio.

En este lugar de tan rancia raíz cristiana asentaron, en 1686, su convento los Clérigos Menores de San Francisco Caracciolo, que reformaron y ampliaron la primitiva ermita con el templo actual en 1695, es decir, unos años antes de que se  fundase en él la Hermandad de Ntra. Sra. de la Aurora, que lo haría hacia 1698.

La Hermandad y su imagen

Es lo más probable, que de forma inmediata, la hermandad mandara realizar la imagen de su devoción a los escultores de la casa de los Mora. Hay cierta discrepancia en la atribución de su autoría, si a José o a Diego de Mora, aunque la opinión mayoritaria se inclina por este último, por presentar la imagen ciertas similitudes con la Inmaculada de la iglesia de San José, que fue titular de la hermandad de zapateros (de la que hemos tratado en este blog en la entrada inmediata anterior a esta).


Inmaculada de Diego de Mora. Titular de la Hermandad de San Crispín y San Crispiniano (Zapateros). Hoy en la iglesia de San José

La imagen de Ntra. Sra. de la Aurora fue bendecida en entronizada en 1698, concretamente el día 8 de mayo de ese año. Era costumbre en aquella época depositar la imagen recién labrada en un templo, donde se bendecía y, tras este acto, efectuar su traslado a su templo y sede eclesiástica. En este caso, la imagen fue depositada y bendecida en el cercano, entonces, convento de clarisas del Santo  Ángel Custodio, que se levantaba en la calle de la Cárcel Baja, en el solar donde se construyó en el siglo pasado el Banco de España. 

Aquel día partió la procesión del Santo Ángel, una vez bendecida la Virgen, para ser trasladada a San Gregorio Bético, aunque antes fue presentada a toda la ciudad de Granada, procesionándola hasta la Catedral y la Plaza de Bibrambla, centro neurálgico de la ciudad, para seguir hasta la Calle de la Carretería, hoy San Juan de Dios, y visitar el hospital de este santo de los pobres. Desde allí, al Campo del Triunfo, donde haría estación ante la Inmaculada de Alonso de Mena, sobre la columna de su triunfo allí situado. Su paso por la Puerta de Elvira la llevó por la calle de este nombre hasta la Calderería, para depositarla en la iglesia de San Gregorio, donde le iba a dar culto su hermandad. Llevaba el estandarte D. Manuel de Cañaveral, Marqués de Benalúa, flanqueado por el Marqués de Campotéjar y el de los Trujillos, también Duque de Gor, de la Casa de los Fernández de Bobadilla (1).  
He podido conseguir una imagen de la Aurora, pero con escasos pixleles

La imagen presenta la iconografía más genuina  de la advocación, modelo, seguramente, creado por la gubia de los Mora a finales del XVII y extendido por algunos pueblos de la provincia y las limítrofes, especialmente la de Córdoba en bastantes de sus pueblos de la subbética. Es decir, es imagen de talla completa, presentando una actitud sedente sobre una peana de nubes con querubines o angelotes con media luna a los pies. La cabeza coronada lleva la melena recogida en la nuca con los rizos de la misma expandiéndose sobre sus hombros, muy característica de las imágenes de Diego de Mora y parecida a la Inmaculada de la iglesia de San Gil, hoy en San José, que fue titular de la hermandad de zapateros. En la mano derecha porta la banderola con el anagrama de María y en la izquierda el cetro; el manto cae por la espalda, despejando la parte izquierda de la imagen y se enrolla en la cintura y cae por el hombro izquierdo para rodear el brazo donde porta el cetro.     


NTRA. SRA. DE LA AURORA DE GRANADA. Archivo de Casa de los Tiros

 La imagen granadina objeto de este trabajo no la conozco, por estar hoy dentro de la clausura del convento de la Piedad, de lo que más adelante trataremos. Pero nos podemos dar una idea muy exacta de la talla contemplando la litografía que se conserva de ella en el Mueso de la Casa de los Tiros y, también, por un cuadro realizado de la talla original, que se conserva en el monasterio albaicinero de la Concepción, que ha continuación ponemos y que ha abierto este artículo (2). Litografía y pintura presentan una concordancia muy exacta con el original de la talla.



Cuadro de la Aurora, hoy en el monasterio de la Concepción que representa exactamente a la talla original
En esos años de finales del XVII y durante el XVIII van a proliferar las hermandades marianas de carácter rosariano de las que esta de San Gregorio Bético llegó a considerarse matriz de muchas de ellas, proyectando su influencia a muchas de las hermandades de la Aurora de la provincia. 

Es posible que las dificultades y falta de independencia que suponía para las hermandades de Ntra. Sra. del Rosario, el que tuvieran que depender para su fundación de la aprobación de la Orden de Predicadores, que pretendía tener jurisdicción por concesión de bulas papales sobre la erección y régimen de las hermandades de Ntra. Sra. del Rosario, determinara a muchas de dichas hermandades rosarianas a evolucionar hacia la forma y advocación de Ntra. Sra. de la Aurora, para obviar la citada dependencia. Ello provocó algunos conflictos, como el suscitado en abril de 1699 entre la Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario de la iglesia granadina de San Ildefonso, de maestros y oficiales de tejer lienzos, y la Archicofradía de Ntra. Sra. del Rosario del convento dominico de Santa Cruz la Real (Santo Domingo). Otro caso similar lo tenemos con la Hermandad del Rosario de Ntra. Sra. de Gracia erigida en el mismo convento dominico, suscitado muy tempranamente, en 1578, entre esta hermandad y la Archicofradía (3).   


AURORA DE GABIA

Aunque muchas hermandades tenían instituido la realización del ejercicio del Santo Rosario, algunas de ellas empiezan a practicarlo como actividad procesional pública, instituyéndolo esta Hermandad de la Aurora de Granada en sus reglas fundacionales, que hoy conocemos gracias a que se conservan las de su filial del cercano pueblo de Gabia fechadas en 1709, que prescribía como principal obligación que todos los domingos y festividades del año se juntaran los hermanos al amanecer en la iglesia para salir en forma de procesión con el estandarte con la efigie de Nuestra Señora de la Aurora por la calles de la ciudad, con dos faroles y rezando a coros el Santo Rosario, sin hablar los unos con los otros para no quebrantar el silencio (4).

No obstante ser una hermandad rosariana, la de la Aurora del Albaicín en el siglo XVIII realizaba ciertas prácticas penitenciales públicas en la Semana Santa, acudiendo en procesión a realizar el ejercicio de la Vía Sacra a la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte.

La hermandad granadina, sita en San Gregorio Bético, va a servir de modelo y matriz a otras de la provincia y de las provincias limítrofes. Quizá la primera de ellas la hermandad de la Aurora de Tabernas en 1704 y, tras de ella, la de Gabia Grande en 1709 o la de Lucena en 1717...etc. (5) Algunas, como la de Motril, se habían fundado antes que la granadina, en 1679.

  
Virgen de la Aurora de Ogíjares

Como la mayor parte de las hermandades se regía por un hermano mayor y por un mayordomo, que nombraban a los oficiales, que se reunían en cabildo, teniendo como órgano principal  el cabildo o junta general. Era, asimismo, una hermandad de sufragios y entierro.

La hermandad de la Aurora celebraba cabildo de elecciones en el mes de septiembre, una vez finalizada la función principal. Esta se celebraba el día de la fiesta de la Virgen, 8 de septiembre, reuniéndose cada año en cabildo de elecciones dentro de dicho mes.

