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martes, 28 de enero de 2014

HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA DE LA MAGDALENA



¿Pudiera ser la imagen de la Candelaria de la Magdalena?


Antonio Padial Bailón

   Una de las dificultades que se presentan cuando estudio estas antiguas hermandades de Granada, la mayor parte de ellas desaparecidas, es la averiguación del paradero de su imagen titular y demás imágenes a las que daba culto la hermandad. Muchas de ellas están localizadas, pero gran parte de las mismas no lo están. Por ello, a veces, me encuentro con dificultad para ilustrar debidamente estos trabajos.

 Con el tiempo transcurrido desde la desaparición de una hermandad, algunas imágenes eran donadas a particulares y, después de la exclaustración, otras se enviaron a algún pueblo, y otras, especialmente las parroquiales, cambiarían de advocación en el siglo XIX o principios del XX (caso de la Virgen de la Granada, cuya historia he escrito antes que ésta que nos ocupa). Este podría ser el caso de la Candelaria de la parroquial de la Magdalena. 

   Tampoco estaban localizadas algunas de las que he subido al blog (la Concepción de San Gil, hoy en San José, o la Aurora de San Gregorio, hoy en las dominicas de la Piedad). De esta de la Candelaria explicaré las conclusiones mas adelante, sobre cual creo que puede ser la imagen.

TEMPLO  

  La sede canónica de la hermandad se estableció, desde un principio, en la iglesia parroquial de la Magdalena, templo que estaba en la calle de Mesones, en el lugar que hoy ocupa el Catastro. 

    Primitivamente, cuando se creó la parroquia en 1501, se ubicó en una ermita o morabito cristianizado levantada por los montañeses (asturianos y cántabros), que estaban residiendo en Granada. En dicha ermita habían fundado en época muy temprana la Hermandad de Nuestra Señora y San Roque. 

   Cuando la ermita se convirtió en parroquia, fue ampliándose en los años siguientes, no sin suscitar determinado pleito con los montañeses. Mas tarde, se le incorpora la ermita-hospital de la Vera Cruz, colindante ambas, cuando esta hermandad pasó al convento de San Francisco "Casa Grande". Al final, tuvo que hacerse la iglesia de la Magdalena casi de nueva planta entre 1626 a 1651.    

    Esta antigua iglesia dejó de cumplir sus funciones en 1837 y por orden del Gobernador Civil, Agustín Romero, fue cerrada y trasladada ese año la parroquia a la iglesia del Corpus Christi, de Agustinas Descalzas, donde hoy permanece. Después, en 1843, la antigua parroquial fue vendida a un particular. Sólo se permitió trasladar a la nueva parroquia las imágenes, púlpito, pinturas y el retablo de la Hermandad de las Ánimas "por la muchas gracias e indulgencias, que por bulas en él están concedidas" (1).    

  El templo antiguo de la Calle Mesones no desapareció y en él se estableció una gran tienda, llamada "Tejidos la Magdalena", utilizando la nave y sus capillas con mostradores y estanterías de tejidos. La parte de la fachada, primeras capillas y torre sí se demolieron a finales del siglo XIX para hacer unos apartamentos.

Al fondo izquierda, Iglesia de la Magdalena desde Puerta Real

   Toda la iglesia desapareció en 1971 para construir un edificio de grandes almacenes de la cadena Voolworth, que se demolió en 1980 y se vendió a la Diputación Provincial. Ésta construyó para sus servicios el edificio actual esquina de la calle Arco de las Cucharas con Mesones. Es el edificio que popularmente se conoce como el de los "fantasmas", por producirse, supuéstamente, fenómenos paranormales.  

      Sobre las hermandades que residían en la antigua iglesia parroquial de la Magdalena, D. Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz tiene publicado el libro que indico en el pie de página nº 2 de este trabajo, que recomiendo al lector que desee ampliar sus conocimientos sobre dichas hermandades. 


FUNDACIÓN
   
   La Hermandad de Ntra. Sra. de la Candelaria de la iglesia de la Magdalena (hubo varias hermandades de este título en Granada, pero esta de la Magdalena, quizá la más importante de ellas) fue una de las cofradías más antiguas de Granada con una advocación concreta de la Virgen. En todas las parroquias existían en el siglo XVI hermandades de la Virgen con el título genérico de "Nuestra Señora" que, poco a poco, se irían concretando en una advocación. 

      Parece que el inicio de la devoción estuvo en un cuadro grande que se veneraba en la iglesia, de tres varas de largo, que representaba a la Candelaria y a San José en un círculo o globo, junto a otros cuatro con los Misterios de Nuestra Señora; todo ello según inventario parroquial de 1639 (2).

       Esa devoción llevó en 1582 a un grupo de devotos dirigidos por el maestro odrero Miguel López a fundar la cofradía (3), cuyas  constituciones fueron aprobadas el día 29 de diciembre de 1582, por el provisor y vicario general de la diócesis, D. Antonio Barba, en tiempos del arzobispo D. Juan Méndez de Salvatierra, aunque, puede que sin aprobación canónica la hermandad existiera algún tiempo antes.

   Era una hermandad abierta y estaba formada por personas de distintos oficios. Ello se deduce de las diferentes profesiones de sus cargos (alabarderos, coleteros, odreros, herreros, sastres, zurradores...etc.) en un barrio, como el de Mesones y Bibrambla, en el que abundaban establecimientos artesanales y comerciales de la más diversa índole. Era una hermandad muy nutrida de hermanos, pues a inicios del siglo XVII contaba con mas de mil cofrades, en una ciudad de unos 40.000 habitantes y mas cien hermandades. 


   En las reglas se ordenaba que la hermandad fuera regida por un prioste, como autoridad máxima de la cofradía. La figura del prioste en el siglo XVI, equivalía a la del hermano mayor del siglo XVII y siguientes. También, tendría un mayordomo, como segunda autoridad de la misma y encargado de administrar económicamente la hermandad y la custodia de sus joyas y enseres.  

     Desde los inicios, la cofradía celebraba dos fiestas principales: la de la Coronación de Ntra. Sra., el día 15 de agosto, lo que motivará un largo pleito en 1629 con la hermandad de los "ganapanes", por la posesión del título de Candelaria, de lo que más tarde trataremos, y la otra fiesta, la de la Candelaria, el día 2 de febrero.

      Convocados los hermanos a cabildo por el muñidor para el domingo anterior al 15 de agosto, elegían al prioste, mayordomo y oficiales de la junta de gobierno para un año (como era común en casi todas las antiguas hermandades), cuyos nombramientos no se hacían públicos hasta la víspera de la Asunción o Coronación de la Virgen.

   También se habían de celebrar, como mínimo, tres cabildos anuales con obligación de asistir todos los hermanos y hermanas, bajo multa de medio maravedí si no lo hacían. Es esta hermandad una de las pocas en la que se convocaba a cabildo a las hermanas y las reglas regulaban con cierta minuciosidad, la entrada y permanencia de las mismas en la cofradía - sólo se requería el permiso del marido a las que estuvieran casadas-. 