En fechas muy cercanas a su fundación obtuvo de Roma una serie de gracias e indulgencias concedidas por el Papa Inocencio XII, pues este Pontífice falleció en el año 1700, de las que a mediados del siglo XIX, circulaban unas impresas en 1802.

En septiembre de 1774 se produce un conflicto en la hermandad por no haber convocado el cabildo de elecciones con arreglo a sus estatutos. El hermano mayor saliente, Juan de Arce, había convocado el cabildo para el domingo 25 de septiembre sin avisar con el muñidor a todos los hermanos. Y se habían incumplido, además, las Reglas por haber nombrado dos mayordomos en lugar de uno, como prescribían aquéllas. Salieron elegidos para 1774-75 Marcos Díaz, como hermano mayor y Pedro Ruiz y Antonio Ximénez como  mayordomos.

Ello fue motivo de que no se le quisieran entregar las cuentas y bienes de la hermandad al mayordomo entrante Pedro Ruiz, lo que provocó una reclamación de este ante el Provisor de la Diócesis, D. Antonio de Vera, contra el mayordomo saliente, Carlos Joseph de Ortuña y Mascaraque, y su negativa a entregar los efectos de la hermandad e incumplir con ello los artículos 2, 3 y 4 de las Reglas. En el pleito solicitó que se convocase otro cabildo con las exigencias legales a las tres de la tarde del siguiente domingo, que nombrese hermano mayor, un mayordomo y secretario en presencia de notario.  

El fiscal del arzobispado informó al Provisor sobre la nulidad del cabildo por no haberse citado a todos los hermanos y no existir "quórum" suficiente, mandando al hermano mayor saliente, Juan de Arce, que convocase nuevamente el cabildo para el día 16 de octubre conla asistencia del notario. 

Sin embargo, no se sabe el motivo, el cabildo se celebró el día 30 de octubre, probablemente para dar tiempo a que los ánimos se sosegaran. En él se eligieron un hermano mayor, un mayordomo y el secretario, como solicitaba Carlos Joseph de Ortuña, que aceptó la elección, eligiéndose como hermano mayor al mismo Marcos Díaz y sólo un mayordomo, Pedro Ruiz, además de un secretario y doce consiliarios. 

Ello no obstante, esta vez la oposición vino por parte del fiscal del arzobispado, que declaraba no haberse celebrado, tampoco, "con arreglo a las constituciones nuebas y biejas de la hermandad de Ntra. Sra. de la Aurora...", si bien pedía al Provisor que sobreseyera el asunto, quedando firme la elección celebrada y que para el año siguiente de 1775 se celebrara de acuerdo con las reglas. Así fue aprobado por el Provisor el día 22 de diciembre de 1774, pero hasta finales de año no se entregaron los bienes a la nueva directiva (6).    

De los anterior se deduce que la hermandad había realizado otra regla o constitución  después de la fundacional de 1698 y antes de 1774.

Quizás en estas segundas reglas prescribía el ejercicio de la Vía Sacra, que la hermandad practicaba en Semana Santa al Sacromonte durante el siglo XVIII y principios del XIX.





Aurora de Alhendín
Con la ocupación napoleónica de la ciudad tuvo que ser escondida la imagen para evitar la rapiña del invasor en un subterraneo y a la salida de la ciudad de las tropas francesas, la hermandad se trasladó a la iglesia de los Hospitalicos, en la calle de Elvira, en 1814. En 1820 volvió a desorganizarse la hermandad, durante el llamado "Trienio Liberal" (1820-1823), para volver a reorganizarse cuando pasó éste y, finalmente, pasar, al menos la imagen y una vez exclaustrados los frailes de San Gregorio Bético, a la parroquia de San José.

 "...ya disuelta y arrojada su imagen tutelar en el fondo de un subterráneo, qual sucedió durante la dominación francesa en 808, ya restablecida en la iglesia Hospital del Corpus Christi en 1814, ya abolida segunda vez en 820, ya reorganizada en años posteriores y ya por último vuelta a disolver, dispersos sus miembros y recogida la efigie de María Santísima en la iglesia parroquial  de San José por la piedad y celo religioso de V.E.I al mismo que se debe el esplendor con que hoy se halla..." (7)

No sabemos, si el paso a la iglesia parroquial de San José se realizó desde el Hospital del Corpus Christi (Hospitalicos), en el que parece que estuvo hasta 1820, año en el que volvió a desorganizarse la hermandad, o volvió a San Gregorio Bético pasado el Trienio Liberal, donde permaneciera hasta la exclaustración de los Clérigos Menores y supresión de su convento en 1835-36, pasando, al menos la imagen, a la Iglesia de San José por mandato del arzobispo, donde el párroco mando colocarla en una capilla y tributarle sus cultos, seguramente ya con la hermandad desorganizada definitivamente.    



Ntra. Sra. de la Aurora de Otura

Intentos de nueva reorganización

Unos años después, en 1850, un grupo de devotos, junto a los hermanos que quedaban en estas fechas, escriben al arzobispo, Luis A. Folgueras y Sión, un documento solicitando la reorganización de la hermandad con nueva sede en la parroquial de San José, donde estaba en esas fechas la imagen, con su retablo.

El escrito lleva fecha de 30 de enero de 1850 encabezado por Francisco de Paula Madueño, librero de profesión, en calle de Cárcel Baja, que por carecer de mayordomos la hermandad y ser él uno de los hermanos más antiguos, tomaba tal iniciativa, junto con otras 39 personas más, entre ellos algunos hermanos, para que no se perdiese la devoción a la Santa Imagen ni sus cultos.

El arzobispo pide informe al párroco de San José, Diego de la Roda, que contesta el día 14 de febrero, afirmando que cuando se hizo cargo de la iglesia en 1842 "...hallé colocadas la mismas ymágenes que pertenecieron al templo del suprimido Colegio de San Gregorio Bético y, entre ellas, la dicha Virgen titulada de la Aurora... y no se ha presentado desde su traslación persona alguna que de particular o por hermandad haya tratado de dar culto a dicha Santa Ymagen...",  y añadía, que no había en el archivo documento alguno ni constituciones sobre la citada hermandad.

El arzobispado después del informe del cura de San José, no contesta a la hermandad, quizá porque ese año falleció el arzobispo Folgueras. Los reorganizadores vuelven a insistir dos años después, en 1852, ante el nuevo arzobispo, D. Salvador José de los Reyes, en escrito de 6 de mayo de ese año, adjuntando nuevas constituciones en otro escrito de 15 de julio para su aprobación canónica y solicitando, asimismo, que se aprobara la realización de los rosarios y vías sacras que realizaba la hermandad en otros tiempos. 

Analizando los puntos más interesantes de la nuevas constituciones que solicitaban se aprobaran podemos sacar los siguientes:

Que se reorganizaba la hermandad con sede en la iglesia de San José, donde se hallaba la imagen en esos momentos.

Que la procesión saldría en forma de Santo Rosario al toque del alba en todas las festividades de la Virgen y en la Ascensión del Señor.

Que en la festividad de todos los Santos y en el Viernes Santo se celebraría un Vía Crucis al cementerio o al Sacromonte con obligación de asistir todos los hermanos.

Se harían dos funciones solemnes: el Domingo Infraoctava de la Natividad de la Virgen y el de la Ascensión.

Pagarían los hermanos 12 reales de cuota mensuales.

Asistirá la hermandad al Santo Viático parroquial, cuando se diera a un hermano, con su estandarte, palio, tambor, dos campanillas y 24 luces.


Disponer de caja o féretro para los entierros con asistencia de 12 luces, aplicándose al difunto seis misas rezadas en el altar de la Virgen de la Aurora.

El arzobispo será presidente perpetuo de la hermandad, que la gobernará un hermano mayor, cuatro comisarios, un tesorero y un secretario, contando con dos capellanes con voz y voto, que los presentará la hermandad a la aprobación del arzobispo.  


Es interesante como las nuevas reglas regulan la procesión del Santo Rosario, a la que habían de asistir, al menos, doce hermanos para que se celebrara.

Se reunirían en la iglesia de San José, llevando el coro el capellán y rezándose el primer padrenuestro dentro de la iglesia y saliendo a la calle para rezar las avemarías, sin interrupción, tan sólo, para cantar las coplas de la Aurora de espacio en espacio. Si terminado el rosario el itinerario continuara, se seguirán rezando las tandas de avemarías hasta que se regrese al templo.

Pasó más de un año desde la presentación de las constituciones a la aprobación del arzobispado, sin que la hermandad recibiera noticias algunas de aquel, por lo que remite otro escrito a la autoridad eclesiástica el 31 de octubre de 1853 firmado por 22 componentes.

Esta vez  responde el arzobispado, alegando que estaba prohibida la erección de nuevas hermandades sin cumplir los requisitos de las disposiciones reales y se autorizaba, no obstante que, como devotos, le tributaran cultos a la Virgen en su capilla (8). 

Se aprecia en la desautorización por parte de la autoridad eclesiástica que era una excusa para rechazar la solicitud de los reorganizadores, pues no se trataba de nueva erección de hermandad, pues ésta no estaba extinguida canónicamente. No obstante, corrían pésimos tiempos para reorganizar y fundar hermandades en un siglo, como el XIX, muy convulso social y políticamente.  

Desde entonces, no se vuelve a citar a esta hermandad. La imagen quedaría en la iglesia de San José, recibiendo ciertos cultos por el párroco y devotos, hasta 1887 en que se cedió la iglesia San Gregorio Bético y sus dependencias a la monjas dominicas del Sancti Spiritus, que habían perdido su convento con la desamortización (8) (estaba este convento en lo que hoy es parte de la plaza de Isabel la Católica).

Es probable, que las monjas reclamaran algunas imágenes que estaban en San José procedentes de San Gregorio, entre ellas esta de la Virgen de la Aurora, donde permanecería hasta las revueltas de 1936, en que incendiaron parte de San Gregorio, obligando a las monjas de Sancti Spiritus a abandonar esta iglesia de la Calderería y unirse a las dominicas del convento de la Piedad. Con ellas se trasladó a la Virgen de la Aurora, donde hoy permanece dentro de la clausura de dicho convento de la Piedad (9). En este último convento la devoción a esta imagen se ha visto sustraída del fervor popular que antaño tuvo, para reducirse al privado que le dispensan las monjas dominicas. 

En el convento de la Piedad también se encuentra la imagen de San Gregorio Bético, realizada por Francisco Morales, según nos informa Gallego y Burín en su Guía de Granada. También nos revela la existencia de la imagen de la Virgen de la Aurora en dicho convento, atribuyéndola, con probabilidad a Diego de Mora, aunque afirma que la realizó en 1699 -en realidad fue un año antes, en 1698-.  

La iglesia de San Gregorio Bético, después de restaurarse tras la Guerra Civil por el Ayuntamiento, se cedió a una comunidad de monjas clarisas.

Pero la devoción a la Virgen de la Aurora no se perdería en el Albaicín. En 1945, cierto número de cofrades de la Hermandad del Santo Vía Crucis, deciden formar una cofradía, en principio filial de esta última, dirigiéndose al párroco de San José para que les cediera una imagen de la Virgen de vestir que se había encontrado en una alhacena de la iglesia, donde había sido escondida durante la Guerra. Se les dijo que aquella imagen sería, seguramente, la de la Virgen de la Aurora de San Gregorio, tomando, por ello, la advocación de aquella antigua devoción de tal zona de la ciudad.


Por lo visto, no conocían que la verdadera imagen de Ntra. Sra. de la Aurora, titular de la antigua hermandad, se encontraba en el convento de la Piedad y que la imagen cedida por el párroco no correspondía a la típica iconografía de la Aurora.


Lo cierto es, que Granada recupera en los años cuarenta del pasado siglo esta advocación albaicinera, con el carácter de hermandad de penitencia, para darle culto bajo la forma de Dolorosa, que nace en la iglesia de San José, donde estuvo, también, la imagen primitiva. 




La Virgen de la Aurora Dolorosa ante San Gregorio Bético en la tarde del Jueves Santo de 1987

Bella Dolorosa del siglo XVIII, esta de la Aurora, que hoy nos emociona, cuando cada Jueves Santo baja por las intricadas callejuelas de la Calderería para hacer estación de penitencia en la Catedral. Dolorosa de la Aurora Coronada a la que Granada ha ofrecido su más bella ofrenda con su coronación canónica ha poco más de dos años.


Este trabajo quiero que constituya mi "granito de arena" en el intento de dar a conocer nuestras hermandades y cofradías antiguas, así como rescatar del olvido aquellas imágenes que con ellas suscitaron la devoción del pueblo granadino en el pasado. ¡Ojalá! fuera posible la restitución al culto público de estas imágenes, que como la de la Aurora letífica, permanecen olvidadas dentro de las clausuras o en ocultos altares de las iglesias. 


Y Granada, el Jueves Santo, desde el mirador de la lona, convierte la luz de la tarde en milagro de la Aurora, para coronar la frente de tan excelsa Señora, paloma blanca que anuncia el amanecer de la Resurrección prometida.


VIRGEN DE LA AURORA DOLOROSA. Jueves Santo 2008


Y en el Albaicín,
te coronan los jazmines,
haciéndose ramilletes en el candor de tu frente.
Y te coronan,
las copas de los cipreses,
cuando la brisa los mueve
y las lilas,
que se asoman a las tapias de los cármenes.
Y te coronan,
los perfumes de los galanes de noche
y las campanas que repican en las torres.
Y te coronan los Arcángeles.
Y te coronan las fuentes.
Y, al bajar por Calderería,
la Media Luna de Oriente.
¡Vas coronada de Aurora
por la luz del cielo celeste!
Y te corona Granada
con rayos de amor ardiente.
Dolorosa compungida del Albaicín,
Reina sufriente.

( De mi pregón de Semana Santa 2012)





__________
1. LÓPEZ-GUADALUPE, Miguel Luis. Primitivas Reglas de la Cofradía de la Aurora, Revista Gólgota, nº36, de septiembre de 2007, pág.54.

2. PADIAL BAILÓN Antonio, La Virgen de la Aurora de San Gregorio Bético, una devoción Albaicinera...Revista Gólgota nº 58, diciembre de 2014.

3. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, varias piezas.

4. LÓPEZ-GUADALUPE, Miguel Luis. Opus Cit. pág. 56.

5. PALOMINO RUIZ, Isaac, La "Aurora María": notas en torno a su devoción en tierras granadinas. Artículo en dialnet.unirioja.es.

6. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 30 F, pieza nº23.

7. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARBISPADO DE GRANAD, Caja Cofradías, pieza s/n.

8. GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Guía de Granada, 1946.

9. PALOMINO RUIZ, Isaac, opus cit.




miércoles, 3 de julio de 2013

HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE SAN GIL ( DE ZAPATEROS)






HERMANDAD DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, SANTA LUCÍA, SAN CRISPÍN Y SAN CRIPINIANO

Antonio Padial Bailón

Fue una hermandad de las llamadas gremiales, concretamente fundada por los maestros de zapatería de Granada, y parece ser, que fue el resultado de fusión de varias hermandades: la de Santa Lucía, de zurradores de las pieles y la de San Crispín y San Crispiniano, de zapateros, a la que a finales del siglo XVII o principios del XVIII se le une la hermandad de la Purísima Concepción. Esta imagen recibía culto en una capilla callejera situada bajo un cobertizo en la calle de Abenhamar (calleja que está detrás del establecimiento de helados "Los Italianos", paralela a la Gran Vía). 

La hermandad nace para dar culto por los zapateros de la ciudad a los Santos Mártires San Crispín y San Cripiniano, que murieron decapitados bajo la persecución de Maximiano, hacia el año 286. Huidos a Soissons (La Galia), se dedicaban para subsistir al oficio de la zapatería, convirtiendo al cristianismo a los galos de la zona. 

La hermandad primitiva de los santos zapateros era muy antigua, fundándose en la iglesia de San Antón, probablemente a finales del siglo XVI, donde tuvo capilla. Ya Henríquez de Jorquera en sus  "Anales de Granada", nos da noticia de su existencia hacia el primer tercio del siglo XVII, poseyendo una capilla en la iglesia de San Antón, de Terceros franciscanos: "Tienen aquí su hermandad y capilla de Santa Lucía, San Crispín y San Crispiniano los maestros de zapatería". Allí permanecería la hermandad durante casi todo el siglo.


San Crispín y San Crispiniano de la iglesia del Salvador de Sevilla


En la iglesia de terceros franciscanos de San Antonio Abad (San Antón) la hermandad de zapateros realizó, probablemente a principios del siglo XVII, un retablo de estilo post-manierista, para sus primeros titulares: Santa Lucía, San Crispín y San Crispiniano, que recientemente he descubierto que se encuentra en el monasterio albaicinero de la Concepción, donde iría a parar, hacia 1836, seguramente, tras las exclaustración de los frailes terceros.


Retablo de Santa Lucía de los zapateros, hoy en monasterio de la Concepción
En dicho retablo se veneraba y aún se venera a la titular Santa Lucía y en las hornacinas de los lados a los Santos Crispín y Crispiniano (hoy, como diremos más adelante, estos últimos se encuentran en la iglesia de San José).

La imagen de Santa Lucía es una talla de finales del siglo XVI o principios del XVII, que pudiera ser una de las primeras obras de Alonso de Mena, según me indicaron las religiosas del monasterio de la Concepción. También el pequeño Crucificado, situado en cuerpo alto del retablo, parece reunir las características estilistas de Alonso de Mena.



Puede decirse que esta hermandad, por lo dilatado de su permanencia en el tiempo (duró, al menos, hasta finales del siglo XIX), pasó por diversas vicisitudes que la hizo cambiar de sede, caracterizándola como una corporación viajera, pues fue recibida en cuatro iglesias, al menos. 

Fuera de lo mencionado, muy escasas noticias se tienen de la hermandad durante el siglo XVII. Sí sabemos que la hermandad daba culto a una imagen de la Inmaculada Concepción venerada en la capilla callejera, dependiente de la parroquial de San Gil a que antes nos referimos, situada en el cobertizo de la calle Abenhamar, . 

No sabemos, sí fue la hermandad de los santos zapateros la que construyó dicha capilla o en ella se formara una hermandad para dar culto a la imagen allí venerada. Lo cierto es que en tiempos del arzobispo don Francisco de Perea y Porras (1720-1723) ya la imagen de la Inmaculada recibía culto, pues existe un grabado en el que reza, que dicho arzobispo concedió 40 días de indulgencias a quien rezara una salve ante la sagrada imagen.


Imagen de la Concepción de San Gil. Grabado de 1731 en el Archivo de la Casa de los Tiros. A ambos lados de la Virgen aparecen los santos zapateros

En esos años, no sabemos si la Inmaculada permanecía aun en la capilla callejera o en otra dentro de la iglesia de San Gil, donde ciertamente se encontraba antes de 1731, fecha del grabado. Sin embargo, aun en 1724 los santos titulares se encontraban en la iglesia de San Antón, por lo que creemos que la llegada de la hermandad a San Gil se produciría en los inmediatos años siguientes. 

Lo cierto es, que fuera por unión de la hermandad de San Crispín y San Crispiniano con otra hipotética de la Inmaculada Concepción o porque esta hermandad se agregara a la de los Zapateros o porque ésta última la tomara como patrona y principal titular a la imagen de la capilla de la calle Abenhamar a la que veneraba, en el siglo XVIII. Todas estas advocaciones aparecen unidas a principios del siglo XVIII, cuando la hermandad estaba en la iglesia de San Gil, donde ocupó la capilla propiedad de doña Isabel de Tapia, que cedió en uso a la  cofradía de los santos zapateros por testamento de 1685, desde cuya fecha estaba en la iglesia de San Gil.

En estas circunstancias, no cabe duda, que la hermandad habría reformado sus reglas y aparece de manera cierta a mediados del siglo XVIII, seguramente antes, con el título de "Hermandad de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano", con sede en una capilla de la iglesia de San Gil.

En el grabado de 1731 a que hacemos referencia se aprecian ya las imágenes de San Crispín y San Crispiniano a ambos lados de la Inmaculada Concepción, con culto en San Gil, lo que parece corroborar lo que llevamos afirmando.

Probablemente, la capilla callejera en donde se venía dando culto a la imagen de la Inmaculada, quizá fuera derruida por reforma  de la calleja de Abenhamar o del edificio en cuyo cobertizo estaba o fue abandonada por la hermandad para tomar una capilla más digna dentro de la parroquia de San Gil.

De Santa Lucía, que parece que quedó con su retablo en la iglesia de San Antón, no sabemos si es que hubo una parte de la hermandad que se desgajó para dar culto únicamente a la santa y el resto de la misma pasó a la iglesia de San Gil.


La imagen de la Concepción, por unos documentos obrantes en el Archivo histórico del Arzobispado de Granada, a los que más adelante nos referiremos, sabemos que es una de las dos que hoy se encuentran en la iglesia albaicinera de San José y más concretamente, la atribuida al escultor granadino Diego de Mora, cuya fotografía abre este trabajo y la que a continuación insertamos.





Tampoco se sabe cuando se empezó a venerar en la capilla del cobertizo. Tuvo que ser a finales del siglo XVII (ya entonces Diego de Mora tenía 42 años y es probable que hubiera realizado la imagen en esos años de finales de la centuria o a principios del XVIII).

Bella imagen de la Virgen Inmaculada, eminentemente barroca, y que según se aprecia en el grabado, tuvo que sobrevestirse de manto, como era usual en aquellas fechas.

En esa época de principios del XVIII se trasladaría la hermandad de los Santos Crispín y Cripiniano a la iglesia de San Gil (segunda sede de la hermandad), abandonando la de San Antón y parece que dejando en ella a la imagen de Santa Lucía.


La Capilla de la Hermandad

Constantes referencias tenemos de la capilla y de la hermandad en el siglo XVIII, llamada en los libros de cuentas de fábrica de la parroquia, simplificadamente, como Hermandad de la Concepción. 