    La hermandad tenía la obligación por reglas de celebrar y los hermanos de asistir con sus velas encendidas a una misa cantada todos los sábados por la mañana en la iglesia de la Magdalena, bajo multa de 8 maravedíes. 

      En los entierros de hermanos o hermanas el prioste mandaba al muñidor a convocar a todos los cofrades, hombres y mujeres, para que acudiesen con sus velas a la conducción del cadáver hasta la iglesia en la que se había de enterrar. El difunto era llevado a hombros de hermanos con el paño de la hermandad y cuatro cirios, organizándose una procesión hasta la iglesia, donde se había de sepultar. Allí se celebraba una misa cantada y responso de cuerpo presente. Después, se le decían nueve misas rezadas y en el momento de enterarse cada hermano del fallecimiento debía de rezar diez Padrenuestros y otras tantas Avemarías.   

   Como obra de caridad, la hermandad se obligaba a enterrar a los pobres de la parroquia que no se pudiesen costear el entierro, aun si eran extranjeros sin recursos.


Ntra. Sra. de la Candelaria, San Joaquín y Santa Ana en la actual iglesia de la Magdalena (Agustinas Recoletas)

AJUAR DE LA HERMANDAD EN 1624


    Para darnos una idea del estado de enseres e imágenes que poseía la Hermandad de la Candelaria contamos con un inventario que se realiza para el cabildo de 11 de febrero de 1624, que servía de base para entregar los bienes de la cofradía del mayordomo saliente, Miguel López, al elegido ese año, Alonso González. Hacía, en esa fecha, cuarenta y dos años de haberse fundado la hermandad. 

Posteriormente, se anotarán en el libro los distintos recuentos de bienes para su entrega a los sucesivos mayordomos, abarcando dicho libro el periodo de 1624 a 1690. Ello ofrece una interesante panorámica del recorrido de la hermandad a través de esos sesenta y seis años (4)

    Entre los datos mas interesantes de ese inventario de 1624 estaban: la imagen de Ntra. Sra. de la Candelaria con el Niño (que cambiarán después por otra). Dicha imagen, junto con la de San José, cuyo paradero desconocemos, las sacaban ya procesionalmente el día de la Candelaria, pues en el inventario se describen las andas de dichas imágenes. Deduciéndose de las descripciones, que la Virgen iba con palio de damasco azul con flecos y con campanillas, ("Cielo de damasco") y adornada con un corazón grande de plata (tenía dos grandes y dos pequeños).

  También, poseía la hermandad cuatro ángeles, que seguramente se colocarían en las esquinas de las andas y cuatro varas para llevarlas con horquillas. 

     Al año siguiente (1625), se vende una de las dos coronas que tenía la Virgen para realizarle un cetro, que hasta entonces no tenía, y cinco años después, en 1630, siendo hermano mayor Juan de Villanueva y mayordomo Juan Sánchez, se decide en cabildo realizar una nueva imagen de la Virgen, pues la primera " es pequeña y le paresció hazer otra maior...que la prozesión que se hace el día de la Candelaria parescan entre ambas ymágenes de su modelo". Con lo que da a entender, que la imagen de San José era más grande de tamaño y la de la Virgen era de 3/4 de vara (unos 60 cm).


     
     Esta imagen nueva de la Candelaria, ya la tenían en septiembre de 1630; medía vara y media, es decir, 1,30 cm (aprox.). Parece que la antigua era imagen de talla, pues en la fecha de fundación de la hermandad (1582), aun no solían realizar imágenes de candelero. Las imágenes de esta modalidad se inician de forma clara en el barroco; pero parece que ya en esa época barroca se la sobrevestiría, pues en la entrega de bienes en ese mes de septiembre de 1630 se anotan, los vestidos de la Virgen y del Niño: un vestido de damasco azul con basquiña (especie de saya)  azulada de raso con pasamanería de plata y manto azul.  

     Además, le hicieron otras sayas o vestidos (uno de redecilla, otro de damasco blanco, forrado de tafetán amarillo y pasamanería dorada; otro de tafetán blanco con basquiña y otro de tafetán negro con su "capisayo", probablemente para los días de Pasión.

   También, se hizo, en 1631, una nueva imagen de San José con la misma altura, seguramente por el mismo escultor (el taller de más auge en ese momento era el de Alonso de Mena). No obstante, la hermandad sigue conservando las antiguas imágenes. 

      Asimismo, realizan un manto nuevo para la Virgen, con una toca de plata "con quentas de oro" y coronas nuevas, una de ellas para el Niño y al palio se le añadieron 20 campanillas de plata y una capita bordada en oro para el Niño encarnada en 1638.

    En 1640 se dispuso vender las imágenes antiguas de la Candelaria y San José, "... que la cofradía no usa en festividad ninguna y en parte quebradas y bienes de seda muy biejos y rotos", así como, el manto de la Virgen de damasco blanco de dos varas con franjón de oro y forro amarillo. También se vendió el manto de raso azul, lo que indicaba que la antigua imagen también se sobrevestía, como hemos dicho. La Virgen se tasó en 30 reales de vellón.

   En 1646, se vende el palio azul a la Hermandad de la Vera Cruz del convento de San Francisco "Casa Grande", seguramente para su Dolorosa, por el precio de 74 reales y se realizan unas andas de nuevas de pino blanco que costaron 900 reales, para las que se utiliza la plata de la cruz del guión. Dichas andas se doraron en 1650 con un coste de 650 reales.  

    También, se le hace un manto nuevo, en 1646, de color blanco con flores de oro (bordado), para el que se utilizaron 13 varas de tela y forro de tafetán, que costó 1400 reales y que fue un regalo del hermano mayor Antonio Serrano. El manto viejo, de tafetán azul, se utilizó para hacer un guión en 1649.

      Eran años florecientes para la cofradía, que continuarán en la década de los años cincuenta de ese siglo, pues en ellos (1655) se realiza una diadema grande de plata con sus rayos para la corona de la Virgen, rematada con una cruz y otra diadema para San José, costeándole un báculo de plata cincelada, rematado de azucenas, asimismo de plata. En  todo se utilizaron 34 onzas de dicho metal, realizándose andas nuevas doradas para la Virgen y San José, ésta con barandilla alrededor y ocho horquillas para las mismas de color verde.   

    Al año siguiente (1656) el mayordomo Diego Ortiz, le regala al Niño otra corona pequeña semejante a la de la Virgen y dos campanillas de plata para las manos, y el hermano mayor Diego Romero le regala a la Virgen de la Candelaria un nuevo cetro cincelado de plata.

   Entre 1653 y 1655, se compra la capilla de la hermandad, pues en la entrega de bienes de 1660, vienen los títulos o escrituras de la misma, que se entregan por el hermano mayor saliente, Pedro Sánchez Mata y el mayordomo Francisco de Zamora y, también, entregan el retablo "en bruto", es decir, sin dorar, a los entrantes Gaspar de Frías y Diego Calero. El retablo se va a empezar a dorar y estofar al año siguiente de 1661, aunque no se finalizará hasta 1666-67, en tiempos del hermano mayor Juan de Toledo y mayordomo Juan de Morales y que costó su dorado 3010 reales.

   Una nueva imagen se va a añadir al patrimonio de la hermandad en 1672, la de San Joaquín, padre de la Virgen. La corporación la encarga a Bernardo de Mora (1614-1684), siendo hermano mayor Luis de Arana y Juan de la Torre, para ello, vendieron otra imagen del santo que se realizó en 1663, siendo hermano mayor Cristóbal Toscano y mayordomo, Joseph Muñoz. Por la imagen nueva el escultor cobró 700 reales por la talla, más 600 del estofado. Estas actas de entrega de bienes, documenta la autoría de dicha imagen. De su posible identificación y de la de otras de la hermandad trataremos más adelante. 

SAN JOAQUÍN DE LA MAGDALENA ¿PUDIERA SER LA IMAGEN DE BERNARDO DE MORA?


    En 1664 se le compra a la Virgen una media luna de plata para ponerla a sus pies, que donaron Diego Sánchez y Diego Romero. Estos dos cofrades, parece que por sus donaciones eran personas de posibilidades económicas.

      En 1668 se realizará otro gran manto para la Virgen encarnado bordado en plata con forro de tafetán carmesí y el manto azul y otro verde se utilizarían para las funciones y para la capilla.

    En la década de los setenta y ochenta del siglo XVII el libro de entrega de bienes y limosnas aparece menos detallado, que el anterior. 

LA CAPILLA E IMÁGENES

   La capilla de la hermandad era la segunda de la izquierda, entrando en la iglesia, junto a la de la Hermandad del Santísimo, que era la tercera, de las cinco que estaban en el lado del Evangelio y, sobre ella, había un rótulo con el nombre de Candelaria.

   De la descripción que hacen los libros de entrega de bienes, podemos hacernos una idea de como era la capilla, así como del pleito que mantiene con la Hermandad de la Purificación y Ánimas (de trabajadores de la Plaza Bibrambla) .

     El retablo, del que hemos dicho se encarga en los años siguientes a la compra de la capilla, en el año 1660 estaba realizada su talla, pero sin dorar, ni estofar, cosa que se realiza entre 1661 y 1667. Sería un retablo barroco del que desconocemos su paradero.
   
    En la parte alta del retablo estaba en cuadro de la Candelaria, que poseía la hermandad desde el inicio de la misma, lienzo con el que comenzó la devoción. En el nicho central del mismo estaba la imagen de la Virgen de la Candelaria "con su rótulo que lo manifiesta" y , a ambos lados de la Virgen, a la izquierda ,estaba la imagen de San José y a la derecha, la imagen de San Joaquín "de talla dorada", es decir, estofada. 

SAN JOAQUÍN

    Dos lámparas de plata con cadenas y escudo colgaban a ambos lados de la capilla y, en 1671, se añadieron dos de araña de plata que costaron 886 reales; dos candeleros grandes de hierro  para poner hachones, un candelabro de azofar y un escaño. Allí estaría la manguilla de la hermandad de tafetán con dos escudos bordados en oro y el guión rematado con una cruz de plata e insignia de la Virgen y una cruz de madera dorada grande con un Santo Cristo.

   En el altar también había una cruz grande plateada (quizá la sustituyera en 1669 a la dorada de madera).

   En las paredes colgaban dos lienzos, una representando a los Siete Sacramentos, donado por Blas de Robledo en 1659 y otro cuadro representando la Siete Obras de Misericordia que se añadió en 1669. La capilla se cerraba con una verja de madera.

    Aunque de la documentación consultada no se deduce la existencia de la imagen de Santa Ana, posiblemente, estuvo  en el plan iconográfico de la hermandad completar el Misterio de la Purificación de Nuestra Señora con la imagen la madre de la Virgen. En la primera hoja de las reglas de la hermandad había una estampa pegada a ella en la que se representaba le Misterio con el sacerdote del templo de Jerusalén, Simeón con capa pluvial y la Virgen con el Niño y un ángel y otros dos personajes más.

    En la actual Magdalena, donde pasarían las imágenes de la cofradía, hay una imagen de Santa Ana de Alonso de Mena, que pudiera haber pertenecido a la hermandad, si bien es cierto, que en las entregas de bienes de unos mayordomos a otros no figura esta imagen.

  Que pasaron las imágenes a la nueva parroquial de la Magdalena (Convento de Agustinas) no me cabe duda, pues a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y hasta los años cuarenta del siglo XX, todos los días 2 de cada mes, la asociación de señoras de la Corte de María, iban a visitar la imagen.

    Por lo expuesto, es posible que la imagen de la Candelaria de la Magdalena antigua sea una Virgen que está en la primera capilla de la izquierda de la actual parroquial con la advocación de Ntra. Sra. del Buen Parto, a no ser que dentro de la clausura conserven, actualmente, a la Virgen de la Candelaria, cosa que no he podido comprobar. Como hemos visto en mi trabajo sobre la Hermandad de la Virgen de la Granada, cuando desaparecía la hermandad de una imagen, a veces, se le cambiaba la advocación.

Asimismo, y es significativo a mi juicio, a derecha de dicha Virgen está la imagen de San Joaquín, que pudiera ser la de la cofradía ( es tema que propongo para su estudio). A su lado izquierdo está la imagen de Santa Ana referida. A estas imágenes las monjas agustinas las llaman cariñosamente "los abuelos".   

Santa Ana de la Magdalena. Atrib. a Alonso de Mena

    En cuanto a la imagen de San José, no tengo indicios de su paradero. En la iglesia de la Magdalena (Corpus Christi) no hay imagen erguida del Santo Patriarca en la clausura del convento de las Agustinas anejo, que yo sepa. Sí existe una imagen de San José, de mediados del siglo XVIII, en actitud sedente, con el Niño en el regazo y vara de azucenas; probablemente, de Torcuato Ruíz del Peral. No sería, por tanto, la que adquirió la hermandad en 1631, que tal vez se la hiciera Alonso de Mena, dado el potencial que se aprecia esos años en la corporación y el auge del taller de dicho escultor.

Conflictos de la hermandad


    En una parroquia donde coexistían hasta nueve hermandades no es extraño que se provocaran conflictos a los largo del tiempo. Uno de ellos, entre esta cofradía y la hermandad de la Purificación y Ánimas Benditas del Purgatorio (sucesora de la de Ntra. Sra. y San Roque). Fue muy dilatado en el tiempo, pues el conflicto comenzó en 1629  y se reprodujo, después en 1673. 

     El pleito se inicia en 1629 planteado por el hermano mayor de la Candelaria, Juan de Salas, y el mayordomo, Juan de Villanueva, al denunciar que la Hermandad de Nuestra Señora (de la Purificación) y Ánimas del Purgatorio (llamada por el pueblo como hermandad de los "ganapanes"), que estaba servida por mancebos trabajadores de la Plaza de Bibrambla y de la Alhóndiga Zaída; ésta estaba situada en Puerta Real, en el sitio que hoy ocupa el edificio del Café Suizo. Los "ganapanes". pedían limosnas en nombre de Ntra. Sra. de la Candelaria, cuando deberían pedirla en nombre de Nuestra Señora y Ánimas, interfiriendo con ello con la Hermandad de la Candelaria.