La capilla con retablo barroco la presidía la imagen de la Virgen y a los lados las de los santos mártires San Crispín y San Crispiniano. Era la primera del lateral izquierdo de la nave, opuesta a la del sagrario y se cubría con un bello artesonado de lacería mudéjar. El retablo, según el inventario realizado en 1869, a la demolición de la iglesia de San Gil, era "...blanco y filetes dorados con un lienzo en su parte superior con la imagen de Ntra. Sra. de la Asumpción", en el centro estaba el nicho con cristalera, donde estaba la imagen de la Concepción y a los lados las de los santos Crispín y Crispiniano. 

En el testero derecho de la capilla había un cuadro de grandes dimensiones de la Inmaculada con marco dorado y, sobre él, otro apaisado con marco negro con el Salvador y dos ángeles. En el testero opuesto a éste, otro cuadro apaisado del martirio de San Crispin y San Crispiniano, con marco negro. A la capilla daba un cuarto trastero que tenía adosada la escalera para subir al púlpito de la iglesia. 

Los anteriores datos nos los proporciona el primer volumen del libro escrito por D. Joaquín y D. Antonio Villena Delgado sobre las iglesias de San Gil y de Santa Ana, Arte y tradición de la iglesia parroquial de San Gil y Santa Ana. En la citada obra sus autores dicen que el retablo de la hermandad, junto con el cuadro de la Inmaculada, pudiera ser el que hoy está en la iglesia de Santo Domingo (ocupado por la Virgen del Tránsito), que dicen, concuerda con la descripción que realiza el inventario. A esta iglesia se trasladó, como veremos más adelante, la hermandad de la Concepción en el siglo XIX. 


Posible retablo de la Inmaculada de San Gil, según los Sres. Villena Delgado

Sin embargo, también allí se trasladó la hermandad de la Virgen del Tránsito, en dicho siglo, y lo lógico es que lo hiciera con su propio retablo. Asimismo, en el actual retablo del Tránsito no existen hornacinas que pudieran cobijar las imágenes de los santos zapateros, aunque esto no deja de ser poco significativo, pues los retablos se solían adaptar al sitio de destino, reformándolos.   


En dicha capilla de la Inmaculada en la iglesia de San Gil tenía su enterramiento la familia de Dª. Ángela Ojeda por la que pagaba 28 reales. En 1776, se arreglan unas grietas que amenazaban la capilla, que se dora en 1778 por el maestro Salmerón y, en 1777, se arregla una vidriera que tenía en ella. 

Unos años más tarde, la hermandad aparece decaída sin contribuir a sus obligaciones parroquiales, incluso, a finales del siglo, la parroquia celebra una octava de la Concepción en el cercano Hospital del Refugio, que se sigue allí celebrando durante la primera mitad del siglo XIX. Esto nos pone de manifiesto la decadencia de la hermandad a finales del XVIII.

Dos fiestas celebraba la corporación en el siglo XVIII : el día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, y el 25 de octubre dedicado a los santos mártires patronos de los zapateros, a los que estaban dedicadas diversas memorias de misas. 

A lo largo del siglo XIX, la hermandad subsistirá, aunque muy decaída, vitalidad que parece renovarse en 1828, año en el que se le aprueban nuevas reglas por el arzobispo Álvarez de Palma. Por otra parte, había llegado un siglo en el que las organizaciones y cofradías gremiales decaen o desaparecen por carecer del sentido que en otros siglos tuvieron, viéndose afectada esta hermandad por el cambio de los tiempos, aunque no llega a desaparecer.   



Portada de San Gil que daba a Calle de Elvira


En 1868-69 se demuele la iglesia de San Gil por la llamada Revolución Gloriosa y la parroquial, que queda desde 1842 como ayuda de parroquia de  Santa Ana, se trasladará a esta definitivamente, donde ambas parroquiales hoy permanecen unidas.

La iglesia de San Gil estaba situada en el inicio de la calle de Elvira por Plaza Nueva. Era una de las más céntricas y antiguas parroquias de Granada, creada en 1507, sacralizando la mezquita de Hatabín o de los Leñadores, donde se mantuvo en el mismo edificio hasta ser demolido éste hacia 1543.  En su solar se empezó a construir la iglesia cristiana, trazando su portada Diego de Siloé, en 1555, y ejecutándola Juan de Maeda. Presidía su hornacina la imagen de San Gil de Toribio de Liébana y la portada secundaria, que daba a la calle del Pan, la hizo en 1562 Juan Martínez, presidida por la Virgen de la Paz de Baltasar de Arce. Hoy se conservan dichas esculturas en el Museo Provincial de Granada.


San Gil, de Toribio de Liébana. Presidia la portada principal, en calle Elvira, de la iglesia


La iglesia lindaba con la calle del Pan en su costado izquierdo o lado del Evangelio, donde se elevaba la torre de la misma; en esta parte, tenía unas casas adosadas al templo -casi todo él las tenía a su alrededor-. La parte frontera daba a la calle de Elvira; la trasera a la calle Imprenta, y su costado derecho, a las casas adosadas a ella en Plaza Nueva.

Con la demolición de la iglesia se amplió la plaza hasta dejarla con las dimensiones que hoy tiene.     

 
Iglesia de San Gil, ocupando parte de lo que hoy es Plaza Nueva. A la derecha la Real Chancillería

Los efectos de la demolición de la iglesia, en 1869, fueron: que las hermandades e imágenes ubicadas en ella (la de las Tres Necesidades, la del Cristo de la Expiración, Esclavitud del Santísimo, Ntra. Sra de la Granada y San Antonio, Santa Cruz, esta de la Concepción...etc), se han de trasladar a otros templos o desaparecen, quizás algunas lo habían hecho ya en esa fecha.

La de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano se traslada en 1869, fecha de la demolición de San Gil, y la llevan a la parroquia de Santa Escolástica, cuando esta parroquial había pasado, también por derribo, a la iglesia de Santo Domingo, donde aun hoy permanece dicha parroquial. Era el tercer templo que tenía como sede.

La hermandad llega a Santa Escolástica (Santo Domingo) en mayo de 1869, pues por cabildo del día 17 de ese mes, realizado en dicho templo, se acordó hacer un inventario de bienes y alhajas de la hermandad, que se efectúa y firma el día 20 de mayo de ese año.  

La hermandad y sus imágenes subsisten, aun en 1885, en la iglesia de Santo Domingo (parroquia de Santa Escolástica), según un documento que he encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado.

Dicho documento nos pone de manifiesto una precaria situación de la hermandad, cuando se traslada a la parroquia de Santa Escolástica. En 1883, se nombra una comisión para examinar sus cuentas, que se quejaba de que la hermandad no tenía ingresos suficientes para atender a sus obligaciones de entierro de sus hermanos, dadas las insuficientes aportaciones de los hermanos (cada cofrade pagaba 4 o 5 reales mensuales), con lo que habría de estar 20 o 30 años afiliado para poderse pagar los gastos de entierro y eran muchos los que morían sin poderlo costear. No obstante, la hermandad acordó un reparto extra para este fin, sin que diera un resultado satisfactorio, por lo que convocó otro cabildo el 24 de agosto de 1883 que fue impugnado por el secretario Manuel Álvarez- Parejo y Alcaraz, alegando no haber "quórum" suficiente.

Por ello, la hermandad acordó reducir gastos, disminuyendo las misas de cumplimiento de difuntos, que consistían en una cantada y tres rezadas, a sólo la cantada. También, se acordó rebajar el salario del secretario, convocando una junta el 14 de septiembre de 1884 en la que se le ofreció 20 reales de emolumentos, en lugar de los 60 que cobraba. Manuel Álvarez, el secretario, se negó a aceptarlos y renunció al cargo, nombrándose en su lugar a Juan Pío Martínez de la Cámara, que sí aceptó dicho salario.