    Constituía un pleito de carácter económico y de dualidad de advocación, que llevaba en sí cierta picaresca por parte de la hermandad de los "ganapanes", porque la devoción a la imagen de la Candelaria estaba más extendida por la ciudad que la suya. Alegaban aquéllos que el provisor les había concedido licencia por seis meses prorrogables para pedir con el nombre de Candelaria, que su hermandad era más antigua, de 1556, y que siempre habían pedido con este nombre y no con el de Ánimas del Purgatorio. 

     El Provisor, D. Diego Martínez, dictamina el 27 de agosto que la Hermandad de la Candelaria pida con este nombre en la ciudad por el tiempo que deseen y los "ganapanes" o trabajadores de la plaza lo hagan con el nombre  de Nuestra Señora y Ánimas.

      En 1654, otro conflicto se suscita. Esta vez, entre la misma hermandad de la Candelaria por haber vendido Juan Sánchez , mayordomo entre 1651-1654 y los hermanos mayores de esos años, Juan del Álamo y Andrés Sánchez, las campanillas de plata que llevaba en el palio la Virgen de la Candelaria. Las vendió en 1651 al platero Alonso Tercero. También se demandaba al mayordomo de 1645, Juan García Cerezo por vender una cruz de plata de 25 onzas sin consentimiento de la hermandad.

       Juan García Cerezo se defiende diciendo que con el precio de la cruz hizo unas andas para la Virgen y otras para San José, que costaron 800 reales y que antes las venían alquilando y, además, hizo un manto blanco bordado de flores en oro con galones y puntas dorados y forro de tafetán carmesí y trece varas de largo, que costó mas de 400 reales. También hizo 8 serafines para las andas de la Virgen y todo ello para lucirlo el día de la Purificación.

      El Provisor Agustín de Castro manda en su auto que Juan Sánchez devuelva las 20 campanillas de plata, pues los hermanos demostraron que las andas y serafines se habían hecho con el caudal de limosnas de la hermandad (5)

     Tanto el inventario al que nos hemos referido como este pleito nos da idea de como se presentaba en la procesión las imagen a mediados del XVII. Las andas eran de madera ,que se doraron en 1650, con 8 serafines y un palio con campanillas de plata (el viejo, azul, recordemos que se vendió a la Hermandad de la Vera Cruz en 1646). La Virgen con manto blanco bordado de flores (el viejo, que era azul, se reutilizó para hacer el guión) y a los pies de la imagen se le puso una media luna de plata (1664). 

     En 1673, se reproduce el conflicto con la hermandad de los trabajadores de la plaza ( ganapanes) por el mismo motivo que el suscitado en 1629: que la hermandad de dichos trabajadores hacía sus demandas con el nombre de Candelaria. Alegaban el hermano mayor y el mayordomo, Pedro de flores y Miguel de Carmona, que el auto del provisor Diego Martínez de Zarcosa de 27 de agosto de 1629 prohibía a la parte contraria pedir con dicho título.

    Insistía Pedro Sierra, hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora y Ánimas (Purificación): que su hermandad era más antigua y que el auto de 1629 autorizaba, sólo temporalmente, a la Hermandad de la Coronación de Ntra. Sra. (se negaban a llamarla Candelaria), a pedir con ese nombre.

      Además, decían, que la estampa que abría las constituciones de la contraria era de la Coronación de Nuestra Señora y que maliciosamente la habían cambiado por la de Candelaria con el Niño y el Santo Simeón, habiendo manipulado también el texto; que la principal fiesta era el 15 de agosto y que elegían los cargos el domingo antes al de dicha fecha de la Coronación de la Virgen (15 de agosto) y que uno de sus cabildos generales, de los tres a que estaban obligados, se celebraba el domingo siguiente al de la Virgen de Agosto. 


VIRGEN DE LA CANDELARIA CON SAN JOAQUÍN Y SAN JOSÉ. Grabado Museo Casa de los Tiros
    
   Con todo ello, la hermandad de los "ganapanes" trataba de demostrar que no era Candelaria la advocación de sus contrarios, sino Asunción o Coronación. En realidad, creo que las dos tenían la misma advocación Candelaria o Purificación, la de los "trabajadores de la plaza", nació en 1556 con el título de Nuestra Señora y Ánimas del Purgatorio y, seguramente, lo modificó para concretarlo en Purificación. La de la Candelaria, nacería en 1582 con esta advocación, pues, si bien, en los capítulos de la regla se mencionan como fiestas las de las dos advocaciones, en el auto de aprobación del provisor D. Antonio Barba se refiere a ella como "Cofradía de la Candelaria"  y le da licencia para que pidiera con dicho título (6)

  De todas formas, la hermandad de los trabajadores de Bibrambla (ganapanes) no se conforman con el auto del Provisor, D. Martín Torrico de Pedrajas, que ordenaba pedir con el título de Nuestra Señora y Ánimas del Purgatorio y recurren a Roma, en 1693, ante Su Santidad, de quién habían conseguido ciertas Letras Apostólicas, de forma que el pleito, aun no estaba resuelto en 1693.

     
 Conflicto con la Hermandad del Santísimo


       En 1683, se produce otro conflicto con la Hermandad del Santísimo Sacramento. Era Semana Santa y ambas hermandades procedían a realizar sus demandas para recabar fondos. La del Santísimo para costear el monumento eucarístico del Jueves Santo, 15 de abril, que decía, le costaba más de 100 ducados montarlo.

   La Hermandad del Santísimo quería impedir que la Candelaria pusiese su mesa petitoria y estandarte en el cancel de la iglesia, que daba a la calle de Mesones, como desde tiempo inmemorial lo venía haciendo.

   El hermano mayor y el mayordomo de la Candelaria, Francisco Espínola y Francisco García alegan con testigos, que la hermandad del Santísimo abusaba de su preeminencia, poniendo el Jueves Santo, frente al altar mayor, un aprisco con escaños, con estandarte y cera; otro lado del cancel, donde también se pedía y, no contentos con ello, levantaban otras dos mesas petitorias: una en el altar del comulgatorio y otra en la calle de Mesones a la salida de la iglesia, donde ponían su bufete y bandeja.

    Todo esto ocurría en la noche del Miércoles Santo. Ante la queja, el provisor dicta un auto provisional, dado que a la mañana siguiente del Jueves Santo habían de colocarse las mesas de póstula y no tenía suficientes elementos para enjuiciar, dictando: que teniendo preferencia la Hermandad del Santísimo, porque costea el monumento y demás fiestas del Santísimo Sacramento, ésta eligiera el sitio y, si lo hiciesen a la entrada de la iglesia, no debían impedir a los de la Candelaria pedir también allí. Así lo cumplen y la hermandad de la Candelaria pone su mesa con bandeja petitoria.

   Pero antes de la Semana Santa del siguiente año de 1684, se reproduce el conflicto. Esta vez a principios de marzo, para no andar con las premuras que impuso el año anterior la proximidad de la Semana Santa.

   El hermano mayor de la Hermandad del Santísimo, Manuel de Padilla, alegando los mismos argumentos, añade que los hermanos de la Candelaria nunca habían pedido con dicho título en el Jueves y Viernes Santo, sino que lo hacían poniendo en su mesa "dos bustos de Jesús y de Nuestra Señora y pedían para el Cristo de los Trabajos y no para Ntra. Sra. de la Candelaria" y, añadía, que para ello solicitaban permiso a los mayordomos del Santísimo, "que son y habían sido antes" (7)

    De lo anterior podríamos deducir, que la hermandad de la Candelaria, llegada Semana Santa, utilizaba imágenes de Pasión -bustos del Ecce Homo y la Dolorosa, muy en boga en ese tiempo- y solicitaba las limosnas para el Cristo de los Trabajos, que pudiera ser la advocación de la imagen en busto del Ecce Homo u otra a la que diera culto la hermandad. Se valían de estas imágenes en sus demandas, probablemente, para excitar más la devoción de los fieles en aquellas fechas de Semana Santa.    

      En los pilares del arco de la capilla de Jesús del Rescate, recuerdo que hace años, había dos repisitas, una a cada lado, con los bustos de pequeño tamaño de un Ecce Homo y una Dolorosa. Creo que se quitaron para evitar su sustracción, dada la facilidad de acceso a los mismos. Bien podrían ser con los que pedía limosnas la hermandad en los días de Semana Santa. 

     El hermano mayor y el mayordomo de ese año, Francisco Esteban y Juan Ruiz, ponen de manifiesto los argumentos en que basaban su derecho, alegando que su Hermandad de la Candelaria daba tres libras de cera para el monumento y que, no obstante, "se allanan a no hacer la demanda por no querer enfrentamientos ni gastos", y piden licencia para poner su bandeja y bufete, el Jueves y Viernes Santo, dentro de la propia capilla de la Candelaria, así como adornarla y poner luces que alumbren a la Virgen(8)

    El Provisor se la concede para que pidan desde su capilla, mientras la del Santísimo lo hacía en la suya (capilla del comulgatorio) y, también, en el cancel y fuera, en la calle de Mesones. 

     Esta palpable injusticia no era de extrañar, porque las hermandades del Santísimo siempre gozaban del impulso y preferencia del clero y de la autoridad eclesiástica. 

      La Hermandad en el siglo XVIII

     Pocos datos se conocen de la hermandad en el XVIII, aunque seguía gozando de cierta preeminencia entre las hermandades de la iglesia. En 1721, era hermano mayor Juan Poveda y mayordomo Joseph de Córdoba, quienes al finalizar sus mandatos se negaron a entregar las cuentas y bienes de la hermandad, alegando que a ellos tampoco se las habían entregados los anteriores.       

    Los nuevos cargos, Juan de Priego y Andrés de Toro, parece que no tenían demasiados deseos de ocupar sus cargos, pues manifestaron que habían sido elegidos por el cabildo general por el sólo hecho de ser feligreses y estando ellos ausentes de la ciudad; que no querían gastar en pleitos el caudal de la hermandad y si no se les entregaban los bienes renunciarían a sus cargos. De hecho, así lo hicieron el día 15 de marzo ante al notario Luis Rueda.

      Decían que cuando fueron a hacerse cargo de la hermandad no apareció ningún hermano, solamente el sacristán mayor de la iglesia, Joseph de Salinas, que además, les pidió que le pagasen la cera y las misas que celebraba la hermandad todos los sábados.

      El fiscal del arzobispado Jerónimo Navarro les dio la razón y aconsejó al provisor que se aceptara la dimisión, nombrándose comisarios que entregaran los bienes y cuentas de la hermandad de los años 1720 y 1721.

     Entre las cuentas que presentaron estaba la del gasto de unas nuevas andas de plata que se estaban haciendo en 1720 para la Virgen de la Candelaria. Las andas se realizaban mediante las aportaciones de una serie de donantes (cuya relación vienen en el documento) y que habían entregado hasta le fecha 900 reales. 

    Las andas de plata, realizadas por el platero, Salvador de Argüeta, costaron 6.650 reales, pagados en plazos; aprovechándose, además, la plata de las andas antiguas. Era una cantidad importante para la época,  si consideramos que el presupuesto de la hermandad de los dos años que abarcaban las cuentas entregadas era de 7.079 reales. Las andas llevaban un templete dorado, a modo de palio, pues se dan a Marcos Fernandez de Raia (Raya) 340 reales para dorar la "cúpula de las andas" (templete) y platear la parigüela (9).


Lugar que ocuparon la antigua iglesia de la Magdalena y los Almacenes Voolworthr

     Entre la plata nueva de 643 onzas y la de las andas viejas, que pesaban 191 onzas, la plata empleada era de 27 kilos aproximadamente que al valor de dicho metal, hoy importaría unos 400.000 euros, aunque la comparación entre épocas resulta difícil hacerla.

    A finales de 1720, el platero Argüeta no había entregados las andas, pues las retenía en garantía de que la cofradía le satisficiera el total pago de las mismas.

       La procesión del 2 de febrero, día de la Candelaria, se seguía realizando con normalidad, pues en 1721, se pagó a un pregonero con clarín y caja para anunciar la procesión y que se limpiaran las calles y se pusieran colgaduras en las ventanas; hay gastos al cerero, Juan de Aragón, y al carpintero, Juan Salmerón, por haber hecho unas teas grandes para alumbrar la puerta de la iglesia; de haber puesto colgaduras en la iglesia; fuegos artificiales a la entrada del templo, además de la intervención de la música de la Capilla Real, dirigida por el maestro Alonso de Blas y Sandoval. También intervinieron danzas en la procesión y se hizo un agasajo con torta real. 

     En la calle se esparcieron seis cargas de romero y se pagó a dos montañeses para que asistieran a la función (probablemente vestidos a la usanza de dicha región en recuerdo del origen de la iglesia fundada en la capillas de asturianos y montañeses). Sin embargo, ese año se tuvieron que alquilar unas andas por no haber entregado el platero las que estaba haciendo nuevas.    

   En 1743, se promueve otro conflicto con la Hermandad de Ntra. Sra. de Covadonga, de montañeses, sucesora de la de Ntra. Sra. y Ánimas (ganapanes) sobre preferencia en los sitios que ocuparían ambas hermandades en las funciones en que ambas concurrían. El asunto se resolvió con un acuerdo o concordia el 3 de noviembre de 1744, ante el notario Sebastián de Zayas, por la que la Candelaría tendría preferencia en la procesión y función de las candelas y la de Covadonga en las demás(10).
      
      En 1769, en un inventario de altares, mandado hacer por el arzobispado de Granada, se constata en la iglesia de la Magdalena el altar y capilla de Ntra. Sra. de la Candelaria (11).