Manuel Álvarez abandonó airado la hermandad y no quiso entregar los libros de la misma, por lo que puso a esta en una situación complicada al no contar, entre otras cosas, con la lista de hermanos a los que cobrar su cuota.

Este conflicto, supuso la división de la hermandad entre los partidarios de Álvarez y los que apoyaban a la junta directiva. Los primeros convocaron una junta el 5 de octubre de 1884 para nombrar cargos directivos, junta que no fue aceptada por los partidarios de la vigente, que alegaban que era contraria a las constituciones de la hermandad.  

Se acude al Provisor para denunciar el conflicto y éste pide que informe el párroco de Santa Escolástica, que toma partido por el grupo de Álvarez, pues pide que se disuelva la junta y se nombre otra, si bien, le quita importancia al asunto afirmando "... que las incidencias son propias de una hermandad de 1.500 hermanos, cuando bastan dos para que anden a la greña".

El fiscal del arzobispado, después de reprender las discordias que había en los cabildos convocados, deshecha la supresión de la hermandad por los muchos beneficios que reportaba en el ejercicio de la caridad y entierros, proponiendo al Provisor, que en vez de disolverla, la suspenda temporalmente y que el párroco convocase Junta General entre los hermanos que hubiesen demostrado "mayor celo e interés" y que se proceda a su reorganización y nombramiento de nueva directiva.

El Provisor a la vista de los anteriores informes, admite (más bien, fuerza) la dimisión del hermano mayor Rafael Alonso, del tesorero Antonio Carpio Fernández y del nuevo secretario, Juan Pío Martínez, y nombra una junta provisional formada por Antonio Bueno, como hermano mayor, Fausto López Yañez, como tesorero y Manuel Álvarez como secretario, hasta que se realice la visita eclesiástica a la hermandad y se nombre nueva junta (con lo que, claramente, da la razón a Álvarez y sus partidarios).   


Inmaculada de San Gil, hoy en San José en la Catedral para la Vigilia del Dogma 


TRASLADO DE LA HERMANDAD A LA IGLESIA DE SAN JOSÉ EN 1885

Parece ser, que en todo el año 1885 no llega a formalizarse la junta definitiva, tal vez por no ponerse de acuerdo los hermanos entre ellos y con el párroco. Algo hubo de ocurrir en este sentido, pues el día 5 de diciembre de 1885, los párrocos de Santa Escolástica, don Antonio Moreno Navarro y de San José, don Juan Sedeño Fernández, convienen que la Hermandad de la Purísima Concepción, sita en Santa Escolástica, se traslade a la iglesia albaicinera de San José y para ello piden licencia al Provisor y Vicario General don Manuel María Henares.

El Provisor, con esa fecha, emite un decreto por el que autoriza el traslado de la Hermandad de la Purísima Concepción, San Crispín y San Crispiniano a la iglesia parroquial de San José con sus imágenes y alhajas, en base al inventario que firmó el párroco de Santa Escolástica el 20 de mayo de 1869, cuando la hermandad se traslada a a dicha parroquial. Era el cuarto y último templo al que se trasladaba.

Tal inventario es aceptado y firmado, esta vez, por el párroco de San José, don Juan Sedeño, el 21 de julio de 1888 y entre otras cosas vamos a fijarnos en las de más interés:

Una imagen de la Concepción de talla, con corona y media luna y dos ángeles puestos en la peana (no sabemos si se refiere a las dos cabezas de angelotes que en ella figuran o tenía otros dos de talla exentos).





Los Santos junto a S. Nicolás, que ocupa el lugar donde estuvo la Inmaculada en la iglesia de San José. 




Dos Santos Titulares: San Crispín y San Crispiniano. Dichos santos, continúan allí, en la capilla que creo ocupaba, en otro tiempo, la Virgen de la Aurora y hoy la preside San Nicolás, santo que tuvo mucha devoción y visitas hace unas décadas y quizá, por esta circunstancia, cambiaron a la Concepción a un pedestal, junto al presbiterio, dejando a los lados de San Nicolás los Santos Crispín y Crispiniano, donde aun permanecen en su capilla inicial, que sería la de la hermandad al trasladarse a este templo de San José y que es la que está frente a la puerta de la iglesia.
Estos santos, pudiera haberlos encargado la hermandad estando en San Antón y deberse a la gubia de Alonso de Mena, que parece que labró todas las imágenes de la hermandad (Santa Lucía, San Crispín, San Crispiniano y el pequeño Crucificado del retablo que hoy se encuentra en el monasterio de la Concepción).




San Crispiniano. En su capilla de San José, hoy de San Nicolás
Sigue el inventario con dos estandartes, seguramente con sus tarjetas de plata. Un palio con sus varales (esto nos hace pensar que probablemente cubría a la imagen en sus procesiones).


Un forro para la tumba y un almohadón de 

San Crispín
terciopelo con fleco y galón y, tumba con su mesa de madera, sobre los que se colocaba el féretro en los entierros de hermanos difuntos.

Una cancela de cristal (sería la puerta de la hornacina donde estaba la imagen). Tres lámparas de azofar y dos de hojalata.

También el inventario reseña tablas de indulgencias, seis candeleros, una cruz, tres bancos, randas de altar y arca para la cera. Paño de terciopelo grande, seguramente para cubrir el altar y doce hachetas de madera (serían utilizadas para los entierros)

Interesante es el patrimonio pictórico que poseía la hermandad con un cuadro de la Concepción, otro del martirio de San Crispín y San Crispiniano y un tercero del Señor en el Sudario (¿un Descendimiento  o Yacente?).   

También pasaron a San José los libros de Constituciones y de Actas y Juntas y el sello de la hermandad.

No cabe duda, que la imagen de la Concepción de San Gil es la Inmaculada que hoy se venera en San José, donde sería colocada en la capilla que antes hemos señalado con las imágenes titulares de San Crispín y San Crispiniano.

Según se describe en el inventario, tiene que ser la imagen atribuida a Diego de Mora,  con media luna de orfebrería a sus pies y no la otra, que también hay en la parroquial, atribuida a Alonso de Mena. Nos reafirma en esta creencia el mismo grabado en el que, sin duda, se representa a la Inmaculada de Diego de Mora, menos hierática que la de Mena.

La Hermandad aún continuaba con vida en 1913, pues la Gaceta del Sur refleja que en ese año se le administró el Viático a una cofrade, Dª. Rita Suárez (nota).

La Inmaculada Concepción de la hermandad de los maestros zapateros, volvió a las calles de Granada el día 7 de diciembre de 2004, con motivo del 150 aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción. Fue llevada procesionalmente a la catedral para la Vigilia de esta fiesta, cultos organizados por la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada. 

Una hermandad más, que deseamos rescatar del olvido y de la que se tenían escasas noticias de ella y de sus imágenes.


Cartel de Manuel Prados Guillén del CL. Aniversario del Dogma


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FUENTES

HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, "Los anales de Granada"
ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajos 11 f y 402 f..
LOPEZ GUADALUPE, Miguel Luis, " Contrarreforma y Cofradías en Granada..." Tesis doctoral.
GALLEGO Y BURÍN, Antonio, "Guía de Granada".
PRENSA LOCAL.
Nota. Sacado del blog "De la Plaza Bib.Rambla a la Plaza Larga".




jueves, 27 de junio de 2013

REAL HERMANDAD DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN DE NTRA. SRA. DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO (Casa Grande)




Esta Inmaculada de Alonso de Mena no fue la titular de la hermandad ( Se pone a efectos ilustrativos)

Antonio Padial Bailón


Fue una hermandad de las más antiguas de Granada, pues tenía a gala haber sido fundada cuando fue conquistada la ciudad y reino nazarí en 1492.