       En el último cuarto del siglo XVIII, concretamente, en 1782, la hermandad parece que había decaído y estaba sin mayordomos. Este motivo hizo que ese año se nombraran ocho (en forma de comisión) para que se ocuparan de pedir las limosnas de la función, procesión y demás cultos de la hermandad. Tuvieron que costear algunas prendas de las imágenes como: un manto para la Virgen y "delantera" (saya o escapulario) de tela de oro; un estandarte de la misma tela y una gorrita para el Niño, prendas que se depositaron por acuerdo del cabildo general en casa de la camarera (esposa de Cristóbal López), para más seguridad. 

  Los comisarios denunciaban que los anteriores mayordomos alquilaban las campanillas (del templete o palio) y otros efectos para funciones de otros lugares y "el manto de la Virgen servía, cuando había diablillos, para aderezar al Lucifer", con la irreverencia que ello suponía.  

   Las referidas prendas estuvieron custodiadas en casa de la mencionada camarera, hasta que, en 1794, los mayordomos o comisarios elegidos ese año, Manuel Barroso y Juan del Castillo, que sustituían a los ocho anteriores, pidieron que se sacaran las alhajas del poder de la camarera y se les entregaran, no sin la oposición de los comisarios anteriores.

     Las dificultades de la hermandad no habían desaparecido en esa fecha, pues el 20 de septiembre de 1794, Cristóbal López (esposo de la camarera de la Virgen) y un grupo de feligreses y hermanos dirigen al arzobispo un escrito pidiendo la unión de la Hermandad con la del Santísimo Sacramento  "[...] quedase reunida perpetuamente a la Venerable Hermandad del Santísimo Sacramento...de modo que los cofrades del Señor, viniesen a serlo de su Stma. Madre en este adorable Misterio de la Purificación y las alhajas continúen en casa de la camarera"(12)   

   El arzobispo D. Manuel Moscoso y Peralta dicta un auto en el que no trata de la unión o fusión pedida, pero trata de impulsar la hermandad, erigiendoes en " [...] Protector de la hermandad y nos enumeramos y alistamos por uno de sus cofrades", declarando la prohibición de remover las alhajas de casa de la camarera. En 1800, dicho arzobispo le concede un jubileo con indulgencia plenaria el día de la Candelaria.

   Se sabe que la hermandad siguió celebrando cultos y procesión hasta la ocupación de la ciudad por las tropas de Napoleón. Su último inventario es de 1810, en el que se advierte que los enseres estaban repartidos entre la capilla, la casa de la camarera Josefa Triviño y la de Francisco Martínez (13).

    Podemos afirmar que esta hermandad tan antigua desaparece con la ocupación francesa en 1810, así lo refleja un documento de 1822 (Archivo del Arzobispado, leg. 138 F), que afirma que "dicha hermandad se acabó hace catorce años y el jubileo lo costean algunos devotos sin función alguna".

     Desorganizada la hermandad y sus enseres en casa de algunos hermanos, serán los devotos de la imagen quienes continúen algunos cultos.


Iglesia del Corpus Christi. Actual parroquial de la Magdalena

Final de la Hermandad    

    Seguramente, la hermandad no pudo superar los años de guerra y los convulsivos avatares que la sucedieron durante el primer cuarto del siglo XIX. Sin embargo, los pocos hermanos y devotos seguían manteniendo, en 1835, el jubileo de cuatro días en la festividad de la Candelaria (2 de febrero), aunque no hay constancia de procesión (14)

     En 1837, por orden del Gobernador de la Provincia, la parroquial de la Magdalena pasa a la iglesia del convento del Corpus Christi, de Agustinas Recoletas, donde hoy permanece. Como se ha dicho al principio, el antiguo templo se vendió a un particular en 1843.

      No obstante, la imagen o imágenes de la hermandad, pasan al nuevo templo, pues a mediado de siglo tenemos constancia por la prensa de que la Asociación de señoras de la Corte de María, acudía los días 2 de cada mes a realizar ciertos cultos y rezos a la nueva sede de la calle de Gracia. Dicho culto, efectuado en la nueva Magdalena por la asociación de señoras citada, lo he confirmado en los periódicos, al menos, hasta 1930. Después, hay constancia de celebrar una función en dicha iglesia a la Candelaria en su día, hasta la Guerra Civil de 1936(15).

      Paralelamente, durante finales del XIX y la primera mitad del XX, se celebraban cultos y procesión  de la Candelaria, pero esta vez, por la Archicofradía del Rosario en Santo Domingo y, en la iglesia de Santa Ana, a la imagen que allí existe. 

    Después de la Guerra Civil, no aparecen cultos a la imagen, sin que sepamos su paradero, a no ser que esté dentro del convento o  sea, como hemos dicho, la imagen de Buen Parto venerada en la primera capilla de la izquierda, junto a San Joaquín y Santa Ana.

   Probablemente, todas estas incógnitas se podrán, como en otros casos, ir desvelando con el tiempo.    

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1. LÓPEZ, Miguel A., Las parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001), p. 127-128 Granada 2002.


2. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis: Las cofradías de la parroquia de Santa María Magdalena en los siglos XVII y XVIII 1992. Universidad de Granada "Crónica Nova", p.88. ARCHIVO PARROQUIAL DE LA MAGDALENA, caja 48. 

3.ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DEL GRANADA, Legajo 15 F, pieza 5.

4. El citado archivo, Legajo 15 F, pieza 8. 

5. El citado archivo, Legajo 16 F, pieza  6. 

6. El citado archivo, legajo 16 F, pieza 9 y Legajo 15 F, pieza 3. 

7. El citado archivo, legajo 16 F, pieza 7.

8. El citado Archivo, legajo 16 F, pieza 8. 

9. El citado Archivo, legajo 16 F, pieza 10.

10. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis. Opus cit, pag. 116. 

11. El citado Archivo, legajo 255 F, pieza 22.

12. El citado Archivo, legajo 222 F, pieza s/n.

13. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis. Opus cit, pag. 118. 

14. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA del día 2 de febrero de 1835.

15. Diversos periódicos del siglo XIX y XX.







domingo, 26 de enero de 2014

HERMANDAD DE SAN CECILIO, PATRÓN DE GRANADA







Antonio Padial Bailón


Quisiera escribir de una forma medianamente profunda sobre su hermandad, pero los datos que poseo sobre la misma son bastante escasos. 

EL ORIGEN

Es de destacar, que a lo largo de los siglos siguientes a la reconquista de la ciudad no se tengan noticias de que se instituyera una hermandad para darle culto; en una ciudad evangelizada, según la tradición, por este Santo Varón Apostólico, de la que fue su primer obispo y donde padeció la palma del martirio. 

Sólo se me ocurre pensar que la tradición, que nos informa de ser San Cecilio evangelizador y primer obispo de Granada, basada en el Pasionario de Cerdeña conservado en el Museo Británico, y el Codice Emilianense, que se conserva en la Biblioteca del Escorial, fueron documentos orillados o desconocidos, tanto por la autoridad civil, como por la eclesiástica, durante más de cien años, después de la conquista del Reino de Granada. Si bien, San Cecilio, y a la par, San Gregorio Bético, poseían ciertas festividades dentro del calendario local desde principios del siglo XVI.