Fueron los mismos Reyes Católicos quienes la fundaron en el Real Campamento de Santa Fe y se inscribieron como hermanos de ella, junto con la nobleza, cuando aún permanecían en dicho campamento. La fundación se realizó en agradecimiento por haber tomado la ciudad Granada y su reino con escaso derramamiento de sangre. Fue condición y mandato de la fundación el que la hermandad se trasladara a Granada, para residir en la Santa Iglesia Catedral que se erigiera en la ciudad.
"...que la hermandad la fundaron los señores Reyes Católicos, la qual había de estar en la iglesia maior que se había de hazer en esta cuidad, que tuvo principio donde está el convento de San Francisco...".

Los Reyes Católicos fueron sus primeros hermanos, y en ella, se asentaron como cofrades los nobles que habían participado en la conquista "...y que los Reies Católicos se asentaron en la hermandad y todos los Títulos que había en su ejercito...".

Era, pues, una hermandad de élite y lo siguió siendo en los siglos siguientes con hermanos en sus filas que, no sólo eran gente de la aristocracia local, también la formaban notarios o escribanos públicos, miembros de la Real Chancillería, de la Inquisición, jurados...etc. "...donde sus hermanos  son la gente de más lustre de esta ciudad".

Establecida cuando se mudó de Santa Fe en la Iglesia Mayor o Catedral, situada, en principio, en la judería de Granada (en el templo que después sería sede del convento de San Francisco "Casa Grande"). La hermandad, por orden de los Reyes Católicos, ocupará una de sus capillas, donada por ellos. También, el primer arzobispo, don Hernando de Talavera, establece su residencia en una rábita llamada de la Mate, junto a la iglesia, de la que quedan restos de un aljibe y del alminar. 

La iglesia, destinada en principio a Catedral, era de estilo gótico y ocupaba parte de la Plaza de los Tiros o del Padre Suárez. Se tuvo que levantar  de forma acelerada, pues, en 1494, ya estaba cubierta de tejado, según testimonio del viajero alemán Jerónimo Münzer.

Pero poco tiempo estuvo la Catedral de Granada en este lugar, ya que, habiendo expresado la Reina Católica su deseo de que aquélla ocupara el lugar de la Mezquita Mayor,  se consigue en 1507 un Breve del Papa Julio II para su traslado a dicha mezquita, situada en el solar que hoy ocupa la iglesia del Sagrario. Allí se trasladó la Catedral provisionalmente, mientras se construyera la que hoy conocemos. 

Los franciscanos, establecidos en un principio en el convento de San Francisco de la Alhambra, ese mismo año de 1507, se trasladan a la iglesia de la judería (primitiva catedral de Granada), para convertirla en convento e iglesia de San Francisco "Casa Grande"; todo ello, debido a una Bula de León X. También, a su muerte, el arzobispo D. Hernando de Talavera cede su morada para incluirla en el convento colindante.

Quizás, por estar ya asentada en dicha iglesia o por presión de los franciscanos, sus nuevos ocupantes, la Hermandad de la Inmaculada Concepción no vio oportuno el mudarse a la Mezquita Mayor, convertida en Catedral, y quedó en la iglesia antigua, para lo que obtuvo la autorización de los Reyes, dada porque esto contravenía lo que dispuesto por ellos sobre su sede obligatoria en el templo catedralicio.




Inmaculada de Pobra do Caramiñal. Es imagen coetánea a la de la Inmaculada granadina

Los Reyes Católicos le asignaron a la hermandad una capilla que ocupaba el sotocoro de la iglesia, dando a la hoy calle Capitanía, mientras la cabecera de la iglesia o capilla mayor tenía a sus espaldas la actual calle de Pavaneras. 

Era ésta de la Concepción una de las más grandes capillas de la iglesia, quizás sólo superada en dimensiones por la de la Vera Cruz, que venía a ser una pequeña iglesia adosada al templo principal. La capilla la cerraba una reja y dentro tenía varios altares, púlpito y coro, venerándose la imagen en el rico retablo principal de la de la misma, dentro de un tabernáculo. Una cartela de jaspe colocada dentro de la capilla recordaba que:
"La Capilla de la Pura y Limpia Concepción de Ntra. Señora, cuia ymaxen traxeron los esclarecidos reies Dn. Fernando y doña Ysabel, de gloriosa memoria, quando ganaron este Reyno, en hazimiento de gracias de ello, que fue el año 1492 a dos días del mes de enero, pasados 757 años que la ocuparon. Instituyeron esta hermandad y fueron sus primeros hermanos".
Muchos lienzos ocupaban las paredes de la capilla, representando los milagros realizados por la imagen, señoreando en ella los escudos de los Reyes Católicos. Al ser la imagen de la Inmaculada donación suya, no cabe duda, que sería una talla de estilo gótico tardío, como otras imágenes que llevaban en sus campañas, entre ellas, la Virgen de la Antigua, primera patrona de la ciudad. Tal vez, como ésta, fuese encargada al maestro escultor, Ruperto Alemán.



Plano de San Francisco con la Capilla de la Limpia Concepción a los pies de la iglesia bajo el Coro

Celebraba la hermandad desde época temprana cuatro fiestas solemnes al año. Al menos, a principios del siglo XVII, festejaba la de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre; la de la Purificación o Candelaria, el 2 de febrero; la del Glorioso patriarca San José, el 16 de marzo; y la de San Roque, el día 16 de agosto, santo de gran devoción al que la gente acudía cuando se declaraban epidemias, especialmente las de peste bubónica. También, se celebraba un jubileo al Santísimo Sacramento, "estando éste descubierto las cuarenta horas", por lo que, la hermandad podría haber tenido, oficiosamente, cierto carácter de Sacramental del convento franciscano.

En su gran capilla de la iglesia de San Francisco, con toda seguridad, la Hermandad poseía en sus altares las imágenes de San José y San Roque, titulares de dos de sus fiestas solemnes. La de San Roque, tiene que ser la que hoy se conserva en la iglesia de San Matías ( parroquia donde se ubicaba el convento franciscano) a dónde fueron a parar algunas imágenes de dicho convento cuando fue desamortizado en 1835. 

Imagen de San Roque procedente de San Francisco, que tuvo que ser de la Hermandad de la Concepción ( Hoy en la iglesia de San Matías). Foto gentileza de D. Emilio Martos Marín.


La hermandad carecía de patrimonio y rentas, por adoptar la llamada "pobreza franciscana", sustentándose únicamente del donativo de sus hermanos. Además, tenían a gala, que por la realeza de su fundación y las bulas papales obtenidas, no estaba sometida a la jurisdicción del ordinario, y ello lo alegaban en los conflictos o pleitos con dicha jurisdicción. 

La alcurnia de sus cofrades, así como el origen real de su fundación, les prohibía a los mismos hacer demandas por las calles de la ciudad, sustentandose de las limosnas que voluntariamente ellos entregaban. No obstante, los donativos serían de entidad considerable, y ello se manifestaba en la riqueza de la capilla, de sus imágenes y pinturas. Los ingresos ordinarios que cada año aportaban los hermanos suponían más de 2.000 reales, aparte de otros donativos importantes y de las memorias de misas, que serían abundantes, y que en 1624, suponían 2.400 reales. Los mayordomos, además, solían dar 20.000 maravedíes en el año de su mandato. 

En 1573, por un cabildo de ese año, la hermandad acuerda establecer una fundación para casamiento de huérfanas, cabildo que se hacía el 1 de enero, día del Dulce Nombre de Jesús, que tres años después, en 1576, fija como número de huérfanas a casar cada año el de tres, suprimiendo las limosnas que daban para las "chirimías" y la utilización de éstas en las fiestas, para así, poder dar de dote a las huérfanas 10.000 maravedíes a cada una.

En 1615, la hermandad recibe una herencia de 30.000 maravedíes de doña Marina de Leyva, viuda de Valera de la Cámara ( cargo de la Real Chancillería), con lo que se aumenta a cinco el número de  dotes a  huérfanas pobres para casar cada año. Era, pues, ésta la principal actividad de índole caritativo que ejercía la hermandad.

Sabemos que, como era común en gran parte de las cofradías, contaba con la persona de un muñidor con su vestimenta especial, que  era el que convocaba a la hermandad a los cabildos, entierros y otras reuniones. En 1624, el muñidor era Alonso de Prados, cuyo oficio lo ejercía desde mucho tiempo antes, y al que la hermandad le asignaba la cantidad vitalicia de 150 reales al año,  pues tenía la provecta edad de 75 años y estaba tullido.

En el año 1624, el colector general del arzobispado y canónigo de la catedral, D. Leandro Segura, va a exigir a la hermandad el pago de 75.000 maravedíes, cantidad que tocaba a la cofradía abonar en base al repartimiento de un subsidio eclesiástico basado en bulas papales. La hermandad se niega a aceptar dicho pago, basándose en que no estaba sometida a esta obligación por en los privilegios adquiridos al ser su fundación real y no pedir limosnas. La corporación, como se ha dicho, se sustentaba sólo por las cuotas de los hermanos y por los mayordomos, que hacían gracia de dar donativos para el culto a la Virgen; también alegaba, que los hermanos daban sus aportaciones para casar huérfanas y que la corporación carecía de bienes, pues tan sólo era administradora de memorias y mandas que los franciscanos repartían entre las distintas cofradías del convento, ya que los frailes franciscanos, por su instituto, no podían administrar bienes y sólo  podían sustentarse de limosnas.   

En el proceso llaman a varios testigos, algunos de edad avanzada, que van confirmando las alegaciones realizadas por la cofradía. No sabemos con qué solución finalizaría el conflicto, sí pagaría el subsidio reclamado o el arzobispado desistiría de exigírselo, dados tan eminentes antecedentes y la influencia del alto estatus de sus hermanos.

Nos tenemos que remontar a 44 años después, a 1668, y también, a 1714, para contar con otras noticias sobre esta hermandad, que también nos da idea de las importantes mandas que se le hacían. Se trata de una memoria perpetua de nueve misas cantadas con diácono y subdiácono, para celebrar en la capilla de la Inmaculada Concepción en las correspondientes nueve festividades anuales de la Virgen. La memoria de misas la había instituido Juan López Bravo, mediante testamento de 29 de julio de 1668, habiendo dejado a la hermandad 2.000 reales de vellón, para que se impusiese a censo, y así, con los réditos de dichos censos, sufragar los gastos de la memoria por las almas de sus padres, suya y de sus sucesores, y el resto lo gastase la hermandad en sus cosas de más necesidad.

También, López Bravo había sido mayordomo de la hermandad, y ésta le debía  los 2.000 reales que él le cede para las memorias y para que con 500 reales de la cantidad donada se atendiera a las necesidades de la capilla de la Concepción. Como garantía del censo, Juan López Bravo, hipoteca unas casas que poseía en la calle de Abenamar (calle que hay detrás de la heladería de los Italianos").

Pero, llegado en año 1714 se producen desavenencias entre el mayordomo de ese año, Fernando Gómez de Lumbreras, y Pedro Andrés Pacheco, tomador del censo y obligado al pago de los réditos, que se acusan mutuamente de no haber pagado éstos y de que el mayordomo con esta excusa no mandaba decir las misas, con el consiguiente perjuicio de las Benditas Ánimas por las que se fundó la memoria, máxime cuando había unas casas que garantizaban los gastos de la misma.  

La hermandad continuaría siendo una de las más importantes del convento y de la ciudad, pero se pierde su pista documental hasta la desamortización del convento y exclaustración de sus frailes en 1835; probablemente la hermandad había decaído durante la ocupación del convento y demolición de su iglesia por las tropas napoleónicas en 1810. 

Por un inventario de 1835 de la Comisión de Amortización, que refleja D. José Carlos Rodrigo Herrera, historiador de arte, en su trabajo: "El convento de San Francisco Casa Grande y su Patrimonio Inmueble", sabemos de la relación de imágenes del convento de San Francisco cuando se desamortizó en dicho año.

En tal inventario viene la imagen de Ntra. Sra. de la Concepción en su capilla y que dicha imagen pasó a ser propiedad privada, concretamente, de "(...) don Mariano Cano de orden del Señor Gobernador Eclesiástico".  Ante ésto, poco podría hacer la antigua hermandad, muy decaída, probablemente, o casi desaparecida.

En estas circunstancias de la Exclaustración, la imagen de San Roque pasaría a la iglesia parroquial de San Matías, a cuya jurisdicción pertenecía el convento; al mismo lugar pasó la imagen del Resucitado, titular de una antigua hermandad de hortelanos. La imagen de San Roque, ahora sabemos, que sigue permaneciendo en la iglesia de San Matías, y la de San José, al que daba culto la hermandad, pasaría, junto con otras obras de arte, al convento de franciscanas del Santo Ángel Custodio y allí se conserva.


SAN JOSÉ DE ALONSO CANO. CONVENTO DEL SANTO ÁNGEL


La imagen de la Inmaculada, que ponemos en la cabecera, no es la de la hermandad de la que tratamos, sino una de las dos que se conservan en la iglesia albaicinera de San José, la más antigua de ellas, atribuida a Alonso de Mena, y que nos hemos permitido la licencia de mostrar en este artículo ante la carencia de la que fuera titular de esta hermandad, cuyo paradero se desconoce al pasar a propiedad privada en 1835.

  

A partir de la exclaustración, no se tienen noticias de aquella hermandad tan preclara. Esperemos que la investigación nos vaya dando otras pistas sobre la misma, que aclaren las muchas hipótesis que se tienen sobre ella. 

Otras importantes hermandades de la Inmaculada existieron en nuestra ciudad, muy devota defensora del Misterio, como la del monasterio de la Concepción, la de Santa Ana, la de San Cristóbal, la de San Gil, la de Santa María Magdalena, la de San Nicolás...etc. y así cerca de quince cofradías de la Inmaculada que hubo en Granada, cuya historia y noticias procuraremos participarlas a los lectores del blog.



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FUENTES:

GALLEGO Y BURÍN, ANTONIO, Guía de Granada. Fundación Rodríguez Acosta. Madrid 1961.

MÜNZER, Jerónimo, Viaje por España y Portugal, años 1494 y 1945.

ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA. Leg. 312 F.

DICHO ARCHIVO,legajo 34 F, pieza 21.

ENRÍQUEZ DE JORQUERA. Francisco, Anales de Granada.

RODRIGO HERRERA, José Carlos, Trabajo citado.