Sin embargo, Garrido Atienza, en 1889, nos dice en sus "Antiguallas granadinas", que en 1536 se constituyó una hermandad de culto al Santo, que fue aprobada por el arzobispo D. Gaspar de Ávalos el día 10 de octubre de ese año. No sabemos la vigencia en el tiempo de dicha hermandad, por no haber encontrado documentos que la afirmen; lo que no quiere decir, que dicha vigencia más continuada no la  tuviera.     

Sería tras los descubrimientos en la demolición de la Torre Turpiana (torre de la mezquita mayor), que estaba situada, más o menos en parte de lo que hoy es Capilla Real, de varias reliquias, así como, de las supuestas cenizas del santo y de los controvertidos libros plumbeos del Sacromonte, cuando todo ello, amparado por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones, produce un incremento muy notable de la devoción al Santo Patrón de Granada. 


ABADÍA DEL SACROMONTE

El Sacromonte y sus catacumbas, lugar donde se encontraban las cenizas, que un concilio diocesano declaró, en 1600, auténticas, se va a convertir en un foco de devoción y peregrinación. Muchos gremios y hermandades de la ciudad levantarán en el Monte sus cruces, de las que se pobló todo él. También, hermandades de Vía Sacra, como la de "Los Trece", la de Jesús Nazareno del Convento de la Victoria, San Francisco de Paula o la de Ntra. Sra. de la Aurora, que a lo largo de los siglos XVII y XVIII tenían como última estación la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte, construida por dicha hermandad de los Trece" u Orden Tercera de Penitencia de San Francisco. 

El citado arzobispo de Castro y Quiñones empezó a levantar de su peculio particular un ingente conjunto arquitectónico-religioso, que no llegó a finalizarse según los proyectos para él diseñados, por no haberse arbitrado una financiación adecuada a tan magno proyecto y haber sido, dicho arzobispo, trasladado a ocupar la sede apostólica de Sevilla. También, el arzobispo de Castro dejara señalado el templo sacromontano como lugar de su último reposo.



ABADÍA, CATACUMBAS Y UNA DE LAS CRUCES DE GREMIOS

No obstante, el foco religioso-cultural allí creado ha sido fuente de preclara erudición a lo largo de los siglos, desde su implantación, hasta nuestros días.

EL PATRONAZGO, IGLESIA Y DEVOCIÓN

A pesar de todo ello, la declaración oficial de la festividad patronal de San Cecilio no se produce hasta 1646 por el arzobispo Martín Carrillo de Alderete (después se extendió a toda la Iglesia española en 1729), si bien, desde el inicio de las parroquiales granadinas (1501) ha contado con su templo parroquial y, posiblemente, según los datos referidos por Garrido Atienza, con una primera hermandad fundada en 1536, como se ha dicho.



IGLESIA DE SAN CECILIO

En su iglesia parroquial el documento que conozco más antiguo sobre la existencia de su imagen data de 1602, quizás aprovechando el auge de la devoción al santo por el descubrimiento de sus reliquias sacromontanas. Se trata del contrato formalizado en escritura de 7 de septiembre de ese año con Miguel Cano (padre de Alonso Cano) para la construcción del retablo de la iglesia, según traza de Ambrosio de Vico. En dicho retablo, encargado por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones, habrían de ir a los lados los escudos del prelado, y en la calle central, entre columnas salomónicas con nicho de venera, iría la imagen de San Cecilio, que debía de realizar Miguel Cano "[...] y hacer la figura de san Cecilio redonda (de bulto) que tenga seis tercios de alto, la qual figura a de estar bestida de pontifical mui bien acabada y labrada a gusto de dicho veedor" (2).

En el piso superior del retablo, con alquitrabe, friso y cornisa, se haría un entablamento donde irían, entre columnas corintias, las imágenes de un Crucificado con la Virgen y San Juan. 

El contrato fue firmado por el provisor Justino Antolínez de Burgos por un precio conjunto de 280 ducados y debía de tener terminado el trabajo en cuatro meses. No lo finalizó en ese plazo, pues la recepción del mismo la hizo Ambrosio de Vico el 3 de agosto de 1603, a falta de colocarlo, autorizándose su pago el día 15 de octubre de ese año. Quizá Miguel Cano o no tenía taller propio, pues el retablo estaba depositado en casa de Ginés López o fue depositado allí en garantía de estar terminado. 


Retablo de San Cecilio de Pedro Tomás Valero en el Sagrario de la Catedral

También, ha estado presente San Cecilio en otros ámbitos fuera de su parroquial: en la ermita del santo labrada en la muralla del Albaicín (Castillo de Hizna Román), donde cuenta la tradición que estuvo preso en la persecución de Nerón; en la iglesia del Sagrario, en el altar y relieve del Prendimiento del Santo, realizado por Pedro Tomás Valero en el siglo XVIII; en la capilla de Ntra. Sra. de la Piedad, llamada "la Portera", del claustro del convento de San Francisco "Casa Grande", donde existía un altar con urna en la que se veneraban reliquias del Santo o en la capilla de la hermandad de la Candelaria de la Magdalena, donde se veneraba su imagen y tantos sitios más; entre ellos, en una gran capilla y devoción de la iglesia de Santo Domingo: la capilla de Ntra. Sra. de la Esperanza, donde se venera la imagen del Patrón de Granada.


San Cecilio en su capilla de la Catedral


En la Catedral de Granada se le tiene dedicada una capilla en el centro del ábside, que fue labrada en mármol con la imagen del Santo que realizó hacia entre 1770-1776 el francés Miguel Verdiguier, que fue quién realizó el programa escultórico de la capilla. Ésta, de estilo neoclásico, presenta a San Cecilio, San Juan de Dios y San Emigdio, intercesor en las catástrofes sísmicas, todos ellos en actitud declamatoria, infrecuente en la imaginería de la Escuela Granadina.



También estará presente su imagen en la iglesia de San Pedro, realizada por Felipe González a finales del XVIII y en algunas otras iglesias.


SAN CECILIO, CAPILLA DE LA MURALLA DE HIZNA ROMÁN, DONDE ESTUVO PRESO

Por un documento del Archivo Arzobispal saqué una relación de capillas y hermandades que existían en la iglesia de San Cecilio en 1733, como motivo de un pleito suscitado con la Hermandad de Nuestra Señora del Tránsito, con sede en esos años en la iglesia (3). No se menciona en él ninguna hermandad dedicada a San Cecilio.  

No se me ocurre pensar otras causas que las siguientes: 

- Lo controvertido, sobre todo en Roma, del asunto del descubrimiento de las reliquias, especialmente los libros plúmbeos, con la declaración de falsedad por el Breve de Inocencio XI. De hecho, dichos libros se tuvieron que enviar a Roma, donde han permanecido hasta hace pocos años.

- La extensión extraordinaria de la devoción a la Virgen de las Angustias en los siglos XVII y XVIII, única patrona en el corazón de los granadinos de aquellos tiempos, aunque su declaración oficial no se hiciera hasta finales del XIX.  
   
Lo cierto es, que se llega a mediados del XIX sin que se constate la existencia de una hermandad dedicada al Santo Patrón, aunque sí ha tenido la fiesta de "Basílica" desde tiempo inmemorial, jubileos o ejercicios que costeaba un devoto los días primero de mes, allá por 1813. Algún testamento he localizado, como el del comerciante genovés, Veneroso, cuya familia dejó a deber más de 600 misas. 

Un grupo de devotos, que vendría a constituir una especie de hermandad de hecho, sin estatutos, le venía dedicando, en 1809, una novena en enero los días antes de su festividad, probablemente, con función ese día. Justamente al mes siguiente, el día 1 de marzo lo llevan en procesión de rogativa al convento de la Encarnación por el éxito de las tropas españolas contra los franceses. Allí estuvo 12 días para dedicarle una novena y duodenario, concediendo el arzobispo D. Manuel Moscoso y Peralta 160 días de indulgencias, restituyéndose en procesión a su templo el día 12 de marzo (4). Probablemente la imagen venerada sería la realizada por Miguel Cano a principios del XVII.   

Son varias veces en dicho siglo XIX las que acude con la Virgen de las Angustias y el Arcángel San Miguel a la Catedral en procesión de rogativa, como en 1860, por el éxito de las armas españolas en Marruecos. Ese año en la procesión fueron también con sus hermandades respectivas las imágenes de Ntra. Sra. de la Salud de San Cecilio y Ntra. Sra. del Rosario. 


Martirio de San Cecilio de Heylan. Hacia 1597

LA COFRADÍA

Hay que esperar a 1879 para encontrar un documento que nos revele la existencia de una hermandad modernamente organizada entorno a la imagen del Patrón de Granada. Parece que fue fundada por el clero parroquial ese año y el documento consiste en una hoja de afiliación de hermanos, exponiendo en el mismo que con objeto de tributar al Patrón San Cecilio los cultos debidos "...en el año 1879 se estableció en su iglesia parroquial una cofradía en la que se inscribieron sacerdotes y fieles...". En él se solicitaba una cuota de 6 reales y avalaban la hermandad el canónigo D. Torcuato María Lorenzo; el penitenciario, D. Blas Sanz Caballero, y los curas D. Manuel Arcoya y D. Manuel María Maldonado (párroco de San Cecilio), siendo secretario D. Manuel María Henares y D. Mariano Jiménez de la Serna.

Parece que esta hermandad es la que inicia la llamada romería de San Cecilio el día uno de febrero, pues tres años después, en 1882, hay noticias de esa romería al Sacromonte a la que ya asistía el Ayuntamiento.


Grabado de San Cecilio. Museo Casa de los Tiros

Dos años después, en 1884, aparece una noticia en el periódico "El Defensor de Granada" que nos dice que el escultor Francisco Morales González había terminado una imagen de San Cecilio, "que la había hecho con el semblante de un Apóstol y no con el de un obispo como se le suele representar". En el mes de noviembre se procesionará por primera vez en la tradicional procesión de rogativas de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Salud, que se dirigía cada año a la iglesia de las Angustias para renovar el antiguo voto a la Virgen de la Salud de San Cecilio.   

En 1889, San Cecilio acompañará a la Virgen de las Angustias a la Catedral con motivo de la proclamación como Patrona de Granada. En esos años de finales del siglo se le dedicará una novena los días antes de su fiesta con función.

La hermandad perduraba en 1894, siendo ese año su hermano mayor el arzobispo de Granada y mayordomos, D. Ángel González Alba y D. Victoriano Montealegre (5). Algunos años después se vuelve a hacer referencia a su hermandad, como en 1923 y, probablemente, más o menos decaída, continuaría los siguientes años.


SAN CECILIO EN LAS CUEVAS O CATACUMBAS DEL SACROMONTE

De 22 de enero de 1949, existe otro documento que constata la existencia de la hermandad y consiste en un escrito del párroco D. Matías Luengo (aunque este apellido aparece casi ilegible), por el que solicita al arzobispo, D. Balbino Santos Olivera, la concesión de indulgencias:

"El infrascrito, cura regente de la parroquia de San Cecilio, en nombre propio y de la Muy Ilustre Hermandad de San Cecilio, ruega a V. Excma. Rvdma. se digne conceder indulgencias a cuantos asistan devotamente a la novena de Ntro. Santo Patrón y Titular de esta parroquia, con el fin de estimular la concurrencia a los actos religiosos en honor suyo y el fomento de su devoción" (6)  
Como resumen diremos que la devoción a San Cecilio nace, primordialmente, a finales del siglo XVI, impulsada por el arzobispo de Castro y Quiñones, con base en el "revuelo" devocional que se experimentó en la ciudad con los hallazgos de las reliquias a que hemos hecho referencia. No se oficializa en la diócesis hasta casi mediado el siglo XVII y se impulsa en el XIX, con las salidas en rogativas, que excitan a la creación de una hermandad de culto en 1879 y la realización de la actual imagen en 1884. Setenta años después de su fundación, en 1949, aún persistía.

No sabemos, cuantos años más duró dicha corporación, hasta su decaimiento definitivo, seguramente en los años cincuenta del pasado siglo. Hermandad muy ligada al clero parroquial y apoyada en el siglo XIX por los arzobispos, puede que en los años cincuenta del pasado siglo se quedara sin ese claro apoyo (7).

Creemos que, no estando extinguida, merece la pena su reorganización, para dar culto a aquel santo que cristianizó estas tierras y fue erigido en Patrón de Granada. 

También se perdió y, aún no está extinguida su hermandad, una devoción relevante de la parroquial de San Cecilio y de la ciudad en tiempos pasados: la de Ntra. Sra. de la Salud (imagen, tan vez, desaparecida en el incendio de 1969).


SAN CECILIO CON LA PATRONA
Actualmente se está recuperando su culto y procesión de manera más asidua por parte de la parroquia, colaborando la Hermandad del Stmo. Cristo de los Favores, que desde entonces lo procesiona. En 2013, la imagen acudió procesionalmente al Paseo del Salón para estar con la Patrona, la Stma. Virgen de las Angustias, en el homenaje que los granadinos le tributaron con motivo del Centenario de su coronación canónica.   
   
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1. GARRIDO ATIENZA, Miguel, "Antiguallas granadinas. Fiestas del Corpus", Imprenta José López Guevara, 1889. Granada. 
2ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 398 f, pieza 11, pág. 3. 
3. Ver mi blog "Hermandades de Gloria de Granada", febrero de 2013.

4. El Diario de Granada, nº de 4 de febrero de 1809.

5. El Defensor de Granada, nº de 21 de enero de 1894.

6. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, caja cofradías. pieza s/n. 

7. Diversos periódicos de los siglos XIX y XX.